Rimas Kurtinaitis, el hombre que lo tuvo todo menos la Copa de Europa

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Rimas Kurtinaitis en la actualidad. Foto: Rudolf Getel (CC)
Rimas Kurtinaitis en la actualidad. Foto: Rudolf Getel (CC)

Corre la temporada 1992/93 y el Argal Huesca, aquel mítico Magia de los ochenta, busca un extranjero que sustituya a su gran pilar exterior de los últimos seis años: Brian Jackson. Son tiempos convulsos en España y en Europa: por un lado, a regañadientes, la Asociación de Baloncestistas Profesionales ha aceptado la propuesta de la ACB de añadir un tercer extranjero por equipo. Por otro lado, el derrumbe de la URSS y la antigua Yugoslavia ha provocado un éxodo masivo de jugadores sin las restricciones del pasado. Jugadores, muchos de ellos en los últimos años de su carrera, que buscan dinero fácil en cualquier lugar, sin preocuparse mucho de exquisiteces.

Por ejemplo, Valeri Tikhonenko, el jugador ruso de origen uzbeko es finalmente el elegido por los directivos oscenses para poner los puntos en un año difícil. Tikhonenko lleva ya dos años en España, un pionero en ese sentido. El primero en el Fórum Filatélico de Valladolid haciendo pareja con Arvydas Sabonis; el segundo, en Málaga, con los inolvidables Rafa Vecina y Fede Ramiro. Es un enorme jugador: muy por encima de los dos metros, tirador infalible y capaz de jugar tanto de escolta como de alero como de falso pívot. Uno de esos jugadores que te arregla un partido y lo hace sin cambiar nunca la expresión de cara. Vieja escuela.

Al ruso se le une en el proceso de reconstrucción un pívot contundente y anotador, Reggie Slater, y como tercer extranjero van pasando jugadores y jugadores, entre ellos el mítico Greg Wiltjer, sin que ninguno convenza. La cosa empieza mal y termina peor, con el Huesca coqueteando con el descenso hasta el último momento, en parte culpa de las numerosas lesiones que arrasan la plantilla, afectando, sin ir más lejos al citado Tikhonenko, del que quizá se esperaba algo más que los dieciséis puntos y cuatro rebotes por partido que acabaría promediando aquel año, su último en España.

Como la lesión va para largo, prácticamente un mes, Pedro Enériz pide un sustituto y la directiva le trae ni más ni menos que a Rimas Kurtinaitis. El aficionado medio se sorprende: ¿Cómo ha acabado Kurtinaitis de temporero en un equipo de final de tabla de la liga española? Si de Tikhonenko se recuerdan momentos mágicos con el TSKA de Moscú y por supuesto con la selección soviética, Kurtinaitis siempre tuvo algo más: el atractivo de los anotadores compulsivos. A sus treinta y dos años, casi treinta y tres, llega a Huesca rebotado del Zalgiris, su Zalgiris de toda la vida, después de jugar tres años en un equipo medio de la liga alemana.

Decir Rimas Kurtinaitis no es decir cualquier cosa. De entrada, y como buen lituano, es lo contrario de Tikhonenko y su frialdad rusa: «Kurti» sigue siendo especialista en conectar enseguida con la afición, que le recuerda no solo como escudero de Sabonis en los ochenta sino como líder ocasional, con su bigote frondoso, su melena rubia y su sonrisa en la boca, algo difícil de ver en equipos soviéticos. Tenerle en la ACB es un honor: quien quiere quedarse con la anécdota menciona aquel All Star de 1989 en el que se convirtió en el primer europeo en participar en un concurso de triples, aunque lo hiciera horriblemente mal. Quien quiere ir más allá recuerda por qué lo invitaron a él, por qué estuvo en esa terna junto a Drazen Petrovic y Oscar Schmidt Becerra, que al final renunciaron.

Para ello hay que remontarse a Seúl 1988: los universitarios americanos juegan contra la selección soviética y al entrenador Thompson no se le ocurre otra cosa que decirles a sus jugadores que dejen tirar al rival, que la línea de tres, en comparación con la de la NCAA, está muy lejos. Y así, los europeos tiran. Tira Sabonis, tira Chomicius, tira Volkov, tira Sokk y tira por supuesto Kurtinaitis, que se va a los veintiocho puntos con cuatro triples incluidos. Estados Unidos pierde por segunda vez en su historia un partido olímpico y lo hace en semifinales, el mayor fracaso imaginable, la excusa perfecta para que a partir de ahí ningún conjunto universitario vuelva a participar en unos Juegos.

