Grandes éxitos del efecto Streisand

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Glenn Beck. Fotografía: Gage Skidmore (CC).

Los responsables de la web California Coastal Records Project, una premiada base de datos fotográfica dedicada a documentar la erosión de la costa californiana, recibieron en febrero del 2003 una curiosa misiva firmada por los abogados de Barbra Streisand. En aquella carta, los representantes de la cantante amenazaban a Kenneth Adelman y Gabrielle Adelman (las personas detrás de California Coastal Records Project) con severas demandas económicas si no retiraban de la página las fotos aéreas en las que aparecía la mansión que Streisand poseía en Malibú.

Los abogados alegaban que aquellas instantáneas suponían una invasión de la privacidad de la estrella y, tras nuevas cartas intimidatorias, acabaron presentando una demanda oficial amparada en la ley anti-paparazzi donde solicitaban una compensación de «no menos de diez millones de dólares más todos los intereses pre y posjuicio en la tasa máxima permitida por las leyes». Los Adelman decidieron no retirar las fotos para no comprometer la integridad de su proyecto científico y comenzaron a hacer público todo el asunto al considerar que la cosa se estaba saliendo de madre. De repente, la noticia se hizo viral y rebotó en la cara de Streisand de manera asombrosa: aquella imagen de su residencia en Malibú (una de tantas dentro de una base de datos de doce mil fotos) solo había sido descargada hasta entonces por seis personas (siendo dos de ellas los abogados de la propia Streisand), pero cuando la pataleta se convirtió en noticia la misma instantánea se transformó en un imán para curiosos recibiendo la visita de más de cuatrocientas mil personas durante las semanas posteriores.

La foto que Streisand no quería que nadie viese se había convertido en la foto que todo el mundo había visto, pero aquello no habría ocurrido si la artista se hubiera estado quieta en primer lugar. Tras todo el cachondeo y el revuelo mediático, la demanda fue desestimada y la cantante tuvo que pasar la tarjeta de crédito para pagar los honorarios legales de Adelman, que sumaban más de ciento cincuenta mil dólares.

Si eres un verdadero fan de Barbra Streisand, ahora mismo tendrás los ojos cerrados porque ella no quiere que veas esto.

Unos cuantos meses después, un bloguero llamado Mike Masnick decidió que sería hermoso acuñar el concepto «efecto Barbra Streisand» para referirse a todas aquellas acciones que al intentar ocultar desesperadamente algo (que previamente había pasado completamente desapercibido) lograban que todo el mundo fuese consciente de su existencia, catapultando el interés por lo vetado de manera desproporcionada.

The spear

Jacob Zuma ejerció como el cuarto presidente de la República de Sudáfrica entre 2009 y 2018 y supuestamente como persona en algún momento indeterminado del tiempo. Estamos hablando de alguien que casualmente vive rodeado de escándalos de corrupción y alardea de gozar de un harén personal de esposas y novias gracias a su polígamo estilo de vida. También es aquel hombre que mientras estaba siendo juzgado por violación declaró ante el tribunal que después de mantener relaciones sexuales con la mujer que le había denunciado se había «duchado para prevenir contagiarse de sida». En el mundo del humor gráfico, el humorista sudafricano Zapiro aprovechó lo ridículo y terrorífico de aquellas declaraciones para convertirlas en un running-joke: en sus viñetas, Zuma siempre aparecía con una ducha incrustada en su cabeza.

Viñetas de Zapiro feat. Zuma con ducha incorporada.

En 2012, el artista sudafricano Brett Murray inauguró en Johannesburgo la exposición Hail to the Thief II. Una colección de trabajos propios entre los que se encontraba el cuadro titulado The Spear, un retrato de Zuma que imitaba el estilo del cartel Lenin vivió, Lenin vive y Lenin vivirá de Viktor Semenovich Ivanov añadiendo al conjunto un colorido detalle: en la versión de Murray tanto el pene como los testículos de Zuma también estaban dibujados, asomando alicaídos a través de su bragueta.

The Spear. Es como jugar a ¿Dónde está Wally? pero con un 100% más de embutido de líder africano.

