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Stand by Me: el otoño de la inocencia, o cuando Stephen King escapó de Castle Rock

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Stand by Me, 1986. Imagen: Columbia Pictures.

Stephen King era un autor consagrado en 1982. Sus primeras novelas estaban en las listas de los más vendidos (Carrie, La zona muerta, El resplandor, El misterio de Salem’s Lot…). Intrigado por si este éxito era producto de la publicidad asociada a su nombre, ya había publicado con el seudónimo de Richard Bachman varios libros donde tocaba la ciencia ficción y el posapocalíptico (entre ellos, su primer libro de adolescencia, Rabia, y otros como La larga marcha o El fugitivo). Su agente, Kirby McCauley, le animó a que dejase por un momento el terror y se decidiese por algo menos de género, por si su «encasillamiento» era lo que impedía a la crítica reconocer en él a un autor digno, y no una máquina de hacer libros para grandes audiencias. Esto no lo conseguiría hasta 2003, cuando The National Book Foundation le entregó por fin la medalla en honor a su obra, aunque no sin la indignación de muchas voces autorizadas, que siguen y seguirán creyendo que King, si no es una franquicia de becarios (quien dice becarios, dice simios o inteligencias artificiales) tecleando constantemente para mantener semejante volumen de producción, solo es un escritor que no merece estar entre los grandes nombres de la literatura. Ni siquiera entre los que han logrado que esas voces autorizadas los consideren grandes nombres del género de terror.

Tan interesante discusión se la dejamos a los expertos. El caso es que Viking Press, la editorial de Stephen King, publicó en 1982 una colección de cuatro novelas cortas, escritas en diferentes momentos de su vida, en las cuales había abandonado el fantástico y se internaba en el drama. Un drama, todo hay que decirlo, lleno de elementos inquietantes: lo único que tienen en común Different Seasons (Las cuatro estaciones, Ed. Mondadori, 1992), es que cada relato estaba situado de forma simbólica en una estación del año. El libro, de nuevo, tuvo mucho éxito, y todavía más cuando tres de los textos fueron llevados al cine. Salvo excepciones, las numerosas adaptaciones de King no han sido especialmente felices; sin embargo, las tres películas que salieron de esta antología son de lo mejorcito que se ha hecho con su literatura. Frank Darabont, uno de los directores que más veces y más apropiadamente ha llevado a King al cine, estrenó en 1994 Cadena perpetua, la aclamada versión de Rita Hayworth y la redención de Shawshank, historia de la cárcel de pesadilla y la resistencia de su protagonista principal, incluso, como dice la Biblia, contra cualquier esperanza («Esperanza, eterna primavera» fue la traducción del subtítulo. En 1998, Bryan Singer presentaba su adaptación de la novela corta Alumno aventajado en Verano de corrupción, sobre la insana relación entre un adolescente y su vecino, anciano de pasado inconfesable. El cuento de invierno, que se titula El método de respiración, todavía no se ha visto en cine, aunque dispone de guion y los derechos están comprados para 2017. Quizá porque es el que tiene más de King como autor de lo extraño y porque en él aparece por primera vez el imaginario Club de Nueva York donde los socios se reúnen para contar historias perversas.

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21 comentarios

  1. Bravo. Admito que he llegado a emociarme al final.

  2. bedndbreakfast

    Hermosa película y gran artículo!

  3. Maravillosa revisitación. Leerlo en septiembre con los ojos nublados y gratitud por la lectura

  4. Pingback: Stand by Me: el otoño de la inocencia, o cuando Stephen King escapó de Castle Rock

  5. Excelente artículo, enhorabuena a la autora.

  6. Aurora Azpiazu del Campo

    Que belleza de película! Como me gustaría volverla a ver.
    Precioso tu homenaje, gracias

  7. «Will Wheaton: el único niño de cuenta conmigo al que nadie recuerda» Sheldon Cooper

  8. Béisbol buzones!

    Gran artículo, enhorabuena.

  9. Enhorabuena por el artículo. A pesar de no ser perfecta (ni pretenderlo, es una película pequeña, no intenta cambiar la historia del cine, simplemente contar una historia sencilla) es una gran película. Sin duda, una de las que más me ha marcado. Maravillosa.

  10. Que bonito e interesante. Enhorabuena.

  11. Que bonito! Y que interesante tambien. Enhorabuena!

  12. Stephen King es a la literatura lo que las hamburguesas a la gastronomia, dicho por
    el mismo.

  13. Esta es una de esas películas ochenteras que uno no se cansa de ver!

  14. Preciosa película y precioso relato del tito King. King es muy grande cuando se pone a hablar de lo cotidiano, uno de los mejores escritores de la normalidad. Y de entre todos los libros de este tipo que tiene destaco el relato corto «Corazones en la Atlántida» que me parece extraordinario.

  15. A mí esta película también me marco, además de ser contemporáneo de los actores creo q la película es muy buena, y refleja muy bien muchos de los sentimientos de esa fabulosa etapa de la vida q es la adolescencia

    Felicitaciones por el artículo, yo también me emocioné leyéndolo y recordando la primera vez q ví la película con mis amigos de aquella época

  16. «Cuenta conmigo» entra en ese grupo de películas, con «Grease», «Cadena perpetua», «Los intocables de Eliott Ness», «La gran evasión» o «Bailando con lobos», que cuando un dia das con ella mientras haces zapping no puedes evitar quedarte pegado a la pantalla y verla hasta el final. Te pones a echar cuentas, e igual la has visto ya una docena de veces.
    Es magia, supongo.

  17. Pingback: Stand by Me: el otoño de la inocencia, o cuando Stephen King escapó de Castle Rock (Jot Down) | Libréame

  18. cuenta conmigo

    Película que nos muestra la amistad, la amistad buena, esta que existe cuando tienes 10 o 12 años, donde las conversaciones son absolutamente todas trascendentales e de mucha importancia, donde ir al cementerio del pueblo por la noche es toda una aventura, donde jugar al futbol a oscuras en el frontón de tu pueblo y pegarle una patada a una piedra en vez de a la pelota es lo más doloroso y ameno que te ha pasado nunca, donde ir a un rio lleno de barro a bañarte es mejor que cualquier balneario o «spa», donde hacer una cena con tus amigos que consista en hacer una guerra de comida con la tortilla que ha hecho tu progenitora es el mejor instante que ninguna persona puede imaginar, donde jugar al escondite y ganar es mejor que ganar una medalla en los Juegos Olímpicos, donde los que beben alcohol pudiendo beber batido de chocolate son idiotas y donde, en conclusión, todo cuanto hagas con tus amigos va a ser la superior aventura y más entretenida que vas a tener nunca.

  19. Pingback: 'La sustancia', de Coralie Fargeat: cuestión de ADN - Jot Down Cultural Magazine

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