Enric González: Una temporada lamentable

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Cuando hay que decir una burrada, mejor decirla pronto: el servicio militar obligatorio, más conocido como “mili”, tenía sus ventajas.

Ya está dicho. Ahora intentaré explicarme.

Fui el recluta 31.071 del 79/1 en el CIR de San Gregorio, Zaragoza, y pasé un año y pico en Pontonia, un regimiento de Monzalbarba. “Soldado valeroso del arma de ingenieros”, decía el himno. Nos hacían cantarlo mientras trotábamos por los Monegros. Una temporada lamentable.

No fui capaz de verle ninguna virtud a todo aquello, aunque adquirí una cierta mano en la redacción de cartas de amor (las hacía para un capitán que tenía un lío no sé dónde), aprendí a liar porros de dos papeles y destripé un montón de pollos durante un arresto en las cocinas. Como muchos otros, he sufrido durante años una pesadilla recurrente en la que descubro que aún no me han licenciado y tengo que volver a Pontonia. Horroroso, de verdad.

Y, sin embargo, ahora creo que gané algo importante. Pese al tedio, a los gritos, a las órdenes absurdas, a los oficiales borrachos, al encierro, al fascismo ambiental y a la gigantesca pérdida de tiempo, conviví durante 15 meses con los españoles de mi generación. Éramos sólo tíos y pasábamos un mal trago, pero estábamos todos: listos y tontos, pobres y ricos, simpáticos y bordes, héteros y homos, malvados y bondadosos. No nos habíamos juntado por afinidades, sino por desgracia y a la fuerza. Tuvimos que aprender a convivir, lo cual no resulta fácil cuando uno se acuesta, después de limpiar letrinas, con 200 tipos de higiene dudosa y humor melancólico.

El presente y el futuro previsible son centrífugos. La sociedad se ha hecho más diversa en todos los sentidos, pero a la vez tiende a fragmentarse en grupos relativamente homogéneos y alejados entre sí. La urbanización suburbial, emblema estadounidense contemporáneo importado por el resto de las sociedades desarrolladas, es fruto de esa tendencia: gente parecida se congrega en casas parecidas para llevar una vida parecida. Justo lo contrario de la ciudad, donde se impone el roce entre distintos.

La generalización de las relaciones cibernéticas propone el espejismo de la comunicación total, pero en realidad refuerza el aislamiento de las tribus: las redes sociales favorecen la agrupación de semejantes. El ciudadano cree estar conectado con el resto de la sociedad, pero, en la práctica, sólo está conectado con sus vecinos de gueto, físico o virtual.

La “mili” permitía eliminar, durante un tiempo, casi todas las barreras que pudieran separar a las víctimas de la leva. Y obligaba a tratar con personas arrancadas de su entorno y despojadas de su condición social o económica: obligaba a tratar con personas, a secas.

Aquel Ejército de reemplazo no valía nada. Sin duda es más eficiente el Ejército profesional. El soldado-ciudadano sirve, en el mejor de los casos, para defender su tierra y su familia. Para las guerras coloniales, hoy llamadas misiones de paz, va mucho mejor el soldado a sueldo. Sobre eso no hay discusión. Tampoco cabe discutir sobre la viabilidad de restablecer el reclutamiento en los antiguos términos: eso ha pasado a la historia.

Pero a mí me fue muy bien tener como amigos a un feriante, a un matarife, a un dibujante, a un ingeniero, a un mangui y a unos cuantos tipos sin ocupación previsible. Me fue bien saber qué tal lo pasan quienes friegan suelos y cargan pesos. Y no me fue mal hacer un curso intensivo en arbitrariedades, jefes estúpidos y pérdidas de tiempo: me permitió hacerme una idea sobre la vida en general.

Es una suerte que la gente ya no tenga que pasar por eso. Es también una lástima.

