Blogs La gracia que sí/no quiso darme el cielo

Natalia Carbajosa: Una flor en la nieve

Li Qingzhao

Volvemos tarde a casa, después de un día ajetreado, y aún nos queda un buen rato de brega: ordenar, organizar, preparar las tareas para el día siguiente… acaso no es la vida que un día imaginamos, acaso sí, probablemente depende del día; ya tenemos edad suficiente como para saber, de todos modos, que no hay otra y, en el caso de que la hubiera, o bien no nos sentimos con la energía y la valentía necesarias para perseguirla, o bien intuimos que cualquier otro camino no habría de ser necesariamente mejor. ¡Así de múltiples y de contradictorios somos!

Horas después, por fin, el cuerpo se relaja y distiende bajo el agua caliente de la ducha, pero la mente sigue saturada como un carro del hipermercado el sábado por la tarde: demasiado peso, demasiados productos innecesarios, la megafonía demasiado estridente. No es el mejor estado para irse a la cama, desde luego, ni mucho menos para abrir un libro y sumergirse en él. Pero…

Las cosas parecen más propicias con el cuerpo limpio, en bata y zapatillas: el sillón, la alfombra, el silencio, la luz tenue y el radiador invitan a quedarse un rato más, a no ceder todavía al agotamiento mental que pretende conducirnos como autómatas a la cama. Hay un libro sobre la mesa. Poesía, uf, no sabemos, no es lo que… ah, pero lo abrimos, y resulta que es una poesía diáfana, poesía en formato figurita art-decó, que apenas mancha la página de la izquierda con sus ideogramas indescifrables. A la derecha, en la traducción, esa forma contenida se desenrolla suavemente, como pidiendo perdón por la desproporción. Decidimos darle una oportunidad. Quizá, nos decimos, leyendo unos versos aquí y allá al azar…

«dentro de la nieve

la primavera anuncia su venida:

una flor de ciruelo asoma

entre heladas ramitas de mármol»

Si la agitación del mundo de ahí afuera no ha aletargado del todo nuestros sentidos, al leer estos versos sencillos y escuetos recordaremos que la poesía oriental tradicional, por su relación con el animismo, se halla siempre extremadamente atenta a las señales de la naturaleza; y que la flor del ciruelo brota en invierno y anuncia, como un mensajero precoz, la proximidad de la primavera. Por si acaso, la nota de la edición nos lo recuerda. Ajá, interesante imagen. Placentera y afable. Veamos cómo continúa:

«y su rostro perfumado

a medio abrir

purísimo

como si después del baño

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5 comentarios

  1. «…estamos vivos, simplemente, y es la buena noticia de hoy, traída con delicada levedad por una florecilla que solo vemos con los ojos de la mente.»

    Natalia, se puede escribir poesía sin que tu prosa sea tan rematadamente cursi. Sí, se puede. Indigno de esta publicación.

  2. Qué pesados los de: «indigno de esta publicación». Escriba usted con pluma de oro, si su talento se lo permite, y publique aquí sus propios lamentos, si se ve capaz.

    A mí me ha encantado, aunque de nada sirva el poema cuando sepamos que ha llegado el amanecer y no habrá otro descubrimiento lisérgico en la mesita de noche, esperándonos.

  3. A mí, en cambio, lo que me parece indigno son los ataques ad hominen que insultan (tu prosa es cursi, Natalia) pero no razonan, se limitan a denostar: por qué es cursi este artículo? porque no se ajusta a la especial sensibilidad del comentarista? Son Cursis Proust, Borges, Rilke?

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