Venecia es la ciudad anfitriona de la decimotercera Bienal de Arquitectura, bautizada Common Ground por su comisario David Chipperfield; permanecerá abierta hasta el 25 de noviembre. Asimismo, en la pequeña isla de San Giorgio Maggiore, lejos del revuelo mediático de los Giardini y el Arsenale, epicentros de la obra expuesta en la Bienal, se exhibe la obra vítrea del arquitecto veneciano Carlo Scarpa, en la muestra Carlo Scarpa. Venini 1932-1947, comisariada por Marino Barovier.
Que levante la mano el que no se sienta intrigado al saber que hay quienes se dedican a las Artes del fuego, nombre que parece sacado del más caprichoso cuento del realismo mágico. El sugerente sintagma Artes del fuego poco tiene que ver con tragafuegos, bailarines del fuego o correfocs (1) —aunque esto le añadiría más belleza si cabe—, sino que engloba las disciplinas de cerámica, vidrio y joyería artística, la práctica de las cuales ha sido excelsa en la historia de los territorios mediterráneos. Desde mosaicos marroquís al trencadís de Gaudí, desde cerámicas portuguesas o valencianas a vidrios venecianos; hasta las prácticas contemporáneas de joyería artística llevadas a cabo por numerosos artistas nacionales e internacionales, estas piezas presentan una calidez y humanidad características. Dichas artes toman su nombre de los procesos utilizados durante la fabricación de las piezas, los cuales se sirven del fuego, aplicado de distintos modos, para la finalización de las mismas.
No son pocas las veces en las que las competencias de las Artes del fuego intersecan con la arquitectura, de varios modos; la relación entre la arquitectura y las artes del fuego ha sido un constante tira y afloja desde que la arquitectura es tal. Con todo, es difícil negar que una arquitectura trabajada con procesos artesanales es una arquitectura cercana y cálida, puesto que las piezas han sido trabajadas en una relación directa con el material y la arquitectura resultante es de una escala más tangible. El ejemplo claro (y cerámico) es el ladrillo que, esmaltado o no, está específicamente diseñado para ser manipulado con una sola mano y confiere al muro una textura que no solo entretiene a la vista, sino que también reduce su escala. También Carlo Scarpa, objeto de la exposición descrita en la entradilla, es ejemplo de esto al haber logrado crear un discurso fluido entre la arquitectura y el vidrio. Las piezas cerámicas o de vidrio insertan historias reales o ficticias en la arquitectura, narran momentos de tensión material y son testigos de un proceso de creación artesanal.
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Carlo Scarpa, un arquitecto-artesano conocedor de los materiales por haberse ensuciado las manos con ellos. Toda una especie en extinción.
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