Raquel Sastre: «Cuando eres gilipollas y lo demuestras puedes ser cómico o ministro»

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En el sindiós que es Internet un productor de El Terrat fue a dar con el blog que escribía Raquel Sastre. Algo debió atisbar para que se pusiera en contacto con ella, aunque la cosa no terminó de cuajar. Raquel volvió a su trabajo de funcionaria y a seguir escribiendo, hasta que el cómico Kaco le propuso probar suerte en Paramount Comedy. Esta vez sí: monólogos, actuaciones, y algo así como un gritón de seguidores de Twitter, red social donde también llamó la atención de los productores de El Hormiguero, que sin dudarlo mucho la ficharon como guionista para el programa. Si alguna enseñanza extraemos de todo esto es que en la Red hay, además de inquietantes arañas de Google elaborando complejos algoritmos, una serie de ojeadores en busca de talentos demostrando que las madres se equivocan al decir que perdemos el tiempo escribiendo majaderías en Internet.

Esta pregunta tan original seguro que no te la han hecho nunca: ¿por qué hay tan pocas mujeres cómicas en proporción a hombres?

Las chicas normalmente no quieren ser cómicas, prefieren ser actrices o modelos. Para ser cómico tienes que tener muy poco sentido del ridículo, y eso es algo que a las chicas no nos gusta, queremos quedar como las princesitas guapas. Queremos brillar y normalmente un cómico no brilla, solo lo hace cuando se ha puesto tan sumamente mal que la gente se ríe, pero para eso tienes que dejar a un lado cualquier tipo de tabú o miedo al ridículo. Las chicas no quieren subir a un escenario a contar chistes, quieren salir en una obra de teatro o posar para una cámara. Creo que también es porque los hombres abren el camino y luego las mujeres se van introduciendo poco a poco. En el deporte pasa lo mismo: primero lo acapara el hombre y luego poco a poco van apareciendo mujeres. Pero cada vez hay más chicas y estoy segura de que en unos años estará bastante a la par.

¿Hay un humor masculino y un humor femenino?

Bueno, normalmente los chicos hablan de cosas generales, mientras que las chicas no: hacen los chistes típicos sobre depilación, ir al ginecólogo, mi marido… y eso es un hándicap para estar en un escenario, porque un tío no quiere oír una hora sobre cómo te depilas, cómo te maquillas y si te ves gorda; quiere oír cosas con las que todo el mundo se sienta identificado. No obstante, tampoco creo que los hombres hagan siempre humor masculino y las mujeres femenino. Yo, por ejemplo, no hago humor femenino. El 95% de mi texto podría subir un chico y contarlo. Hay humor negro y no son chistes que hablen de ser mujer. Hablo de ser murciana, con lo cual cualquier persona murciana podría hacerlo, aunque seguramente no se le entendería.

Si nos ponemos a generalizar, la mayor parte de las chicas son más reacias al humor negro, bruto o directamente subnormal, como Jackass. He conocido solo un par a las que les divierta Jackass.

A mí Jackass me gusta muchísimo. Pero bueno, es que me crié con chicos. En mi casa era la única niña, con lo cual he crecido con mis tíos, que uno tenía 12 años más y el otro 17. He crecido bajo la supervisión de dos adolescentes muy animales. Tengo las rodillas llenas de cicatrices: me subía a los árboles, me tiraba, jugábamos a peleas… era muy bestiaca. Y respecto al humor negro, no sé si influirá que en mi casa hemos usado el humor para todo, incluso cuando ha pasado algo malo. Cuando hay un entierro de un familiar que ha estado enfermo mucho tiempo siempre contamos alguna anécdota graciosa de esa persona, con risas es mejor que con llanto.

El humor negro es un mecanismo de defensa. ¿En tu caso es una elección o lo has adquirido porque has vivido con ello?

Me gusta mucho el humor negro, me río más con ciertos chistes que ofenderían a mucha gente que con chistes más livianos. Hace dos años me reí muchísimo con Ricky Gervais en los Globos de Oro. Hay una cómica estadounidense que tuvo un cáncer y subió a quejarse de por qué el cáncer tiene que padecerlo en el pecho: “¡Qué hijo de puta el cáncer! ¿Por qué no me da en la celulitis y me la extirpan?” Cuando pasa algo malo el humor negro está muy bien para hablar de ello e intentar aliviar el peso. Y además ayuda como método de denuncia. Lo suelo usar para eso. Si eres periodista y quieres denunciar algo puedes escribir un artículo y la gente lo leerá, pero un chiste es algo corto, rápido, que se transmite de persona en persona. Si dices una animalada y la gente se ríe piensa de qué se está riendo y entonces la analiza. El humor negro es muy útil en ese sentido, porque la culpa que sientes por reírte de algo así hace que reflexiones sobre ello.