El sustituto de Tikhonenko en Huesca es, por tanto, una leyenda: campeón olímpico, subcampeón de Europa con el Zalgiris, imagen carismática de la Lituania que viene de ser medalla de bronce en los Juegos de Barcelona y uno de los primeros soviéticos que consiguieron escaparse de la liga de su país para irse a jugar a Alemania. Tiene todo para quedarse y triunfar, pero se ve arrastrado por la dinámica del club oscense: tres partidos, treinta y un minutos de media y poco más de trece puntos, eso sí, con un excelente 7/15 en tiros de tres.

Cuando Tikhonenko se recupera de su lesión, «Kurti» tiene que hacer de nuevo las maletas y volver a Kaunas. Parece claro que su último tren de la alta competición ha pasado.

La oportunidad imposible: el Real Madrid de Clifford Luyk y Sabonis

Eso no quiere decir que Rimas vaya a rendirse. Ha hecho dinero en sus tres años de Alemania, un dineral comparado con lo que ganaba, por decir algo, en la Unión Soviética, pero necesita ganar más y está dispuesto a aceptar cualquier buena oferta, aunque sea en Australia. Los Towsville Suns llaman a su puerta y él acude raudo a convertirse la estrella y el ídolo de un país donde el baloncesto no es cualquier cosa y donde Andrew Gaze sigue deslumbrando con sus anotaciones espectaculares, solo comparables a nivel internacional con las de Petrovic y Oscar.

Cuando eres lituano, tienes treinta y tres años y te ves jugando en la liga australiana muchas cosas te pasan por la cabeza y supongo que una de ellas es: «Disfruta mientras puedas». Kurtinaitis llega a las antípodas, se hace las fotos, juega unos cuantos partidos y de repente su agente le hace una propuesta imposible: «¿Te gustaría irte al Real Madrid?» Aquello tiene que tener truco. El Argal Huesca no le quiere para más de tres partidos pero el campeón de liga le va a fichar para todo un año. ¿Qué clase de gente son esos españoles?

Si el Argal Huesca estaba en remodelación un año antes, el Real Madrid pasa por un proceso parecido después del desastre de Atenas ante el Limoges de Maljkovic. Ricky Brown ha dejado su puesto a Joe Arlauckas y Mark Simpson no renueva, como tampoco lo hace el capitán Fernando Romay. Queda por tanto un buen equipo, campeón vigente de liga y copa, pero con dudas en el juego exterior: Antúnez es más un penetrador que un tirador, Lasa es demasiado cerebral y asume pocos riesgos, Santos se ha especializado en la defensa, Biriukov coquetea demasiado con las lesiones y Cargol no acaba de explotar después de ya demasiados años.

Hace falta alguien que haga lo que Simpson los dos años anteriores pero con más regularidad. Sí, el rubio americano podía irse a los cuarenta puntos y los siete u ocho triples en un partido concreto pero luego desaparecía en los momentos más insospechados. Además, el tercer extranjero no puede jugar Euroliga, así que lo suyo es fichar a alguien con experiencia, que no quiera más de lo que se le puede ofrecer y que entre bien en la dinámica del vestuario.

En ese sentido, Kurtinaitis, compañero de Sabonis desde 1984 en el Zalgiris, parece el hombre ideal. No es un gran defensor, pero tampoco lo era Simpson. Cuando el frío apriete, no temblará. Cuando sea preciso hacer grupo será el primero en ofrecerse. Junto a él, como contrapunto por su habilidad defensiva, llega Javier García Coll, un antiguo canterano que se ha hecho como profesional al otro lado de Joaquín Costa, en el Estudiantes. Ambos, insospechadamente, se convertirían en hombres clave para los futuros éxitos de aquel equipo.

La liga del Sant Jordi

Todo va bien hasta que deja de ir bien y entonces va catastróficamente mal. Es lo que tienen los grandes equipos. Clifford Luyk es un genio de la táctica y el control del vestuario hasta que llega el Joventut y te elimina en cuartos de final de la Euroliga. A partir de ahí, nada cuenta. El equipo venía jugando bien y dominando con claridad la liga, apoyado en un quinteto tipo formado por Antúnez, Santos, Kurtinaitis, Arlauckas y Sabonis, con Antonio Martín, Cargol, Biriukov y Lasa como habituales suplentes y, al final de la rotación, los peleones García Coll, Romero y Martín Ferrer.

El encaje de Kurtinaitis ha sido perfecto: un tipo peculiar con gustos peculiares pero bromista y accesible. Su relación con la hinchada fue un flechazo inmediato y de hecho nada se le podía echar en cara respecto al fracaso europeo porque él no jugaba esa competición, lo hacían Sabonis y Arlauckas. «Kurti» cumple con todo lo que se espera de él: desatasca el ataque cuando es preciso y disimula sus carencias defensivas lo mejor que puede. Es listo como el que más y enciende a la afición cuando el equipo lo necesita. En liga regular promedia doce puntos en veinticuatro minutos, solo por detrás de los otros dos extranjeros.

