Guillermo Ortiz: La última crucifixión del Tata Martino

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El 19 de julio de 2013, Sandro Rosell, arropado por el director deportivo, el cuerpo técnico y la plantilla del Barcelona, anuncia que Tito Vilanova ha recaído de un cáncer en la glándula parótida y que su tratamiento es incompatible con el día a día del equipo. No ha sido una semana fácil para Vilanova ni para el barcelonismo: pocos días antes, el presidente ha hecho unas medidas declaraciones contra Guardiola, recién fichado por el Bayern de Munich, después de las cuales un medio de comunicación aprovechó para sacar sus presuntas diferencias con Tito. El resto tiene un toque de vodevil, Pep sale a rueda de prensa para afirmar que siempre estuvo al lado de su amigo en Nueva York y por último aparece Vilanova para decir justo lo contrario.

Todo esto tras ser campeones de liga y a un mes de empezar la siguiente temporada.

Si después de perder las semifinales de Champions por siete goles a cero, lo que se oía en todos los mentideros barceloneses era la necesidad de fichajes, a mediados de julio el único que ha llegado es Neymar. No solo eso, además, Thiago ha abandonado el equipo a un precio ridículo tras una calamitosa maniobra técnica y empresarial igual que poco antes lo había hecho Abidal, pese a la promesa de que se le renovaría el contrato en cuanto demostrara estar recuperado de su propio cáncer.

Si el club no es un desastre, sin duda lo parece, y si el barcelonismo no está al borde de la guerra civil desde luego da esa impresión. La marcha de Vilanova no tiene pinta de que vaya a ayudar: aunque en los últimos días ha estado en medio de esta eterna polémica Rosell-Guardiola, Tito tenía lo mejor de los dos mundos: había colaborado en las tres ligas y dos Champions de Pep y a la vez había sido el elegido por la directiva para continuar el camino de éxitos con resultado desigual: cien puntos en liga pero ridículos en Copa y Champions, cortesía del desgobierno absoluto de los meses de enero, febrero y marzo, cuando normalmente se cuecen los títulos que salen emplatados para abril y mayo.

En cualquier caso, lo importante ahora es encontrarle sustituto y suena Luis Enrique, que es algo así como el Míchel barcelonista. El problema es que Luis Enrique, que hizo un muy buen trabajo en el Barcelona B y no tan bueno en la Roma, acaba de firmar por el Celta y el Celta no está dispuesto a dejarlo marchar. Tampoco es que Lucho se muera por forzar su salida y Zubizarreta busca un plan B. Habla con sus contactos y le recomiendan al entrenador de Newell´s Old Boys, que acaba de perder de manera incomprensible la Copa Libertadores ante el Atlético Mineiro de Ronaldinho, pero, qué caramba, al menos ha llegado a esa semifinal.

El entrenador en cuestión se llama Gerardo Martino y le apodan «el Tata». Cuando su nombre se filtra a la prensa lo primero que se dice, antes de mirar su currículum, es que entrena al equipo del que salió Messi y es amigo de su padre, es decir, que «el pequeño dictador», como le llaman algunos medios, ha colocado a un coleguilla para entrenar al equipo y poder hacer así lo que quiera en el campo. Ese es el recibimiento de Martino y ese es el club que hereda en plena pretemporada, con la misma plantilla que ha fracasado el año pasado salvo por tres bajas muy importantes —Villa también se ha ido, harto, a cambio de dos millones—, una sola alta —Neymar— que hay que gestionar con un mimo extremo, una directiva más preocupada en controlar a los medios que en buscar jugadores de complemento y renovación, y un enfrentamiento sordo entre facciones que están esperando al técnico para saber si es de los propios o de los ajenos.

Martino contra la melancolía

Pese a todo, Martino empieza bien la temporada. Le han dicho que el Barcelona tiene que recuperar la presión en todo el campo de los primeros años de Guardiola y esa presión hace que al Levante le caigan siete. Le han dicho que debe ser algo más vertical y le da a Cesc mando en el medio del campo. Le han dicho que Neymar es el futuro del club pero que no debe colisionar con el presente, es decir, con Messi, y hace lo posible para que la integración de uno no choque con las necesidades del otro.

