Eduardo Anitua: «Tenemos treinta y siete patentes, muchas de ellas violadas, sin que las administraciones hagan nada al respecto»

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Eduardo Anitua (Vitoria, 1956) es un empresario atípico dentro del cuerpo de un médico apasionado, algo que se nota al hablar con él sobre cualquier tema. Al ganador del Premio Príncipe Felipe a la Innovación, con más de cien artículos de investigación publicados en los principales Journals, con treinta y siete patentes y reconocimiento mundial como punta de lanza de la medicina regenerativa, no se le caen los anillos. Sigue día tras día en su clínica trabajando como dentista y cuidando de sus pacientes en su ciudad de toda la vida, de la que no quiere marchar ni por la crisis ni por los cantos de sirena del dinero o el prestigio. Ha conseguido satisfacer su interés por la investigación mediante el camino menos común en nuestro país: creando un proyecto empresarial internacional que le ha llevado ante el Comité Olímpico Internacional a impartir más de quinientos seminarios, y a prolongar la carrera de Rafael Nadal entre otros. Y todo porque un día descubrió que podía quitar el dolor y quiso saber más.

¿Cuándo tuviste claro que querías estudiar Medicina?

Mi padre era ingeniero y mi hermano hizo una ingeniería. Yo quería también hacer una, pero me insinuaron que por qué no hacía otra cosa. Entonces dije que quería ser marino, no es broma, es literal, me gustaba mucho el mar. Y claro, esto hablándolo con mi madre fue más o menos: «Uf, marino no, que estarás mucho tiempo fuera». Y entonces le dije que haría Medicina. Y me contestó: «Muy bien, así me cuidas». Y aquí estoy.

No entiendo de vocaciones, entiendo de hacer las cosas con pasión. Ahora tengo una hija que estudia Medicina y me dice: «Papá, es que no sé si me gusta». Y le digo que le podrá gustar o no, pero que la medicina apasiona aunque lo pases mal al principio. De hecho, cuando mi hija empezó a estudiar primero de Medicina pasé una envidia… ¡horrorosa! Me hubiera encantado quedarme en la facultad y volver a estudiar la carrera.

Eso sí, lo que siempre me ha parecido maravilloso de la medicina era poder curar el dolor a la gente.

¿Te has enfrentado a alguna dolencia que aún no estás preparado para tratar? ¿Alguna frustración en ese sentido?

Frustración ninguna, lo que sí tengo es una gran motivación. Nunca nos habíamos imaginado llegar adonde estamos llegando y quizá lo más apasionante es que la terapia regenerativa no tiene techo.

Cada objetivo cumplido, cada paso que se avanza, te abre nuevas posibilidades. Por eso, continuamos con la investigación en varias áreas de la medicina, con el objetivo de desarrollar nuevas alternativas terapéuticas que contribuyan a aliviar diversas patologías. De hecho, en este momento estamos embarcados en varios proyectos de investigación, en diferentes ensayos de laboratorio y ensayos clínicos, que a lo largo de los próximos años irán dando sus frutos y que, sin duda, contribuirán a mejorar la calidad de vida de muchas personas.

La evolución de tu carrera ha sido bastante atípica: decides crear una empresa para poder investigar.

Cuando estaba en la universidad, en nuestra especialidad que es la Estomatología, la investigación era inexistente. Pensé en crear una empresa que me permitiera dedicar parte de mi tiempo a la investigación, que era mi objetivo, y eso me permitió tener relación con multinacionales extranjeras, norteamericanas básicamente. Llegué a ser el director científico de una de estas multinacionales, pero cuando llegué al punto de tener que irme a vivir a EE. UU. lo dejé, por razones familiares. Hoy BTI tiene ya quince años y efectivamente es una empresa un poco atípica: por ejemplo reinvertimos el 100% de los beneficios en I+D, para financiar proyectos de investigación.

Entonces estudiaste en EE. UU. pero no querías vivir en EE. UU.

