Juan Alberto Belloch: «Rubalcaba tiene algo de Merlín, ha sobrevivido a todo»

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Juan Alberto Belloch Julbe (Mora de Rubielos, 1950) es alcalde de Zaragoza desde 2003. Juez desde 1976 y magistrado desde 1981, acumuló destinos durante su carrera hasta presidir la Audiencia Provincial de Bilbao a finales de los ochenta. Fue portavoz de Jueces para la Democracia y fundador de la Asociación de Magistrados Europeos para la Democracia y las Libertades. Durante el último gobierno de Felipe González fue simultáneamente ministro de Justicia y de Interior. Nos recibe en su despacho consistorial, a los pies del crucifijo de plata y caoba del Siglo XVII que un ordenanza traslada al salón del Ayuntamiento cada vez que se celebra un pleno. A nuestra espalda, un gran lienzo de Agustina de Aragón. Acaba de arrancar su tercer periodo como alcalde de la ciudad, por primera vez sin mayoría, con las manos más atadas que nunca. Admirado y odiado, persona próxima y atenta o soberbia y vanidosa según quién cuente la película, nadie duda de que nos encontramos ante un auténtico animal político.

¿En qué estado se encuentra ese proyecto sobre una especie de Las Vegas en los Monegros? Si se materializara, ¿cómo prevé que puede afectar a la ciudad de Zaragoza?

Siempre he sido escéptico, nunca creí que ese proyecto fuera realizable en los términos en que se planteó. Es cierto que existe un mercado potencial, en los países árabes y en el este de Europa, que desde hace tiempo busca en el sur de Europa un lugar semejante a Las Vegas. Pero el tiempo me ha dado la razón porque el proyecto está paralizado. De llegar a materializarse podría ser útil. El interés por el turismo es indudable y no creo en el tópico de que creara problemas de seguridad. Pero el hecho es que el proyecto está paralizado.

Zaragoza está entre las cinco mayores ciudades españolas, sin embargo es percibida más como una ciudad grande que como una gran ciudad. ¿Qué es necesario para alcanzar ese estatus, simbólico pero con consecuencias reales? ¿Son los grandes eventos un atajo en ese camino?

Un matiz: somos la cuarta ciudad en actividad económica. Respecto a ese carácter simbólico, creo que la Expo de 2008 convirtió a Zaragoza en una gran ciudad. El problema es seguir siéndolo, que no haya marcha atrás, porque no se está siempre en primera división: si se hacen mal las cosas bajas a segunda. Cuando publiquéis esto ya se sabrá si se ha ganado la capitalidad europea de la cultura para 2016: esto equivaldría a estar jugando la Champions… Dicho esto es obvio que sí que creo en los grandes eventos.

La incipiente alianza de gobierno con IU y CHA ¿le hará renunciar al proyecto de unos juegos olímpicos de invierno y a una nueva Expo?

A Expo Paisajes, sí. Ya se ha visto que la mayoría no lo quiere y por lo tanto sería absurdo continuar. El caso de los juegos olímpicos no es lo mismo, a lo que nos hemos comprometido es a no liderar el proyecto. El pacto de gobierno me obliga a dejar de presidir la candidatura, pero no a dejar de perseguir unos juegos olímpicos de invierno.

¿Siguen vigentes las tesis de Richard Florida sobre tecnología, talento y tolerancia? ¿Está actualmente Zaragoza en condiciones de atraer a la clase creativa que según él es el motor del crecimiento?

El paso del tiempo no hace nada más que confirmarlas. Nosotros queremos materializarlas en algo similar a lo que fue la Residencia de Estudiantes el siglo pasado adaptada a la actualidad. Además de estar juntos científicos y artistas, tienen también que estar tecnólogos y emprendedores y que sirva de atractivo para profesionales de primer nivel. La iniciativa pública está ahí, pero en las actuales circunstancias seguramente costará que los proyectos privados se pongan en marcha. Sin el apoyo institucional, estos proyectos no se pueden hacer. Pero una “milla digital” no puede ser pública, es el mercado el que determinará las fechas.