A mediados de septiembre, el Barcelona es líder invicto de la liga y ha ganado la Supercopa ante el Atlético de Madrid, aunque de manera angustiosa. Visita Vallecas y gana 0-4. Cuando sale a rueda de prensa esperando los elogios llegan palos por todos lados: ¿Qué es eso de perder la posesión?, ¿qué es eso de marcar goles al contraataque? Durante unos días, no se habla de otra cosa, justo hasta que Messi primero recae de su lesión en el bíceps femoral y después es investigado por Hacienda por un desfalco cifrado en millones de euros.

Con la estrella lesionada para dos meses y con un importante lío en la cabeza, lío del que participa, cómo no, su padre en su figura de asesor, el Barcelona intenta reformarse alrededor de Neymar, que responde en un principio por encima de lo esperado. Para el mes de enero, el Barcelona lo ha ganado todo menos un partido, en Pamplona, Llega al Calderón con posibilidades de igualar el récord de puntos en una primera vuelta pero empata en un partido durísimo.

La diferencia de cinco puntos con el Madrid no parece suficiente. Obviamente, el Barcelona no juega a su mejor nivel pero no es la primera vez que pasa: el principio de la decadencia se vislumbró en 2012, después del Mundialito, se consolidó en 2013 con Roura y los amagos de autogestión y sigue ahí, claro, porque al fin y al cabo nadie en el club ha hecho nada por evitarlo. El equipo gana pero las críticas crecen: Piqué no defiende como antes, Xavi no organiza como antes, Messi no ataca como antes. El equipo se convierte en una continua nostalgia, la personificación de la melancolía dentro y fuera del campo.

Un equipo triste, sin corazón, con miedo a fallar porque cada fallo se analiza con rigurosidad escolástica.

¿Qué hace Martino entonces? Se paraliza. Se bloquea. Intenta agradar a todo el mundo y no agrada a nadie. Neymar se lesiona, Puyol se lesiona, Bartra y Sergi Roberto empiezan a jugar algunos minutos pero nunca los suficientes, las alineaciones empiezan a automatizarse, como en los peores tiempos de 2013. La mujer de Iniesta pierde el hijo que espera y el mediocampista lógicamente se pierde algunos partidos, el caso del fichaje de Neymar traspasa las barreras de la prensa y llega a la fiscalía: Rosell es imputado y acaba dimitiendo, el jugador y su familia quedan bajo la sospecha de colaboración en un posible delito fiscal multimillonario, Messi sigue intentando cerrar su propio acuerdo con Hacienda… En pocas jornadas de la segunda vuelta, el Barcelona no solo ve cómo le adelanta el Atleti sino que incluso el Madrid se pone cuatro puntos por delante.

Cuando a Martino le recuerdan que no es nadie

Estamos en marzo. Neymar ya ha vuelto pero no ha vuelto, está perdido y ansioso; Cesc ha entrado en su bajón anual y Messi ya no es Maradona todos los días aunque sus números sigan siendo de escándalo. El Barcelona se juega la liga en el Santiago Bernabéu y gana. No solo gana sino que mete cuatro goles ante un equipo que destaca por su solidez defensiva. Las crónicas del día siguiente se mueven entre el optimismo bufandero y la enésima crítica: venció, sí, pero no convenció. Hay jugadas pero no hay juego. Hay estrellas pero no hay conjunto.

Por supuesto, es cierto: el Barcelona juega por impulsos y lo sorprendente es que Martino, que ya no tiene nada que perder, siga bloqueado. Sin embargo, también es un poco injusto: este hombre ha venido en mitad del caos y ha llevado el velero a cien metros de la orilla, ¿de verdad tiene sentido que le critiquemos cada semana porque no enfila bien las olas? El equipo juega mal a veces y muy mal otras, como en San Sebastián, donde a Martino no se le ocurre otra cosa que echarse la culpa a sí mismo antes de que se la echen los demás, antes de que Salvador Sostres le diga en su columna de El Mundo con su desprecio de señorito: «El Tata no es nadie». Interiorizar el desastre en vez de decir que no tiene equipo o acusar al presidente de no hacer suficientes fichajes.