El problema es que la derrota contra el Joventut ha enrarecido el vestuario y surgen dudas de si los jugadores siguen apoyando a Clifford Luyk o no. Luyk, histórico de la sección con seis Copas de Europa como jugador, y segundo entrenador de Lolo Sainz durante buena parte de los ochenta, es de esos entrenadores que «dejan hacer», más en la línea del propio Sainz que del autoritario Ferrándiz. Con tres temporadas como técnico del primer equipo es el que más ha durado desde que llegara George Karl en 1989 y con él un baile en ocasiones dramático de entrenadores.

Sin embargo, dos fracasos en liga europea son muchos para un equipo y unos jugadores que sienten que están ante una oportunidad histórica. Enterado del desencuentro, Ramón Mendoza empieza a buscar sustituto y lo hace en casa del campeón, como es habitual. Cuando el Madrid se clasifica para la final de la liga ACB por tercer año consecutivo después de superar a Estudiantes en cuatro partidos, prácticamente todo el mundo sabe que Luyk no será el entrenador el año siguiente y que probablemente lo sea Zeljko Obradovic.

El rival en dicha final es el Barcelona de Montero, Massenburg, Andreu y unos crepusculares Epi y Jiménez. Un equipo raro, de esos que le gustan a Aíto García Reneses, de nuevo en el banquillo tras su rifirrafe con Maljkovic. Comoquiera que el Barça había ganado hacía poco al Madrid en la Copa del Rey de Sevilla, algunos apuntan a un cierto favoritismo catalán en la eliminatoria. Los dos primeros partidos no parecen indicarlo así: Sabonis y Arlauckas arrasan al Barcelona en el primer envite y Kurtinaitis les ayuda en el segundo justo cuando peor pintaban las cosas.

El tercer partido es en el Palau Sant Jordi y ahí las cosas son diferentes. Se habla mucho de los ambientes turcos y griegos pero lo cierto es que hay pocas aficiones más calientes y que lleven más en volandas a su equipo que la del Barcelona de baloncesto. Después de ver cómo Joventut y Real Madrid le birlaban su hegemonía ochentera, el equipo blaugrana se conjura para darle la vuelta a la eliminatoria y devolverla a Madrid. La prensa catalana acusa a Santos y Cargol de juego sucio y al primero se le atribuyen unas declaraciones polémicas: «No me gustan los catalanes», publicadas en un fanzine y que el escolta se apresuraría a desmentir.

Con todo, el ambiente es terrible o todo lo terrible que puede ser en el Sant Jordi, que sigue sin ser el Palau Blaugrana. El problema es que la tensión se vuelve contra los locales y a los diez minutos ya van perdiendo 11-24 con cinco puntos de Kurtinaitis, que acabaría la primera parte con tres triples y once puntos. La ventaja llega hasta los veintidós puntos a dos minutos del final (52-74), solo la lógica relajación de los campeones deja el marcador en unas cifras más adecentadas: 64-77.

Kurtinaitis, que en agosto estaba despidiéndose del baloncesto en Australia, acaba con diecisiete puntos y cinco de seis en triples. Trabajo cumplido.

La Copa de Europa de Obradovic y el maldito bíceps femoral

Ni siquiera el 3-0 en la final de liga sirve para que Luyk renueve. En verano de 1994, Zeljko Obradovic llega al Real Madrid con el único objetivo de hacerlo campeón de Europa. No es una gran temporada para nadie y menos para Kurtinaitis, que se lesiona en febrero el bíceps femoral. El equipo que había arrasado en liga regular los dos años anteriores se ve en las últimas posiciones de acceso a play-off y la prensa entra a degüello. En un artículo de López Iturriaga y Luis Gómez para El País se afirma que el vestuario está roto, que nadie habla con nadie y que solo Sabonis, Kurtinaitis y Biriukov se llevan bien entre sí «porque hablan ruso».

Probablemente las cosas no van tan mal pero tampoco van bien: a la mala marcha en liga y la temprana eliminación en copa hay que sumar unas extrañas declaraciones de Pedro Ferrándiz, nuevo jefe de la sección junto a Mario Pesquera, en las que afirma que Sabonis es un buen jugador pero que es muy caro y se le ofrecerá renovar por la mitad de dinero. Todo el mundo sabe que en realidad Sabas se va a la NBA, Ferrándiz también, así que son unas afirmaciones algo gratuitas.

