¡Échale la culpa a Kérenski!

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Aleksandr Kérenski. Foto: DP.
Aleksandr Kérenski. Foto: DP.

«Sofía Casanova no interesa a nadie, su figura no da juego», decía en una entrevista del año 2009 en el periódico digital La Opinión de A Coruña, la profesora Rosario Martínez. Y tenía razón, después de muchos años estudiando la Revolución rusa, yo no tenía ni la menor idea de quién era esa mujer. Nadie me había hablado de ella. En ningún lugar había leído nada escrito por ella, ni libros ni artículos. Hasta que hace poco cayó en mis manos un libro extraño: La revolución bolchevista: diario de una testigo. Era un libro de segunda mano, editado por la editorial Akrón en el año 2008, que compré por un precio ridículo con evidente curiosidad. Entonces descubrí quién era esa mujer y pensé, como siempre pienso en estos casos, qué injusta es la vida a la hora de repartir la fama y el olvido. A veces, solo a veces, la historia rectifica algún error lacerante y descomunal, pero si esto llega a suceder, siempre sucede tarde, muy tarde.

La historia tampoco ha tratado demasiado bien a Kérenski. Pero eso no es ninguna novedad. A Kérenski todo el mundo lo trata mal. Lo vapulean ya desde el principio, desde que sube al poder, pero por desgracia con su exilio y desaparición en las espesuras del olvido, la situación no mejora lo más mínimo. Y luego viene su muerte y recibe el último insulto, la última humillación…

Estamos en 1970. Kérenski acaba de morir en Nueva York y aunque el mundo hace décadas que se olvidó de él, hay unas personas que no lo han olvidado ni tienen intención de olvidarlo: los patriarcas de la Iglesia ortodoxa rusa en América, que se niegan a enterrarlo en sus iglesias porque lo acusan nada menos que de ser uno de los principales responsables de la Revolución comunista. Sí, como suena. ¡Kérenski culpable de todos los males de la Gran Madre Rusia! Lo primero que pensé cuando me enteré fue: ¿Pero cómo se atreven?

Entonces recordé unas palabras del libro de Sofía Casanova: «se engañan, se engañan hoy y se engañarán durante toda su vida». ¿Y por qué se engañan? La misma Sofía nos lo explica a continuación: «¡Oh cándida incredulidad de muchas gentes, sin juicio analítico ni otra guía del laberinto moscovita que su deseo de que ocurra lo que les conviene» (la cursiva es suya). ¿Y qué les conviene? ¿Qué les convenía a las buenas gentes de clase media y alta de Moscú y San Petersburgo? Pues pensar que Lenin, Trotski y los bolcheviques eran una pandilla de delincuentes y de locos sin organización, sin capacidad para tomar en poder, sin el valor necesario para ello. Pensaban, gran error en que suelen incurrir las «gentes de bien», que con «cuatro tiros se soluciona todo», que al ver aparecer el primer batallón de soldados o al escuchar el chasquido terrible de los caballos cosacos avanzando por las calles pavimentadas saldrían huyendo en desbandada, y se pondría fin a los sueños delirantes del populacho revolucionario para siempre. Sí, puede sonar exagerado, pero eso es exactamente lo que pensaban. Y no solo los buenos burgueses, sino incluso algunos miembros del Gobierno provisional, que forzosamente debían estar mejor informados…

Ayer, Lenin fracasó rotundamente ante el Soviet. Se vio obligado a abandonar la estancia entre grandes abucheos. Se ha hundido para siempre.

Estas palabras tan preclaras las escribió Miliukov, ministro de Exteriores del Gobierno provisional ruso nombrado tras la revolución de febrero del 17.

Kérenski, con el brazo en cabestrillo, acompañado del socialista francés y ministro de Municiones Albert Thomas y del comandante de la guarnición capitalina, el general Lavr Kornílov. Foto: DP.
Kérenski, con el brazo en cabestrillo, acompañado del socialista francés y ministro de Municiones Albert Thomas y del comandante de la guarnición capitalina, el general Lavr Kornílov. Foto: DP.