Sí, yo hice mi posgrado en EE. UU. porque en aquellos momentos en España y en lo que se conocía por estomatología, es decir, lo que hoy es odontología, no había nadie que destacara a nivel internacional, no había ningún referente. Allí tuve contactos con la investigación, estuve en Berkeley, en el Pankey Institute (un instituto de estudios dentales avanzados) y luego también en otras universidades. Descubrí, y me gustó, el modelo de dedicar tu vida a algo que tenga sentido.

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Tienes la idea y decides lanzarte pero es necesario conseguir recursos. ¿Cómo lo hiciste? Porque en aquella época no existía la vorágine emprendedora y de capital riesgo o financiación de proyectos que hay ahora.

Pues muy sencillo: empeñándome, asumiendo riesgos. En vez de comprarme un coche me compraba un microscopio. Eso era lo que me apasionaba, y yo soy una persona que solo ve la botella medio llena, no me interesa verla medio vacía.

¿Había mentores o referentes en los que inspirarse en España?

No, el tejido empresarial en la biomedicina y biotecnología en España no existía. Cuando empecé a investigar con factores de crecimiento hace veinte años no se sabía muy bien ni qué eran. Pensé que la única alternativa viable, dado que yo había creado mi propio laboratorio, era que lo financiara de mi bolsillo. Era mi hobby, un hobby caro… pero apasionante. Así que cuando decidí crear el laboratorio ya no había más remedio que dar el paso a la empresa, a industrializar ese conocimiento. La única opción que tenía era transferir ese conocimiento a mi propia empresa, mejor que ser fagocitado por una gran empresa. A partir de ahí desarrollamos patentes, todas son internacionales desde el comienzo. Y a BTI le pusimos un nombre en inglés porque hay que estar en el mundo. No tiene sentido investigar si no estás investigando a nivel global, y más en biomedicina, donde los desarrollos que tú estás haciendo pueden llegar a ochenta países.

¿Entonces se puede competir con las farmacéuticas y las multinacionales a pesar de los costes tan elevados y los plazos de tiempo tan largos en investigación médica?

En nuestro caso, es ahora cuando se conoce sobre los factores de crecimiento en relación con los deportistas, la artrosis, etc., pero resulta que ya llevamos veinte años trabajando en esto. La investigación médica tiene unos plazos muy largos, y dependiendo del país todavía más largos, porque además de tener una idea hay que desarrollarla, demostrarla, tener una investigación básica, una investigación animal, una investigación clínica…

Y luego necesitas que exista un paraguas regulatorio, porque hay que proteger la innovación. En ese sentido en nuestro país la Administración es extraordinariamente lenta, y con muy poca tradición en el área de la biomedicina.

¿Qué se podría hacer para cambiar esto, tanto a nivel institucional como de cara a las futuras generaciones?

Creo que los gobiernos deben hacer más. Por ejemplo, en el tema de la protección de la propiedad intelectual no se ha hecho absolutamente nada.

Ahora se habla mucho de la importancia de crear patentes, pues bien, nosotros tenemos treinta y siete patentes, muchas de ellas permanentemente violadas, sin que las administraciones hagan nada al respecto, ni a nivel nacional ni europeo. De hecho, ahora mismo tenemos en el juzgado la violación de alguna patente que es de escándalo, una copia literal… ¡y llevamos dos años esperando! En EE. UU. ante cosas como esta se actúa con inmediatez y contundencia para proteger la propiedad intelectual de sus empresas y de sus investigadores. Allí la ciencia se la toman en serio.

Aquí se investiga, y se investiga bien, y tenemos muy buenos científicos, y creo que tenemos un tejido empresarial capacitado para hacer las mejores cosas. En nuestro caso por ejemplo tenemos  uno de los mejores laboratorios del mundo en implantología oral, y sin lugar a dudas el número 1 del mundo en todo lo que es terapia regenerativa con factores de crecimiento. Es decir, hay capacidad para hacer las cosas bien, pero necesitas unos gobiernos que te apoyen, que te defiendan, que no permitan que te copien. Todo el mundo entiende que si se hace una película hay que protegerla, ¿y por qué no una investigación?