¿Puede dar a nuestros lectores tres buenas razones para visitar e incluso mudarse a Zaragoza?

La ventaja más obvia es que estamos a una hora y cuarto de Madrid y Barcelona. Pese a su población, todavía es cómoda, andable. Tiene una movilidad cómoda y tranquila en tranvía, en bicicleta y con pocas emisiones. Y tiene infraestructuras y servicios para una ciudad de más de un millón de habitantes, incluida la cultura. Adicionalmente, es una ciudad muy segura.

Respecto a un corredor de transporte de gran capacidad entre España y Francia: Cataluña y Valencia defienden un corredor mediterráneo, Aragón defiende un corredor central pirenaico. ¿En qué medida depende el futuro de la ciudad de esta decisión?

No sólo el futuro de la ciudad, sino el de Aragón y también en buena medida del centro y Este de la Península. En cualquier caso no se trata de elegir, son dos propuestas distintas. El corredor del Mediterráneo ya existe. Sin embargo nunca ha existido un corredor en condiciones en el Pirineo central con túneles de cota baja. Son dos proyectos necesariamente compatibles.

Estas luchas entre regiones y la estructura de poderes autonómicos, ¿están convirtiendo a España en un país del “sálvese quien pueda” regional?

Es evidente que mucha gente duda de la efectividad de nuestro sistema de autonomías. Mi posición es que este sistema ha sido un éxito rotundo. El hecho es que hoy en día España no es como Italia. En Italia hay una diferencia económica, social y cultural entre el sur y el norte de tal calibre que existe un riesgo real de secesión. En España el sistema de autonomías ha evitado que se perpetuaran las grandes diferencias históricas, no sólo las económicas: la calidad de los servicios básicos es prácticamente idéntica en todo el país. Por otro lado, gracias a las CCAA se ha podido comenzar a rescatar mucho de nuestro patrimonio, que se dirigía a convertirse en ruinas. Las diferencias son abismales respecto a cuando se gobernaba desde un ministerio en Madrid. El siguiente paso, obviamente, es que las ciudades dispongamos de suficiencia financiera y de más autonomía. A día de hoy no tenemos la capacidad y los recursos para dar los principales servicios adecuadamente a los ciudadanos.

En su doble condición de juez y político, ¿cree que el Tribunal Constitucional goza de la necesaria independencia? Hay partidos políticos que reclaman su reforma.

Está claro que no se trata del TC inicial, el de Tomás y Valiente, que era respetado por todas las fuerzas políticas y por los juristas; ha perdido su prestigio. Se han tenido más en cuenta para los nombramientos las preferencias políticas que la capacidad técnico-jurídica y eso es un error. El TC no puede ser un terminal de los partidos políticos para que las personas más afines entren o dejen de entrar. Por otro lado es un escándalo que no se renueve dentro de los plazos. Sin duda, cuando haya elecciones, quien tendrá más prisa será el Partido Popular.

¿Por qué hay tanto miedo a emprender una reforma de la Constitución?

Digamos que somos un país escarmentado. Aquí hubo cuarenta años de dictadura. Nos da miedo, al menos a los de mi generación, “abrir el melón” de la Constitución porque ¿qué temas tocamos? Hay algunos en los que casi todos estamos de acuerdo, como la reforma del Senado o la sucesión a la Corona. Además, una reforma sólo sería posible con un acuerdo cerrado PP-PSOE, al que posteriormente podrían sumarse otras fuerzas políticas. Y no están los tiempos como para llegar a acuerdos sólidos en ninguna materia dada la permanente confrontación. Y en el fondo hay un cierto temor a un cambio de un texto que nos ha permitido el periodo más largo que hemos tenido en España de prosperidad y paz civil.

Después de 35 años de democracia para los ciudadanos la clase política parece seguir sumida en el descrédito, ¿qué se necesita para cambiar esa percepción?

