Cinco milenios de la fábula de Schleicher - Jot Down Cultural Magazine

Cinco milenios de la fábula de Schleicher

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Prometheus, 2012. Imagen: 20th Century Fox.

En una película reciente de Ridley Scott, Prometheus, el idioma protoindoeuropeo juega un pequeño pero significativo papel. Motivados por el deseo de conocimiento y por alcanzar la inmortalidad, un androide y un equipo de humanos viajan por el espacio en busca de la raza alienígena que creó la humanidad. Para comunicarse con ellos, deben hablar su lengua, protoindoeuropeo (PIE, para abreviar). En una de las primeras escenas, el androide interpretado por Michael Fassbender, que está aprendiendo la lengua para preparar su encuentro con un alien, recita parte de una fábula en PIE.

PIE es la lengua madre de todas las lenguas de la familia indoeuropea; de dónde surgió y quiénes fueron sus hablantes ha sido motivo de estudio desde que a finales del siglo XVIII un juez británico estudioso de la cultura y las lenguas de la antigua India, William Jones, destacara su relevancia como lengua madre al popularizar la idea de que el sánscrito, el griego y el latín tenían una raíz común, y que estas, a su vez, podían estar relacionadas con el gótico, el persa, y las lenguas celtas. Este William Jones, que hablaba docenas de idiomas, era hijo del matemático del mismo nombre, el amigo de Isaac Newton que propuso usar la letra griega π para representar la relación entre la longitud de una circunferencia y su diámetro. Jones, no Newton. Volviendo a PIE, no es que la idea de su estatus como lengua precursora de todas las lenguas fuera nueva, pero sí se hizo muy popular, y los lingüistas comenzaron a preguntarse no solo por su origen y posterior expansión, sino por cómo sonaría, de manera que empezaron los intentos de reconstrucción de PIE. El más conocido fue el del lingüista alemán August Schleicher, quien en el siglo XIX utilizó una reconstrucción de vocabulario PIE para contar una fábula, Avis akvāsas ka —La oveja y los caballos—, también conocida como la fábula de Schleicher. Se trata de una parábola que narra el encuentro entre una oveja esquilada y unos caballos que no tienen mejor suerte que ella.

avis, jasmin varnā na ā ast, dadarka akvams
una oveja que no tenía lana vio unos caballos
tam vāgham garum vaghantam, tam bhāram magham, tam manum āku bharantam.
uno de ellos tiraba de un carro pesado, otro soportaba una carga y el otro llevaba a un hombre
avis akvabhjams ā vavakat:
la oveja, a los caballos dijo:
kard aghnutai mai vidanti manum akvams agantam.
«el corazón me duele al ver cómo un hombre os maneja»
akvāsas ā vavakant: krudhi avai, kard aghnutai vividvant-svas:
a lo que los caballos respondieron: «escucha, oveja, a nosotros nos duele el corazón al saber
manus patis varnām avisāms karnauti svabhjam gharmam vastram
que el hombre, el amo, con la lana de la oveja se hace ropa abrigada para sí mismo
avibhjams ka varnā na asti
y deja a la oveja sin lana»
Tat kukruvants avis agram ā bhugat
Al oír eso, la oveja huyó a la pradera

Según se fue investigando más sobre PIE, otros lingüistas fueron dando versiones actualizadas de la fábula —Hirt, Lehman & Zgusta, Adams, Kortlandt—. La última es la del norteamericano Andrew Byrd, que además muestra cómo habría podido sonar la fábula en PIE y que se puede escuchar online en la revista Archaeology, o en la película Prometheus.

