Deportes

El dopaje en España: una historia de amor y muerte

Carlo Petrini mira a la cámara, a un punto medio y perdido entre el objetivo y el periodista, es decir, a un punto medio y perdido entre el documental y el testimonio, y dice, muy serio: «Cuando yo jugaba, disputábamos unos cuarenta o cuarenta y cinco partidos y nuestro ritmo era el de un FIAT 500; hoy, estos muchachos juegan sesenta o setenta partidos a ritmo de un Ferrari de Fórmula Uno. ¿Cómo pueden resistirlo? Dímelo tú». Y ahí el «tú» deja de ser Gaby Ruiz, periodista de Informe Robinson y pasa a ser el aficionado que recibe la pregunta como un bofetón imprevisto. «¿Cómo lo hacen?», insiste Petrini, «juegan cada tres días y no son diferentes a mí, físicamente son como yo. No tienen dos corazones, dos hígados o seis pulmones…».

¿Cómo lo hacen?

Cuando hace esta confesión a Canal Plus, Petrini está ya enfermo de un tumor cerebral que le ha dejado prácticamente ciego. Es de los pocos que habla. Habla tanto que se le ha dejado de escuchar. Habla sobre enfermedades neurológicas y extraños tipos de cáncer que han alcanzado a determinados exfutbolistas como Bruno Beatrice o Gianluca Signorini. Habla sobre la maldición del Estadio de Como pero habla sobre todo de la esclerosis lateral amiatrófica, la enfermedad degenerativa que mantiene en aquel 2009 a Stefano Borgonovo, exdelantero de Fiorentina y Milan, postrado en una cama escribiendo con las pupilas.

El reportaje causa un gran impacto en España. Es lógico. La palabra doping sobrevuela nuestro vocabulario desde hace mucho tiempo pero especialmente desde el fatídico 1988, cuando se coló en julio, con el positivo a medias de Pedro Delgado en el Tour de Francia, y volvió a irrumpir en septiembre, durante los Juegos Olímpicos de Seúl, con Ben Johnson cargado de esteroides. Una palabra, doping, que Petrini pronuncia con naturalidad pero que prefiere esconderla en su alegato final para que aparezca en la mente del otro, el que está ahí, entre el periodista y la cámara. Las consecuencias del dopaje, lo que nunca se cuenta. Algo más que el escándalo y la trampa. La salud.

Petrini morirá tres años más tarde, en 2012, un año antes de que lo haga Borgonovo. Desde entonces, en Italia los rumores de nuevos casos se repiten constantemente, aunque no dejan de ser invenciones, buffala, que dice Gaia Piccardo, la periodista del Corriere della Sera que participó en el citado Informe Robinson. «En Italia no hay casos nuevos, se habló de Batistuta, con pasado en la Fiorentina, pero era un invento. El problema ahora mismo es que el Gobierno ha recortado las ayudas a los enfermos y estos han amenazado con dejarse morir frente a las puertas del Palazzo di Governo», afirma, mientras promete investigar que hay de cierto en el caso de Fernando Ricksen.

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31 comentarios

  1. PRESIDENT MAO

    Está en boca de todos que, la razón más importante por la que Madrid no se llevó los Juegos Olímpicos ninguna de las veces que ha presentado su candidatura, es por el tema del dopaje, que aquí la droga corre como el agua, y si te pillan no pasa nada… Vamos, que al otro lado de los Pirineos se creen que esto es la Colombia de Pablo Escobar, y no les faltan motivos.

    • Hi jo de pu ta empezando que pedro delgado gano el tour de francia 88 y dopado, seran los hp europeos mas honestos que nosotros los colombianos?. A fabio PArra simplemente le robaron el tour porque Rooks tambien era uno que se dopaba continuamente

  2. Pingback: El dopaje en España: una historia de amor y muerte

  3. Cada vez que en la UCI decían de analizar retrospectivamente las muestras de Lance Armstrong a Induráin le corrían escalofríos por la espalda. Inocentón como es él, llegó a hacer bastantes declaraciones del tipo «si no lo pillaron en su momento ahora no debería valer eso».

