Opinión Vuelva usted mañana

Tsevan Rabtan: Naturaleza incompleta (III) – Emergencia

John Stuart Mill. Foto: Hulton Archive (DP)
John Stuart Mill. Foto: Hulton Archive (DP)

Viene de aquí.

Decíamos ayer que la pregunta central del libro que vengo comentando es si existen fenómenos «entencionales» en la definición que se daba en el artículo anterior o si, por el contrario, estos fenómenos no son sino una manera de describir algo demasiado complejo que solo aparenta tener un fin. En resumen, si la vida y la conciencia implican la posibilidad de una actuación finalista o si esto es un espejismo.

La vida —y, por tanto, la mente— parece contrariar la tendencia termodinámica. Las leyes de la termodinámica exigen que la entropía aumente hasta alcanzar su valor máximo. Cuando hay diferentes estados posibles, lo más probable es que la suma de estados «desordenados» se imponga precisamente porque son más probables. Así, llegados a cierto punto, por mucho que los componentes individuales cambien, el efecto macroscópico será similar. Las partículas de un gas, sin influencia externa, no se arracimarán todas en una esquina del recipiente, porque eso es muy improbable comparado con la presencia de un número más o menos similar de partículas en cada lugar de ese mismo recipiente. La mezcla es más probable, la separación más improbable.

La vida —que sí exige una acumulación de discontinuidades del mismo signo— es problemática considerando esas leyes inexorables. En consecuencia, ¿por qué hay vida? Una salida de esta trampa fue enunciada por Schrödinger cuando escribió su famoso ¿Qué es la vida?: los procesos vitales solo aparentemente no cumplen con el segundo principio de la termodinámica. En realidad, funcionan como mecanismos disipativos. Es decir, ante la existencia de un gradiente provocado por la energía solar —que permite realizar un trabajo—, la vida funciona como un magnífico sumidero, capaz de acelerar el proceso de disipación de esa energía en el sistema del que forma parte nuestro planeta. La vida no solo se ajusta a la termodinámica, sino que es inexplicable sin ella.

Para muchos, a esto solo hace falta añadir el impulso que se produce por la selección natural. Si la complejidad de la vida es resultado del cambio azaroso luego retenido, no es necesario incluir ninguna finalidad en la ecuación. Esta idea, además, podría extenderse a otros campos (y así ha ocurrido), mediante la llamada ley del efecto. Un ejemplo ilustrativo sería el de nuestro sistema inmunitario. La lógica nos dice que la respuesta inmune se produce mediante algún tipo de mecanismo que seguiría este orden: primero aparece el agente infeccioso; su presencia da lugar a la síntesis de moléculas que pretenden desactivarlo; si se halla la respuesta, el cuerpo la produce de forma masiva. La realidad es justamente la contraria. Mediante el proceso conocido como hipermutación, que tiene lugar antes del nacimiento, se produce un catálogo ingente de potenciales anticuerpos. La mayoría nunca servirán para nada. Sin embargo, algunos de ellos serán formas especulares (y no es preciso que lo sean a la perfección) de alguna molécula del agente invasor. Una vez comprobada la eficacia de alguno de esos anticuerpos, es cuando el organismo los produce en gran número.

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6 comentarios

  1. Arturo Goosnargh

    Para descansar despues de la lectura con algo relacionado con el propio artículo propongo esto:
    http://pmneila.github.io/jsexp/grayscott/
    (el preset de solitones)

  2. A medida que iba leyendo el artículo he ido pasando por las siguientes mini reflexiones:
    barroco (muy barroco),
    ¡coño esto es sistémica!,
    es una broma, se está cachondeando del personal.
    Y por último,
    me recuerda a las paridas oscurantistas espesas y sobrevaloradas de Martin Heidegger.

  3. «… ya que los análisis estáticas son más abordables.»

  4. «…que se podía evitar la teleología…»

    A ver no soy partidario, a priori, de una teleología en la naturaleza, pero la frase en cuestión me suena como «se podría evitar la verdad», es decir, como la actitud del que, antes de saber nada de una cosa, ya tiene muy claro lo que ha de negar.

  5. Pingback: Tsevan Rabtan: Naturaleza incompleta (y IV) – Conciencia

  6. Pingback: Magapsine Semanal (8-14/09/2014) - Dronte

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