Entonces crees que el humor tiene una utilidad más allá de la risa.

Totalmente. Como cómico cada uno elige lo que quiere hacer. Hay quien elige ser cómico de entretenimiento, que está muy bien, y hay otros que quieren denunciar a través de su trabajo. Cuando hay una noticia siempre la cuento en modo de chiste porque soy cómica, no periodista.  Es mi forma de publicarlo y que la gente sepa lo que pienso. Aun y así, siempre se hace desde un punto de vista literario. La gente tiene que empezar a entender que los monólogos son literatura, no son nada real. Una persona puede subir a hacer un chiste racista sin ser ella misma racista. Tenemos gente que dicen ser muy progres y tolerantes pero que si su hija les viene a casa con un moro se echan las manos a la cabeza y dicen «¡mi niña no!». Es algo que el público tiene que entender: los monólogos son literatura, es ficción. No puedes tomarlo como realidad, aunque tiene su fondo y su semilla. Pero no hay que coger las cosas al pie de la letra.

Quien me viene a la cabeza es Bill Hicks.

Maravilloso, me encanta, me parece el padre de este tipo de comedia de la que estamos hablando; en otro estilo muchos menos agresivo pero también ácido me encantaba Woody Allen en sus comienzos; tenía monólogos maravillosos. Lo que pasa es que conocemos a los cómicos estadounidenses, a los ingleses, algún francés y alemán y a los grandes de España. Pero me gusta citar a cómicos que no tiene tanta fama para que la gente se adentre más en este mundo, porque Bill Hicks, Chris RockGeorge Carlin o Sarah Silverman están más al alcance. Pero me encanta Sarah Silverman cuando se sube a un escenario y, ante un público lleno de judíos, les dice “Judíos, cuando veo que conducís Mercedes hechos en Alemania me doy cuenta de que no habéis entendido nada.” Me parece brillante esa manera de hacer comedia. Hay uno, que no sé si conocerás, llamado Jeff Dunham, que es un ventrílocuo y tiene a Ahmed, el terrorista suicida. Así que siempre recomiendo a grandes cómicos no tan conocidos, como Ignatius y Luis Álvaro, o algunos que están saliendo ahora como Dennis Horror. Pero en caso de tener que reducir  auno,  me quedaría con Luis Álvaro. Me parece un cómico brillante. Son líneas cortas, chistes muy bien hechos uno detrás de otro… No es un monólogo al uso, con argumento, sino que empieza a soltar chistes y cambia de tema muy rápido. Es un ejemplo de cómo se puede escribir humor negro y vivir de él.

¿Ser mujer en un mundo tan masculino es una ventaja?

Cuando subes al escenario la mayoría de chicos piensan que no vas a ser graciosa, por lo que vas a tener que ganártelos desde el principio; mientras que la mayoría de chicas, como a alguien se le haya ocurrido decir que eres guapa empiezan: “Y ésta de qué va”. “Pues no es tan mona”. “Para mí que está un poco gorda”. Por eso cuando subo digo cuatro chistes muy bestias seguidos que sé que funcionan. Así rompes la tensión, se ríen y puedo empezar el monólogo.

Los trucos frente al público solo es posible aprenderlos con la experiencia.

En el mundo de la comedia aún soy muy novata, sé las cosas que hago mal y las cosas que hago bien: improviso pero no sé poner acentos de otras comunidades… bastante que puedo hablar castellano habiendo vivido toda la vida en Murcia. Peor tengo algo que a mí me parece un gran mérito como cómica: hago un chiste en el que se muere un niño y la gente se ríe. Se están riendo de que se ha muerto un niño. Y me gusta mucho, porque es algo difícil.

Al hacer reír a la gente se genera cierta sensación de poder.