  4. Extenso y muy documentado. aunque no deja de resultarme curioso que no salga el nombre de Alberto Condador

    • A mi también me resulta curioso que no salga el nombre de ciertos médicos y su relación con ciertos clubes de fútbol en España, con historiales más que sospechosos y con un rendimiento físico y plazos de recuperación poco creibles.

      En este país han muerto recientemente algunos futbolístas jóvenes aparentemente sanos en circunstancias no del todo claras. ¿Caso Armstrong en España? Que hagan controles como Dios manda y a lo mejor muchos nos llevamos una sorpresa.

      • ¿Puedes decir el nombre de esos futbolistas?.

        • No hace falta, no hablamos de juveniles o de regional preferente precisamente.

          Si a eso le sumamos lo sucedido con las bolsas de sangre de la operación Puerto o cómo desde ciertos sitios se deje caer que si se desvelara toda la mierda que hay bajo las alfombras, peligraría el mundial ganado por España, pues no puedo hacer otra cosa que ponerme en lo peor.

  5. Excelente artículo. Igual que pasa en política, donde se dice que los políticos son un reflejo de la sociedad que les vota, nuestra actitud social hacia el dopaje explica en buena medida que las cosas se hayan hecho y se sigan haciendo como se hacen.
    El deportista tiene una parte de responsabilidad. Quiere ganar a toda costa por todos los beneficios que ello comporta y, como cualquier otro que infringe la ley, siempre piensa que se va a ir de rositas: que a los demás los pillan porque son unos «pringaos» pero él no; que los demás acaban enfermando de esto o lo otro pero él es indestructible. Y si, sea porque se cae del caballo, camino a Damasco o a donde sea, o porque se pone a hacer números y no le sale a cuenta morirse reventado como una pita a los 40, o porque está harto de pringar sin rascar bola, decide hablar, lógicamente se va a encontrar con el ostracismo y el castigo de los que quieren que todo siga igual.
    Que en el fútbol hay dopaje se sabe desde los 70 y en los 80 a Harald Schumacher, portero de la selección alemana, lo mandan a jugar poco menos que a 3ª Regional no es sólo porque lo pillaran sino, sobre todo, porque denunció que el dopaje en el fútbol alemán (cabe colegir que en otras ligas potentes la cosa no debía ser muy distinta) era el pan nuestro de cada día. ¿Me quieren hacer creer que ahora no es si cabe peor, con el calendario infernal de partidos que tienen los futbolistas de élite? A otro perro con ese hueso…
    ¿Que los médicos que los tratan son unos desaprensivos? Puede pero, insisto, no dejan de ser una cotinuación lógica de aquél que se pone en sus manos para ser el próximo ganador de tal o cual competición.
    Que en España se es bastante comprensivo con quien se salta las normas a la torera es algo que podemos constatar a diario y por cada uno que se indigna o denuncia un determinado estado de cosas nunca falta el buen puñado que le dice que se calle, que él haría lo mismo. Lo cual indica a las claras que son ellos en realidad quienes harían lo mismo a poco que se les diera la oportunidad.
    Y eso nos lleva la siguiente pata del banco: el aficionado, el espectador, quiere espectáculo y por tal se entiende que el deportista siempre tiene que rendir más y mejor. El ciclista tiene que subir el Tourmalet más rápido que el año pasado; el futbolista tiene que jugar a pleno rendimiento, ya desde el mes de septiembre, la liga, la copa, la Champions, con la selección y el torneo de su barrio; el maratoniano tiene que estar siempre por debajo de 2h 10′ porque, si no, se considera una marca discreta… Y así hasta donde ustedes quieran. ¿Que para eso el deportista tiene que doparse? «Ah, no sé, a mí eso me da igual» dirá el espectador. Y eso mismo piensan las cadenas de televisión.