Hay que fomentar la innovación, y si queremos que este país esté a la cabecera del mundo es imprescindible protegerla. Otro ejemplo que es absolutamente escandaloso: ¿cómo es posible que China pueda vender en España y que nosotros no podamos vender en China? ¿Cómo es posible que Brasil pueda vender en España y que nosotros tengamos que pagar un 40% de arancel por vender en Brasil? ¿Cómo es posible que venga un americano y le convaliden automáticamente la certificación europea (CE) si tiene la de la FDA (Food and Drug Administration) y tú vas con tu CE allí y para que te la convaliden te obligan a repetir todos los ensayos? Y a poder ser le dan tiempo a un americano para que te copie y esté antes que tú en el mercado… O protegemos la innovación o la estamos matando. No hay término medio. El mayor patrimonio de una empresa son sus patentes.

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Analizando pymes innovadoras se descubre que muchas de ellas no patentan. Dicen que les resulta peor patentar que no hacerlo, por el riesgo de copia y el coste.

Dentro de las patentes sucede esto, que hay muchas veces que dentro de una patente tampoco cuentas todo lo que es tu patente para no poner a todo el mundo en ese punto. En España se valora mucho el publicar, y en el mundo científico salir en revistas como Science o Nature es sinónimo de prestigio y reconocimiento. Yo tengo más de cien publicaciones indexadas, y unas trescientas publicaciones científicas y quince libros. Pero es que tener treinta y siete patentes es un trabajo enorme, aparte de la inversión económica. Nosotros tenemos un departamento dedicado solo a esto. Hay muchos fines  de semana que mi plan es corregir una patente. Tiene su técnica. Escribir un artículo científico, además de haber hecho el trabajo, tiene una técnica. Y una patente es exactamente igual. Es una técnica además que nadie te ha enseñado.

Con este bagaje imagino recibes propuestas continuas para trabajar en otros países o proyectos, pero te niegas a marchar de aquí.

Yo me rebelé, por el hecho de tener éxito no me iba a expatriar. Y esa fue la razón, al margen totalmente de la de mi mujer, que me dejó opinar [risas]. Es cierto que salir una temporada está bien, es importante aprender fuera y ver qué pasa en el exterior en un marco científico globalizado. Otra cosa es perder tus raíces, que es lo que yo no quería. Yo estoy encantado aquí en Vitoria y creo que voy a dejar un buen legado, mucho más hablando de un sector como la biomedicina, en el que hasta hace poco tiempo era lo que decía Unamuno: «que investiguen ellos». Y date cuenta de que cuando la investigación nace de la clínica tiene más valor, porque ahí estamos buscando soluciones a problemas reales. No estás dando de comer a tu ego para publicar en Nature, no, estás haciendo algo que está curando a personas y eso tiene mucho valor. En cualquier caso, no podemos olvidar que vivimos en un mundo globalizado, queramos o no competimos globalmente. O te aclimatas o te «aclimueres», es así.

Quizá el problema es que no tenemos talento suficiente para competir…

No, no, si algo tiene este país es talento. Este país tiene talento para exportar. Fíjate en la película Ocho apellidos vascos. He soltado carcajadas, pero porque los guionistas, que son de aquí, han caricaturizado una realidad de manera sublime. Tenemos un ingenio espectacular, no tenemos nada más que mirar en el Whatsapp cada vez que sucede algo, el número de chistes brillantes que surgen casi al instante. Pero creo que uno de los grandes problemas de este país es que todo este ingenio en investigación no encuentra un semillero donde crecer. Lo fundamental es que la gente que tiene ilusión y talento consiga encontrar un sitio donde desarrollarse. Yo no lo tuve, así que no tuve más remedio que crearlo.

Supongo que también habrá más diversidad, lo que favorece crear estos «semilleros». Por ejemplo, ¿hay más mujeres que antes en investigación?

