
Una película cualquiera. Un argumento cualquiera. El protagonista, un varón; quizá abogado, arquitecto, policía. Eso no importa aquí, que continúe la aleatoriedad. En las películas, normalmente, suceden cosas, y a nuestro protagonista le puede suceder de todo. Tiene los «treinta y cinco y pico» de Hugh Laurie cuando vende cremas, o ya es cincuentón, o más allá. Tampoco esto es relevante. En algún momento se nos presentará a su mujer, su amante, su relación complicada (según Facebook), y su mujer, su amante o su relación complicada tal vez sean relevantes en la historia, aunque las probabilidades en este juego azaroso que ahora iniciamos nos inducen a pensar que no, que será el descanso del guerrero, el fiel e incondicional apoyo que acompañará al héroe hasta la meta.
Pero digamos que ella es la piedra angular de todo el cotarro. Sigue sin importar, a efectos empíricos. Ha quedado dicho que al protagonista puede pasarle de todo, no sabemos de qué película estamos hablando, pero esa hipótesis va con matices; puede pasarle de todo y sin embargo las probabilidades de que en su casa le espere una mujer, amante o relación complicada de su misma edad se pagan muy bien en Betwin. Son ínfimas. No, ella no tiene más de treinta, treinta y cinco años. Él le saca media vida, aunque ese dato forma parte de lo accesorio, como aquel semáforo de allí, o los niños que juegan en el parque, o el tren que pasa tronando por Brooklyn. Esa diferencia de edad es un elemento cotidiano, no se subraya en el guion, no se le explica al actor para que le aplique el Stanislavski.
Cambiamos el rollo (en el proyector). Otra película cualquiera. Ahora la protagonista es una mujer que pasa de los cuarenta, quizá incluso ronde los cincuenta si es que se conserva bien. No puede ser mucho más mayor, porque entonces no sería una película cualquiera, sería una película con anciana a bordo. Así que ella tiene entre cuarenta y cincuenta años, y una relación con un hombre bastante más joven. En esta película ese no es un dato accesorio, ese es inequívocamente el único argumento de la obra. La película va de ESO.
Google, enséñame lo que tienes
Clark Gable corría como un tiro para los cuarenta cuando le soltó a Vivien Leigh, que no pasaba de las veintiséis primaveras, aquello de «sinceramente, querida, con tu pan te lo comas», o algo así. A Kirk Douglas lo crucificaron en Espartaco con cuarenta y cinco años y desde la cruz dejaba viuda a una Jean Simmons que acababa de llegar a la treintena pero aparentaba veinticinco. Y quince eran también los años que separaban a James Stewart del peinado barroco de Kim Novak en Vértigo. ¿Hace falta seguir? De acuerdo, podemos venirnos a Europa, aquí nos tomamos las cosas de otra forma, somos los padres de las vanguardias, de la Bauhaus, de las casas de tolerancia… y del cine. Podemos pensar en Michel Piccoli y Romy Schneider, que rodaron juntos media docena de películas. Con ellos nos va a bastar. Claude Sautet los embarcó en dos terceras partes de su trilogía del amor. Schneider fue la puta con derecho a beso en la boca en Max y los chatarreros, y la segunda mujer de Piccoli en Las cosas de la vida. ¿Coetáneos? Parece que no. Michel sigue con nosotros y Romy abandonó el edificio a principios de los ochenta, pero había un trecho de trece años entre el icono nuevaolero y la criatura más hermosa que se ha paseado por una pantalla de cine. Europa is not different.
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Pingback: Mujeres maduras, hombres jóvenes y cine
Las mujeres maduras que van a Kenia se lo montan con negros porque como todas las turistas, se desmelenan cuando están lejos de sus habitats, sus vecinos familiares y amigas de toda la vida que puedan censurarlas. Además, los negros, de los que Kenia está llena, a cambio de poco se prestan a todo con mujeres «maduras». Maduras, sí, pero BLANCAS. Y para un negro esto es la hostia, follarse a una blanca. Además, para una blanca, hacerlo con un negro es poco más que hacerlo con un mulo puesto que la posibilidad de enamoramiento es casi nula. Por eso ni a mi mujer ni a mí, nos quita el sueño que de vez en cuando un negro se la folle.
Prosigue y no cejes, no dejes jamás que la realidad te chafe los prejuicios.
Oye, yo soy negro, ¿ me das el teléfono de tu mujer ?
Así que eres negro, ¿eh? Venga ya, Paco, deja de joder… Sabes que no le gustas a Elvira pero tú, venga a insistir, dale que te pego. ¿Cómo has sabido que era yo…?
¿ Qué como he sabido que eras tú ? hombre, tu apodo te delata.
En realidad, me gusta tu mujer, pero sabes que no le hago ascos a ( casi ) nada .
Chato.
¡Pero Paco…! ¡Nunca habías dicho nada, julandrón!