Pero a veces se te va y lo pasas muy mal. Por lo que sea: porque no tienes un buen día, porque no lo ha tenido el público, porque no has conectado con ellos… y se pasa muy mal, es una sensación horrible. Un monólogo sobre un escenario no tiene matices de gris; ahí arriba sientes que lo estás haciendo de puta madre y la gente se descojona o que te está saliendo fatal y nadie responde. Y eso es terrible, una mala actuación te deja hecha polvo psicológicamente, hundida. Porque no es como el teatro. Si estás en una obra, a no ser que la gente se duerma o se vaya, es imposible darte cuenta de que no está funcionando. Será la peor obra del mundo, pero como no reaccionan de forma significativa tú sigues tranquilo en el escenario. En el monólogo, en cambio, si la gente no se ríe ya sabes que está yendo mal. Cuando una actuación sale mal acabas con la sensación de “Joder, qué putada», y cuando sale bien tienes la sensación de comerte el mundo y nada podrá resistírsete.

Se obtiene un plus de carisma que apoya esa línea de pensamiento que defiende que el humor es también una herramienta evolutiva para que los feos consigan reproducirse.

Hay cómicos feos que ligan y cómicos feos que no ligan, así que no sé. Sí es cierto que estar en un escenario te otorga cierto carisma. Les has hecho reír. Ya no eres un tipo cualquiera que se acerca, eres una persona de relevancia. Es un añadido. Es el factor admiración. Cuando admiras a una persona a veces te resulta sexualmente más atractiva. Las diferencias entre los chicos y las chicas es que los tíos admiráis más la talla de sujetador y las tías admiramos más la risa o que sea una persona relevante. Yo no. Cuando estoy con un chico es porque me he fijado en la talla de sujetador: tiene que tener menos tetas que yo.

Es un buen criterio.

Sí, pero no te creas que es fácil.

El monólogo en España ha existido siempre, pero el boom fue a raíz de El club de la comedia, que es lo contrario de lo que dices: es un humor muy blanco, suave…

Hay que entender que está saliendo en una televisión nacional, y hay que tener cuidado con según qué cosas. Y más en España, donde se monta a la mínima, por cualquier chorrada. Luego no pasa nada si nos suben los impuestos o nos recortan servicios sociales; pero eso sí, no salgas haciendo un chiste referido al pecho de tu compañera —aunque ella pueda reírse de tu calvicie—, porque eso es acoso y eres un machista. Estamos llegando a unos límites en los que tienes que llevar a un abogado al que consultar qué puedes decir y qué no. En este país exageramos demasiado, montamos pollos por simples bromas, olvidamos, como decía antes, que el humor es ficción. Si vemos El príncipe de las mareas, donde se intuye claramente que están violando a un niño, o estamos leyendo a García Márquez, que escribe sobre un anciano al que le apetece tirarse a una niña de catorce años, y no montamos tanto en cólera porque entendemos que es ficción. ¿Por qué sí lo hacemos con un monólogo?

Creo que porque resulta más sencillo tomar lo dramático y serio por obra de ficción. ¿Piensas que el humor está infravalorada como forma de arte?

Lo está totalmente. Esto lo hablo mucho con un director conocidísimo que es quien hace las películas más taquilleras del país, que son comedia, y la gente piensa que es comedia zafia. Vale, pero llena los cines y consigue recaudaciones muy altas, y el resto no. Luego llegan los Goya y no le cae ni una sola nominación, cuando es mucho más difícil hacer reír durante una hora y media que hacer llorar durante una hora y media. Y voy a lo de siempre, ponte un vídeo con cuatro gatitos y tienes al 30% de la gente que lo está viendo diciendo “Ay, por favor, qué bonito, qué cosa más mona.” Ponte a hacer comedia que le guste al 30% del público. Es muy difícil. Nosotros tardamos un año en hacer media hora de texto. Un año de escribir, probar, retocar… eso no está pagado ni valorado. Y es porque parece que hacer reír es muy fácil, cuando es todo lo contrario.

¿En la televisión te parece que hay gente que lo consigue?

Prácticamente no veo la televisión. De hecho me viene muy mal en mi trabajo en El hormiguero porque me dicen que viene Miguel Ángel Silvestre y yo pregunto si es uno que estaba en un Operación triunfo. Y me dicen “¡El duque, el duque!”. Y me sacan lo de Sin tetas no hay paraíso. Tengo un ordenador conectado a mi televisión y lo que hago es bajarme series. Ahora estoy viendo Modern family, que me parece brillante. Tiene unos guiones bestiales y unos personajes muy bien definidos. Y Me llamo Earl me gusta mucho, pero solo hasta la tercera temporada; a partir de entonces me parece aburrida. 