    Y si no, recuerden lo ocurrido hace unos años en unos mundiales de atletismo; no recuerdo cuál, pero si la memoria no me falla debió ser a comienzos de los 2000. La final por antonomasia, como se sabe, es la de los 100m lisos masculinos. Y ahí invariablemente se esperan marcas estratosféricas, rozando el récord del mundo. Si lo baten cada semana, tanto mejor. Y cuál no sería la decepción de los comentaristas cuando esa final que les digo se ganó con una marca de 10″ y unas pocas centésimas. ¿Por qué? ¿Cómo se llegó a esa marca tan «decepcionante»? Bueno, pues porque como la IAFF es desde hace décadas más que sospechosa de connivencia, o algo peor, con el dopaje y ya se había pillado a más de una estrella metida hasta las cejas, no querían que se repitiera un nuevo Seoul ’88: le tienen más miedo a un nuevo Ben Johnson que a un nublado. ¿Resultado? Todo el mundo acojonado, controles por todos lados y marcas sencillamente del planeta Tierra. Mal rollito: nadie quiere ver a velocistas del planeta Tierra; por eso las televisiones no pagan morteradas de millones; por eso no hay contratos de publicidad multimillonarios… Se para el circo, luego, mejor nos olvidamos de tanta milonga, que cada cual haga lo que quiera y si te pillan o te revientas por el camino, pues mira, tú mismo…
    Todo volvió a la normalidad: el ser humano vuelve a correr por debajo de 9″6, que ya es decir, Messi no se rompe jamás, Nadal recupera el nº 1 las veces que haga falta…
    ¿Estoy afirmando que Ussain Bolt, Leonel Messi o Rafael Nadal van hasta las pestañas? No, no lo puedo decir porque no tengo ninguna evidencia al respecto.
    Pero tampoco hay evidencias oficiales de que Indurain o Carl Lewis se doparan y, no obstante, múltiples testimonios dicen que no hay quien se crea que hicieron lo que hicieron sin doparse. Florence Joyner dejó el record de los 100m lisos femeninos en poco más de 10″4 en Seoul ’88, cuando cuatro años antes, Los Ángeles ’84, tuvo una «discreta» medalla de bronce… aún con aspecto de mujer normal, no con la cara de Terminator que tenía cuando destrozó el récord. Pocos años después, con 38 años, muere reventada del corazón, bajo la sospecha insistente de que el dopaje la llevó hasta ahí. La que más se le ha acercado, Marion Jones, 10″6, ha sido pillada por dopaje, ella sí… Que cada cual saque sus conclusiones…
    A mí me cuesta creer que se llegue a y, sobre todo, se mantengan ciertos niveles de rendimiento sólo con entrenamiento, descanso, nutrición adecuada y algo de suplementación con vitaminas, potreínas y poco más.
    Si se rebelara que todos esos héroes modernos que acabo de citar se dopan o lo han hecho en el pasado, no me extrañaría. Ni tampoco me escandalizaría, lo cual tampoco quiere decir que lo aplauda.
    Porque ésa es la reflexión, creo, que nos deberíamos plantear, qué clase de espectáculo queremos ver, qué niveles nos parecen el mínimo indispensable: si queremos que las cosas sigan como hasta ahora, porque, si no, no apetece ver deporte por la tele o acudir a los estadios, entonces olvidémonos del control antidopaje, así de simple. Es como querer acabar con la prostitución o las drogas: una pérdida de tiempo y de dinero.
    Pero si de verdad queremos que eso desaparezca, bueno, entonces sentémonos. Y asumamos las consecuencias

    • Alejandro Reyes

      Yo no lo habría explicado mejor, subrayo punto por punto tu comentario. El hecho de que las mejores ligas del mundo en cuanto a espectáculo sean las americanas, las cuales tienen unas políticas bastante permisivas con sus jugadores, y opacas con el resto del mundo (normativas especiales para jugadores NBA en JJOO por ejemplo), deja a las claras la diferencia entre mentalidad deportiva europea, o de puro espectáculo como es la americana. No se que fórmula será la idónea, ya que la clandestinidad del doping en Europa lleva a los deportistas a hacer algunas barbaridades para destacar del resto, pero es que en EEUU, aún con un sistema más abierto, siguen habiendo muchos casos de jugadores que ponen su cuerpo al límite abusando de sustancias dopantes, como ocurrió hace un tiempo en el baseball y en el fútbol americano, que llevan a las grandes ligas a poner el freno para evitar escándalos.