Sí. Fíjate, aquí en la clínica somos cuarenta y somos tres hombres nada más. En el laboratorio de investigación también ganan las chicas. Tenemos dos centros, uno es este y otro en el parque tecnológico, y hay muchas mujeres en trabajos que hasta hace nada eran exclusivos de hombres.

Compitiendo a nivel internacional, ¿tenéis mucha gente de fuera que viene a trabajar con vosotros?

En el equipo una de mis prioridades ha sido tener gente de aquí, porque yo necesito una parte estable en el equipo. Por ejemplo, uno de los ingenieros de BTI, que es de aquí, estaba en Alemania, y me lo traje. Lo cual no quiere decir que no trabajemos con gente de fuera, de hecho, colaboramos con más de quince universidades y centros de investigación del extranjero, pero lo estratégico lo tienes que hacer en casa. Una cosa es la aplicación de tus patentes y otra el origen de tus desarrollos. Eso lo tienes que cocinar en casa y lógicamente con una cierta confidencialidad. Esta es una de las razones por las que tampoco puedes abrir el laboratorio a todo el mundo.

Hablas siempre en plural: «somos», «hicimos»…

Claro, porque yo soy la cabeza de un equipo, pero en BTI somos ya más de trescientas personas, y en el departamento de investigación son cincuenta investigadores. Uno tiene un cerebro y dos manos. En el momento en que vas creando un equipo esta situación cambia drásticamente. Como dice esta frase de Bernard Shaw: «Si tú tienes una manzana y yo tengo una manzana y las intercambiamos, entonces tanto tú como yo seguimos teniendo una manzana. Pero si tú tienes una idea y yo tengo una idea, y las intercambiamos, entonces ambos tenemos dos ideas». A mí eso me parece una de las claves. Lo que hago con mi equipo es intercambiar ideas permanentemente y entre todos hacer el camino, aglutinar talento es fantástico.

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¿Por qué tenéis un centro de formación?

Esta planta es clínica. Toda la planta de abajo es investigación, y la de arriba es formación. ¿Por qué? Porque cuando estás todo el día dando conferencias te enfrentas a gente que está todo el día haciéndote preguntas, así que tienes que estar todo el día buscando respuestas. ¡Qué más quieres para estar vivo!

Formación, investigación, cirugía, gestión… ¿cómo repartes tu tiempo? De hecho, ¿está todo el mundo preparado para crear valor en todas estas tareas tan diferentes?

Es muy exigente ser un «hombre orquesta», porque hay que operar bien, escribir bien, contarlo bien, etc., etc. Pero es una cuestión de aprovechar bien el tiempo y hacer las cosas con pasión. A pesar de trabajar doce horas al día yo siempre digo que soy un afortunado por dedicarme a hacer lo que me gusta. Yo trabajo tanto en el laboratorio de investigación como en el quirófano, y esto me permite ver el «micro» y el «macro» y eso genera muchas posibilidades. Por otro lado, los investigadores somos inconformistas, somos personas que no nos sentimos cómodos porque creemos que lo podemos hacer mejor, y que lo debemos hacer mejor. En definitiva somos perfeccionistas y quizás un poco obsesivos, porque queremos que se haga todo bien… Pero si podemos hacerlo mejor, ¿por qué no conseguirlo?

Hablando de motivación, ¿qué provocó el descubrimiento del plasma rico en factores de crecimiento? Porque cuando se descubre una innovación de este tipo parece algo obvio, pero a nadie se le había ocurrido antes.