El presidente, por cierto, ahora es Bartomeu, que está metido en plena campaña de referéndum para ampliar el estadio por una millonada que no se sabe si el Barça tiene o no. Es a él al que le toca defender a su club de la sanción que le ha impuesto la FIFA por contratación irregular de jugadores menores de edad. Lo hace de una manera curiosa: no solo no niega la irregularidad sino que se enorgullece de ella, se ampara en los eternos valores de La Masía, manchando así de paso la gran institución barcelonista, insiste en que lo que hay que hacer es cambiar las reglas para adaptarlas al Barcelona y no al revés y, en un gesto que no pasa desapercibido, anuncia que va a investigar quién se ha chivado, quién es la mano negra que no paga los impuestos de Messi, no muestra los documentos necesarios del fichaje de Neymar y no cumple los reglamentos de la FIFA pese a ser advertida varias veces por la propia Federación Española.

Este, y no otro, es el club que tiene que entrenar Martino, lo que no quiere decir ni mucho menos que lo haga bien: para empezar, el equipo sigue desmadejado y no sabe a lo que juega. A principio de temporada, Mascherano ha dicho que se juega mejor a tres toques que a treinta, ignorando por qué Pep Guardiola ha hecho de él uno de los mejores defensas centrales del mundo, es decir, ignorando que a treinta toques el equipo —y él antes que nadie— está menos expuesto que a tres. La sensación es que cada uno va por su cuenta: Puyol anuncia que se va al año siguiente, que no da para más. A la baja del capitán se añade la de otro de los líderes del equipo, Víctor Valdés, que ya ha anunciado tiempo atrás que no va a seguir en el club ni por todo el oro del mundo y que además se lesiona la rodilla de gravedad, perdiéndose el resto de temporada.

En poco más de un año y medio, el Barcelona ha perdido a Guardiola, a Vilanova, a Abidal, a Thiago y sabe que perderá a Valdés y a Puyol. Sus dos estrellas están siendo investigadas por la justicia. Su presidente, también imputado, ha acabado dimitiendo. Su otra estrella ha perdido un hijo. La FIFA le ha sancionado sin fichar durante un año, aunque la verdad es que su director deportivo ya ficha lo justo de por sí. La brecha con la cantera sigue creciendo: nadie del filial sube desde hace dos temporadas y los últimos en hacerlo —Sergi Roberto, Bartra, Tello—desaparecen de las alineaciones.

Entonces, se lesiona Piqué. Luego se lesiona el propio Bartra y Busquets acaba por jugar de central con Song dirigiendo el equipo. Martino insinúa que se va en verano. La prensa insinúa que le van a echar de todas maneras. Suena uno, suena el otro. En esas, el Atlético de Madrid le elimina de Champions en cuartos de final: el partido de vuelta acaba 1-0 pero el Atleti tira tres balones al poste y Pinto, portero de circunstancias, saca dos goles cantados. Al final del partido, le preguntan a Xavi si el resultado es justo. Xavi, el otro capitán, el que queda, responde: «Las oportunidades las hemos tenido nosotros, lo que pasa es que hemos fallado».

Ese es el nivel de autocrítica cara al exterior, ¿cuál es el del vestuario cuando se reúnen y se ven las caras? Iniesta no entiende su cambio, Alves sigue centrando balones a la olla, como en Stamford Bridge en 2009, como si en el área hubiera un Eto´o, un Ibrahimovic, un Villa o incluso un Bojan. Alguien. Pero no, no hay nadie. Desde este verano, el Barcelona ha decidido que en su plantilla de veinticinco jugadores no hay sitio para un delantero centro, aunque sea suplente, aunque sea Mandzukic cabeceando un córner.

Un edificio en llamas necesita algo más que un bombero

Así llega el Barcelona a Granada, aún con opciones de liga, dependiendo de sí mismo. El Tata deja a Xavi en el banquillo pero al menos pone a Cesc en su sitio. Para evitar el embudo, abre las bandas con Pedro y Neymar bien pegados a la cal. En teoría, no es ningún disparate pero en la práctica, todo sale mal. Errores individuales aparte, el Barcelona sigue sin saber por qué juega como juega: un extremo se empeña en lanzar balones al área para que los rematen de cabeza tíos de 1,70 mientras el otro ralentiza el juego cada vez que toca el balón, perdido en el regate, el desborde en carrera, la genialidad para la que fue contratado.