      • Y tanto que se se hacen barbaridades. Yo durante años entrené como culturista, por simple gusto, nunca tuve la más mínima intención de competir, y nunca me «metí», como se suele decir, nada. Y no por falta de ofertas, por cierto. Simplemente, no me interesaba. ¿Por qué? En buena medida, porque nunca quise ser profesional, ni siquiera medio amateur. Si lo hubiera intentado, quién sabe… Y, junto con eso, porque me informé un mínimo sobre los efectos indeseables de toda una serie de substancias que en ese mundillo y en el de otros deportes (está bien que traigas a colación lo del fútbol americano o el béisbol) son el pan nuestro de cada día y, la verdad, no me salían las cuentas: ves la cantidad de gente que ha muerto reventada siendo aún jóvenes, tipos que con apenas 30 tacos tienen hepatocarcinomas, impotencia y un largo etcétera y, la verdad, como que no.
        Pero conforme yo lo sé, lo puede saber cualquiera, no estamos hablando de información de alto secreto. Y no estamos hablando de niños chicos sino de adultos. ¿Que esos adultos pueden llegar ser muy inconscientes porque se creen que se las saben todas y que ellos «controlan»? Bueno, allá cada cual con sus idioteces.
        Lo que intento decir es que somos, o deberíamos ser, adultos y saber tomar una opción u otra. ¿Que queremos espectáculo a toda costa? Adelante, con todo lo que ello comporta; es decir, saber que las marcas se logran a base de eso y que si el deportista se deja la vida por el camino, ése es un riesgo que viene en el sueldo, como se suele decir.
        No me vale el victimismo, lo siento, el típico » yo no sabía»: no, tú sí sabías y mientras creíste que te ibas a salir con la tuya sin que nadie se enterase o sin pagar los «peajes» correspondientes, todo te parecía de perlas. ¿Ahora viene mal dadas? Ajo y agua. Y lo mismo, exactamente, vale para el espectador y la prensa deportiva, cómplice a más no poder de todo ese circo y culpable de hipocresía elevada a la enésima potencia: todos ellos saben que todo dios se dopa, pero hacen como que no va con ellos la cosa; en cuanto lo pillan, de forma automática el que hasta el otro día era invitado fijo al programa oa las páginas del diario, sabiendo ellos, insisto, de qué va todo el asunto, ahora pasa a ser un apestado.
        En este sentido, y por no salirnos de España, el caso de Johann Mueleg, el primer esquiador de fondo español medalla en un juegos olímpicos, es paradigmático. Éste era un alemán de buen nivel en su país pero que nunca iba a pasar de un cuarto o quinto puesto en la alta competición. Le ofrecen el cambio de nacionalidad, el tío acepta, a cambio, claro, de hacer ciertas cosas como a él le viniera en gana. La Federación aceptó, para mosqueo, como es lógico, del resto de esquiadores españoles. El tipo empezó a ganarlo todo y en la prensa estaban que no se lo creían: el fulano hablaba un español catastrófico pero él era más español que nadie, de Navalmoral de la Mata, por si a alguien le quedaban dudas, y de llamarse Johann, todo el mundo, en plan campechano, le empezó a llamar Juanito. Triunfa en los juegos de Salk Lake City y aquello ya fue la apoteosis. Claro, al par de días lo pillan por dopaje y ya, ipso facto, dejó de ser Juanito: volvió a ser Johann y todo el mundo se cuidaba muy mucho de dejar claro que era alemán nacionalizado español. ¿De verdad que nadie se preguntó cómo un segundón, de la noche a la mañana, bate a los mejores especialistas? Vale que la paella está muy rica pero que mejore el rendimiento hasta ese punto, en fin…