Los grandes avances siempre han surgido porque alguien pone atención sobre algo que los demás miraban y no veían. En un extracción dentaria mi pregunta era, ¿por qué cuando yo hago una cirugía así, en un paciente epiteliza perfectamente y todo evoluciona bien, no hay dolor, a los dos días todo está perfecto… y por qué hay otro paciente al que se le inflama, le molesta e incluso se le infecta? La responsable es la sangre. Si te pones a estudiar, evolutivamente la sangre juega un papel esencial. Es la responsable de que si te cortas un dedo epitelice, de que si te rompes la tibia se forme un callo óseo, etc. Nuestra sangre lleva unas proteínas, los factores de crecimiento, que son el lenguaje de las células, el lenguaje de los tejidos. Y son estas proteínas las que mandan señales, las células se comunican expresándose por medio de esas proteínas, por ejemplo para que comience el proceso de reparación cuando se produce una lesión.

Así que la pregunta que me hice fue: ¿qué puedo hacer yo para conseguir que una extracción cicatrice siempre bien? Si el responsable de que esto ocurra es el coágulo de sangre que se forma, lo que hice fue estudiar qué componentes tenía la sangre para conseguir que ese coágulo fuera estable, e ir quitando del mismo todo aquello que sobraba, que no aportaba nada. Más que a poner me dediqué a quitar: los glóbulos rojos, los leucocitos, etc., hasta llegar a obtener el plasma rico en factores de crecimiento. En aquellos momentos, sobre los plasmas ricos en plaquetas no se sabía casi nada, no había prácticamente nada publicado. El primer trabajo de obtención de un plasma rico en plaquetas obtenido cien por cien a partir de sangre del propio paciente es un trabajo nuestro. No lo había hecho antes nadie, nadie se lo había planteado.

Luego había otra cuestión: ¿por qué los grandes laboratorios no se lo habían planteado? Porque ahí no veían dinero. Yo no era eso lo que buscaba, yo buscaba curar a mis pacientes, buscaba su mejoría. En aquellos momentos los laboratorios andaban buscando la proteína responsable, cuando hoy en día sabemos que no es una proteína, que es un cóctel, una interacción entre unas proteínas con otras, y que unas proteínas condicionan el que otras actúen de una manera o de otra. Igual que las personas: se portan de manera diferente si van con su pareja o con sus amigos o con los compañeros del trabajo. Los que nos rodean cambian nuestros comportamientos. Con las células pasa igual. Si consigues entender el funcionamiento de las proteínas puedes mejorar la evolución de una extracción, y así realizar una reparación más eficaz.

Qué son los factores de crecimiento, y qué ventajas o diferencias tienen a nivel regenerativo, por ejemplo en relación con las IPS (células pluripotenciales).

Los factores de crecimiento son proteínas que desempeñan una función esencial en los procesos de reparación y regeneración de tejidos. De forma natural se encuentran en el plasma sanguíneo y en el interior de las plaquetas, y podría decirse que estas proteínas son el medio de comunicación de las células, la vía que tienen de comunicar que se ha producido una lesión, que es necesario reparar ciertos tejidos, etc. Así, gracias a estos factores de crecimiento, se desencadenan efectos biológicos como la proliferación y diferenciación celular, la generación de vasos sanguíneos (en lenguaje técnico angiogénesis) y la migración de las células, incluyendo las células madre, a los lugares donde es necesario que se produzca la regeneración (o quimiotaxis).

Mediante una técnica desarrollada y patentada por nosotros, y que hemos llamado Endoret, conseguimos aislar y concentrar esos factores de crecimiento a partir de un pequeño volumen de sangre extraído del propio paciente, para después aplicarlos terapéuticamente en donde sea necesario. Es decir, usamos la propia «autofarmacia» del cuerpo para mejorar de forma natural el proceso de reparación. Se trata de una terapia personalizada, que parte de los recursos del propio paciente, por lo que no existe posibilidad de rechazo. Hoy en día se aplica con éxito en diferentes especialidades médicas como cirugía oral, traumatología, dermatología, medicina del deporte, y más recientemente oftalmología.

¿Esto acabará con el intento de desarrollar proteínas sintéticas?

