La página par Opinión

Manuel Jabois: Diarios II (2004-2007)

Escribo siempre con los Diarios de Iñaki Uriarte al lado del teclado, como si fuera una guitarra. Tengo el libro ahí, y cuando escribo y me bloqueo, o cuando escribo y no me bloqueo, interrumpo mi trabajo (no escribir es un trabajo, acaso más duro que escribir) y abro unas páginas para leer algo como quien de repente, sofocado, sale a pegarse una ducha. Quizá tenga mejores libros, pero ninguno con más valor sentimental que el suyo. Entre otras cosas porque escribir con los Diarios cerca es escribir teniendo a mi lado no sólo a Uriarte, sino a Txani Rodríguez.

Txani me envió el libro el pasado verano. Fue una lectura hechizada. Escribí sobre él en el Diario de Pontevedra un poco pomposamente; de repente, en lugar de escribir de libros como escribir de polvos, se pone uno trascendente (librarme de la trascendencia ha sido lo mejor que he hecho el último año; detrás de eso también está Uriarte). Me gustó tanto el libro que me enamoré de la edición, como cuando uno se hace amigo del marido de la mujer que ama. Txani me dio el correo de Pepitas de Calabaza y tres semanas después tenía mi propio libro pactado. Si no podía ser Uriarte, al menos aproximarme. Irse a Madrid se debe a mucha gente, si me pongo melodramático, pero tres personas lo sacaron a la calle: Txani, Iñaki y Julián Lacalle.

Escribo este artículo con el segundo volumen de Diarios ya junto a mí, gemelo al otro, novísimo en su vejez; ni siquiera había crisis. Esta mañana me esperaba encima de la mesa del periódico en mi reentré. Todavía no está a la venta, así que lo manejo con torpeza, leyéndolo a brincos felices, como cuando te hacen entrar en una juguetería antes de que se inaugure. Uriarte no escribió para publicar, lo cual convierte el libro en interminable. Sé lo que digo porque hace un año empecé a escribir mis diarios en el blog tratando de seguir discretamente su estela: escritura alejada de hojarasca y circunloquios, citas amenas de autores que admiro, vida social y demás hierba sobre la que Uriarte iba escribiendo en secreto su vida (“Cuán frecuente y neciamente quizá, heme extendido en mi libro hablando de él”, recuerda el autor a Montaigne). Si mis diarios continúan es porque le pongo empeño, sobre todo en la escritura. No hay en ellos citas traídas tan seductoramente como Uriarte, con el que he aprendido leyendo más que en cualquiera de las clases a las que no fui, ni mucha vida social, pues casi todo lo que me rodea es delictivo o éticamente reprobable, y desnudaría a demasiadas personas que quiero.

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2 comentarios

  1. ay q nervios! no tenía ni idea de que publicara nuevo libro! gracias por la info!!! me chifla!

  2. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | José Antonio Montano: Jugada maestra

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