  6. En España sólo nos escandalizamos por una fracción de segundo cuando uno de estos ciscos salen a luz. Pero en seguida se nos pasa. Yo mismo, que me considero bastante crítico y me he sentido muy decepcionado como seguidor del deporte en general, me ha costado recordar casos como el de Alberto García, Roberto Heras y un interminable etcétera de casos condenados judicialmente.
    Es evidente que todo el mundo piensa (al menos yo) que el deporte en general está de dopping (mierda) hasta las cejas. Y nos importa muy, muy poco.
    Artículo interesante: http://blogs.elcorreo.com/aletheia/2010/12/13/aquella-entrevista-indurain-sobre-dopaje/

  7. Perseguir el dopaje es puro cuento. Los que tengan mas pasta siempre encontraran la manera de saltarse los controles. O acaso es normal correr los 100 m en menos de 10 segundos solo con entreno. Lo que hay que hacer es admitir que el deporte semi profesional no se puede hacer sin chutarse y lo que hay que hacer es que las sustancias de sus chutes pasen por caja y registro.

    • Tampoco creo que valiese. Legalizar la marihuana y la cocaína acabaría con el tráfico de drogas, pero si todos los atletas pudiesen meterse hasta 30mg/mes de anabolizantes o 50ml/mes de EPO el «dopping» sería meterse más para estar más fuerte que los otros.

  8. El reportaje es lamentable. Parece un estudio serio pero después utiliza fuentes dudosas como el tal Sergio de Ciclismo 2005, un personaje que miente y calumnia habitualmente, escondido bajo un seudónimo y sin revelar su verdadera identidad, o José Ramón De la Morena que hila una inexactitud con otra, sobre todo en el caso Gurpegui en el que su ruptura con Padilla se produjo simplemente porque no le quiso dar la entrevista en exclusiva que le pedía, por otra parte, método habitual de ese periodista para marcar la frontera entre enemigos y amigos. Además cae en la contradicción de ir a degüello contra el médico después de, según el, haberle «tapado» en otras ocasiones. Si es así, estamos ante un caso de encubrimiento manifiesto. Por otro lado, dice que en su día le advirtió a Padilla con un «cuidado, que el fútbol no es como el ciclismo» y eso ya da risa, porque da a entender que el fútbol es mucho más estricto con el dopaje cuando en realidad es todo lo contrario. Desde qué dio positivo hace diez años, Gurpegui ha pasado cuatro controles de orina y ninguno de sangre, los mismos que cualquier ciclista del montón en seis meses. Gurpegui, por cierto, no era juvenil cuando dio positivo.
    Ya por último, el autor del reportaje se podría haber documentado más. El primer ciclista español que dio positivo fue Jaime Huélamo en los Juegos Olímpicos de Múnich, en 1972, en los que le desposeyeron de la medalla de bronce.

  9. El caso de Nadal es más que evidente, basta con ver al muchacho, pero aquí se censura por completo.

    • ¿Más que evidente? ¿Cuales son los datos que soportan tu afirmación? ¿Lo que tu ves, o crees que ves, y a partir de ahí, con esa base indiscutible, deduces? Aporta algo, además de sospechas y desconfianza. Como broma, está en la misma línea que los guiñoles franceses, pero sin su humor e intrascendencia.

  10. ¿Querías datos? Aquí una de las tantas que los periódicos de aquí no publican:

    http://www.clarin.com/deportes/tenis/Christophe-Rochus-Nadal-vestuario-inyeccion_0_1074492916.html

    • Que un tío que está viendo un partido por la tele a ocho mil kilómetros de distancia, comentándolo para una televisión en la otra punta del mundo, diga que alguien se ha pinchado fuera de cámara es difícilmente una prueba de algo.

  11. Ya que el autor escribe un articulo con tanta información sobre un tema tan delicado, que menos que un apartado de referencias donde cite las fuentes de sus afirmaciones.

    Que el dopaje está presente en el deporte de élite no creo que lo duden muchos, pero creerse todo lo que dice este artículo a pies juntillas es un ejercicio de fe.

    PD: El AICAR altamente cancerígena, ¿que estudios lo refrendan?

  12. Casos como Nadal, nunca verán la luz. Nike y cia. necesitan héroes a toda costa y tiene el suficiente poder como para protegerlos.