Aquel retrato burlesco calentó a Zuma y a los miembros del Congreso Nacional Africano —que casualmente también presidía—, desencadenando una serie de amenazas poco veladas, demandas judiciales para retirar la pintura de la exposición y llamadas al boicot sobre aquellos medios que reprodujesen la imagen en sus páginas o en sus informativos. Un miembro importante de la Iglesia Bautista de Nazaret incluso llegó a sugerir que lo más conveniente y civilizado sería apedrear al autor del cuadro hasta la muerte. La insistencia obsesiva por parte del propio Zuma, y de todos los miembros del Congreso Nacional Africano, en ocultar la existencia de una obra menor que no habría tenido repercusión alguna provocó que todo el mundo tuviese interés por ver la pieza de Murray. Gracias a todo aquello la imagen de Zuma y su salchicha se coló en las portadas de las noticias, las cabeceras de los informativos e incluso se ganó el derecho a tener una extensa entrada propia en Wikipedia. Una coronada por aquel The Spear que Zuma no quiere que vea nadie.

Fawlty Towers

John Cleese construyó la comedia Fawlty Towers basándose en un personaje que tuvo la desgracia de conocer en la vida real: Donald Sinclair, el dueño iracundo, excéntrico e intratable de un hotel donde los Monty Python se alojaron mientras rodaban el Flying Circus. Sinclair falleció en 1981, siendo recordado popularmente —gracias al éxito del programa— por la versión caricaturizada que Cleese interpretó en pantalla. Y treinta años después de la emisión de Fawlty Towers, su viuda, Beatrice Sinclair, acudió a los periódicos para limpiar el nombre del marido desaparecido y condenar que un cómico hubiese convertido a su «héroe de guerra» (Donald participó en la Segunda Guerra Mundial) en un «chiste con patas». Pero aquellas declaraciones, en lugar de adecentar la figura del finado, solo lograron desatar sobre ella una borrasca desagradable: tras la intervención de la viuda, varios testigos y exempleados de Donald Sinclair también se presentaron en el periódico para confirmar que el hotelero era un auténtico cabronazo y Cleese en realidad se había quedado corto.

I can feel your halo (halo) halo

En 2013, Beyoncé se subió al escenario de la Super Bowl para ofrecer un show muy espectacular, y durante el evento le sacaron muchas fotos, como les sucede a todas las personas famosas. Entre todas aquellas instantáneas unas cuantas captaron a la artista en poses poco favorecedoras y potencialmente graciosas, como nos sucede a todos. Y algunas de aquellas imágenes acabaron formando parte al día siguiente de una entrada en la web BuzzFeed donde se reverenciaba la ferocidad de la artista a base de fotografías y gifs animados del evento, como les suele suceder de tanto en tanto a las estrellas.

Lo que no suele ocurrirle a todo el mundo es lo que vino después: la publicista de Beyoncé se puso en contacto con BuzzFeed solicitando amablemente la retirada de la web de ciertas fotos de la cantante que encontraba poco favorecedoras. Una petición a la que desde BuzzFeed respondieron exhibiendo la carta de la publicista junto a las instantáneas de la discordia. De aquel modo, lo que hubiese sido una mera anécdota sin recorrido más allá de algún especial casposo de la Cuore se convirtió en un fenómeno popular cuando medio planeta se animó a tunear tirando de Photoshop las fotografías más graciosas del concierto.

Para esto se inventó internet.

Bonus track: En 2016, Axl Rose comenzó a deslizar notitas a Google solicitando que diversas fotos de su persona fuesen retiradas de la circulación. Se refería a una serie de instantáneas tomadas durante un concierto de Guns N’ Roses que evidenciaban cierto sobrepeso en el líder de la banda. Unas imágenes que habían acabado dando lugar a un meme internetero conocido como «Fat Axl» y basado en estampar sobre el cantante canciones del grupo reescritas añadiendo referencias a comida. Como era de esperar (por todo el mundo menos por Axl), la pataleta del hombre no solo no logró eliminar las fotos de internet, sino que provocó que el meme en cuestión (que se había originado seis años antes) se volviera a poner de moda.

