“Con un arma en la mano resplandezco como un cristal. Brillo como el sol de la mañana”. Annie Oakley
Introducción: #chickswithguns
En la serie de cómics The Walking Dead, la joven y pecosa Andrea descubre sorprendida que tiene un talento innato con todo tipo de armas. Escopetas, rifles y revólveres se convierten en extensiones de sus brazos, sin que eso altere su carácter fundamentalmente alegre y social. En la serie de TV el personaje resulta mucho menos interesante y está más desdibujado, pero conserva su habilidad sobrenatural con las armas de fuego… Esa imagen de la mujer como excelente tiradora responde a un estereotipo sorprendentemente frecuente, una imagen grabada a fuego en el inconsciente colectivo occidental. Hay mil ejemplos: fotos vagamente noir de Helmut Newton, retratos de Lindsay McCrum o mil películas de heroínas armadas, de la teniente Ripley de Alien a la Sarah Connor de Terminator.
Cuando en American Beauty la gran Annette Benning dispara una Smith & Wesson en el campo de tiro, descubre que ametrallar una diana le resulta liberador y le da confianza en sí misma. El estruendo, la sensación de absorber y domar el impacto del retroceso, el subidón al acertar el blanco… Todo colabora en su empoderamiento, traducción forzosamente garbancera del empowerment del feminismo, la autoafirmación mediante el acceso de las mujeres a actividades y actitudes tradicionalmente reservadas a los hombres. Una mujer «armada y peligrosa» pone en peligro el statu quo, subvierte su rol tradicional de dadora de vida convirtiéndose en una femme fatale que un varón asustadizo podría ver como amenaza. En el campo de la fuerza bruta y las armas blancas los hombres juegan estadísticamente con una ventaja significativa. Pero para dominar un arma de fuego, aunque sea necesaria una cierta forma física, lo que marca la diferencia son los reflejos, la puntería y el pulso firme.
Una mujer atractiva sosteniendo un arma de fuego puede resultar sorprendentemente sexy. Una de mis múltiples obsesiones es coleccionar este tipo de imágenes, más fáciles de encontrar de lo que parece, y clasificarlas bajo el hashtag #chickswithguns. El psicoanálisis clásico hablaría del simbolismo fálico del cañón de un revólver y de la querencia femenina por ese tipo de armas como una forma de superar la envidia del pene, pero no es ningún secreto que jamás he soportado a Freud y su obsesivo falocentrismo. En mi caso, lo que encuentro atractivo de estas fotografías es el juego de contrastes entre el arma de fuego (fría, metálica, angulosa) y la belleza femenina (cálida, flexible, curvilínea). Sin necesidad de masculinizarse, la mujer establece una relación propia y original con el arma de fuego.
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Faye Dunaway en ‘Bonnie & Clyde’, Margaux Hemingway en ‘Lipstick’…
Buenas recomendaciones para incluir en la segunda parte del artículo, que preveo pasará del siglo XIX al XX y XXI. :)
Bien traída Lipstick, por cierto:
http://chrisnadebruyn.files.wordpress.com/2010/05/lipstick.jpg
Como referencia cultural de «chickwithgun» te falta Tulip, de Predicador, un cómic/western moderno de los que no pueden faltar en ninguna bibliotéca :)
Hablan de mujeres reales, no de heroínas de comic.
hombre justo en el principio del articulo habla de un personaje de comic, y si, yo tambien creo que Tulip es un referente en cuanto hablamos de mujeres de armas tomar , precisamente en el comic se explora mucho la perspectiva masculina de su novio ante esta cualidad
Eso es. Yo quería incluir mencionar que, como referencia cultural de chick with gun, Tulip esta a la altura de Andrea, Ripley o Sara Connor: juega en la misma liga :)
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Etta Place
http://en.wikipedia.org/wiki/Etta_Place
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