Arte y Letras Literatura

Bailar en la cuerda

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Imagen: United Artists.

Un hastío rapaz me ató a este árbol.
Si ese dios fuera yo, haría lo que hice.

(Sylvia Plath)

La Biblia no dice nada abiertamente del suicidio como pecado, pero sí del asesinato. Si entendemos el suicidio como un asesinato contra nosotros mismos, solo queda descifrar si cometer un autoasesinato es pecado o no. Ah, no es tan fácil, porque para que eso no ocurra, para que el suicida no sea además un pecador, debería arrepentirse para poder ser perdonado por Dios. Pero ¿cómo va a arrepentirse a tiempo el suicida?, ¿de cuántos segundos dispone? Así que técnicamente la Biblia no habla de este asunto, aunque sí del suicidio, pero es una regla no escrita: es Dios, y no tú, quien decide cuándo debes morir. ¿Quién demonios —perdón— te has creído para adelantarte al Señor?

De la lista de posibles suicidios, el ahorcado es, quizá, el que menos material necesita. Una cuerda de cortina, por ejemplo, y listos. ¿Quién no tiene una cortina a mano? Acerca de la muerte del ahorcado hay muchas teorías. La mandrágora, por ejemplo, que es la planta que crece donde ha caído el semen de los ahorcados. Porque se contaba que el ahorcado, en las últimas convulsiones, eyacula. Y a esas convulsiones se las llamaba bailar en la cuerda, por cómo se mueven los cuerpos sin llegar a tocar el suelo, sufriendo espasmos que podrían recordar —a las mentes más morbosas— a un baile.

Aunque la horca es aún un método legal de ejecución en algunos países, los suicidas que la utilizan por voluntad propia lo que buscan es una muerte rápida. No necesitan tiempo para pensárselo, no dudan y, sobre todo, no necesitan el perdón de Dios. Se han creído con el derecho de elegir cuándo y cómo morirán —un atrevimiento anticristiano—. Pero, en fin, esto no es un manual de la horca y sus distintos modelos, no es un catálogo de posibilidades —suicídese en tres cómodos pasos—. La horca es también un motivo literario, aunque menos utilizado como recurso en la literatura que entre los suicidas o en ejecuciones reales.

El ahorcado y el cine

La primera ahorcada y bailarina es Björk, que en Bailar en la oscuridad da ya suficientes datos sobre cómo la literatura y las creencias populares te advierten desde el título. Ciega y tiernamente confiada, necesita dinero para operar a su hijo, que también perderá la vista, y es así, en un rocambolesco drama de Lars Von Trier, como acaba con la soga al cuello en contra de su voluntad. La pena de muerte no podía ser más literal. Sin embargo, en los libros el ahorcado es perfectamente consciente de que quiere acabar con su vida, y necesita que se acabe ya. Son personas que necesitan huir sin dejar rastro, ninguna explicación. Podrían ser suicidas de pistola, de los que se arrojan por la ventana o toman cicuta —pero tienen mucho más a mano una cuerda—.

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6 comentarios

  1. Pingback: Bailar en la cuerda – Jot Down Cultural Magazine | METAMORFASE

  2. Roger Kaputnick

    Una vez, lo tenía todo planeado para ahorcarme. Disponía de la cuerda, no tan chula como las de los films del oeste pero vaya, suficiente. Pues no hubo manera de que pudiera hacer el nudo corredizo a pesar de tener abundante asesoramiento en la red, con dibujitos paso a paso, incluidos. Si no hubiera sido tan manazas, ahora no estaría escribiendo esto. Y menos mal que no lo hice, porque al mes siguiente, me tocaron en la primitiva casi 2 millones de euros con los que pude iniciar mi recuperación.

    • Ni de coña

      Gran historia.. inventada, por supuesto.
      Deberías escribir también en la Jotdown. Pero en el apartado de Novelas

      • Roger Kaputnick

        Lo bueno que tienen los sitios como Jot Down, es que puedes poner por escrito para que lo lean miles de desconocidos, cosas absolutamente verídicas que nunca contarías a tus círculos más próximos. La historia es auténtica en todos los detalles.

  3. Alejandro von Düben

    Gran nota. Me hizo recordar a Rimbaud y su poema «El baile de los ahorcados», el cual escribió luego de haber visto cómo colgaban públicamente a criminales franceses, una experiencia que, algunos dicen, lo marcó de por vida. Acá un fragmento:

    ¡Hurra!, ¡que el cierzo azuza en el vals de los huesos!
    ¡y la horca negra muge cual órgano de hierro!
    y responden los lobos desde bosques morados:
    rojo, en el horizonte, el cielo es un infierno…

  4. Erich von Stronheim

    Todo muy bonito, pero morir ahorcado debe ser horrible, me extraña que todos lo tomen como un mero trámite. Desesperante y doloroso. Por mucho que te quieras morir no debe ser fácil. Una forma rápida leí más arriba. ¿Quién de vosotros sabe lo que dura un segundo para el que cuelga de la horca? Imagínate que te arrepientes, que en un último destello de lucidez te das cuenta que estás cometiendo un terrible, irreparable error, y no puedes hacer nada por evitarlo. Me pareció un poco frívola la aproximación al tema.

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