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28 Comentarios

  1. Una forma de verlo, y que en gran medida comparto. Es más: en la vida te encuentras a muchos estupendos que en su día ‘hábilmente’ se libraron y no puedes por menos que lamentar lo bien que les hubiera venido la experiencia castrense.

  2. Por fin! Alguien tenía que decirlo. Yo tuve la misma experiencia, claro (también en Ingenieros, RING 4, Lleida)… y cuando Aznar liquidó el servicio militar lo primero que pensé es que algo se perdía -todo lo que señala Enric González y algunas cosas más- y que enseguida sabríamos quiénes iban a integrar el “ejército profesional”…

  3. Esto me dice a menudo mi padre, que todavia se arrepiente de haberme firmado las prórrogas por estudios para librarme de la mili. Y ahora pienso que quizá lleve algo de razón, aunque por otros motivos.

    • Expresas de forma amena algo en lo que estamos casi todos de acuerdo, los que no la hicimos gracias a las prórrogas o por culpa de algún enchufe y los que la hicieron que siempre me cuentan los amigos que encontraron.
      Los jóvenes de hoy no saben ni les interesa en lo más mínimo que era la mili y para que podía servir.
      Yo sigo arrepintiéndome de no haberla hecho, lo cual hizo que mi madurez se retrasara más de lo debido.
      En un instituto donde la mayoría de los profesores iban a soltar discursos y eran menos los que se implicaban, lo que nos hacía falta a la mayoría de los jóvenes estancados era una mili en Ceuta, por lo menos.

  4. Lo de la pesadilla recurrente es tremendo. En mi caso la mía es todavía más jodidamente elaborada: Sueño que tengo que volver a hacer la mili cuando todos mis compañeros se licencian.

    Ya se sabe que la justicia militar es a la justicia lo que la música militar es a la música.

    Os lo aseguro: me despierto con sudores fríos.

  5. Esto es lo que el psicólogo Dan Gilbert define como sintetización de la felicidad. Es decir, no es que seamos felices porque hagamos lo que nos gusta, sino porque nos acaba gustado lo que nos toca hacer.

    Y de cualquier vivencia que nos es impuesta (o sea, el 95% de cualquier vida) al final acabamos sacando la conclusión de que mereció la pena. La felicidad es, en definitiva, un autoengaño.

    Para mí desgracia no soy bueno autoengañándome, así que cuando hago un repaso de mi vida veo que buena parte han sido mierdas que hubiera preferido evitar y que no consigo ver como un mal necesario, algo que me haya hecho más sabio y que me sirviera para crecer interiormente y todo ese rollo.

    Tampoco he entenido nunca esa visión de la mili -de la que logré librarme por los pelos- como una calamidad que sirva para enseñarte lo dura que es la vida. Ya aprenderá cada uno lo dura que es la vida cuando lo toque sufrir alguna adversidad, y si no sufre ninguna, mejor para él.

    Es como si uno supiera que mañana le darán una paliza y se diera un cabezazo en la pared para ir mentalizándose. Pues no, mira, prefiero no adelantar el dolor.

    • Este comentario es de los más acertados que he leído en Jotdown. También de acuerdo en la parte en la que el autor cuenta lo de “La generalización de las relaciones cibernéticas propone el espejismo de la comunicación total, pero en realidad refuerza el aislamiento de las tribus”.

      Por lo demás, me chirría la cantidad de opinantes que no soportan una crítica a su adorado Enric. Más bien me estomaga.

  6. Bravo. Nunca habría pensado que se pudieran sacar lecciones de la mili. Quizá porque no la he hecho. Creo que ahora entiendo un poco ese tinte de nostalgia con cierto asco que se pone en la mirada a mi padre cuando habla de la mili.

  7. ret, es simple, tan solo no leas a Enric y punto pelota. Si crees que vas mas alla de todo, pues te felicito. La vida es corta muchacho, y para palabreria innecesaria… tu mismo.

  8. “pasé un año y pico en Pontonia, un regimiento de Monzalbarba”

    Digno de García Márquez.