Sí, el equipo juega por las bandas pero no sabe por qué juega por las bandas. No se acuerda de eso de «entro por fuera para romper por dentro y amago por dentro para salir por fuera». No hay matices. No hay reacción. Martino se lamenta en la banda con cada ocasión perdida porque sabe que la liga se acaba o al menos lo intuye. La culpa será suya porque la culpa siempre ha sido suya: cuando era el niño mimado de Messi y ahora que es el responsable de que Messi no brille, cuando mantenía a Xavi pese a su mal estado de forma y ahora que deja a Xavi en el banquillo, cuando no le daba bola a Pedro y ahora que Pedro sigue en su rincón luchando contra el mundo.

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En medio, ya saben, el caos. Un caos imposible, si se piensa, pero un caos que no entra en los sesudos análisis de los lunes, como si uno pudiera jugar en esas circunstancias, en un club con escándalo diario, con persecuciones internas que llegan hasta a su departamento de informática, con investigaciones pendientes de todos los estamentos… Como si uno pudiera entrenar sabiendo que nadie le hace caso y que nadie le defiende. Cesc dice que entrenan más que nunca y los críticos dicen que correr y entrenar no lo es todo. Martino da dos días de vacaciones y los críticos dicen que vaya vergüenza, que son unos niños mimados que no entrenan. Johan Cruyff sale a la prensa y dice: «A Martino nadie le escucha» y puede que sea verdad, puede que nadie en su sano juicio saque un equipo de toque y confección y luego dé la orden de llegar a la línea de fondo y bombear balones a Santillana.

Nunca lo sabremos porque en el caos no hay error pero tampoco acierto. Nunca sabremos lo que habría hecho Vilanova si no hubiera llegado por tres veces la enfermedad. Nunca sabremos lo que habría hecho Martino con un equipo que él hubiera elegido, que hubiera jugado a su manera, una manera que no tuviera que ser necesariamente la nostalgia, el recuerdo de un Barcelona que quizás existió algún día pero que no existió como mantienen sus exégetas: un Barcelona que jugó de un modo con Cruyff, de otro modo con Van Gaal, de otro distinto con Rijkaard y aún de manera diferente con Guardiola. Aires de familia, elementos comunes, sí, pero que cada uno interpretó como mejor supo.

Si algo se le puede reprochar a Martino, si por algo se le recordará, es por su resignación. La resignación a que todo fuera bien o fuera mal sin saber por qué. Su falta de ambición, si se quiere. Algún día, dentro de unos años, se echará un vistazo a todo lo que ha pasado en estas temporadas, cánceres incluidos, y se le verá con mejores ojos, especialmente si acaba ganando algún título. De momento, no. De momento lo que queda es esta crucifixión diaria de alguien que desde hace algún tiempo parece estar en cualquier otro lado menos en el banquillo del Barcelona.

Sea el Barcelona lo que sea, que quizá debería ser lo primero en aclarar, porque si las cosas se hicieron tan mal cuando parecía que se hacían bien, ¿qué nos cabe esperar ahora aparte de un milagro? Martino ha demostrado no ser el bombero que necesita un edificio en llamas. Eso no quiere decir, ni mucho menos, que las llamas vayan a desaparecer en cuanto Martino se vuelva a Rosario.

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27 comentarios

  1. guevofrito

    y mientras los diarios del conde cargando contra messi. tambien su tele. antes cargaron contra maradona, ronaldo(el gordo, el bueno), cruyff, figo, thiago…el plan es echar a messi a los leones del «soci propietari» para forzarlo a irse al psg y asi pagarse el juguete de 600 kilos, desviaciones presupuestarias al margen(estos son tan listos que son capaces de haber contratado ya a calatrava).

    tenemos lo que nos merecemos guille. los cruyffistas guardiolistas estamos mal vistos entre los barcelonistas. conozco muchos cules que han votado o hubieran votado SI hace 1 semana. me gustaria saber cuantos habrian votado eso de no haber entrado la bola en cornella o el bernabeu, que por juego, podria no haber entrado perfectamente. de hecho nos pitaron penaltys que no nos suelen pitar.