Según las encuestas el desprestigio es similar para políticos, jueces y prensa. Hasta hace poco he participado en tertulias radiofónicas y escribía columnas en prensa, así que se puede decir que yo encarnaba las tres profesiones con peor prestigio entre la opinión pública… En cierta manera, a los políticos nos pagan para ser chivos expiatorios y cuando hay frustración es normal que la mirada se dirija a nosotros. Pero además de eso, la confrontación permanente entre dirigentes políticos aumenta el descrédito. No existe un mínimo respeto institucional, más bien estamos sumidos en peleas de taberna.

Otro reconocido juez que entró en política fue Baltasar Garzón. Su reciente alejamiento, ¿es la consecuencia de aquella entrada en política o de sus errores como juez?

La carrera de Garzón es muy compleja porque tiene de todo. Hay páginas absolutamente elogiables en todo lo que se refiere a las dictaduras y a abrir el derecho internacional a la persecución penal de crímenes contra la Humanidad. También en la lucha antidroga y, salvo algún error puntual, en lo que se refiere a la persecución del terrorismo de ETA. Logró demostrar y transmitir que Batasuna no era nada más que el brazo político de ETA. Pero también es verdad que tiene una gran afición, para ser juez, a estar en primera plana en los medios de comunicación. Y un juez debe de tener cuidado, hay que leerle las sentencias más que estar permanentemente en la palestra pública. Ése es un papel más de la política que de la justicia y eso es lo que en mi opinión le ha perdido, al margen de los errores puntuales que determinan su procesamiento. Es cierto que si la Sala Segunda del Tribunal Supremo dice que hay indicios de que ha cometido un delito yo tengo que respetar a la Sala Segunda del Tribunal Supremo. Pero creo que ha sido su permanente exposición pública la que le ha hecho más frágil.

¿Se plantea retomar la carrera judicial en el futuro?

No, definitivamente no (risas). Tras haber sido ministro de Justicia no se puede volver a ser juez, es una cosa muy complicada.

En el siglo XVII a España se le terminó la burbuja de la plata americana y el retraso tecnológico y cultural le impidió poder competir haciéndole perder el tren de Europa y quedándose atrás. Hoy, tras la burbuja inmobiliaria y financiera, ¿estamos viviendo otro siglo XVII?

No estamos en una época de monocultivo. Es verdad que el mercado inmobiliario fue el principal factor de crecimiento de la economía, un crecimiento exageradamente rápido. Llegabas a España y lo primero que veías eran grúas, eso no sucede en otros países. Pero la economía real de España es más amplia. Tenemos cientos de empresas con una enorme capacidad exportadora y grandes empresas en el terreno de las telecomunicaciones, las finanzas y la energía. Cuando se habla últimamente de un posible rescate de España… no soy pesimista en ese sentido. Lo que hay que hacer es aprovechar mejor lo que tenemos. Todo el mundo sabe que la fachada de rascacielos a lo largo del Mediterráneo es un disparate; y no hace falta ser ningún experto, cualquiera lo ve y piensa que alguien se ha vuelto loco. Hay que aprovechar la crisis para reordenar el urbanismo, que es incompatible con un turismo de futuro, regresar a la ciudad mediterránea, consolidada y al mismo tiempo promocionar el alquiler… Hay que cambiar el modelo aprovechando las circunstancias.

Llegan por todas partes mensajes sobre aumentar la flexibilidad que se traducen en el lenguaje de la calle como “cutrerío laboral” y desamparo. ¿Esto va a tener fin? ¿Hasta dónde se puede tensar la cuerda?

Yo creo que está a punto de no poderse tensar más. Con Grecia estamos exagerando todos los que formamos parte dela UE, porque es la UE la que está forzando las cosas más allá de lo que la gente puede tolerar. La solución para Grecia no puede pasar por exigir que pague lo que debe, sino que debe ser sujeto de procedimientos de quita y espera, un programa sensato que no obligue al país a vender todo su patrimonio y coloque a sus trabajadores en una situación imposible. Hay que atender también a la sostenibilidad social, que es la que está en peligro.

La población que se suma al movimiento de los indignados parece cada vez más enfadada. ¿Considera que es posible una escalada de violencia descontrolada?