Ves poco la tele, entonces. Pero lees muchos cómics.

Me gustan bastante. Estoy muy enamorada de Sandman, de Neil Gaiman. Acabo de terminar Pluto, que me parece fantástica y estoy con 20th century boys, que también está muy bien. Probablemente uno de mis cómics favoritos sea Wanted.

Mark Millar tiene un sentido del humor muy cabrón, desde luego.

Me encanta. Y ahora estoy con una serie de Bill Willingham, Fábulas, también es fantástica. Voy por la mitad.

¿Has leído los cómics de Garth Ennis? Si hablamos de cómics y humor burro es el más grande.

Predicador está en mi lista para comprarlo. De todos modos no soy muy entendida, estoy aprendiendo ahora. Hace un par de años que me ha dado por comprar cómics más asiduamente.

Igual que el humor, los cómics han sido bastante denostados como expresión artística.

Si queremos que los niños lean, creo que empezar con los cómics podría ser una buena forma de hacerlo. Eso de “Deja el tebeo y coge el Quijote…” No. Que empiece con el tebeo, y el Quijote ya vendrá, si es que ha de venir. Además, soy de la opinión de que somos subnormales con eso de que te lo tienes que leer, para un crío o un adolescente. Hoy en día el Quijote es aburrido, digan lo que digan. Yo me lo he leído, y para los tiempos que corren es aburrido. Y por decir esto me van a llover muchas críticas.

Ahora di que Shakespeare es gilipollas y ya la tenemos liada.

No, en serio, es aburrido. Igual que El lazarillo de Tormes. Madre mía, me van a llover de hostias… Pero da igual, es aburrido. Si el Quijote saliera hoy en día no creo que vendiera mucho ni por asomo. A lo mejor si lo hacen cómic sí.

Probablemente añadirían zombis, es una invasión.

¡Qué manía con los zombis! Ya estoy cansada. El cómic de Walking dead me parece maravilloso, pero la serie es una caca, porque no se parece en nada. El cómic es la cosa más salvaje y bestial, y el tío clava la reacción de la gente en un caso así. El niño es un puñetero psicópata que habría sido totalmente normal en otra situación, pero en ese contexto de estrés se convierte en un psicópata maravilloso como él solo. Me quedé cuando pierde un ojo.

Entonces, puesto en una librería tendría más éxito Walking dead que el Quijote.

Sí, pero tenemos la manía de que hay que venerar a los grandes clásicos. Evidentemente es un librazo para su época, pero los tiempos cambian, y probablemente dentro de 40, 50 o 200 años vean cualquier obra actual y digan “Vaya mierda, no me gusta nada”, porque en esos momentos la corriente literaria va sobre recuperar las plantas porque se han extinguido. Bueno, no, que de eso ya han hecho cientos de películas.

¿Te divierte más el proceso de escritura del monólogo o la interacción con el público?

Antes pensaba que me gustaba más escribir que actuar, pero conforme he ido cogiendo tablas me he dado cuenta de que me gustan mucho las dos cosas. Y cuando más disfruto es cuando improviso. Hay quien llega, hace su monólogo y no sale de ahí, y hay gente que interactúa con el público. A veces incluso es mejor no salirte de tu texto porque se te puede escapar una muy grande. El otro día estaba actuando en Mallorca en un local con dos plantas. Había dos parejas hablando muy alto justo al lado del escenario y les dije que la gente había venido a oírme a mí, que para hablar se podían ir a la planta de arriba, pero no me hicieron ni caso y siguieron armando follón. Entonces me empecé a meter con ellos. Cuando vieron que todo el mundo se estaba riendo de ellos se fueron arriba. Llega el descanso, empiezo a hacerme fotos con la gente, a hacer cachondeo con ellos… a hacer el subnormal, en definitiva, que yo soy muy de hacer el subnormal, y bajé al escenario para la segunda parte. En eso que bajan los de antes y empiezan a hablar. Les repito que es un monólogo y que están molestando al público, pero ellos pasando. Y les dije una burrada como que “si habéis venido aquí a hablar y no ver el monólogo es que habéis venido a dar por el culo, y a dar por el culo uno va al puticlub, que son 50€ más 10€ por el cambio de sala, que me lo ha dicho tu madre.” Me salió así del alma, en ese momento. Y el tío se quedó pensando un momento y me dijo “Con lo que acabas de decir te acabas de llamar puta a ti misma, ¿no?” Y le dije “Encima, idiota” o “Eres de la ESO, vete al rincón de pensar”, o algo así. Y el tío de repente cayó en la cuenta: “¿le acabas de decir a mi madre…?” pero el público ya estaba gritando “Que se vayan, que se vayan” Y yo pensando que me acababa de ahorrar una hostia… terminé invitando a todo el mundo a chupitos. Bueno, pues eso, que a veces improvisas y se te puede ir de las manos, que es a lo que iba.