Estas letras falsas siguen siendo mejor que todo el Chinese Democracy.

Glenn Beck

En 2008, durante un programa de Comedy Central dedicado a meterse con el encantador Bob Saget, el apuesto comediante de voz aflautada conocido como Gilbert Gottfried agarró el micrófono para rogar a la audiencia presente que no hiciesen caso de «aquel rumor donde se insinúa que Bob Saget violó y asesinó a una chica en 1990». La gracia de aquella salvaje broma de Gottfried no se basaba en que Saget hubiese sido en algún momento acusado de un crimen similar, sino en que dicho rumor nunca había existido ni ninguna acusación parecida había sido realizada, al menos hasta que Gottfried hizo la broma.

Glenn Beck es el presentador y mandamás de un programa radiofónico para cuyo nombre no se rascó demasiado la cabeza: The Glenn Beck Radio Program. Beck también es un personaje que lo tiene bastante fácil a la hora de convertirse en diana de las burlas: republicano hasta hace poco (desde 2014 se declara independiente, pero nadie se lo cree del todo), ultraconservador desde siempre, y muy amigo de ese periodismo psicópata y agresivo basado en inventarse datos y supuestos hechos para acabar condenando a los contertulios que sean incapaces de probar que no son ciertos. Un hombre que en menos de un minuto logró hacer el ridículo en televisión gracias a una pizarra, un supuesto mensaje oculto y un analfabetismo maravilloso que convirtió aquella escena en un fabuloso sketch cómico. Porque esto ocurrió en televisión en un programa serio:

Lo mejor de todo es que, cuando el espectador cree que Beck se ha dado cuenta de que falta una «c», el hombre se marca un twisted ending metiendo la pata hasta el fondo.

Aquella criatura televisiva estaba condenada a ser carne de parodia. Jon Stewart y Stephen Colbert lo convirtieron en objeto de chiste, Cartman mutó en un clon del presentador (pizarra incluida) en el capítulo «Baila con los pitufos» de South Park, Jason Sudeikis lo interpretó en Saturday Night Live, el magacín satírico The Onion publicó una noticia no relacionada con el presentador rematándola con un «la víctima del accidente de tráfico desgraciadamente NO ha sido Glenn Beck» y los cafres del periódico alternativo The Beast definieron su programa de manera soberbia: «Es como si hubiesen agarrado a uno de esos vagabundos que llevan una pizarra anunciando el fin del mundo y le hubiesen dado un programa tras afeitarlo y ponerlo hasta arriba de Zolot».

En internet, la gente comenzó a comparar el estilo de las entrevistas de Beck con aquella broma tan bestia de Gottfried sobre el pasado de Bob Saget y el nombre de Beck se convirtió en un meme muy poco sutil. En 2009, un caballero llamado Isaac Eiland-Hall registró el dominio «GlennBeckRapedAndMurderedAYoungGirlIn1990.com» y aquello provocó que el presentador enviase a una tropa de abogados a batallar por su cierre. Las denuncias por difamación no funcionaron, y Beck acudió con muchos papeles en la mano hasta la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) para presentar una querella alegando que Eiland-Hall estaba utilizando su nombre sin tener los derechos de copyright necesarios para hacerlo. Pero en la OMPI desestimaron la demanda y le comentaron que se bajase de la parra. Tanta tontería por querer cerrar una página de nombre estúpido para salvaguardar el honor ocasionó que el asunto se convirtiese en titular en las noticias y las desventuras de Beck en un nuevo chiste que los internautas abrazaron con más fuerza y ganas. Hasta el más casero de los vídeos que bromeaba sobre el asunto está salpicado por cientos de comentarios de usuarios parodiando el cuestionable estilo periodístico de Glenn Beck.

P.V.N.I.

