
Al principio del juego la historia lo es todo. Cuando estás llegando al final la historia no es prácticamente nada. La experiencia se ha destilado en gameplay puro.
Jordan Mechner sobre Prince of Persia.
En la comunidad de Chappaqua, en la ciudad de New Castle, un chaval llamado Jordan Mechner fantaseaba con encarrilar su futuro hacia ser escritor, animador o director de cine. Pero todos sus planes cambiaron de rumbo con un volantazo cuando el zagal se tropezó con un microordenador, concretamente con un Apple II, durante sus años de instituto. Mechner se obsesionó con el cacharro y las posibilidades que ofrecía para crear contenido si uno dominaba el lenguaje BASIC que parloteaban ese tipo de máquinas. Con catorce años el chico ya demostraba tanta soltura con el código como para comenzar a publicar sus propios programas en el magazine Creative Computing, una revista fundada en 1974 que había sido pionera en cubrir el mundo de los ordenadores domésticos. Mechner se convirtió en el colaborador más joven que había tenido nunca la publicación.
Pero publicar columnas de programas en una revista estaba muy lejos del objetivo principal de Mechner, porque él se había metido en el mundo de la informática para crear sus propios juegos, para parir sus propias aventuras. «Los juegos eran el único tipo de software que me interesaba. No acababa de verle la utilidad a un procesador de textos o una hoja de cálculo». Decidido a colarse en la industria del entretenimiento, Mechner puso el ojo sobre una compañía americana de nombre sospechoso, Brøderbund Software, que había conseguido enviar a medio país a batallar en las galaxias.
Las guerras clon
Los hermanos Doug, Gary y Cathy Carlston fundaron su propia compañía de videojuegos en 1980 y la bautizaron con una palabra, brøderbund, que significaba ‘banda de hermanos’, aunque no existía en ningún idioma conocido e incluía un cero entre sus letras: era un nombre que había nacido de remezclar el idioma danés con el alemán y el sueco, porque los hermanos sentían fascinación por los lenguajes y disfrutaban mucho con los malabarismos lingüísticos. Poco tiempo después de su fundación, a Brøderbund Software las cosas no le iban demasiado bien, no ganaban suficiente dinero ni para comer (literalmente, se conformaban con llenar el estómago tres veces a la semana) y no tenían ningún bombazo en su catálogo. De repente, cayó en sus manos un programa llamado Apple Galaxian desarrollado por una compañía japonesa (Starcraft) que quería hacerse las Américas. Se trataba de un clon perfecto y descarado de la recreativa de marcianitos Galaxian que había creado otra compañía japonesa (Namco). Doug ha llegado a jurar y perjurar que no tenía ni idea de la naturaleza de fotocopia de Apple Galaxian porque la información en aquellos años era escasa. La compañía americana tuvo suerte de que también fuesen escasos los abogados especializados en plagios dentro del mundo de los videojuegos, porque aquel videojuego era una sodomización de la propiedad intelectual tan desvergonzada que incluso llevaba el nombre del original en el mismo título.
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Uno de los juegos más maravillosos jamás creados.
Buena currada, Krad! Magusto lo que he leído. Y el video ese, con los movimientos del príncipe… Casi se me saltan las lagrimicas. Saludos!
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Excelente artículo.
El Prince of Persia es uno de los juegos que recuerdo con más cariño y es cierto que no se parecía a nada de lo que había visto antes. Cuando el protagonista se caía a las cuchicllas sentías daño de veras.
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