Santa María de Melque: la búsqueda del tesoro

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Detalle de uno de los relieves del Arco de Tito Soldados romanos con el botín del Templo de Jerusalén
Detalle del Arco de Tito donde se representa el botín del Templo de Jerusalén. Imagen: DP.

Hay tantas leyendas sobre ella que ni siquiera en un artículo de Jot Down seríamos capaces de contarlas todas. Dicen que la fabricó el rey Salomón a instancias del mismísimo Yavé. Unos dicen que estaba hecha de madera de acacia y bañada en oro, otros que tenía trescientas sesenta y cinco patas, una por cada día del año, y que todas ellas estaban cubiertas de esmeraldas y perlas. Otras crónicas la pintan como un espejo. Sea como fuere, todos coinciden en una cosa: en este objeto estaba todo el conocimiento del universo y mostraba todo el pasado, presente y futuro de la humanidad. Y no solo eso, también contenía oculta la palabra que jamás ha de nombrarse pues de ella surge toda la creación: el Shem Shemaforash, el nombre verdadero de Dios. Este legendario objeto no es otro que la llamada «Mesa de Salomón» y, sí, merecería, como ven, una película de Indiana Jones. La Mesa y su mítico periplo desde su construcción. En un primer momento fue depositada en el templo que Salomón había levantado en Jerusalén. Ahí estuvo, junto a otros tesoros sagrados, hasta que Nabucodonosor II arrasa el Templo durante su conquista de Judá. Sin embargo, siempre se contó que los sacerdotes pusieron a salvo todas las piezas. Al Templo volvió tras su reconstrucción por Zorobabel y allí quedó hasta el 70 d. C., cuando el último Templo, reconstruido y ampliado por Herodes, fue arrasado hasta los cimientos por las tropas de Tito Flavio Sabino Vespasiano, más conocido como Tito a secas, durante la llamada guerra judeo-romana. La caída de Jerusalén y, sobre todo, la destrucción del último Templo aún se recuerdan en el Tisah b’Av, día de ayuno con el que los judíos recuerdan «el día más triste de la historia judía». Y aquí tenemos cómo la Mesa de Salomón llega a Roma. Si pasean por el Foro de esta ciudad no olviden visitar el arco de Tito. Levantado para conmemorar su triunfo sobre los levantiscos judíos, en él se representa todo el desfile por las calles de la capital imperial: soldados, cuadrigas, lictores, esclavos… y, cómo no, el botín. Y esta es la parte que nos interesa; si se fijan, verán la menorá del Templo y unas trompetas. Dicen que son las trompetas que hicieron caer las murallas de Jericó en tiempos de Josué. Y la Mesa.

Entre la gran cantidad de despojos, los más notables eran los que habían sido hallados en el Templo de Jerusalén, la mesa de oro, que pesaba varios talentos, y el candelabro de oro. (Relata el contemporáneo Flavio Josefo).

La Mesa y el resto del botín debieron de estar en el templo de Júpiter capitolino. Pero en el año 410 el visigodo Alarico entra en Roma. Fue el primer saqueo de Roma en ochocientos años. Las crónicas cuentan que salieron de la ciudad carros llenos de oro y plata, especias, seda y los tesoros de los templos romanos entre los que se hallaría el antiguo tesoro judío y nuestra Mesa. Carcasona, Rávena, el norte de África… desde entonces las pistas se diluyen y se vuelven todavía más legendarias, y no es hasta la llegada de los musulmanes a la Península cuando sus cronistas vuelven a referirse a la Mesa y al «Tesoro Antiguo de los godos», sito en Toledo, en la no menos legendaria Cueva de Hércules de la ciudad. Llevada por Tariq a Damasco según unos, a Medinaceli según otros, Alcalá de Henares, Jaén, los Pirineos…Unas crónicas refieren la disputa entre Tariq y Musa por ella, otras apuntan que seguramente fue desmontada y fundida debido a su gran valor, otras, que se perdió en alguno de los traslados y algunas más aseguran que la Mesa se salvó, como lo hicieran otros tesoros, escondidos por sus custodios antes de la llegada de los invasores. La lista de los lugares donde se cuenta que puede estar oculta es casi tan larga como la de aquellos que la han buscado: cardenales, sacerdotes, el rey Felipe II y Himmler. En 1940 Heinrich Himmler visitó Toledo con la unidad SS Ahnenerbe, aquella tropa de «científicos» encargada de buscar justificaciones históricas y arqueológicas a las tesis racistas nazis. Esta unidad no solo se encargó de buscar la «herencia ancestral germánica» y de retorcer cualquier evidencia científica al gusto del líder, sino que también se dedicó a buscar reliquias sagradas y objetos míticos por todo el mundo. Algunos dicen que la visita de Himmler a Toledo tuvo que ver con la Mesa, al igual que su visita a Montserrat tuvo que ver con el Grial. Afortunadamente, «los malos» no la encontraron, quizá porque Himmler no buscó en el lugar adecuado, aunque, como verán, estuvo muy cerca. Y es que toda esta introducción y esta breve historia de la Mesa de Salomón no es más que una excusa para enfundarme el traje de Indiana, un Indiana Jones de pacotilla, de saldo y, afortunadamente, sin nazis que nos pisen los talones, y que me acompañen a treinta y seis kilómetros de Toledo capital, a un lugar casi tan misterioso como la propia Mesa. Este lugar es el que muchos señalan como el lugar donde estuvo la Mesa, o por el que pasó, y otros, como el lugar donde permanece oculta desde el s. VIII. Estamos en los Montes de Toledo, en las inmediaciones de San Martín de Montalbán: bienvenidos a Santa María de Melque.