Las proteínas sintéticas eran el gran reto hace veinte años, hoy se sabe que no es una proteína, sino la interacción de unas con otras. El PRGF-Endoret contiene más de mil. Creo que no hay ningún equipo que trabaje con células madre en el mundo que no haya leído nuestros trabajos. Hemos desarrollado el mejor medio de cultivo, qué mejor medio de cultivo que utilizar tus propias proteínas.

Todavía hay médicos que cuando les digo que vamos a preparar un injerto y que lo vamos a mantener en las proteínas del propio paciente me comentan: «Es que lo hemos hecho toda la vida de otro modo». Bueno, pues a lo mejor lo hemos hecho toda la vida mal; es el momento de cambiar.

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¿Cómo es posible que confundieran vuestra técnica con dopaje, en qué se basaban en el COI?

La agencia mundial antidopaje cometió un error al pensar que la aplicación local de plasma rico en factores de crecimiento podía mejorar el rendimiento de los deportistas, cuando lo único que se busca y se obtiene es curar lesiones de manera más rápida y eficaz. Lo que hicimos fue reunirnos con ellos y demostrarles la eficacia y seguridad de la técnica apoyándonos en la investigación desarrollada durante más de quince años y avalada por más de ochenta publicaciones científicas internacionales de prestigio. Fueron dos días intensos en Lausana, en los que hubo un debate científico de altura, y finalmente el tema se resolvió de nuestro lado.

Hoy en día los comités olímpicos de todo el mundo están utilizando nuestra técnica con sus deportistas, pero es lo que tiene el ser los pioneros. Nuestra técnica no tiene nada que ver con el dopaje y por supuesto que aporta un enorme beneficio a los deportistas, pero lo más importante es que es una técnica que se está aplicando en cualquier paciente, sea deportista o no. Lo importante es que curamos enfermos, que curamos personas.

¿Son tratamientos accesibles para todo el mundo o solo para deportistas de alto nivel? Si acaso, ¿cuándo podrán ser accesibles para todo el mundo o de qué podría depender?

Estas técnicas son accesibles a todo el mundo porque en algo en lo que hemos puesto especial énfasis es en que no sean técnicas costosas. Ahora lo importante es que cada vez más médicos y más hospitales empleen la técnica para mejorar la calidad de vida de sus pacientes.

¿Y se puede usar este conocimiento sobre las proteínas para «desactivar» el crecimiento? Estoy pensando concretamente en el cáncer.

El tratamiento del cáncer es otro mundo apasionante. Nosotros hemos desarrollado tratamientos para una patología tan prevalente como la artrosis. La artrosis es un fracaso en el proceso de reparación. Si fracasa ese proceso, lo que se produce es una enfermedad degenerativa. Es ahí donde hemos empezado a trabajar, hace doce años. En cómo conseguir revertir procesos degenerativos para que evolucionen de una manera distinta.

Se dice que las langostas son inmortales, mueren porque se las comen sus depredadores naturales cuando crecen demasiado,  y que el motivo parece ser que la telomerasa no disminuye en ellas. ¿Dónde está el límite?

Hay animales como las estrellas de mar, algunos peces y reptiles que tienen enormes capacidades regenerativas, que les permiten reconstruir partes enteras de su cuerpo. Ahí las proteínas tienen todo que decir… ¿Dónde están los límites? ¡Si no hay! En medicina no hay límites, porque los avances son constantes. Es inabarcable como el universo.

Recuerdo que cuando estudié cirugía un tema era el tratamiento de la úlcera gástrica. Hoy en día se sabe que el origen de las úlceras es una infección bacteriana. Pues se le ha quitado el estómago a cientos, miles de personas, por un problema de una bacteria. y esto se hacía hasta antes de ayer. Yo he estado en quirófano en este tipo de intervenciones. El tema es que tienes que tener la mente suficientemente abierta para admitir la evolución e incorporarla rápidamente.

Otro ejemplo, te veo con el ordenador ahora y recuerdo que hace no tantos años me recorría el mundo con una maleta llena de diapositivas dando conferencias. Y parecía que eso no iba a cambiar nunca. Y no, la tecnología está ahí sí o sí. Hay gente que me dice: «Yo no creo en los factores de crecimiento». Y les digo: «Si yo tampoco creo en la telefonía móvil, pero funciona». No sé cuál es el mecanismo, pero me permite hablar con alguien en Nueva York.