Estamos en julio y sí, por supuesto, Lenin está hundido para siempre. De hecho ha tenido que huir disfrazado de ferroviario a Finlandia porque Kérenski lo quiere meter en la cárcel o matar. Pero mira tú por dónde, unos meses después, en octubre, todos los ministros del Gobierno provisional son detenidos por los bolcheviques y solo se salva Kérenski, que tiene que huir del Palacio de Invierno disfrazado de enfermera y oculto en una ambulancia de la Cruz Roja. Será su primera fuga. Pocos días después, cuando los cosacos lo traicionan (y ya no le puede traicionar nadie más, porque ya no le queda nadie a quien recurrir), tiene que volver a huir disfrazado de marinero de su campamento de las afueras de San Petersburgo, desde donde quería organizar la reconquista de la ciudad, y esta huida será ya la definitiva: Kérenski ya no volverá a pisar Rusia.

Si Lenin hubiera capturado a Kérenski lo hubiera ordenado matar con o sin juicio previo (como les pasó a muchos ministros y diputados de la Duma). ¿En ese caso seguiría siendo un apestado para la Iglesia ortodoxa? ¿Seguirían echándole todas las culpas hoy en día?

Sofía Casanova, como Kérenski, no se engañaron en ningún momento. Sabían muy bien la verdadera amenaza que representaban los bolcheviques. Sofía no puede hacer otra cosa que contar lo que pasa, y sufrir los acontecimientos (esto es, en su caso, un nuevo exilio en el que realmente se juega la vida más de una vez). Kérenski podía cambiar la historia. Tuvo en su mano la oportunidad de cambiar la historia. Su papel era muy difícil. No se puede montar una república parlamentaria en cuatro días, y mucho menos en un país inmenso como Rusia, que hasta hace nada aún vivía en el feudalismo, con una gran base de siervos y una minoría aristocrática y un gobernante teocrático y absolutista, y encima hacerlo mientas se está librando una guerra mundial, con el pueblo hambriento, con millones de soldados en el frente, con una gran mayoría de la población que no quiere otra cosa que «paz y pan», y con dos grupos de saboteadores intolerantes, los rusos blancos, que no han comprendido que el zar ya no volverá nunca, y los revolucionarios comunistas y anarquistas, que aunque se pelean entre ellos, como el caso de los bolcheviques y los mencheviques, están todos de acuerdo en atacar a Kérenski y a los partidarios de la derecha liberal-burguesa, lo que en Rusia vendría a ser el partido Kadet. Así es muy difícil que las cosas vayan bien.

Y pese a todo las cosas iban bastante bien hasta que Kornílov, un general reaccionario y prozarista, tuvo la brillante idea de intentar dar un golpe de Estado. Entonces Kérenski, que se vio desesperadamente solo, que tal vez por primera vez comprendió la debilidad de su Gobierno, tuvo que recurrir a la ayuda de los comunistas. Para entonces Lenin había dejado de ser una amenaza. Fue Kornílov quien inconscientemente le dio la oportunidad que buscaba desde su llegada clandestina a Rusia (una llegada, propiciada, nunca hay que olvidarlo, por el Gobierno alemán, que además de vencer a los rusos en el frente también hacía todo lo posible por crear inestabilidad y motines en el interior del país). Fue Kornílov quien llevó sin querer al poder a Lenin. A él es a quien no deberían enterrar en una iglesia los popes ortodoxos, además de no enterrarse así mismos, naturalmente. ¿O ellos no tuvieron la culpa de nada, empezando por su gran devoto zar y su gran devota zarina, sus cabezas de la Iglesia? ¡¡Y de Rasputín!! ¿Por qué nadie se acordó de Rasputín?

Sofía Casanova. Foto: DP.
Sofía Casanova. Foto: DP.