Antes de PIE  

Los datos que nos proporcionan la epigrafía, la toponimia y la numismática no nos permiten la reconstrucción completa del mapa lingüístico preindoeuropeo, pero sí tener algunas ideas. A diferencia de las lenguas indoeuropeas, las previas no parecen tener relación genética alguna. A este respecto, se han ido descartando teorías. La hipótesis de que el vasco está relacionado con las lenguas caucásicas que se fundamenta principalmente en que tipológicamente son aglutinantes, es decir, con palabras segmentables en partes (morfemas) que realizan una única categoría gramatical independientemente de cuáles sean las partes adyacentes, no se sostiene —también es aglutinante el japonés y no tiene relación con el vasco—. Sí se debió ver cierto parentesco entre el estón, el finés, el húngaro, el turco y diversas lenguas altaicas de Asia Central cuando en los libros de lingüística era posible encontrarlas clasificadas como grupo uralo-altaico, pero esto posteriormente se cuestionó y es más fácil encontrar ahora ambos grupos separados, donde las lenguas urálicas son las europeas y las altaicas, las asiáticas. Ni unas ni otras tienen relación con el íbero y el tartésico de la Hispania prerromana, con el etrusco de la antigua región de Etruria (actual Toscana), ni con el minoico de la isla de Creta, por citar unos pocos idiomas preindoeuropeos. Y estos últimos, por supuesto, tampoco tienen relación entre sí. Por tanto, el panorama lingüístico de la Europa y Asia preindoeuropeas debió de ser de una diversidad enorme, un auténtico mosaico de lenguas y culturas, donde PIE era una lengua más.

Y PIE conquistó el mundo

Las hipótesis sitúan el emplazamiento originario de PIE en el Cáucaso o al norte de las estepas del mar Negro y del mar Caspio. Quiénes eran sus hablantes y cómo se expandieron es materia de estudio de tanto lingüistas como arqueólogos. Algunas de las pruebas provienen de los restos de más de mil asentamientos pertenecientes a la llamada cultura de las tumbas de madera que existió durante la Edad de Bronce tardía. En uno de esos asentamientos, Krasnosamarskoe, el arqueólogo David Anthony y su equipo encontraron no solo restos humanos, sino un porcentaje asombroso de huesos de perro. Curiosamente, los restos no eran de animales jóvenes sino que habían vivido incluso hasta los doce años; les habían cortado los hocicos en tres partes y el resto de los cráneos en pequeñas formas geométricas, de lo que se desprende que su carne no se consumía y que quizá eran venerados. Tanto los lingüistas como los mitólogos han relacionado la práctica de sacrificar perros con una importante tradición extendida entre algunos pueblos celtas, germanos, griegos e indo-iraníes: la de los hombres jóvenes que abandonaban su clan para formar parte de un grupo de guerreros en el que para ingresar tenían que participar en una ceremonia de iniciación en la que se sacrificaban perros. Esto es precisamente lo que se cuenta en Rigveda, un texto en sánscrito de hace más de tres mil años. Los restos de Krasnosamarskoe podrían corresponder a un lugar donde se practicaba ese tipo de ritual. Según Anthony, que los hombres jóvenes formasen grupos de guerreros era una forma de tener juntos y controlados a individuos potencialmente conflictivos pero también de expandirse y obtener riquezas. De hecho, estos grupos podrían ser clave en haber expandido la lengua al entrar en contacto con otros grupos.  

La expansión empezó alrededor del tercer milenio antes de Cristo. Se propagó a izquierda y derecha, de manera que surgieron en Europa muchos descendientes de PIE: las lenguas románicas al sur, las célticas y las germánicas al noroeste, las eslavas y las bálticas al este y, en el extremo suroriental, el griego, albanés y armenio, este último ya en Asia, continente en el que son descendientes de PIE el farsi y el kurdo en Persia, y las lenguas no dravídicas —hindi, urdu, gujarati, marathi, bengalí— en el subcontinente indio. En Europa, a PIE solo le sobrevivieron el vasco y las lenguas ugrofinesas, de las que el húngaro, el finés y el estonio son las más destacadas del grupo tanto política como demográficamente. Fuera de Europa, hay muchas más lenguas que no descienden de PIE a pesar de la expansión del inglés, el español, el francés y el portugués en América, África y Oceanía durante la época colonial que comenzó en el siglo XV del primer milenio después de Cristo. Si tenemos en cuenta que de los seis mil idiomas que se hablan en el mundo actualmente tres mil habrán desaparecido en cien años, en dos o tres siglos solo se hablarán lenguas mayoritarias, descendientes de PIE.  

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