    los españoles tienen lo que se merecen con ppsoe y los cules con esta juntuza. y no hay mas. encima dicen que la «masia no se toca». una pena. un dream team del actual filial y juvenil a entrenado por guardiola o incluso oscar-lucho ganaria a al barça del patata lotino que va como alma en pena cuando segun la juntuza «este equipo se entrena solo» cuando echaron a pep o le invitaron a irse porque pep no es de esta oligarquia qatarlana que nos esta jodiendo el futbol cruyff barcelona que conocimos en los 90 y toco la gloria ante el santos…y no contentos con eso esta misma oligarquia circulo ecuestril torpedea el proceso catalan a diario. no sea que sin españistan nos vaya mejor.
    bueno, que me lio. que solo venia a felicitarte por tu vision del barcelonismo, como siempre un oasis, desde madrid se escribe mejor porque si es por los bañeres, marius carol, nolla, casanova, poqui, canut, perearnau, xavier bosch, minguella, carazo….en fin, que para ellos somos grandes a pesar de pep y johan y eso cala en la gente que tiene mente fragil. si ya lo dijo orwell cuando estuvo en catalunya…

    encima no podemos refugiarnos en el basket porque pese a tener la mejor plantilla de europa(lo discuto ante cualquier merengue) tenemos otro acomplejado en el entrenador y si algo sobra en este barça a todos los niveles es acomplejados(empezando por los aficionados) y faltan valientes de las bavieras.

    • Roberto

      «El proceso catalán». «no sea que sin españitán nos vaya mejor». «juntuza»
      En fin. Como también dijo Orwell «El pensamiento corrompe el lenguaje y el lenguaje también puede corromper el pensamiento.»

      • guevofrito

        hola roberto, alegrate el dia del libro de la semana que viene y regalate algun comic de aleix salo y disfruta de la vida. entiendo que no eres cule si me repruebas lo de juntuza. entiendo que eres español y ya puestos a citar citemos a josep pla «no hay nada mas parecido a un español de izquierdas, que un español de derechas». suerte de las excepciones que confirman la regla como guille ortiz, suso del toro, david trueba, juan diego…

        aqui lo importante es que guille fue de los narradores top5 del mejor equipo de los ultimos 30 años segun el traductor de bobby gerardo robson martino. a su altura, besa, marti, kantinu, segurola…y lo sigue siendo ahora cuando la inercia de guardiola ha terminado y el nuñismo 2.0 empieza a recoger sus frutos.

        • Roberto

          No hay nada más parecido a un español grosero y cazurro que un catalán grosero y cazurro: de hecho, yo diría que son la misma cosa.

      • Axioma 1: Si no nos gusta un argumento del texto, todo lo demás queda descartado. Ni nos paremos a analizarlo porque da igual que pueda tener razón: nos quedamos con lo que queremos ver y ya está.

        Axioma 2: Si el otro no piensa como nosotros, está corrompido, manipulado, le han lavado el cerebro. Da igual, insisto, que el resto del texto pueda ser interesante o que esté bien argumentado.

        Axioma 3: Para responder, los argumentos no son necesarios: con colocar una cita de un intelectual completamente interpretable (pero interpretada a nuestra manera, claro) para dejar claro nuestro altísimo nivel es suficiente.

        Y así.

        Por cierto, el comentario de Guevofrito para mí tiene muchísima razón. Solo difiero en el caso de Pascual, a mí me parece un excelente entrenador, como ‘Chichi’ Creus un maravilloso director técnico (aunque también hayan cometido sus errores de gestión, está claro).

        • guevofrito

          se agradece el capote pero no era necesario jeje.

          a mi xp me parece el mejor entrenador defensivo de nuestra historia. la putada es que hay que ser los mejores en ambas canastas y la evolucion ofensiva del barça de xp no es tal. es mas bien involucion y echando a la gente del palau. a parte del juego me molesta su politica de rotaciones, sus descartes, su nulo aprovechamiento de la cantera(pienso en todorovic, abrines y sobre todo en mario entrenados por aito…) y su valentia con los jovenes y su cobardia con las vacas sagradas. lo del navarro-system nos merma, a juanqui el primero. si fuese julio iglesias te diria «nos la vamos a pegar en milan y lo sabes» jeje. y si, ante chichi mis respetos y gracias a el(mas que a xp) toque el cielo del bercy en 2010 en el momento mas algido de mi vida cule.

          por cierto, si lo de dcana no ha sido lo mas sangrante de esta juntuza es porque los casos mvpete y abidal son el colmo del rastrerismo humano.

