Deportes

De Chaplin a Kaepernick

Eli Harold, Colin Kaepernick y Eric Reid arrodillados, 2016. Foto: Nhat V. Meyer / Cordon.

Agosto se acaba y el calor sigue apretando en San Diego, California. El sol ya se ha ido y las gradas están llenas. Es el último partido de la pretemporada y es especial. La gente tiene ganas de football, y de gritos, y de patria, y de levantarse de su asiento con una cerveza en la mano y soltar algún eslogan. De momento, los prolegómenos; la banda de música ha tocado himnos militares durante casi una hora, dos paracaidistas se han descolgado del cielo portando los símbolos de la Marina de los Estados Unidos y un oficial del Ejército se dispone a entonar el «The Star-Spangled Banner», el himno nacional, a capela. Setenta mil espectadores se ponen de pie, en sus blancas piernas la gran mayoría; más de cuarenta atletas se mantienen erguidos, en el césped, donde el color que predomina en los músculos es el negro. Decenas de soldados sostienen una bandera gigante sobre el césped. En uno de los fondos se despliega una pancarta: «Thank you, military». Hay un silencio emocionado y el oficial Steven Powell toma el micrófono y empieza a cantar.

Pocos se dan cuenta de lo que está ocurriendo sobre campo, pero de las gradas arrancan algunos abucheos. No es algo normal. Los jugadores son muchos, grandes y acorazados, y no es fácil distinguir a uno de ellos que permanece unos centímetros por debajo de sus compañeros. Es Colin Kaepernick, el quarterback de los 49ers, su mejor jugador, y también el más señalado. Hoy se arrodilla mientras suena el himno, un gesto político que muchos estaban esperando. Unos días antes comenzó su protesta sentado, y dijo que seguiría con su denuncia por la violencia policial contra los negros del país. Fue muy criticado. El himno no se toca en la gran nación. Este nuevo gesto —rodilla derecha al suelo, mirada baja, los brazos sobre la rodilla izquierda— se lo propuso su compañero Nate Boyer, exmilitar y blanco, y la idea triunfó en la cabeza de Kaepernick. Y Kaepernick no está solo: su compañero Eric Reid también se arrodilla a su lado.

El 8 de septiembre arranca la temporada y el gesto se reproduce en muchos otros estadios de la NFL. El patrón coincide: jugadores negros escuchan el himno con la rodilla en el suelo, el público abuchea y los noticieros debaten sobre la falta de respeto al emblema nacional. La polémica crece; las redes se llenan de defensores e indignados, de #TakeAKnee; opinan periodistas y políticos, el reverendo Jesse Jackson, los propietarios de las franquicias y el futuro presidente Donald Trump.

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3 comentarios

  1. Lo que demuestra a las claras esta historia es, primero que intentar luchar contra la oligarquía económica capitalista con sus mismas armas tiene mal final. Segundo que esa oligarquía económica no dejara pasar la oportunidad de transformar una protesta política en un articulo de consumo para su mayor enriquecimiento. Es decir desactivan la protesta tanto eliminando el mensaje como en una segunda fase banalizándolo y descontextualizándolo.
    Todo esto sea dicho en el gran país de la libertad, la libertad de comprar. De comprar si puedes claro, y esto incluye tu salud.

  2. Una puntualización un poco petulante. Inicialmente Kaepernick dejó de jugar por paquete. Antes de la protesta (estoy hablando de un par de temporadas) ya había un serio debate sobre si su fulgurante temporada de la Superbowl no había sido más que la típica temporada en la que se alinean las estrellas.

    Ahora bien, pasó el tiempo y en su lugar jugaba Blaine Gabbert (un paquete aún mayor) y a lo largo y ancho de la NFL se firmaban contratos millonarios de quarterback titular a auténticos inútiles claramente peores que Kaepernick. Y ahí teniamos a gente como Brock Osweiler, Brian Hoyer o Blake Bortles siendo titulares.

    Equipos que acuciados por las lesiones sacaban a jugar al primer tuercebotas que pasaba por ahí y en ese momento quedó claro que Kaepernick estaba siendo boicoteado. No, Kaepernick no es un jugador élite ni nada que se le parezca pero para ser un suplente más que competente o titular en un equipo bien entrenado (como cuando brilló en SF) daba más que de sobra.

    Quizá ese es el problema de Kaepernick, nunca fue lo suficientemente bueno para quitarle las dudas a mucha gente de que fue boicoteado. Su merecido paso al banquillo dio coartada para justificar su no vuelta al emparrillado cuando hubo un sitio para él.

  3. Pingback: Los indios que inventaron el fútbol americano – El Sol Revista de Prensa

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