
Ferran Barenblit (Buenos Aires, 1968) acaba de desembarcar en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA) como su nuevo director, tras la sonada polémica que precipitó la dimisión de su predecesor Bartomeu Marí. Barenblit habla con exquisita diplomacia matizando y midiendo sus palabras, pero a menudo durante la conversación se embala, sonríe y gesticula haciendo evidente su entusiasmo.
Tu trayectoria está ligada al arte contemporáneo, así que tendría sentido empezar preguntando qué te hizo dedicarte a él…
Tendría que responder mi yo adolescente que estudiaba Historia del Arte… En la facultad solo te enterabas de que había artistas vivos en quinto, era una formación muy convencional en ese sentido. Pero tuve un privilegio muy especial en el año 88: tener acceso a estudios de artistas. Trabajé ayudando a un fotógrafo, Leopold Samsó, y descubrí que había un mundo artístico muy rico en los ochenta: así tuve claro que quería trabajar con el arte contemporáneo. El mapa institucional español no estaba organizado aunque empezara a vislumbrarse, y ni el mapa global ni el mercado eran lo que son ahora. Me sentí privilegiado.
Fuiste comisario en el New Museum de Nueva York como asistente de su directora, Marcia Tucker. Leyendo la necrológica que le escribiste parece que le tenías admiración… ¿Qué aprendiste de ella?
Al mudarme hace poco de Madrid a Barcelona recogí todos mis libros y me reencontré con uno fundamental, su autobiografía como curadora-directora de museo, que se publicó póstumamente: A short life of trouble. Yo empecé como becario en prácticas en el New Museum, y luego me pude quedar dos años. De Marcia lo aprendí todo. Fue extremadamente generosa con quienes pasamos por ahí, nos trató con cariño a muchos barceloneses como Carles Guerra o yo mismo. Aprendí que cada persona que llega a un museo es importante… Todos nos teníamos que sentar como mínimo quince minutos por semana en el teléfono, que sonaba constantemente porque no existía todavía el e-mail, para entender la diversidad de preguntas que podían llegar. Aprendí las extensiones políticas del arte y las artísticas de la política, el sentido de trabajar en una institución en que tiene lugar una extensión de la vida ciudadana.
Más adelante fuiste comisario jefe del Espacio 13 de la Fundació Joan Miró. ¿Cuál de las exposiciones que comisariaste ahí recuerdas como más significativa?
Es difícil… No fui necesariamente comisario jefe, más bien comisario invitado. Fue un modelo que funcionó muy bien en la Barcelona de los noventa: la Capella, la Sala Montcada de La Caixa… Espai 13 solía repetir un poco más a los comisarios que invitaba. Era una escuela maravillosa, una oportunidad global para los que veníamos de otros lugares: Fede Montornés de Grenoble, Mónica Regàs de París y yo mismo de Nueva York… Volví gracias a esa maravillosa oferta. Venía de un museo importante en el mundo del arte pero visitado por un número reducido de personas en Nueva York, nada que ver con lo que es el New Museum ahora. Llegar de repente a un lugar dedicado a públicos menos restringidos, con medio millón de visitantes al año en esa época, fue una oportunidad única de producir en buenas condiciones, trabajar con una atención mediática altísima y recoger el legado de Miró. La Fundación ha hecho siempre muy bien en mantener Espai 13 como un lugar clave en el que experimentar, a veces equivocarse…
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Es una lástima que estas noticias solo se lean en medios como este, y que no ocupen el mismo espacio que ocupa el deporte o la política de poca altura
Una de las razones es porque hemos catalogado la educación y el conocimiento como aburridos, como un grupito que no importa. Ese desprecio nos trae hasta este punto y nos aleja del debate de ideas que importan
Aquí les dejo este link que creo que explica bastante bien lo que comento
http://fullde95.blogspot.com/2014/08/desprecio-al-conocimiento.html
Teorema de pitágoras:
h² = c² + c²
Una de las tantas verdades, cuanto bobo.
Los teoremas matemáticos son abstracciones, modelos deducidos a partir de la observación del mundo. Pero no siempre resulta sencillo asignar valores de verdad a una afirmación. Pongamos por caso la frase «usted es bobo». ¿Es verdad esa sentencia? Hay pistas que lo indican, como el omitir la tilde en «cuánto» o la mayúscula en «Pitágoras». Sin embargo, probablemente sea una frase un tanto injusta. Quién sabe. En cualquier caso, veo dificultades para emplear el teorema de Pitágoras en esa valoración.
Intento encontrar como contestarte, pero lo han hecho tan bien, que solo puedo elogiar a Sendero, y callar.
Pero no me resisto, «usted es bobo», otra gran verdad.
Pensar que estás generando una revolución es lo que me hace venir cada día a trabajar. Posiblemente empiece con algo que ve alguien, quizá joven, que le provoca un pensamiento que pone en marcha otro, que desencadena otro, que activa otro y eso genera un efecto mariposa que acaba convirtiéndose en huracán… La próxima revolución empezó ayer en el MACBA.
¿Le gusta más esta contradicción:«No existen verdades, un museo es un lugar para cultivar las dudas» para llegar a la misma conclusión?
Un cordial saludo.