Kurtinaitis sigue cumpliendo: veinticinco minutos de juego y once puntos por partido con porcentajes por encima del 45% en triples. Igual que pasara el año anterior, la Copa de Europa —o Liga Europea para ser más exactos— es cosa de Arlauckas y Sabonis. Todo lo mal que va el Madrid en casa se transforma cuando llega a Europa y consigue clasificarse para la Final Four de Zaragoza con un equipo de roles muy establecidos: dos estrellas, un comodín —Antonio Martín— y un grupo de guerreros formado por Antúnez, Santos, Lasa, Cargol y un García Coll que a los treinta años consigue por fin ser titular del equipo en el que se formó.

El resto es historia: aquel equipo ganaría la octava copa de Europa para el Madrid ganando fácilmente al Olympiakos en la final pese al confesado aburrimiento de Ferrándiz. Kurtinaitis no participó de la victoria pero sí participó de la celebración con una de esas borracheras soviéticas marca de la casa. Desde su lesión en el bíceps femoral no volvió a jugar con el Real Madrid y su número catorce lo heredó «Skeeter» Henry, un alero americano de pobre tiro y buenas condiciones físicas que no estuvo nunca a la altura del lituano: jugó diecisiete partidos y pasó de los diez puntos solo en cinco, ninguno de ellos durante el play-off decisivo de semifinales contra el Barcelona.

Ahí, en el Palau Sant Jordi acababa un Real Madrid y acababa de paso el baloncesto de élite para Rimas Kurtinaitis. El club, metido en un nuevo proyecto, no quiso renovarle y tuvo que seguir su peregrinaje por Lituania, Francia, Ucrania… hasta retirarse como entrenador-jugador, a los cuarenta y cuatro años, en el CB Baku de Azerbayán. Mientras la línea de tres puntos siguiera en el mismo lugar para él no había problemas.

En la actualidad entrena al poderoso Khimki ruso después de hacer campeón de la Eurocup al Lietuvos Rytas de su país. Cuando hace dos temporadas Kurtinaitis volvió al Palacio de los Deportes fue recibido con una moderada ovación porque el tiempo a veces pasa demasiado deprisa y la memoria del aficionado es caprichosa. Al fin y al cabo, ya eran muchos años sin saber de él. El hombre con el que nadie contaba parecía desaparecido cuando, probablemente, anduviera de parranda.

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12 comentarios

  1. Pingback: Rimas Kurtinaitis, el hombre que lo tuvo todo menos la Copa de Europa | SCOMBROS…

  2. Keelhaul

    Buen artículo. Una puntualización, Tikhonenko no se lesionó en Huesca cuando Kurtinaitis lo sustituyó, fue baja por el fallecimiento de su mujer que posteriormente le hizo caer en una depresión.

  3. Para quien quiera saber en profundidad sobre Kurtinaitis, el Zalgiris y en general el baloncesto lituano de finales de los 70/principios de los 80 recomiendo las imprescindibles Cronicas Lituanas de Juan Carlos Gallego. Una de las mejores lecturas de baloncesto que han caido en mis manos http://basketme.com/noticia.php?id=37800

  4. Una pequeña precisión la eliminatoria de semi-finales fue en el Palau Blaugrana; y también aprovechar para disculparme con Skeeter Henry por haber pronunciado ruidos simiescos durante un partido de esa eliminatoria

    • mayerclick

      Oh my God! En nombre de todas las personas de color, y de las que un día puedan llegar a serlo, disculpas aceptadas

  5. Y tambien para los interesados en el baloncesto lituano, un relato de un viaje por Lituania en 2011 justo antes del europeo intentando ver hasta que punto en Lituania el baloncesto es el deporte nacional http://dokodemodoorblog.com/2011/09/06/lituania-el-baloncesto-en-el-corazon-impresiones-antes-del-eurobasket-2011/

  6. «Las enchufo como Rimas Kurtinaitis»
    https://www.youtube.com/watch?v=oN6xxD4Gkwg

  7. zerbatanas

    Ya le tuvo que joder a Iturriaga la Copa de Europa del 95

  8. lorenzombie

    Tikhonenko no fue sustituido por lesión, sino por el fallecimiento de su esposa. Estaba haciendo un gran año con enormes actuaciones hasta que ocurrió aquello, esa situación hizo que no levantara cabeza y se llegó a un acuerdo para rescindir su vinculación con el Peñas.

  9. Pingback: Rimas Kurtinaitis, el hombre que lo tuvo todo menos la Copa de Europa

  10. kilgore

    La selección soviética de la que formó parte eran una banda de jugadorazos, peor lo que era flipante eran su cortes de pelo. El descojone padre.

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