Raquel Villaécija: Habitación 101, El rincón oscuro de Antoine

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El fotógrafo de las tinieblas

Es difícil no sentir un flechazo al atravesar el umbral del Hotel Amour. Huele a salón de estar, a chocolate caliente y manta, a conversación entre dos amigos que se acaban de reencontrar y que intentan arreglar el mundo, a miradas cómplices mecidas por el haz rojizo de las velas. Acogedor y a la vez inquietante, en los salones del Amour se sienten los instantes decisivos, esos que convierten un momento banal en inmortal.

La primera vez que entré nevaba fuera y el calor del interior vino a arroparme como una toquilla de abuela, como un abrazo en una ciudad a menudo hostil como es París. Entré por la puerta de atrás, la que da acceso a las habitaciones solo accesibles para el que saca la chequera, o para el que, como en mi caso, espera su turno para poder entrevistar al fotógrafo que trabaja en el interior de la alcoba retratando parejas de enamorados para San Valentín.

Mi víctima aquel día era Antoine D’Agata, el lúcido fotógrafo de las sombras. Socio de la agencia Magnum, es adicto a los peores antros de prostitución del mundo. Ha viajado como nadie al fondo de la miseria humana, la propia, la que se revuelve entre pinchazos de sexo y orgasmos heroína. Su fotografía es tan íntima y sincera que da miedo. D’Agata no hace fotos. Vive las fotos. Es una adicción física y profesional. Dice que la implicación con la cámara es tal que a veces duele.

Retrata a prostitutas, a personajes que se castigan a sí mismos con la misma violencia que el mundo les ha dado, o a sí mismo en pleno trance, sexual o adictivo. Dice que cada vez que dispara hace una especie de pacto de sangre con la foto. Paga con su cuerpo, con su cabeza. Cada foto es un trocito de su alma torcida y lúcida a la vez. Si eres honesto y te mojas, se implica hasta esos límites.

Su obra es un rincón oscuro que logra la comunión entre lo bello y lo siniestro. Sus fotos son bellas de los feas que son y son fantasmales precisamente por lo reales que parecen. Casi puedes respirar lo que se cuece en su abismo sin retorno. Al cazador de sombras no le gusta la luz del día. Se mueve mejor en la oscuridad de la noche, entre los farolillos rojos que evocan los clubes donde ha dejado un reguero de vida y ha coqueteado con la muerte. Por eso escoge un decorado muy lynchiano para su sesión: una habitación de cortinas rojas y penumbra. Los modelos posan y ríen, ajenos al tumulto interno del artista.

Me quedo corta si afirmo que su espíritu atormentado y sórdido es el hombre más elegante y amable que me he encontrado nunca. Es como una especie de monje zen que tiene la mano siempre tendida. Te abre las puertas de su infierno, sí, pero lo hace con una reverencia, y te lleva de la mano, acompañándote en cada momento, para que no te sientas solo entre sus tinieblas.

Cada palabra suya es una caricia, su voz, casi un susurro. Se esfuerza por hablar mi idioma, para facilitarme el trabajo, para que yo esté más cómoda, y habla de sus fantasmas con tanta franqueza que te da la impresión de estar viéndole desnudo. Apenas sonríe pero me siento tan cómoda que tengo la impresión de estar hablando con un amigo de toda la vida.

Tras la entrevista continúa apretando el disparador en la trastienda del Hotel. Casi parece un decorado hecho ad hoc para él, con sus sombras rojizas, cálidas e inquietantes a la vez. En el salón del Amour los enamorados que van saliendo de la alcoba aprovechan para comentar la jugada frente a un vino. Aprovecho para unirme al tumulto y captar todos esos instantes decisivos de momentos compartidos. Aunque no lo saben, brindo con ellos. Cuando me marcho, las camareras adornan la velada colocando sobre las mesas velas rojas. Casi puedo escuchar el susurro de D’Agata en cada uno de esos rincones de penumbra.

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7 Comentarios

  1. Solo alguien tan especial como D´Agata se merecía unas palabras tan especiales como las que escribes, Raquel.

    Es fácil caer en la sordidez y en la vulgaridad cuando de hablar de Antoine se trata; tu pasas con franqueza por su ´terrible` modus operandi y con ternura por su vivendi…

    Gracias Raquel y agradecido también por tu presencia en JotDown; el puzzle de la excelencia se va completando ,)

    [sólo falta pues, leer la entrevista ¿alguna pista?]

  2. «Aunque no lo saben, brindo con ellos». Y yo con vosotros. Me ha parecido estar allí, en ese pequeño oasis de París… Enhorabuena.

  3. Maravilloso texto en el que uno puede palpar no sólo las fotos de este oscuro retratista, sino los rincones de ese hotel misterioso. Quiero más. Deseando saber cuál es el próximo personaje… ¿Habrá más?

  4. Me ha gustado mucho este texto por la forma y el fondo. Enhorabuena!!! A ver si metéis más chicas en Jotdown, que sólo veo a tíos firmando!!!

  5. Me ha encantado este texto. Me he pasado toda la tarde buscando fotos de este artista. Es impresionante.

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