
Si hay un mundo donde la tradición es ley, ese es sin duda el de las carreras de caballos. Así, las principales carreras del mundo tienen su historia, sus costumbres y sus referentes; el Derby de Epsom (de donde proviene el término «derbi» que ahora se aplica para todo) se viene celebrando desde finales del siglo XVIII en un recorrido tan absurdo como diferente que lo hace tan especial que a ningún dirigente se le ocurriría modificarlo, o las tradiciones del meeting de Royal Ascot, con la llegada de la reina de Inglaterra en carruaje para abrir el evento mientras los asistentes la ovacionan luciendo sus chisteras y pamelas.
Incluso cada carrera tiene sus bebidas «personalizadas», como el famoso «Mint Julep» del Derby de Kentucky, una mezcla de bourbon, menta y azúcar, del que se consumen más de ochenta mil copas durante la jornada de la histórica carrera americana. Y es que cada carrera tiene su personalidad, labrada durante décadas o siglos. Por eso es tan difícil crear carreras de caballos nuevas que se hagan un hueco entre el puñado de pruebas míticas que se disputan a lo largo del mundo.
Por mucho dinero que se ofrezca al ganador, los grandes propietarios siempre suelen escoger la gloria sobre la bolsa, ya sea por su condición de guardianes de la tradición, como puede ser la reina de Inglaterra o la familia real saudí, por su condición de millonarios, como las grandes fortunas históricas europeas, o simplemente porque, de cara al prestigio del caballo cuando pase a ejercer de semental, luce más un entorchado en esas míticas pruebas a la hora de fijar el precio por cubrición. Como ejemplo, desde hace veinte años se celebra en Dubái la prueba mejor dotada del mundo… y, aun así, cada año pierde brillo y fuste y solo la participación de los caballos de su organizador, el multimillonario y hombre fuerte en el Gobierno de Dubái, Mohamed Bin Rashid Al Maktum, consiguen que esta carrera siga estando en la élite de las carreras de caballos.
Por eso, cuando hace un año el magnate tejano Frank Stronach anunció la creación de una carrera con unas condiciones tan novedosas como atractivas, el mundo del turf (como se denomina a las carreras de caballos) no pudo más que mostrar su escepticismo. Y es que sus reglas rompían todo lo establecido. Se fijaba previamente el número de participantes en doce, y cada propietario, tras el pago de un fee de un millón de dólares, preinscribiría a dos ejemplares casi un año antes de la disputa de la carrera. Luego podría vender, prestar, alquilar o compartir su derecho a participar en la carrera con otros propietarios. A su vez, esos propietarios, además del derecho a participar en la carrera y de tener preferencia para las siguientes ediciones, también tendrían una cuota del dinero que se produjera por derechos de televisión, merchandising, monto en las apuestas, etc.
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una historia muy interesante, y eso que mis conocimientos de este mundillo son nulos
me alegro te haya gustado. Y ya sabes, a informate sobre carreras de caballos…
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Fantástico artículo Enrique.
Aquí en España podremos vivir esta noche el espectáculo en el canal Eurosport a las 00:30 ya del domingo.
Y por Gol tv comentado por mi amigo el gran Javier Hernandez!!!
¡Gracias!