¿El chiste bestia te sale así, natural, o es una manera de ocupar un cierto nicho de mercado?

Soy así. No sé si suena más gracioso cuando te lo esperas o no, pero es que siempre he sido así, desde pequeña. De hecho me metí a hacer comedia porque era la típica bocazas, que metía la pata mucho, y al final dije “Bueno, pues ganemos dinero con ello.” Y esta respuesta te la darán el 90% de los cómicos que conozco: éramos los bocazas. Cuando eres gilipollas y lo demuestras puedes ser cómico o ministro, y a nosotros nos ha dado por la comedia.

Hovik nos dijo que toda su vida había sido un gilipollas pero nunca creyó que podría ganarse la vida con ello.

¡Qué grande es Hovik! Me encanta, es uno de los grandes cómicos que ha dado últimamente España. Tiene un estilo muy bueno, se gana al público muy bien y tiene mucha presencia escénica. Además es muy culto, y eso se nota. Es fácil ver cuando un cómico es culto y cuando no lo es.

¿Cómo se lleva lo de pasar de escribir para ti a que te fiche El hormiguero y debas cohibirte bastante?

No me cohíbo. Otra cosa es que luego te cojan los chistes para el guión definitivo. Pero es algo lógico, a mí me tiene contratada una empresa. Es como si eres un pintor y pintas pimientos. Si te contrata alguien para que le pintes un melón lo harás, y luego en tu tiempo libre ya pintarás pimientos. Con la cantidad de metáforas que podría haber puesto y he cogido pimientos y melones. Maravilloso, pero creo que se ha entendido. Yo no tengo ningún problema. Es un programa que ve mucha gente, estamos hablando de más de dos millones de personas cada día. Y entre todos esos hay gente mayor y niños, con lo cual no te puedes pasar. Eso lo entiendo perfectamente y escribo acorde a El hormiguero. Hago los chistes que yo haría y los del programa, y no pasa absolutamente nada. Me contratan para hacer algo y lo hago. Es como si contrato a un diseñador para que me haga un traje. Aunque no le guste, como le pago me hará el traje que yo quiero, él para su colección ya hará lo que quiera.

¿Pero te ponen unos límites y lo haces por profesionalidad o en esa faceta también te sientes cómoda?

Me siento cómoda. El otro día me mandaron un mensaje que decía que en la facultad de Comunicación de la Universidad de Murcia han puesto a Raquel Sastre como ejemplo de que se puede llegar muy lejos saliendo de esa facultad. Y uno dijo “Y escribes chistes para Pablo Motos. ¡Qué bajón!” Le contesté que ojalá el día de mañana tenga un trabajo la mitad de bueno que el mío. Estamos hablando de ser guionista del que quizá sea ahora el programa más visto de la televisión en España. Te puede gustar más o menos el formato o los chistes, pero es una experiencia y una forma de aprender buenísima. Ahora mismo estoy con Juan Herrera

Independientemente de los gustos de cada uno, Juan Herrera es un grande.

Es maravilloso. Está Juan Herrera, está Jordi Roca, que también tiene mucho recorrido… para mí es un honor estar aprendiendo de ellos. Son como unas prácticas pagadas. Estoy ahí para aprender, para disfrutar, para pasármelo bien… el equipo es muy majo, es como una familia. En todo este año todavía no he visto que nadie haya discutido. ¿En qué empresa has estado tú que no hayas visto a nadie discutir? Ahí son todo amigos. Siempre estamos con tonterías, con las cosas de la teletienda… El otro día Juan, el mejor amigo de Trancas, casi me rebana un ojo con el helicóptero, pero… ¿y la risa que nos echamos? Es un clima maravilloso y ojalá me renueven.

Hace poco Charlize Theron criticó el programa cuando volvió a Estados Unidos. ¿No les avisan de adónde van?