  2. Guillermo

    Las semifinales se perdieron por un gol menos de los que has puesto, tocayo… Que ya fue bastante escarnio, tampoco lo agrandes…

  3. Mario Francia (@mariocopinol)

    Te aplaudo de pie, has puesto los puntos sobre las íes y no se te puede decir que obviaste nada en este duro peregrinar que ha devenido en un desastre que solo los miopes dirán que no estaba anunciado. Triste pero cierto, los ciclos deben acabar. Pese a que no sea justo que este glorioso período termine así, nadie dijo que la vida era justa.

  4. El señor Martino (al igual que le sucede a su compañero gordito del banquillo blanco) demuestra que podrías poner un espantapájaros en su lugar y los resultados (tanto buenos como malos) serían los mismos, y que el puesto de entrenador en el fútbol es una mentira que nadie parece ver:

    http://noteniabillete.blogspot.com.es/2014/03/los-entrenadores-de-futbol-una-mentira.html

    • Menuda bobada, sólo en la élite quita al Atleti, Chelsea o Borussia los matices del Cholo, Mou o Klopp, y verás hasta donde llegan ellos solos.
      De hecho, quítale al barcelona los matices de la presión y el toque que introdujo Pep: ¿Qué fue del Piqué imperial? ¿ese Xavi que lo controla todo? ¿Pedro?

      Y eso sólo en la élite contando con los mejores del mundo en cada puesto, en la parte media y baja te encuentras con unos gestores de recursos/motivadores que exprimen todo lo que dan sus equipos.. el mejor ejemplo en españa, Emery

      • Es curioso que digas que es una bobada y pongas ejemplos de triunfadores…Yo podría decir que lo que has comentado es una baladronada y poner muchos más ejemplos de entrenadores que han fracasado o que no han dado esos «matices» que apuntas. Los datos estadísticos no mienten (puedes leer Soccernomics y lo comprobarás) y el puesto de entrenador influye en el resultado (a priori) de sus equipos en un porcentaje ínfimo de los casos y, de hecho, suelen cambiar el resultado esperado más veces para mal que para bien. Hablas del Barça y ni siquiera te preguntas cómo es posible que el año pasado ganaran la Liga sin despeinarse (100 puntos) sin tener entrenador…

  5. El Barça necesita urgentemente dosis de autocrítica, pero dosis suministradas en jeringilla veterinaria para caballos. Un cubo, a ser posible. Porque las cosas se empezaron a hacer mal o medio-bien hace muchos años, antes de que se largara Guardiola. El mitificado Pep fue quien empezó a meter la pata al empecinarse en repescar al canterano de los 40 millones, alias Cesc, que fue fichado aún sabiendo que cortaría la proyección de Thiago. ¿Qué necesidad había en soltar semejante morterada teniendo ya a un jugador potencialmente mejor? Por puro orgullo, por tener a uno de los mejores del mundo en su puesto, catalán, de la Masia, campeón del mundo, baluarte de la Roja, completar la colección de peloteros. Todo para que el mismo Pep acabara hasta el gorro de la irregularidad y la falta de intensidad de Fábregas (¿es que nadie se preguntó por qué ese chico nunca había realizado una sola temporada completa en el Arsenal?) y pidiera su venta junto con la de Villa y Piqué. Es decir, repetir la operación Ibra-Chygryinsky: volver a vender a dos jugadores que han salido muy caros por, supuestamente, menos dinero, dando un mazazo a las arcas del club. Nadie duda de la capacidad de Guardiola como gestor de personas, pero para las finanzas ha demostrado ser un manirroto.

    • Gálvez

      ¿Pero qué autocrítica va a haber cuando en estos círculos la culpa siempre es «de Madrid»? Ese ente malvado que ha inventado el rancio, casposo, y victimista nacionalismo catalán. Ojalá un reseteo del club, que haga desaparecer los problemas que han originado ya dos años perdidos (y con el mejor futbolista del mundo en plantilla). Pero uno se da cuenta de que los problemas son bastante más profundos de lo que parece, cuando lee comentarios en este artículo diciendo «esta misma oligarquia circulo ecuestril torpedea el proceso catalan a diario. no sea que sin españistan nos vaya mejor.»