Lo que es cierto es que las personas que innovamos siempre hemos sido un poco controvertidos. ¿Por qué? Porque al que está acomodado, al que está haciendo lo mismo todos los días, no le gusta que le saques de su estatus de confort, que  le digas que tiene que aprender cosas nuevas, que tiene que hacer las cosas de manera diferente.

Eduardo Anitua para Jot Down 6

Para terminar de romper los esquemas, empiezas por cirugía maxilofacial y de repente regeneráis tejido de quemaduras, curáis rodillas, incluso quitáis las arrugas. Me recuerda al momento en que Ferrán Adriá decidió incorporar a un físico y un químico en el equipo que cocinaba con él, dando el salto a áreas nunca exploradas antes.

Efectivamente, hace unos años pensamos en trasladar el conocimiento que habíamos adquirido en el área de la cirugía oral a otras áreas de la medicina, y con el doctor Mikel Sánchez, un amigo traumatólogo, empezamos a aplicarlo en ortopedia y medicina deportiva. Luego en dermatología, en oftalmología… y en otras áreas como comentabas antes. Pero tiene todo el sentido del mundo trasladar conocimientos a otros campos, igual que ha pasado con la alimentación.

Para empezar, se come muy mal porque no nos enseñan a nutrirnos correctamente. Y en relación con esto, nosotros por ejemplo estamos desarrollando ahora dietas para mejorar la cicatrización y estudiamos qué podemos comer para mejorar la evolución posquirúrgica. Y claro que hay una técnica. Hay alimentos que van a favorecerla y otros que van a entorpecerla. Igual que pasa con la alimentación, intentamos inculcar en nuestros pacientes hábitos saludables. Por ejemplo yo les insisto mucho en que aprendan a dormir bien, por la enorme importancia que tiene para la evolución posquirúrgica. Si un paciente no duerme bien evoluciona mucho peor.

Estando tan cerca de La Rioja podrás confirmar si el vino es saludable.

El vino a unas determinadas dosis es saludable, pero la cantidad es muy importante. Es bueno en un restaurante dejar media botella de vino. No pasa nada. Hay que aprender a beber vino con trago corto.

Dentro de los hábitos saludables que comentas, ¿practicas deporte?

Sí, he hecho mucho deporte en mi vida. En la universidad era del equipo de rugby, del equipo de voleibol, del equipo de esquí, he competido en vela… A día de hoy, he de confesar que lo hago porque sé que es saludable. Coger hábitos saludables cuesta lo mismo que hábitos no saludables. El otro día me decía un amigo que se relajaba fumando un puro. Le respondí que lo que relaja es controlar la respiración.

Mi padre fue deportista profesional y me decía «El deporte es salud, pero el deporte de competición es una enfermedad incurable».

He vivido el mundo de la competición y he de reconocer que sin ella me falta esa adrenalina…

Pero lo importante es competir dando ejemplo, y afortunadamente en España tenemos muchos deportistas ejemplares como Rafa Nadal o Miguel Indurain. A mí eso me parece muy importante. No es lo mismo competir de una manera que de otra, es fundamental dar ejemplo. De mis años de bachiller en un colegio religioso me quedo con una frase: «Por sus hechos los conoceréis».

¿Cómo ha sido la experiencia de trabajar con Nadal? 

Trabajar con Rafa y con su entorno es un privilegio, lo que está haciendo Rafa, no solo en el aspecto deportivo sino también como ejemplo a seguir, solo es equiparable a lo que hizo Miguel Indurain, el otro gran referente del deporte español. Tener éxito deportivo y, al mismo tiempo, enseñar a ganar y a perder a los más jóvenes es una valiosísima aportación al deporte y a la cultura de este país.

