
Mi historia se resume así: ahora me escapo, después veremos. (R. Piglia).
No compartí aire con Ricardo Piglia. Jamás le entrevisté. Nunca asistí a una de sus ruedas de prensa —si es que alguna vez hizo algo así—; tampoco acudí a ninguna de sus conferencias. No formaba parte del público que sonreía y tomaba notas en su programa de televisión dedicado a Borges. No fui su vecina, pariente, amiga, su alumna en Princeton. Nunca me tomé un café en una mesa cercana a la suya. Y lo prometo: yo jamás espié a Ricardo Piglia.
Sin embargo, puedo decir que sí lo conocí. Profunda y hondamente. Como un lector devoto retiene a un gran autor. ¿De qué otro modo se puede llamar a esa relación que limita con la obsesión, que araña en sueños, que dura hasta la mañana cuando, bien temprano, antes del vaso de agua, de poner la cafetera, de acudir al jabón, una siente que nada del día que comienza tendrá sentido si no se acerca a las líneas del autor recién descubierto que ha iluminado rincones hasta ahora aciagos?
«No conviene pensar. Hay que tratar de que todo se deslice imperceptiblemente», anotó el escritor argentino Ricardo Piglia en su diario el viernes 10 de junio de 1960. Esta frase está situada en la página 79 de Los diarios de Emilio Renzi. Años de formación, la penúltima obra del escritor publicada en la editorial Anagrama. Esta frase dinamita al resto de expresiones que anteceden y suceden a esas doce palabras. Todavía más: esa reflexión hace estallar —por desprendimiento— las miles de páginas que componen la obra completa de Ricardo Piglia. Y si todo revienta a partir de esta alocución registrada hace cincuenta y seis años es porque Piglia no ha hecho otra cosa en su vida sino pensar. Incluso en los últimos tiempos de su vida, aquejado («embromado», como le gusta decir a él) de una enfermedad atroz —ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica)— contra la que combatió con la sonrisa puesta —según su mujer, la artista Beba Eguía—, Piglia seguía pensando literariamente en una vida que, tristemente, comenzaba a agotarse.
A de Adrogué
Es como la reacción de un gato que da un zarpazo o muerde cuando uno lo pisa sin querer. La memoria funciona de ese modo, uno pisa el pie de un recuerdo y llega el zarpazo y la sangre. (R. Piglia).
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Maria Jesús, muchas gracias por esta lectura de Piglia. Es maravillosa!
Gracias a ti por la lectura. Un abrazo.
Gracias por este homenaje a un imprescindible
Por tanta sensibilidad e inteligencia
Un cálido abrazo
Excelente y justiciero artículo. Hace un año que leo casi diariamente los dos libros que corresponden a los diarios de Emilio Renzi. Estoy muy de acuerdo con la maestría de Piglia. Su narrativa y crítica son manuales de lectura y escritura. Con él también se aprende a leer a Borges.
Tienes toda la razón José. Yo creo que esos diarios son, quizás sin quererlo, su gran obra. ¿No tienes muchas ganas de que aparezcan el tercer volumen? ¡Gracias!
Perdón por la tardanza en contestar. Claro que espero la aparición del tercer volumen que espero que sea pronto.Un abrazo.
Muchas gracias María Jesús.
A ti Emiliano por tu amabilidad. Un abrazo.
Muchas gracias por este maravilloso artículo, no es la primera vez que te leo y me resulta increíble ver lo mucho que coincidimos.Yi también vivo en Valencia y me encantaría conocerte.
Es una ciudad pequeña, seguro que nos encontramos.
Un beso y muchas gracias.
Eduardo.
Hola Eduardo. Una ciudad pequeña pero maravillosa, intensa y floreciente. Allí nos encontraremos seguro. Un abrazo grande, paisano ;)
Un gusto leer artículos como éste, escritos desde la pasión por la literatura y el conocimiento de la obra de Piglia, muchas gracias Maria Jesús.
Gracias a ti, Bandini. Justo eso es lo que contagia Piglia: pasión literaria, ¿verdad? Un saludo.
Piglia: Borges
Una gran equivalencia literaria. Ya casi no es posible comprender el uno sin el otro.
El suplemento Radar dela diario Página 12 publicó una foto de Piglia frente al mar, descalzo, de espaldas al fotógrafo. Te va a gustar.
Gracias Mónica. Ahora mismo la busco. Es una bonita imagen para pensar en Ricardo, ¿verdad? Un saludo.
¡Qué maravilloso artículo! Muchas gracias, por lo que cuentas y por la forma de contarlo.
¡Gracias a ti Virginia por tus palabras y amabilidad!
Conocí a Piglia personalmente aquì, en Venezuela, cuandio ganò el Premio Rómulo Gallegos, y te confieso que describes muy bien todo su tránsito por su vida literaria. E de Excelente para tu texto.
;) Gracias Roberto por añadir esa E. Seguro que en persona era todavía más cautivador. Un saludo.
En la Feria del Libro de no sé que año , le preguntaron a Piglia porquè Borges no habia ganado el Nobel.Respuesta de Piglia : » porque Borges nunca escribiò un libro «Lo entendì tiempo después.
;) Esa es una de sus muchas y maravillosas respuestas. Un saludo.
¿»Extraordinario libro monográfico coordinado por Jorge Carrión»?
Así es: http://www.candaya.com/ellugardepiglia.htm
Gracias.
Quedo felizmente hechizado después de leer este diccionario pigliano, que, igual que Piglia «enseña un modo de leer», me descubre otra manera de disfrutar la literatura de este escritor. Este diccionario es, entre muchas otras cosas, un bello, profundo y honesto homenaje al recién fallecido autor argentino. Va un saludo mexicano
Muchas gracias Alberto por tus palabras. Otro saludo desde España.
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Marìa Jesùs: Me ha emocionado tu artìculo. Soy una argentina enamorada de Piglia y de su obra . Tuve la dicha de escucharlo en una charla que dio en mi facultad, venìa especialmente porque era amigo de nuestra profesora; eran años en que sòlo daba clases en EEUU. Estuve en sus charlas sobre Borges, y en la disertación que dio en el «Encuentro de la palabra» que se hizo en Tecnòpolis en abril de 2014. Fue la ùltima vez que lo vi, estaba bastante enfermo ya. Fue brillante! Realmente, brillante!
Lo leí y lo sigo leyendo. Fue un gran lector y excelente escritor. Agradezco tu nota que es un autèntico homenaje .
(Un detalle «cholulo», si puedo y consigo, usarìa con placer «camisetas con su rostro y su pelo ensortijado estampados en ellas. «)
Ya saliò el volúmen III de sus Diarios.
Gracias por tu artìculo!
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