Exterior de Santa María de Melque. Fotografía: Jim Anzalone (CC).
Exterior de Santa María de Melque. Fotografía: Jim Anzalone (CC).

Construida en un paraje dominado por las rocas de granito y por dos arroyos, Santa María de Melque es una iglesia que fue levantada sobre una villa agrícola romana y sobre cuyo origen no se ha conservado documentación alguna. No sabemos quién la hizo levantar ni con qué fin, y tampoco estamos seguros de cuándo se construyó. Sí sabemos que formó parte de un conjunto monacal más amplio del que todavía quedan restos y también que estaba siendo utilizada como establo y pajar cuando en 1907 fue descrita —y, por tanto, «redescubierta»— por don Jerónimo López de Ayala. En 1931 fue declarada Monumento Nacional, pero no fue hasta 1960 cuando comenzó a ser restaurada y dejó de servir para esas funciones.

Se trata de una robusta iglesia de planta cruciforme, con cabecera cuadrada y construida al estilo romano, con los sillares a hueso, es decir, en seco, a la que los añadidos laterales dan aspecto de rompecabezas. Si la construcción nos recuerda a Roma, la disposición del edificio nos transporta al Oriente bizantino. Estas son las cosas típicas de Melque, parecer una cosa y la contraria. Como si jugara con nosotros al despiste. Tampoco en su exterior hay pistas decorativas. No busquen frisos, ni modillones, ni roleos. Solamente los arcos de herradura de los pequeños vanos y el arco, también de herradura, de la puerta occidental, hoy cegado. En su noroeste se asoma una pequeña sala abierta con arcos que se cree zona de enterramientos. En su interior uno se percata del volumen de sus muros, casi tan gruesos como sus años de historia, y ese peso parece también caer sobre nuestros hombros. La monumentalidad de Melque se nos revela ahora: toda abovedada, con un cimborrio sobre el crucero con cuatro ventanales y bóveda de arista. El crucero deja paso a un ancho presbiterio desde el que se abren dos capillas a cada lado, en ambos casos con puertas adinteladas. El ábside, cuadrangular al exterior, se descubre al interior de herradura. Otro trampantojo de Melque. Los espacios vistos en el exterior se repiten en el interior, dando a todo el conjunto un aire laberíntico, casi de desorden. Como única ornamentación, un friso que recorre todo el edificio y restos de una bella decoración de estuco. También destaca en Melque el arcosolio del fondo sur del crucero. Un lugar destinado seguramente al entierro de alguien muy importante del que nada sabemos ni ninguna pista se ha encontrado en las diferentes prospecciones. ¿Fue Melque en origen un mausoleo que nunca llegó a utilizarse? Todos los arcos en Melque son de herradura, también por supuesto los de las bóvedas, pero mientras los de la nave central son de tipo visigodo, el resto lo son del llamado tipo mozárabe. Y aquí tenemos, muy resumido, el debate que lleva girando en torno a Santa María desde su redescubrimiento: mozárabe para Gómez Moreno, que así la incluyó en su magnífico Iglesias mozárabes: arte español de los siglos IX a XI, visigoda para otros autores, visigoda posteriormente reformada para otros, la hipótesis más aceptada es la de un mozarabismo tan temprano que todavía rezuma elementos visigodos. Quizá erigida en el s. VIII, la comunidad religiosa debió de abandonarla en el s. X. En el XI se cree que se instaló una población musulmana que fortificó el conjunto. La torre sobre el cimborrio sería de esta época, convirtiendo así Melque en atalaya defensiva. Pero la discusión sobre Melque continúa y continuará gracias a los muchos estudiosos que han caído bajo su embrujo, dispuestos a desentrañar el misterio. Y precisamente de un misterio he comenzado hablando en este artículo. Bueno, más bien de un tesoro. ¿Qué tiene que ver santa María de Melque con la Mesa de Salomón, se preguntarán? Cuentan las leyendas que hace mucho, mucho tiempo, las ovejas de los pastores desaparecían en las inmediaciones de Melque como si la tierra las tragase. Así se empezaron a elaborar las historias sobre los túneles excavados bajo la iglesia y que llevarían directamente al castillo de Montalbán, a unos diez kilómetros de Santa María. Por favor, no se lo pierdan porque es una de las fortalezas más impresionantes de nuestro país. Se levanta en lo alto de un cortado de más de cien metros de profundidad sobre el río Torcón, desde el que las vistas del paisaje son excelentes. Aunque su origen es árabe, el aspecto y el tamaño de lo que hoy vemos se debe a la obra de la orden del Temple, encargada de su reforma tras la reconquista de Toledo. En esos túneles cuentan que quizá todavía se halle la Mesa de Salomón. Ya, me dirán que solo son leyendas, pero recuerden que otro tesoro, el de Guarrazar, apareció muy cerca de aquí, en Guadamur, perfectamente «empaquetado» en hormigón romano después de que unas tormentas removieran los terrenos de unas huertas. Es lo que tienen los tesoros, que aparecen donde uno menos lo espera.