Estamos hablando de que dos personas nos han criticado de entre tantísimos invitados. Es normal que un programa no le gusta al cien por cien de la gente. Pero cuando viene un invitado se le hace una reunión previa, se le dice de qué vamos a hablar, cuáles son los contenidos, qué acciones acometeremos… están avisados. Lo que le pasó a Charlize Theron es que en estados Unidos hacen una cosa que aquí en España no se practica, que es explicarte quién va a ver ese programa. Lo tienen muy delimitado: si lo van a ver niños de 5 a 9 años, adolescentes de 15 a 19, adultos de 35 a 45… aquí no. En España todo lo ve todo el mundo y fuera no se entiende. Y El hormiguero lo ven desde niños de tres años a ancianos de 80. Y a ella le pareció raro que hubiera tanto contenido para niños como contenido para adultos. También te digo que en la entrevista se lo pasó muy bien: durante la publicidad el invitado puede hacer lo que quiera, y Charlize Theron se puso a bailar con Pablo Motos. Alguien que lo está pasando mal no se pone a bailar. Ocurre que se ha magnificado. Ella lo que dijo es que le parecía un poco loco el programa porque no entendía para qué edades era, pero en ningún momento dijo que la trataron mal.

Supongo que influye que sea la segunda vez que un invitado lo critica.

Pero es la segunda vez en seis años. ¡Entonces El hormiguero tiene unas críticas de puta madre! Se han quejado dos personas en seis años: es maravilloso. Puede haber un sector a quien no le guste el programa, pero a la mayoría le gusta.

¿Qué ponéis en los bocadillos del público del plató? Siempre está eufórico.

Entre tú y yo, no lo tengo muy claro, pero creo que no se les da bocadillo.

¿Cómo pueden estar contínuamente dándolo todo?

Hay un muy buen animador de público. Xavi es muy bueno. Y la gente que viene a El hormiguero es muy fan, y sobre todo fan del invitado, con lo cual no hace falta darles nada. A más de uno lo que habría que hacer es darle Valium para que se relaje un poquito. Imagínate con Justin Bieber. Había 500 niñas en la puerta. Yo pedía un francotirador. Creo que empiezas a cargarte niñas y hasta que se dan cuenta de que no se están desmayando han caído por lo menos cincuenta.

¿A qué personaje popular no humorista te gustaría escribirle guiones?

Sería tan divertido escribirle los guiones a Mourinho y que dijese palabra por palabra lo que le hayas escrito…

¿Qué le pondrías?

Hoy no hemos estado tan bien como deberíamos, pero seguro que en el próximo partido mejoraremos.” Se lo escribiría solamente para ver cómo se pone rojo de la ira conforme lo va diciendo. “No he hecho una buena elección.” “Hoy Pepe no ha pegado lo que debería, lleva varios partidos muy suave.” ¿Te has fijado que últimamente cuando juega pega poco? Le han dado un toque, le han puesto la antirrábica o lo que sea, pero está mucho más tranquilo.

Y yo que pretendía no hablar de fútbol.

Pues ahora me ha invitado Abellán para acompañarlo en algún partido de la Eurocopa.

¿Los vas a comentar?

El domingo empiezo con el primer partido de España. Y estoy… cuando me llamaron no me lo podía creer. Además me lo dijo el propio Abellán, que yo lo escuchaba desde que era pequeña en La jungla.

¿La gente se pone más susceptible cuando se hace humor sobre su equipo de fútbol que sobre sus ideología o sus creencias? ¿Qué crees que es más sagrado?

Uff! No sabría decirte, depende de cada uno. Pero creo que me decantaría por el fútbol. Las cruzadas se hicieron porque no existía el fútbol. Dale un balón hace siglos a cristianos, musulmanes y judíos y la humanidad se habría extinguido.

Tenías una afición temprana por la escritura. ¿Se debe a eso que me hayas antes que al principio te gustaba más escribir que representar?

Sí, siempre me ha gustado escribir, desde que era pequeña. De hecho es muy triste, pero el otro día mi tío me sacó mi primer chiste, de cuando tenía cinco años. Con cinco años compuse un cuento de regalo de cumpleaños: había una pequeña historia de cuatro línea, un dibujo que no se entendía qué era y luego un chiste que era que la madre le pregunta al niño si quiere un caramelo. El hijo dice que sí, de fresa, y la madre le dice que no hay. Entonces lo pide de limón, y la madre le dice que tampoco hay. Entonces lo pide de menta, y tampoco. El niño le pregunta a la madre de qué hay, y la madre le contesta que no hay caramelos.