Pero claro, una mujer que no quiere ni escuchar que su marido «ha dejado de ser un monarca absoluto desde la Revolución de 1905» (tal como nos recuerda Virginia Cowles en su libro Los últimos zares, del que ya he hablado en otra ocasión), y un marido a quien un ministro muy inteligente ha salvado el cuello una vez y que diez años después, cuando se ve en una situación idéntica, por desgracia para él no está rodeado por ningún ministro inteligente según parece, y que además tiene muy mala memoria y se dedica a disolver todas las Dumas que se van formando hasta encontrar una que no le moleste ni en los asuntos más triviales (es decir, hasta conseguir que la Duma deje de ser una Duma y se convierta en un club de aduladores y de oportunistas), ¿qué capacidad tienen para comprender la situación? No, para eso hay que estar en la calle, y aún así muchos no ven lo que se les viene encima:

Al promediar la mañana de hoy ya se conocía el asombroso acontecimiento: Lenin ha triunfado.

Nos cuenta Sofía Casanova, que lleva días pateando las calles de San Petersburgo. Ella no se sorprende demasiado. «¿Cómo ha podido ser?», se pregunta todo el mundo en su casa. ¿Cómo ha podido ser si los bolcheviques no controlan el Gobierno municipal, si no controlan el Parlamento, si casi ni controlaban hasta hace nada el Comité Central de los Soviets? De todos los que la rodean, nadie parece entender nada. Incluso llegan a decirle que Kérenski va a reunir un ejército y que en unas horas todo se va a arreglar, que el Gobierno «va a hacer lo que tiene que hacer». Y Sofía estaba vez sí se sorprende. ¿Pero qué Gobierno? ¡Si ya no hay Gobierno! ¿Que cómo ha podido ser? Pues poniendo una zancadilla tras otra al Gobierno legítimo, dejándolo vendido ante sus enemigos, dándole la espalda cuando más apoyo requiere. Sofía cuenta los muertos, escribe su diario y calla. Y Kérenski, que a estas alturas anda tratando de salir del país, tal vez se arrepiente de haber sido tan blando cuando no detuvo a los principales jefes bolcheviques porque no quería que sus enemigos «pensaran que estaba tratando de instaurar una dictadura personal», y piensa con amargura que quien le ha dado la patada no va a tener tantos escrúpulos como él.

Un terrible rumor circuló ayer: que Kérenski se había suicidado. Felizmente hoy se desmiente esta noticia, reemplazada por la de que el vencido se dirige a Francia. Ayúdele Dios y proteja a Rusia.

Es curioso que Sofía Casanova se preocupe tanto por Kérenski, en quien ella misma dice no creer, aunque únicamente para añadir a continuación que tampoco cree que Dios vaya a acudir en auxilio de Rusia.

Los protagonistas de la segunda revolución han constituido un Comité revolucionario militar que gobierna. En las esquinas hay proclamas del Comité asegurando a todos los ciudadanos tranquilidad, orden y paz inmediata. Antes de que llegue ese momento han de ocurrir más luchas y verterse más sangre…

Sí, esta mujer tenía muy buena intuición.

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15 comentarios

  1. Lampur

    Pues, como empieza nombrándola, pensaba que el texto iba a explicar un poco quién era Sofía Casanova; pero, aparte de que escribió un libro como testigo de la revolución bolchevista, el autor no nos aclara nada más sobre ella. Menos mal que se puede conseguir información en otras partes.

  2. Pravda

    Debo hacer una corrección en el texto. El general Lavr Kornilov no era prozarista, y su golpe de Esado no pretendía en absoluto la restauración de la autocracia zarista.

    Kornilov era uno de los pocos generales rusos que no provenía de la nobleza (¡y de origen calmuco, además!), por lo que no tenía ninguna simpatía por el zarismo y su sistema aristocrático. El golpe de Kornilov perseguía la imposición de una dictadura militar para «restaurar el orden», frente a lo que veía como el «desgobierno» de Kerensky. En ningún momento comtenpló el regreso de Nicolás II (ni lo quería). Podríamos calificarlo de protofascista si queremos, pero jamás de monárquico.