  6. Carlos Gustavo de Isla

    Pues dilo, Guillermo: Martino es un pecho frío, como dirían en Argentina. Es un Pecho frío.

  7. Juan Pedro Rolando

    A Zubizarreta sus contactos no le recomiendan nada, Guillermo. Es Rosell quen elige a Martino sin consultar con nadie del club.

  8. Luismadrid1985

    Pues yo creo que todo se ha vuelto un poco loco últimamente… Cierto es que el barça ha ganado un triplete hace relativamente poco tiempo, pero tener posibilidades, aunque lejanas, de ganar un doblete no parece una temporda excesivamente mala… Soy del Madrid, y de los dos equipos he visto crisis deportivas muchísimo peores que las actuales. Vamos, que todo se ha sacado de quicio, ni el Barça está tan mal, ni es una debacle absoluta no ganar nada… Estamos locos o que???

    Por cierto, hablo solo del tema deportivo, el institucional ya sí que es grave

  9. No hay manera de que se quede?

  10. Buen artículo. Supongo que tras la derrota en la final de la Copa (mal Madrid, impotente Barcelona), Martino se irá. Es un tío simpático pero, como dices, algo resignado y sin ambición.

    Su pecado ha sido no querer cambiar nada. Aunque miento. En realidad, si no recuerdo mal, en los primeros meses de temporada se vio un Barça algo diferente, más vertical, con menos tiqui-taca, más a la contra.

    Y el Tata, entonces, recibió muchas críticas de los medios (algo ensimismados, todo hay que decirlo): que si el Barça renunciaba a su estilo, que si el Tata traicionaba el espíritu del gran Barça de Pep. Y el Tata, tras la Navidad, fue plegándose hasta volver a lo mismo del año pasado sólo que con un Messi desganado y reservón, un Xavi más viejo, un Neymar entusiasta pero despistado, un Iniesta intermitente, un Cesc confundido, un Alexis y un Pedro perplejos, una defensa sin defensas (Puyol lesionado, Piqué desacertado, Mascherano haciendo lo que podía, Bartra sin confianza, Alves en otras guerras, Alba haciendo más de extremo…).

    Creo que al Tata no le han dejado hacer lo que él quería, en suma. Tampoco sé si habría podido hacerlo. Un equipo grande parte de un gran portero y el Barcelona se ha jugado la temporada con Pinto. Un equipo grande parte de una defensa fuerte y el Barcelona ha jugado con el centrocampista Mascherano, sin Puyol y con Piqué intermitente. Un equipo grande tiene un gran delantero, un Etoo, un Villa, un Falcao, un Mario Gómez, un Adúriz, alguien. El Barcelona no ha tenido a nadie.

    Tiempos de cambios en Can Barça. Unos por la edad, otros por el mal hacer, otros por la lógica del fútbol. No exageremos. Ni revolución ni tonterías semejantes. Lo básico: un portero seguro, un par de centrales, un delantero centro. Y el resto, que lo decida Klopp.

  11. enrique

    Todos queremos ser Maradona. Todos. Messi, no es menos que nadie. Amo a Maradona. Quiero con todas mis fuerzas a Messi.

  12. enrique

    Después de Racing de 1960. Negri, Anido y Mesias; Blanco, Peanno y Sachi; Corbatta, Pizutti, Mansilla, Sosa y Belén. El Barsa es lo mas parecido a el…..

  13. enrique

    Espero sepan superar las discrepancias. Saludo cordial.

  14. enrique

    Y, por si fuera poco. Maradona no es dios. dios es Maradona.

  15. enrique

    Los goles se hacen en la tierra. Los hombres, perdón; Las Mujeres y los hombres que viven en la tierra, hablan cosas entre ellos, muy particulares. De hombres y mujeres. Y, digo; me gustaría ser moderado…..

  16. enrique

    Adoro al Barsa. Amo Barcelona. Es lo mas parecido a la Buenos Aires donde nací y me crié. (En la República de La Boca), mi país.

  17. enrique

    Che, moderenmé, dejensé de joder……

  18. Excelente artículo. Gracias!

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