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Interior de Santa María de Melque. Fotografía: Cenit (CC).

Un objeto peculiar la Mesa. Ni sabemos si llegó a existir, ni sabemos exactamente cómo era y, sin embargo, muchos la han buscado y la siguen buscando, pues quien la posea dominará el mundo entero, aunque otra de las versiones nos recuerda que el día que la Mesa aparezca comenzará el fin de los tiempos. Si esto último fuera verdad, llenar de agujeros Santa María de Melque no nos saldría muy a cuenta, ¿no creen? Precisamente hay tesoros que lo son porque no han sido ni serán hallados jamás. Aunque en este caso el verdadero tesoro es poder disfrutar de lugares como Santa María de Melque y el castillo de Montalbán, recordar todas sus leyendas, su historia, y a los visigodos, mozárabes, musulmanes y templarios que pasaron por ellos. De verdad, hay pocas cosas mejores y más valiosas.

Visitas Sta. María de Melque

Invierno: de miércoles a domingo de 10.00 a 19.00 h

Verano: de miércoles a domingo de 11.00 a 20.00 h

Visitas Castillo de Montalbán

Visitas prohibidas entre el 1 de febrero y el 31 de mayo por protección de la fauna del paraje.

Visitas guiadas (fuera de ese periodo): sábados de 08.30 a 15.00 previa cita.

Tfno. 627 562 921

Visita libre: Aunque es de propiedad privada y el camino se encuentra vallado, es posible acceder a pie al castillo. Siempre que no sea en el periodo vedado.

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5 comentarios

  1. José Luis

    Tras el saqueo de Roma, Alarico va hacía el sur y muere en Cosenza (Calabria). Su tumba, que se supone está en el lecho del río, aún no ha sido encontrada. En ella puede estar mucho de lo saqueado en Roma y la Mesa tal vez.

  2. Parmenio

    Con la historia de la Mesa de Salomón doña Silvia se supera, ha creado el moñequismo sin moñecos. Qué grande.

    He pasado mil veces por la zona camino de Navahermosa y no tenía ni idea de que hubiera una iglesia tan curiosa. Habrá que ir a verla. Mil gracias a la autora y a la Jot Down por el artículo.

  3. Pingback: Santa María de Melque: la búsqueda del tesoro

  4. Richal

    pero por Dios no me deje así, busque los túneles, luche contra los fantasmas que lo protegen y descubra el tesoro

  5. Isidro.

    Conozco los dos lugares, cercanos uno del otro y es verdad, hay temporadas en las que no se puede acceder al castillo. ¿ Protección de la fauna del paraje? Qué risa. Cazadores, pegando tiros cómo locos que casi nos fríen.

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