Arte y Letras Literatura

Mientras haya bares…

Marguerite Duras
Marguerite Duras

Cuando todo te parece una mierda, y a lo mejor lo es, o no hallas refugio contra tus fantasmas, o cuando en casa hay demasiado ruido, incluso demasiado silencio, pero necesitas seguir escribiendo, siempre te queda el bar. De hecho, mientras haya infierno y bares cerca, hay esperanza. Nada está bastante perdido si todavía puedes dar un portazo, irte de casa y bajar al café. Claudio Magris es uno de esos escritores que no puede trabajar en casa, donde te acechan la familia y los objetos cotidianos. El bar es el sitio, sostiene, «donde la soledad se verifica en medio de los demás». Se trata de un espacio en el que «no se enseña nada, pero se aprende la sociabilidad y el desencanto». El novelista italiano acude a escribir casi siempre al Café San Marcos, en Trieste. Está acostumbrado a su torbellino, donde nada lo molesta. En Microcosmos, uno de sus más interesantes libros, rinde homenaje a los cafés. Joya del art nouveau, se trata del mismo local en el que Italo Svevo solía empezar sus mañanas, con la segunda caja de cigarrillos del día a medio fumar. No demasiado lejos de allí, en el Café Stella Polare, Svevo recibía clases de inglés de James Joyce, que también a menudo escribía en bares.

Magris necesita intimidad, y el bar es el lugar perfecto. Solo hay gente y ruido. Al parecer, son la clase de condiciones adversas que favorecen el tipo de aislamiento en el que su literatura avanza con determinación. Porque no se trata tanto de estar solo, como incomunicado, y eso lo consigue pese al ruido de la clientela y la máquina del café. Las multitudes, y sus barullos, también arrullan. Hay un momento en Gilda (1946), de Charles Vidor, en que el individuo que limpia los baños del casino consuela al personaje que interpreta Rita Hayworth diciéndole: «Con tanta gente se siente uno solo». Esta clase de multitud, justamente, es la que consuela a Magris y lo acuna para escribir entre el gentío.

Claudio Magris
Claudio Magris

César Aira, desde las cafeterías del barrio de Flores, en Buenos Aires, también cultiva esta suposición: el bar ayuda a escribir. «Yo necesito una mezcla de concentración y distracción», asegura, y eso sóolo se lo proporciona un local lleno de gente comentando trivialidades en la barra. «Si hay suerte, alguna me sirve para la siguiente novela, incluso para dar un giro a la que estoy escribiendo en ese momento».

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25 comentarios

  1. Increible
    Bares, que lugares,..
    Aunque suene a topico

  2. En cambio a mí, los bares siempre me han parecido una cochera para colgados borrachuzos y gentuza de mal vivir, o por lo menos, que están muy mal en su casa y necesitan ir a donde saben que encontrarán a otros como ellos.

    • Elijah Snow

      Gracias. Lo hacemos lo mejor que podemos.

      • Realmente un artículo magnífico. De esos que, cuando leemos, sentimos que nos identifican. Porque los bares son el pulso de las ciudades. Laten. Inventados desde el origen de los pueblos, cuentan historias, nos convidan e interpelan sobre la vida y su diversidad. Algunas veces se convierten en excusa para el encuentro y otras, nos recuerdan lo valioso que es hacer un alto en el camino, aunque sea efímero o en soledad. Clásicos, modernos, antiguos cafés, boliches y fondas, mantienen su espíritu libre y mundano. Cada día se reinventan y nos señalan los atajos de los sentidos, invitándonos a leer, compartir, pensar, escribir, amar… Si en algún momento tienen y ganas y tiempo los invito a darse una vuelta por http://www.ellaenelbar.com. Mientras tanto, Los sigo y disfruto.

    • jajajajajajaja

    • Hay bares y bares Esther, tanta gente no puede estar equivocada. Tampoco creo que escriba en medio de un bar con un partido de fútbol, por poner un ejemplo. Por cierto que invito a Juan Tallón a intentar escribir algo en La Bodega del General, en Zaragoza

  3. Bien Esther. Lo has pillado. Eso son, y de eso se trata.

  4. Pingback: Bares y poesía | Santiago Pérez Malvido

  5. Excelente. Me he permitido hacer una breve ampliación; les dejo el enlace por si les interesa leerlo: http://sperezm.wordpress.com/2013/05/16/bares-y-poesia/

  6. Poco o nada queda ya de esos cafés de Saint-Germain-des-Prés, donde se reunían Fitzgerald o Hemingway, Sartre o Camus y también Boris Vian, aunque Vian los frecuentaba para tocar más que para escribir. Ahora el Café de Flore o Les Deux Magots son un sitios atestados de turistas japoneses que se dedican a hacer fotos de forma compulsiva.

    A la lista de escritores aficionados al murmullo de los cafés, añadiré el nombre de Nathalie Sarraute. En realidad, las novelas de Sarraute se leen igual que cuando uno escucha conversaciones a medias, que descuellan entre el ruido de fondo en cualquier cafetería o en el transporte público. Sarraute solía escribir en cafeterías para dejarse llevar por lo que escuchaba en las mesas de su alrededor y plasmarlo así en el papel. Faltaría también Perec y su célebre Intento de agotar un lugar parisino, que escribió en un café con vistas a la Plaza de Saint Sulpice y en el que recogió todo lo que no pasaba en aquella plaza.

  7. Pingback: Mientras haya bares… | Descartemos el revólver

  8. La televisión acabó con los bares y cafés.

  9. Me encanto el articulo, felicidades. Espero me funcione a mi tambien.

  10. Me gusta lo que propone el artículo. La soledad entre la manada es algo que me ha acompañado siempre. A menudo digo que para sentirte solo no es necesario ir a una isla desierta, sino que la abarrotada Fifth Avenue neoyorkina puede proporcionarte la distancia necesaria con el exterior.
    Suelo escribir en bares, y me he sentido muy identificado con este artículo. Muchas gracias.

    http://www.iagadas.blogspot.com.es/2013/03/las-ideas-caminadas.html

  11. este artículo recuerda al axioma de la Europa de los cafés de Steiner, en La idea de Europa. Bares que lugares…

  12. Pingback: 20/05/13 – Mientras haya bares… | La revista digital de las Bibliotecas de Vila-real

  13. Odio los bares, y es curioso que las mentes más brillantes del mundo de la literatura necesitaran ruido para concentrarse.

  14. Pingback: Mientras haya bares… | El Cuaderno de Marte.

  15. joseluisgimenez

    Bares!!! Algunos me han salvado literalmente la vida. Y en Paris sigue habiendo bares maravilloso!!! Vayan a Chez Adel, en la rue Grange aux Belles, al lado del canal Saint Martin. Hay príncipes indios tocando las tablas, poetas, actrices guapas que hablan con la liberadora desfachatez de esta ciudad…

  16. Increible articulo….gracias por rescatarlo a traves del FB…

    un saludo y nos vemos en los bares!

  17. Me parece fatal que no hayáis puesto la autoría del fotógrafo en los pies de fotos.

  18. Te consideraba una persona burda, hasta la lectura de estas líneas.

  19. Pingback: El mal de Montano | En contraportada

  20. Pingback: NC#53: Pensar la ciudad desde una caseta en la Plaza

  21. Pingback: Un lugar y un tiempo para escribir

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