Es verdad que un primer momento se sumaron personas muy distintas. Pero no se puede confundir un grupúsculo anarco-fascista perfectamente identificado con los veinte mil ciudadanos que se manifestaron en Zaragoza, familias enteras de todas las clases sociales. El grueso del movimiento se desmarcó de la violencia, si tiene algún rasgo característico es que es pacifista. Lo que le falta es tener portavoces e interlocutores claros, ser capaces de negociar con las instituciones aun a cambio de institucionalizarse más y atreverse a tener un programa negociable, una mayor precisión en la definición de sus objetivos. Es posible que este movimiento se convierta en el poder más importante no institucional.

Uno de los lemas de los indignados es “contra el bipartidismo”. ¿Cree que la subida electoral de IU y UPyD es coyuntural o responde a esta misma corriente de fondo?

Creo que en principio es más contra la política en general. Hombre, PSOE y PP somos los mayores partidos y por lo tanto nos tienen “especial ganas”. Pero aquí han silbado a IU, a Chunta, y a todos. En cualquier caso, una reforma de la ley electoral, que es la pretensión de estos partidos, depende de nosotros; sin PSOE y PP no se puede hacer. Por lo tanto, lo sensato es dialogar y negociar con nosotros.

Sobre el papel de la socialdemocracia, ¿van a quedar las conquistas sociales de la segunda mitad del siglo XX como una mera anécdota histórica?

A lo largo de la historia, en España y en otros países, hay una corriente progresista y una corriente conservadora. En su origen, el progresismo lo representaba el liberalismo político, las cartas de derechos políticos. A ello la socialdemocracia incorpora, creo que de manera definitiva, nuevos derechos sociales como los sistemas de salud. Hoy en día nadie propone liquidarlos y la única diferencia con los conservadores se encuentra en un intento de favorecer a la sanidad privada. Pero el acceso universal a la educación y a la salud nadie lo cuestiona y no va a ser un recuerdo del pasado. El tema real es ¿qué debemos hacer ahora los progresistas? Hay que ampliar el horizonte a otros ámbitos más allá de los derechos civiles y sociales

Las uvas de la ira, película de John Ford basada en la novela de Steinbeck, mostraba el drama de unos campesinos cuyas tierras son expropiadas. ¿Tendría sentido decir que John Ford era más de izquierdas que la mayoría de los políticos de izquierda actuales?

Una novela terrible. Bien, John Ford era exactamente un liberal. Y mira que esa palabra hoy y aquí suena fatal porque también se proclama liberal un Jiménez Losantos, es decir, la extrema derecha. Pero fue una palabra muy prestigiosa. En Europa hemos tenido una actitud pedante de quitarle importancia al progresismo de los liberales norteamericanos.

¿Por qué en el mundo ya casi no se hace cine político como el de los años setenta, cuando se estrenaban películas como Todos los hombres del presidente, que cuestionaban el poder político vigente?

Sí, el cine se está reduciendo a la gran taquilla y posiblemente ha abandonado la reflexión política. Quizá porque las personas que realmente estamos interesadas en estos temas tenemos otras vías de aproximarnos a ellos y ya no son tan necesarias las películas con contenido político. En cualquier caso, en términos de pedagogía política una buena película puede enseñar más cosas y más rápido que estar estudiando y leyendo por internet. Pero sucede como con la prensa escrita, no creo que vaya a desaparecer finalmente, tan sólo se va a reducir y sobrevivirán los periódicos que logren lo que logran muy pocos: ser veraces y ser profundos, que es su única ventaja evidente frente a otros medios más rápidos. Sólo sobrevivirán los buenos. Y seguramente con el cine político pasará algo parecido.

¿Qué opina del cine de Michael Moore? ¿No temen los políticos que aparezca una versión española decidido a sacarles los colores?

Nada que temer, sería muy positivo. Lo que es complicado es darle el sentido del espectáculo que le añaden los americanos, convertirlo en algo divertido, entretenido y al alcance de cualquier persona.

¿Qué pensaría George Orwell si levantase la cabeza y viera que hay un programa de TV llamado Gran Hermano?

