Arte y Letras Filosofía Historia

Maneras de matar a un hombre

Retrato de Fernando VII (detalle), por Francisco de Goya, ca. 1815.

Si crees que sabes bastante de una época, lee a Fontana. Entonces comprobarás lo equivocado que estás. Un ejemplo de esto se ve perfectamente al enfrentarse a un personaje como Fernando VII, que no pasa precisamente por ser uno de los reyes más brillantes de la historia de España.

Hay cuatro citas de su libro La época del liberalismo (tomo 6 de la Historia de España que dirige junto a Ramón Villares) que tenemos que traer a este artículo, las tres primeras son demoledoras, y reafirman al lector en la idea, bastante extendida, de que Fernando VII era un necio integral. La cuarta cita contradice a las tres primeras y es la que más interesa aquí. Después de leerla se empieza a mirar con otros ojos a este rey, a comprender que la realidad es más compleja de lo parece (como suele suceder, aunque hace falta alguien que te la muestre), y que Fernando VII era más listo y más lúcido (aunque igual de egoísta e hipócrita) de lo que parecía.

Cita uno:

No hace nada, ni lee ni escribe ni piensa.

Cita dos:

Bueno, pero sin instrucción ni talento natural, ni tan solo despierto.

Estas dos citas son la descripción que hace de Fernando VII su primera esposa, la pobre María Antonia de Nápoles, una mujer inteligente que por desgracia (en la historia de España a la ineptitud se le une muchas veces la mala suerte) murió de tuberculosis al poco de casarse.

María Antonia en sus cartas es todo lo sincera que puede ser, y como única virtud de su marido pone su carácter «bueno», pero los franceses que lo custodiaban (o que hacían como que lo custodiaban, porque él no parecía tener la menor intención de escapar) en el palacio de Valençay, durante la guerra napoleónica, no ven ni siquiera esa posible bondad cuando lo describen: «No se le conocen ni vicios ni virtudes». A lo que añaden que se pasa el día sin hacer nada, y que el palacio está lleno de libros pero no se le ocurre jamás coger alguno. Vamos, que es un soso de cojones, un tío aburrido y nada interesante, y desde luego ignorante como él solo.

Pero luego viene la cuarta cita y es cuando el lector pone a prueba sus prejuicios. Cuando el libro de Fontana marca la diferencia con los otros libros. Cuando se nos muestra a un personaje que se preocupaba por el gobierno, aunque para él el gobierno fuera simplemente mantenerse en el poder, y, sobre todo, que sabía bien qué convenía hacer en cada momento y quién tenía que encargarse de cada asunto. Y todo eso se extrae de una simple frase, que pronunció el mismo rey en persona, hablando de uno de sus principales verdugos. Un tal «Conde de España» (el título no puede ser más apropiado) que se dedicaba a ir matando a todos los traidores que pillara, ya fueran liberales o ya fueran protocarlistas. Cuando le reprochan su crueldad y sus curiosos métodos (el tal conde por lo visto era bastante sádico, además de borracho, maleducado, irreverente y unas cuantas cosas más), el rey, tranquilamente, contesta:

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2 comentarios

  1. Liberal, liberal, liberal… repitase hasta que un mareo complaciente le llene los pulmones y el tracto intestinal; luego despidase de una conciencia plena y conviertase en europeo a tiempo completo.

  2. Muy buen artículo.

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