Arte y Letras Literatura

Langostas y periodismo

Una reflexión en voz alta sobre la metodología del escritor de crónicas por Marco Avilés,  autor del libro Día de Visita. (Libros del KO. Madrid 2012)

Un testimonio descabellado sobre periodismo narrativo, seguido de un manual para escribir un libro sobre la cárcel de mujeres de tu localidad

Día de visitaUna molesta lluvia de langostas interrumpía el merecido descanso en el jardín del hotel. Los bichos gordos y feos como cucarachas verdes caían atontados al suelo mientras el fotógrafo Daniel Silva y yo bebíamos cerveza. Era una noche fresca, y estábamos agotados después de varios días subiendo y bajando montañas en busca de una historia que, al final, conseguimos con mucho esfuerzo. Las hermanas langostas querían decirnos algo.

Acabábamos de volver de un lugar llamado «el pueblo de los melocotones», donde, además de frutas enormes de exportación, es célebre su profusa población de agricultores ciegos. Se trata de una gran familia desperdigada a lo largo de un valle cuyos integrantes sufren de una enfermedad hereditaria. A los cinco años los niños sufren para ver de noche; y a los cuarenta, los hombres ya no reconocen a nadie. Todo se vuelve blanco para ellos, como si las nubes hubieran caído sobre la tierra.

El mal ha pasado de generación en generación y, contra lo que se puede creer, los ciegos trabajan y mantienen a sus familias. Y no al revés. Vi a un ciego que aseaba el patio de su casa y a otro que cargaba un saco de papas por el filo de una montaña y a otro que demolía el techo de una iglesia con ayuda de una barreta de fierro. El primero de ellos era un anciano viudo y solitario que, a pesar de vivir en las «tinieblas», tenía la cortesía de pagar puntualmente el recibo de luz para que sus visitantes pudieran ver de noche.

El árbol genealógico de la familia se puede rastrear hasta ciento diez años atrás, y la historia transcurre entre diferentes pueblos de la costa del Perú, Lima y los Estados Unidos; entre campos de melocotón, templos evangélicos y laboratorios de investigación genética. Es una novela que aún nadie ha escrito.

Para los cronistas, la vida es una historia en espera de autor. No cualquier autor, por cierto. La realidad no se va con el que llega primero, sino con el que aprende llegar mejor.

Aquella noche, entre cervezas y langostas voladoras, Daniel y yo intercambiábamos algunos lugares comunes sobre nuestro trabajo y una frase quedó para el recuerdo: nunca he sido más feliz que cuando reporteo una historia. Escribir es una tortura, como ha descrito bien la cronista Leila Guerriero cuando se ha referido a sus jornadas de dieciséis horas de trabajo continuo. Es así. Pero reportear, zambullirse en la vida de los otros, es algo tan parecido a la felicidad. Y casi nunca es fácil.

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9 comentarios

  1. Pingback: “Los periodistas de medios tradicionales somos como turistas apurados”… via @jotdown « Karma Peiró

  2. Mavilloso texto y fascinante historia. Cuánto talento. Enhorabuena al autor. Escribir no es facil y ser un buen periodista, tampoco.

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  8. Carajo ire a visitarlas y cogerlas aprrrr

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