Nunca he visto ese programa salvo pasando con el mando a distancia. Incluso me pongo nervioso para no ver ni una sola escena… me parece abominable. Supongo que se horrorizaría y cambiaría de canal rápidamente (risas)

¿Deberían los despachos de los políticos y administradores tener cámaras como en Gran Hermano para que veamos siempre de qué se habla ahí?

En ese caso, los temas importantes se irían a tratarlos al bar. En la parte de la ejecución de los proyectos, tal vez hay algo de cierto en este propósito. En cambio, en el inicio de estos, en ocasiones no se pueden hacer públicos porque los matarías antes de nacer, casi siempre. Sólo cuando ya no es un feto, un bebé, tiene robustez, entonces aguanta una mayor transparencia. Hay muchos ejemplos prácticos que se ven todos los días, la forma típica de destruir una idea es sacarla prematuramente a la palestra. Por lo tanto, en la formación de una idea o proyecto es normal que exista discreción. En todo lo demás, la transparencia siempre es positiva. Por otro lado y regresando a las ciudades, ninguna administración es tan transparente como la municipal. Cualquier miembro puede pedir toda la documentación sobre cualquier tema y se le debe dar, legalmente. Eso no ocurre ni en el gobierno de España, ni en los de las CCAA, ni en las instituciones europeas. En el caso concreto de Zaragoza, la ciudad produce infinitamente más documentación que el gobierno de Aragón.

La reciente ruptura de negociaciones por parte de la CEOE invita a pensar que el poder económico da por amortizada esta legislatura y que en la próxima, dadas sus expectativas, sus reclamaciones serán mejor atendidas. Ante estos síntomas de parálisis, ¿tiene sentido el adelanto electoral?

Lo que quieren una parte de los empresarios organizados es que durante esta legislatura se adopten todas las medidas duras que después ya no se van a poder adoptar. Es decir, quieren aprovechar para llegar hasta el final en las reformas que proponen. Y sucede que no les gustan las que proponemos nosotros. La última, sobre la negociación colectiva, les habría gustado que fuera de otra manera. Y les está sucediendo lo mismo que a la UE con Grecia, creen que se puede tensar indefinidamente la cuerda. Sin duda, si el PP obtiene una mayoría absoluta, todo lo que plantea la CEOE se convertirá en realidad en pocos meses. Pero lo más desagradable prefieren que lo haga Zapatero. Y sin duda, en mi opinión, una parte dela CEOE desea que España necesite ser rescatada como vía a obtener todas las medidas duras con las que ellos sueñan por las noches. Creen que es su gran oportunidad.

¿Considera suficientes los pasos dados por la izquierda abertzale? ¿Imagina un País Vasco gobernado por Bildu?

De momento está claro que no se han alejado suficientemente de ese mundo. Les cuesta un trabajo extraordinario condenar la violencia de ETA y pedir que se disuelvan. Sin embargo es cierto que han comenzado a hacerlo, aunque sea de manera matizada. Es una especie de proceso con el que si continúan, podrían terminar siendo un partido normal, de izquierdas, que sea perfectamente constitucional. Está el ejemplo de Euskadiko Ezkerra, que se constituyó en partido cuando se disolvieron los “polimilis” con un largo historial de crímenes detrás. Mario Onaindía renunció y denunció aquel pasado. Pero si se mantienen las medias tintas, esto difícilmente llegará. Y la situación actual les impide pactar, algo casi imprescindible para gobernar en el País Vasco. Hoy por hoy, su mundo es muy limitado. En resumen, si bien ETA no va a durar más allá de unos o dos años, su equivalente político va a necesitar más tiempo para adaptarse a las exigencias del sistema democrático. Y todo esto sin olvidar que están vigilados por la legalidad y que la legalización puede tener una marcha atrás. En cualquier caso, les conviene retirar su apoyo absurdo a una pandilla de asesinos.

En Los Sueños (recopilación de relatos sarcásticos) Quevedo escribió que los abogados y los alguaciles siempre iban al infierno. Si Quevedo viviese hoy, ¿a quién mandaría al infierno?