Muy bueno joder! Un punto más positivo: No será que inconscientemente hacemos a las mujeres depositarias del amor? Como que si dependiese de los hombres correria peligro de desaparecer? Freeeuuuudd
Hombre,eso será positivo desde un punto de vista masculino, porque provoca un gran desequilibrio en las relaciones…
El problema es lo interiorizado que tienen esto las propias mujeres. He leído por algún sitio que «los jovenzuelos es que son muy aburridos»… Bueno, esto difícilmente se lo oirás decir a un tipo de 40 respecto de una de 25. Que le podrá parecer aburrida o no, pero va a lo que va. Y ese es el problema, que no haya más mujeres maduras «que van a lo que van».
Espero que esto cambie, porque entronca con la falacia entre falacias, esa que Fleich apunta: las mujeres = amor, los hombres = polvo puro y duro. Esto es un pedazo de basura, con perdón. Tenemos formas diferentes de vivir la sexualidad, como es lógico, pero la dimensión que le otorgamos al sexo no tiene por qué ser distinta. El placer es el placer.
«El problema es lo interiorizado que tienen esto las propias mujeres. »
¿Por qué es un problema que otras personas tengan una visión distinta de la suya? ¿Por qué presupone que si alguien piensa otra cosa es porque «lo tiene interiorizado»? Es decir, que no es que piense o quiera eso desde su libre voluntad, no, es que «lo tiene interiorizado». Pobre, tenemos que lograr que libremente piense lo que nosotros queremos que piense, ¿No es eso insufriblemente paternalista?
Hombres y mujeres tenemos una forma diferente de ver la sexualidad como bien dices. Eso no es bueno ni malo, simplemente es así. Lo que sí es malo es presuponer que la otra parte está necesariamente equivocada o está haciendo algo mal si no es idéntica a uno. De ahí surgen muchos problemas.
Interiorizar te lleva a decidir, desde luego. Pero primero interiorizas. No obstante puedo estar equivocado y a lo largo de la historia las mujeres maduras han decidido, sin mediar ninguna presión social ni ningún convencionalismo, que no les gusta darse una alegría con un tío mucho más joven. Y esto, de ser así, implicaría también que la mujer no busca el sexo por el sexo, que no se deja llevar por un calentón… Siguen pareciéndome clichés pero, insisto, puedo andar equivocado.
Que no hay presión social? Venga hombre, no me jodas!!
Y haberlas haylas, pero se cuidan mucho de airear su vida privada con amantes jóvenes. Desde luego que toda esta mierda se tiene interiorizada, como otras muchas, pero para eso está la madurez, para desaprender estas cosas y empezar a hacer loque te da la gana.
El rito iniciático de un jovencito por una señora madura tiene mucho morbo.
https://historiasalcalordelbrasero.wordpress.com
Ya estás dando la brasa
Un olvido que trata el tema de pasada no como argumento principal: La fuerza del cariño 2, con Shirley McLaine. Dos maduras de más (una es abuela, la otra casi pero no lo parece por maquillaje, etc) y un sicoanalista joven cuya madre aparece al final y es casi clavada a la protagonista. Pero en ningún caso esas relaciones son el argumento de la película.
Aspiro a ser una joven con un amante mayor y una señora con un amante joven.
¿La sociedad moderna me ha jodido la olla? ¿Soy la única?
Necesitas un muñeco, siempre tendrá la misma edad.
jajajaja
Todo esto que cuentas se llama heteropatriarcado, para resumir.
Ay no mames, por favor!
Una disculpa por mi anterior salida de tono, y aunque Emma no me ha contestado y los moderadores no me han llamado la atención, creo que si es necesaria por mi exabrupto.
Ahora bien, me gustaría aclarar y aumentar un poco mi visión personal. Me parece poco serio y digno de la sección de comentarios de esta página, el señalar la existencia de un heteropatriarcado, que parece el chivo expiatorio perfecto de cierto sector de la opinión pública, el cuál parece dado a la simplificación de los problemas y la demonificación del genero masculino.
Como excepción se puede citar «Solo el cielo lo sabe» (Douglas Sirk, 1955) en la que una cuarentona y no atractiva Jane Wyman y un Rock Hudson en todo su esplendor y con unos veinte años menos, se enamoran de veras. Claro que también hay un inconveniente (y de eso va la peli): la presión social, los convencionalismos empezando por la propia familia de ella, el qué dirán. Pero bueno, al final triunfa el amor.
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que yo recuerdo, en «the mother» (que es cojonuda) la culpabilidad de la protagonista no proviene de zumbarse a un Daniel Craig 30 años más joven que ella, sino de que se supone que es el novio-este-sí-que-es-el-bueno-mami de su desquiciadilla hija. pero si ud. dice que es por las superestructuras del heteropatriarcado, verdad será.
desde luego, la peli no deja títere con cabeza y el momento del descubrimiento del pastel es una de las situaciones más violentas que me he tragado en cine (bueno, esa y la peli de mar flores).
j