    • alfonso vila

      Sí, en gran parte tienes razón. Pero que Kornilov no le tuviera gran simpatía al zarismo y a su sistema no quiere decir que muchos zaristas y defensores del régimen derrocado no se hubiesen alegrado mucho si su golpe hubiera tenido éxito. En realidad en muchos casos todos estos «defensores del orden» o «defensores de la patria» acaban provocando eso: la vuelta a lo antiguo, la vuelta a la situación anterior. Ni Franco ni casi ninguno de los generales golpistas eran monárquicos, y sin embargo muchos monárquicos financiaron el golpe y hasta lucharon en sus filas, véase el caso del Dragón Rapide, o del dinero que envió el mismo Alfonso XIII o los hijos de nobles españoles que se alistaron en las filas nacionales, etc…

      Un saludo.

      • Atticus

        Discrepo. Franco sí era monárquico… aunque luego decidió ser franquista y se creyó su papel mesiánico providencialista. Durante el franquismo, los monárquicos constituyeron una de las «familias» o grupúsculos que apoyaban el régimen, gozaron de sus prebendas y nunca le plantearon problemas serios al dictador.

  3. pacopepea

    El problema de Kerenski y su miopia fue continuar a toda costa una guerra en la que Rusia no podia continuar,e intentar reforzarse despues de una hipotetica victoria aliada.Ese empeño fue su tumba politica.
    En cuanto a los dirigentes bolcheviques ,si que eran un grupo de delincuentes,el atraco de bancos era una de sus actividades l,vestidos de cuero negro ,matones que no habian trabajado en su vida,creo que Lenin solo defendio un caso y lo perdio,pero la hambruna siempre trae la revolución.

  4. pacopepea

    Sr Vila por favor quien era Sofia Casanova

    • alfonso vila

      He incluido un enlace de una entrevista a una profesora que ha estado mucho tiempo estudiando su vida. Pinche donde pone «en una entrevista» en texto azul. Aparte de esto, era básicamente una periodista y escritora gallega que se caso con un polaco y vivió y contó en sus artículos para el periódico ABC la revolución rusa. Eso le dio cierta fama aquí en España en su momento. En internet tiene más datos si quiere seguir conociéndola, por ejemplo tiene una entrada en la Wikipedia. Pero también esta:
      http://www.mcnbiografias.com/app-bio/do/show?key=casanova-de-lutoslawski-sofia

      Un saludo.

    • filipus

      No eran delincuentes los dirigentes bolcheviques, pero sí la mayoría del POSDR, desde que dan el golpe de estado. Vean al respecto el libro El mito bolchevique, de Alexander Berkman (http://www.lamalatesta.net/product_info.php/products_id/5082), donde narra su viaje durante 1920 y 1921, «el “terror rojo” de la Checa infecta todo el relato, una pesadilla orwelliana que era un mero síntoma de lo que estaba por venir».

  5. pacopepea

    Agradecido señor vila

  6. manuel veiga

    Sofía Casanova simpatizaba con Hitler y con el fascismo. Este enlace informa bastante sobre su personalidad.

    https://biosbardia.wordpress.com/2014/12/03/o-brazo-ergueito-de-sofia-casanova/

    • alfonso vila

      Desde luego, la misma profesora Rosario Martínez ya lo dice en su entrevista. Pero estamos en 1917, no en 1936.

      Un saludo.

  7. manuel veiga

    Si, son momentos diferentes, pero bien relacionados.
    Sofía Casanova no me parece una fuente minimamente objetiva. No es, ni de lejos, comparable a un Chaves Nogales, anticomunista, pero también antifascista.

    • alfonso vila

      ¡Hombre!, Chaves Nogales es de otra división, por supuesto. Pocos se pueden comparar con él. Pero aún reflejando muy bien el pensamiento de su clase (y en parte gracias a eso), si te lees el libro que cito, o si buscas alguno de sus artículos en las hemerotecas, verás que tiene gran valor histórico, que es lo que cuenta.

      Un saludo.

  8. Eufemístico

    El Dragon Rapide tampoco tiene que ver con la monarquía. Fue un avión adquirido por Juan March, quien era un importantísimo financiero, no un monárquico. March estaba muy por encima de esas menudencias. Iba a lo suyo.

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