¿Qué pasa? Tenía cinco años y es mi chiste.

Volvamos al humor: ¿tiene que tener algún límite claro?

El límite lo pone la persona que esté escuchando el chiste. Siempre y cuando sea chiste el humor no tiene que tener límite. Con el mismo chiste una persona se ríe y otra se indigna. El límite lo pone quien escucha, no el chiste en sí, que es el mismo.

Entonces, si alguien no se toma bien un chiste, el culpable es él.

Es como si viene y dices que estás muy ofendido porque has visto El príncipe de las mareas y no te ha gustado, pongo el ejemplo de antes. Bueno, es una película. Como la gente que se ofende con Leo Bassi. Es un espectáculo de ficción, si a otra persona le gusta déjale la libertad de que vaya a verlo. Pero también es porque estamos en un país donde tenemos tolerancia cero para muchas cosas a pesar de lo que vendamos.

¿Qué opinas del juicio a Javier Krahe por asar un Cristo?

Ya puse en Twitter que me parecía estúpido. ¿Estás juzgando a Krahe por asar un Cristo cuando tú te lo comes crudo? El sushi sí y el asado no. Además es un corto, es ficción. Es algo que no entiendo. ¿Qué necesidad tiene Dios de que lo defiendan? Pero si ni siquiera sabemos si existe, cómo vamos a saber qué es lo que le ofende. Es tu religión y lo respeto, si quieres ir a misa ve a misa y no te voy a prohibir que lo hagas, pero déjame a mí hacer bromas al respecto. No estoy asando a nadie real. No te rías si no te hace gracia, pero lo absurdo es llegar al nivel de denunciarlo. ¿Cómo me puedes denunciar por meter en un horno una estatua de algo que ni siquiera está demostrado que exista?

Haciendo una comparación un poco chusca, podríamos decir que es como convertir en sujeto de derecho a un personaje de ficción.

Es que es de cajón, supongo que es lo que pensamos todos los que tenemos un poco de sentido común. Dios no debe ser sujeto de derecho, y creo que tampoco los sentimientos, religiosos o de otro tipo. Pero es que la Iglesia Católica tiene demasiado poder para ser un país aconfesional, como es el nuestro. Por ejemplo, lo de la casilla en la declaración de la Renta. ¿Y si yo soy musulmán y quiero darle a la Iglesia musulmana? ¿Y si soy judío? ¿Por qué solo está la católica? No es cierto que seamos un país aconfesional. Somos un país católico donde un obispo puede coger un micro y decir burradas que también ofenden mis sentimientos en la televisión pública. O lo de la religión en los colegios. La religión es algo que se ha de enseñar en el seno de la familia. En tu familia, en tu congregación y punto. En los colegios no hay que enseñar religión, me parece una barbaridad. Como mucho Historia de las religiones y por ponerle más horas a la literatura, no por otra cosa.

¿Crees necesario el humor político? Precisamente en la situación actual. Cada noticia de actualidad política provoca un aluvión de chistes en twitter.

Es totalmente imprescindible. Aunque Twitter es algo para protestar desde un sofá. Lo que nos hace falta a los españoles ante la situación que está pasando es salir a la calle. Reivindicar nuestros derechos. No dejar que se cometan injusticias como las indemnizaciones millonarias a los directivos bancarios. Es una vergüenza.

Tienes, por cierto, decenas de miles de seguidores en Twitter. Y sabemos cómo puede ser el público tuitero. ¿Te afectan en algo los comentarios negativos?

Para nada. Cuando estás delante del público tienes que aceptar tanto los halagos como las críticas negativas. Así va el juego.

Para terminar: ¿quién a tu juicio, sin ser humorista, podría serlo? Y quiénes lo son sin saberlo.

Me gusta mucho Nacho Vigalondo. Es un tío muy divertido, con mucha vis cómica. Y humorista sin saberlo, entiendo el concepto de lo que me preguntas, pero no voy a llamarlo humorista porque es desprestigiar a la profesión. Por eso tampoco diré payasos. Tal vez deberíamos dejarlo en ministros de economía, que se acerca más a la realidad.

Raquel Sastre para Jot Down 8

Fotografía: José María Martínez

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