Una de las dificultades de las pymes en nuestro país es la internacionalización. ¿Cual es el problema?

Está claro que para el resto del mundo no es lo mismo si eres español que americano, porque no tenemos la misma imagen como país. En España en los últimos años la imagen de nuestro país ha sufrido mucho. Creo que algunos políticos no son conscientes de que con las cosas que dicen están mandando a miles de personas al paro o a la emigración por la pérdida de valor del país. La gente debe ser consciente de esto. No puede ser. Un país tiene que ser serio y dar imagen de seriedad, si no nos devaluamos.

¿Como ves entonces el futuro? 

Yo quiero mucho a este país y no quiero que nada me obligue a expatriarme. El otro día en una entrevista me preguntaron: «¿Cuáles son los beneficios de estar en el País Vasco para su empresa?». Pues ninguno, tengo muchas más posibilidades de encontrar un ingeniero de superficies o un especialista en proteómica en Múnich o en Madrid que en Vitoria. Ahora bien, si no creamos aquí una pequeña huerta donde empezar a plantar hortalizas el que venga después no va a poder plantar ni una lechuga. El futuro lo veo con optimismo. Lo cual no quiere decir que no vayamos a sufrir, y muchas veces estamos sufriendo innecesariamente porque nos equivocamos en el diagnóstico. Lo esencial es el diagnóstico, y luego un plan de tratamiento que sea viable. A ningún cirujano le gusta amputar una pierna o sacar una muela, pero si hay que hacerlo, cuanto antes.

Además está el problema de competir a nivel internacional, conseguir la estabilidad que comentabas antes. ¿Qué se puede hacer?

Es fundamental que este país cree las estructuras para que estos proyectos sean estables y no busquen otros lugares.

En Europa está preparando ahora el programa Horizon 2020 para intentar relanzar la investigación. ¿Cambiará eso algo?

Si se ordena bien… El problema es que todo esto genera al mismo tiempo una ingeniería de las subvenciones y de los propios programas que lo hace muy complejo, sobre todo para el que se inicia. Pero si consiguen ayudar a crear ese huerto bienvenido sea. Público y privado, pero bien ordenado.

Eduardo Anitua para Jot Down 7

Fotografía: David de Haro

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5 comentarios

  1. Hay un error de concepto en el titular que produce confusión: la responsabilidad de la tutela y defensa efectiva de una patente es de su titular, no de ninguna administración. El Sr. Anitua podrá quejarse de la lentitud de la justicia o de sí su respuesta es adecuada pero ninguna administración pública va a perseguir una infracción de una patente propiedad de su empresa. Los cuerpos policiales intervienen en casos de delitos de piratería por copia de marcas o embalajes que puedan causar un fraude entre la clientela pero no resuelve conflictos técnicos entre partes.

  2. Pingback: Eduardo Anitua entrevistado en la revista JotDown

  3. Sospecho que Anitua se refiere a que a veces es la propia Administración la que está violando sus patentes. De todas formas, aunque sea el propietario el que debe velar en última instancia por la protección de su propiedad intelectual, también es verdad que la Administración debe realizar labores de inspección y protección, con o sin policía. Si no fuera así, sería lo mismo que decir que todos deberíamos tener una pistola en casa para autoprotegernos.

    • RanXerox

      No veo tan mal el hecho de que las personas se puedan autoproteger. La mayoría de gobiernos consiguen que sus gobernados acaben convertidos en un rebaño de inofensivas ovejas en las que el pastor puede hacer lo que quiera, incluyendo la sodomización de algunas de ellas sin que el macho carnero se pueda inmutar so pena de ser tachado de loco asocial. Exactamente como la inmensa mayoría de los ciudadanos-súbditos.

  4. RanXerox

    ¿Pero es que acaso puede España, un país de opereta en el concierto mundial de hoy en día, hacer valer sus supuestos o reales derechos en cualquier ámbito internacional? Solo se impone el músculo, ya sea a nivel de pelea callejera o de pugna entre paises.

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