    • Vaya perra que tiene alguna gente con Nadal, ¿acaso no hay panaderos o vendedores de seguros que están cuadrados? ¿Es tan raro que un tío que entrena 6 horas al día tenga más bíceps que tú? Nadal es un jugador que lleva ganando títulos desde los 15 años, ¿no es más sospechoso que Djokovic descubra (¡a los 24 años!) que es celíaco y esa temporada, cambiando su dieta, se ponga a ganar todos los torneos que juega? ¿Nike tiene poder para proteger a Nadal y no lo tiene para proteger a Armstrong, el Gran Héroe Americano? Y Nadal no llega a todas las bolas: las lucha todas, que es distinto.

  13. El dopaje no tiene solución. La presión professional, el espectáculo, la publicidad, los medios… La sociedad entera empuja a los deportistas hacia la frontera de lo que es aceptable y lo que no lo es. Y me pregunto: ¿Qué no es dopaje? La respuesta es solo una: tomar sustancias o someterse a prácticas que estén prohibidas. Todo lo que no esté en la lista negra está permitido. No sé, ni creo que lo sepa nadie, cómo se puede poner coto a la manipulación de las condiciones naturales del cuerpo.

    Y también me pregunto: ¿La fe no es doping?

    Os dejo un apunte sobre el tema:

    http://enarchenhologos.blogspot.com/2012/08/esport-fe-i-dopatge.html

  14. Interesante artículo, en el que no he podido dejar de reparar en la figura del arrepentido: ese ser presionado entre los (no siempre verdaderos) defensores de la legalidad y la moral, y los leales (no siempre malvados) al código interno de silencio propio de un colectivo. No me extraña que muchos de ellos se hundan y acaben mal, especialmente aquellos que pueden haber vivido de todo antes de cumplir los 30 años)

    Pienso que, en el momento que el deporte dejar de ser un mero juego de competición para convertirse en un espectáculo, la amalgama de intereses económicos, políticos y sociales, muchas veces entrelazados, se incrementa. Da la sensación de que muchas personas viven de ello y los vínculos entre deportistas, entidades organizadoras, empresas privadas e incluso la clase política son determinantes para marcar los vaivenes del deporte de élite.

    En el tema del dopaje, creo que existe mucha hipocresía: ¿dónde está el límite entre un complemento vitamínico legal y una sustancia ilegal? ¿Lo marca la OMS o lo determinan los patrocinadores relacionados con las industrias farmacéuticas? ¿Es posible que personas que pasan juntas tantas horas al día durante tantos días al año no sepan qué pasa o qué deja de pasar? ¿Realmente son escándalos o son meras confirmaciones públicas de lo que ya sabía muchas personas? (como en la película «Casablanca», cuando una redada en el casino coge por sorpresa dentro al inspector de policía y éste, tras ser saludado por sus subordinados que hacían las detenciones, grita en voz alta «Qué vergüenza, aquí existe juego ilegal») y uno de los empleados le entrega sus ganancias antes de que lo retengan).

    Suele decirse que «los resultados son los que mandan». En base a ello, no es de extrañar que «el fin justifique los medios», sobretodo cuando hay tanto dinero de por medio.

  15. Pingback: Dopaje en Triatletas Recreacionales | Tenerife Sports Science by T3 coaches

  16. H.G. Martín

    Yo siempre he sospechado del Sevilla de Juande Ramos, aquel que ganó dos copas de la UEFA. Cualquiera que comparase esa plantilla el año anterior y el año que llegó el susodicho entrenador (con el famoso «nutricionista» de la mano) no se explicaba como podían jugar los 90 minutos a ese ritmo. Faltaban 5 minutos para que terminse el partido y corrían igual o más que en el minuto 1. ¿Suerhombres? No lo creo.

  17. Pingback: Dopina Espainian | Slump doktorearen zaintiratua

  18. Qué significa «la maldición del Estadio de Como» y «buffala»? Gracias

  19. Muy buen artículo. Ya que se les menciona, recomiendo encarecidamente el documental “La mentira de Armstrong” y el libro de Tyler Hamilton, “The secret race”

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