    O mejor, de Juan Pérez Zúñiga.

    …dicho sea con todos los rencores.

  9. Bravo, Enric, alguien tenía que decirlo. Siempre pensé que aquellos largos meses de mili me habían permitido convivir con un corte vertical de la sociedad. Ahora sólo nos relacionamos con nuestros pares. Además, el hecho de juntarnos en un barracón gente de todos los sitios de España te permitía conocer cosas y sitios que mis hijos jamás verán.

  10. “La generalización de las relaciones cibernéticas propone el espejismo de la comunicación total, pero en realidad refuerza el aislamiento de las tribus” Bravo, Enric.

  11. Yo estuve en San Gregorio en la 78/4. Había una gasolinera (¡!) ‘arrestada’ en el CIR, no sé si se acordará Enric.
    En todo caso, Ferlosio ya criticó en su día el fin de la conscripción obligatoria.
    Estupendo artículo, además de compartir las impresiones del autor.
    Saludos.

  12. Una maravilla, como todo lo que escribe Enric. Yo no pude hacer la mili, fui la primera promoción que se libró. Además, hay dos argumentos que también tienen sentido: ahora que el ejército es profesional, solo los más pobres se alistan, y acaban siendo ellos los que mueren en las guerras. antes la muerte era un poco más democrática. Además, y perdonen la frivolidad, un servicio militar obligatorio ayudaría a acabar con la obesidad mórbida de parte de estas nuevas generaciones.

  13. La enseñanza pública debería ser una herramienta para salir del gueto.
    Yo estudié (1988-1992) en un macroinstituto con miles de alumnos provenientes de todos los barrios de la ciudad. Había 8 grupos de 1º de BUP y 5 grupos de COU. También se impartían diversos ciclos de FP (hostelería, informática y mecánica). En el mismo recinto, antigua Universidad Laboral del franquismo, existía otro Instituto de parecidas características. Las instalaciones estaban a las afueras de la ciudad, lo que implicaba una dosis extra de aislamiento.

    Una experiencia inolvidable e irrepetible (ahora las instalaciones pertenecen a la Universidad). Hoy no se conciben ese tipo de centros educativos.

  14. Conocerás la expresión popular “el tiempo todo lo cura”. Su significado no es otro que el poder que tiene la mente humana para, pasado un tiempo, suavizar un dolor vivido con el descubrimiento de algunos momentos de felicidad o menos dolor que tuvo la situación.
    No eres el primer hombre maduro al que leo o escucho que la mili, pese a todo, le sirvió para algo. Recuerdo a alguien que me explicó que se había dado cuenta de que, al menos, formaba en un oficio a los pobres que llegaban de los pueblos a los cuarteles (me contaba el caso de un compañero que gracias a la mili había conseguido el permiso de conducción de camiones y se había hecho camionero). A lo que yo le contesté que para eso ya existía la Formación Profesional.
    A tí te digo lo mismo, ninguna de las virtudes que has enumerado para justificar el antiguo servicio militar son exclusivas de ese entorno. Todo lo contrario, casi todos hemos tenido que vivir situaciones en las que nos ha tocado convivir con personas de diferente procedencia social, intereses, formación y gustos.
    Pero además, el servicio militar era obligatorio, tanto para los que necesitaban “mezclarse con otros” como para los que “ya estaban mezclados”. Una obligación inútil y baldía.
    Tu satisfacción por tus recuerdos de la mili es natural, humana y saludable. Yo la tengo cuando pienso en que estudiar los cuatro primero años de la EGB en una clase solo de chicas tuvo sus ventajas, pero si volviera a nacer preferiría estudiar en clases mixtas.
    De todas formas, te felicito por tu ejercicio optimismo memorístico. Es sano y morirás, dios quiera que no sea pronto, más en paz

  15. Esa experiencia de compartir vida con gente que no son clones sociales de uno mismo la tienen hoy y la han tenido siempre mis hijos – gracias a la escuela pública.

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