Ciencias

Rachel y el agua

Gusano gordiano saliendo del abdomen de un grillo. Foto: Gilles San Martin (CC)
Gusano gordiano saliendo del abdomen de un grillo. Foto: Gilles San Martin (CC)

Los pies de Rachel tocaron la arena húmeda. Hundió sus dedos en la tierra marrón y fría. El lago era grande, cercado por un frondoso bosque de tonos pardos y rojizos. El agua estaba tranquila, de color azul oscuro. El olor a barro, a otoño, a hojarasca y a musgo la envolvía. Dio un paso y sintió el agua fría. Deseaba meterse en ella, comenzó a quitarse la ropa y la dejó descuidada en la orilla. No había traído el bañador, de todas formas deseaba nadar.

Había sido un mes atroz. Mucho estrés, muchas visitas a oficinas, ruidos de teléfono y comidas de reunión. Entre tanto ajetreo se aficionó a las ensaladas para llevar, las que vendían en un local cercano al trabajo. Aquellas verduras eran frescas y sabrosas, realmente parecía verdad que provenían del campo. De algún lugar muy alejado de la gris, contaminada y ajetreada ciudad. Bien lejos, como ella se encontraba ahora.

Se adentró, el frío acarició sus piernas. Se le puso piel de gallina cuando una brisa helada bajó de las montañas, como si no quisiera que entrase. La retó dando un paso y otro más, avanzó decidida. Inspiró fuerte, el agua le llegaba a la barriga y se le encogió. Había comenzado a tiritar, pero al tocar el lago con las manos volvió a sentir el deseo. Se zambulló y al salir dejó escapar el aliento con un grito. Nadó hacia el interior del lago. Con cada brazada que daba temblaba más. Se detuvo un instante, aún hacía pie. Miró a su alrededor, aquello era realmente hermoso, con esos árboles meciéndose y el cielo tan azul. Siguió nadando, más al interior, con cada brazada tomaba una gran bocanada de aire. Finalmente se detuvo exhausta y con los labios morados.

Comprobó que no hacía pie, tiritaba mucho. Tal vez debía volver, pero aún tenía ganas de permanecer en el agua. Entonces sintió un malestar en la boca del estómago, náuseas y se le escapó un eructo. Cuando quiso reanudar le sobrevino una arcada y vomitó el desayuno que había tomado en la mañana. Sorprendida, intentó recuperar el aliento antes de volver a nadar. Una nueva arcada la detuvo, intentó contenerla pero fue imposible. Esta vez no echó comida, pero algo alargado, de tacto liso e insípido había llegado a su boca. Confusa se llevó las manos a la boca. ¿Aquella cosa se movía?

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2 comentarios

  1. ¿A la Rachel del relato no deberían haberle salido los gusanos por el ano? Buen artículo anticipando la temporada de baño.

  2. Cada artículo es un aporte a la variedad del mundo, y aún en modesta medida una pequeña modificación. Creo que en este caso en particular, y a partir de ahora, el mundo para mí será un lugar un poquito más asqueroso.No sé si corresponde agradecer.

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