Pero de los jueces no dice nada (risas). Mandaría al infierno a los mismos que están mandando desde el movimiento 15-M, no creo que hubiera mucha diferencia. Personalmente a Quevedo lo adoro, habrá otros en España que hayan hecho mejores cosas, pero globalmente es el más completo. Era muy político, un escritor magnífico y un gran libelista que ayudaba a Lope de Vega cuando lo ponían a caldo y además un espadachín acojonantemente bueno. Por cierto, nunca se le ha hecho una película a su altura. En cualquier caso, tenía una gran capacidad política, así que seguramente a la hora de mandar al infierno excluiría a los políticos y, desde luego y no es broma, a los jueces. Y lo digo yo que soy juez casi genéticamente hablando, de diez generaciones (risas)

¿Qué libro o película le hubiese gustado protagonizar?

Seguramente no tengo cualidades para protagonizar una película. Algún amigo me dijo, cuando era más joven y más delgado, que podría ser bueno para hacer de malo en las películas por los rasgos acentuados, las ojeras… En fin, otra cosa es qué vida me hubiera gustado vivir. Y ahí diría Quevedo o Juan de Austria. Me encanta, desde que siendo pequeñito lo mandan al pueblo como hijo bastardo y a partir de ahí se crea a sí mismo hasta vencer en Lepanto. Los celos que le tenía Felipe II eran epopéyicos, lo odiaba con todas sus fuerzas, pero pasó a la historia. Y en tiempos más recientes, quizá me hubiera gustado ser algún director de cine norteamericano.

Qué libro, película u obra de ficción podría protagonizar… Francisco Camps.

Algún sainete (suspiro)

Cándido Méndez.

Cándido Méndez muchas, que tiene una cara muy robusta y muy especial. Creo incluso que da el tipo del sindicalista cinematográfico, se refleja bien (risas). Hay que decir que es una buena persona, es de los que les gusta ser feliz y lo intenta. Y no está permanentemente enfadado. Yo le tengo afecto y respeto.

Baltasar Garzón.

Su propia vida ya es una película.

Federico Jiménez Losantos.

(Aspaviento) Este hombre es de Teruel y es lo que más me preocupa, porque no me gusta tener ningún convecino de esas características. Yo creo que no puede hacer ningún buen papel en ningún sitio.

¿Realmente existe Teruel?

No sólo existe, sino que es el lugar más bonito de España. Hay muchos terueles ocultos, con prácticamente la totalidad de paisajes sintetizados en un único sitio. Por lo tanto existe, sí, y va a existir con más fuerza en el futuro.

¿No se vive más tranquilo en un lugar inexistente?

Sí, ma non troppo (risas)

¿Qué personaje de la actualidad encarnaría mejor a Don Quijote?

Nadie mejor que Fernando Fernán Gómez, que además su temperamento era así. Generoso, arriesgado, inteligente y con chispa.

¿A Mary Poppins?

Soraya Sáenz de Santamaría y no son ganas de fastidiar, eh, es que es verdad.

¿Al pirata Long John Silver?

Busca una foto mía de cuando era ministro, ponle un loro, y daba el tipo perfectamente. De más joven me llamaban Sandokán. Ahora ya con estos kilos es difícil imaginarlo.

¿A Harry el Sucio?

Es un personaje enternecedor. Bajo la apariencia de chapuza, es un personaje lleno de vida y de sensibilidad, aparentemente escondida, extraña, desapacible con lo que a veces hace.

¿Al mago Merlín?

Hace unos años habría dicho Pío Cabanillas, con su frase “no se sabe quién ganará pero ganaremos nosotros”. Rubalcaba también tiene algo de Merlín, ha sobrevivido a todo. Una vida complicada, larga, difícil, con puestos de responsabilidad.

Fotografía: Jesús Llaría

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2 comentarios

  1. Pingback: Texto casi Diario: María Pilar Clau & Mariano Gistaín

  2. Manudo

    Que acojone me inspiraba de pequeño Belloch… esa expresión me aterrorizaba! Pero es majete el hombre.

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