En 2006 el mundo paralelo virtual del juego Second Life era de lo más cool, hasta el punto de que los habitantes de sus poligonales y feas localizaciones contemplaron cómo en ellas se puso de moda el celebrar conciertos virtuales, exposiciones artísticas, iniciativas educativas, reuniones temáticas o cualquier tipo de evento al que pudiese asistir un avatar. Entre aquellos actos, CNET programó una entrevista en directo a Anshe Chung, la encarnación virtual de Ailin Graef, una famosa usuaria que se había convertido en emprendedora fructífera a base de idear iniciativas con las que cosechar dinero dentro de Second Life. Pero la celebración de dicha entrevista se vio boicoteada por una tropa de troles que hicieron lo que hace la mayoría de los varones imberbes cuando descubren internet: sacarse el pito. Por el escenario del encuentro virtual con Chung comenzó a desfilar una colección de penes bailarines que obligaron a reubicar la entrevista y acabaron por colgar el simulador. Cuando el vídeo de lo ocurrido llegó a internet, el marido de Chung se dedicó a solicitar que alojamientos como YouTube o Something Awful lo retirasen de entre sus contenidos alegando (inexistentes) violaciones de copyright. Pero aquello solo obtuvo como resultado el efecto contrario, convertir una anécdota consumada por un puñado de idiotas en un efecto Streisand.  

Cienciología

A principios de 2008, algún anónimo creyó que era conveniente filtrar en internet un vídeo de diez minutos de Tom Cruise enfundado en un jersey de cuello de tortuga, hablando sobre las bondades de la cienciología (utilizando términos propios de las enseñanzas de aquella religión de broma, cosas como «PTSP», «KSW» o «SP») mientras la música de Misión imposible sonaba de fondo en un loop especialmente cargante. Se trataba de un metraje extraído de los vídeos de adoctrinamiento/promoción/lo-que-fuese oficiales de la Iglesia de la cienciología, y cuando se extendió la noticia de que la organización estaba dedicándose a intentar eliminar el clip de internet, el asunto se convirtió en un tema de interés popular que ocupó titulares en New York Post, The Times, Gawker y cadenas como Independent Television News o la BBC. A día de hoy es posible localizar el vídeo y pasar un mal rato contemplando a Cruise con tan solo efectuar una búsqueda sencilla en Google.


Tom Cruise unleashed.

Bonus track: En 2011, un periodista de The New York Times Magazine preguntó a Trey Parker y Matt Stone si habían logrado averiguar quién había forzado a Viacom para prohibir la emisión del capítulo de South Park titulado «Atrapado en armario», que se mofaba sin demasiadas sutilezas de Tom Cruise. La respuesta de los responsables del show fue directa: «¿Quién va a ser? ¡Tom Cruise! Y fue tremendamente estúpido por su parte, porque aquello solo logró que mucha más gente quisiera ver el capítulo».

09 F9 11 02 9D 74 E3 5B D8 41 56 C5 63 56 88 C0

En abril de 2007 una conga de números y letras comenzó a asomarse, tímidamente y con cara de estar escondiendo algo, por numerosas páginas web: «09 F9 11 02 9D 74 E3 5B D8 41 56 C5 63 56 88 C0». Una secuencia hexadecimal de 128-bit, descubierta por los amigos de husmear entre el código ajeno, que representaba una processing key capaz de permitir a los mañosos saltarse ciertas protecciones de todos los HD DVD y Blu-ray producidos hasta el momento. Cuando en la AACS LA (o Advanced Access Content System Licensing Administrator, los encargados de elaborar los sistemas anticopia de HD DVD y Blu-Ray) descubrieron que aquellos números campaban alegremente por internet, optaron por aliarse con la Motion Picture Association of America para amenazar con querellas a todos aquellos que habían reproducido la key, considerando que la secuencia hexadecimal era un número primo ilegal.

El cabreo de la AACS LA era lógico teniendo en cuenta que un usuario había desvelado en cuestión de semanas una clave que a ellos les había costado años elaborar, pero las formas a la hora de intentar minimizar los daños no fueron las más inteligentes. Entre los diversos dominios que recibieron las advertencias de AACS LA se encontraba Digg, un portal de ciencia y tecnología que decidió ceder a la presión de la compañía, eliminar todas las noticias relacionadas con el tema y banear a todos los usuarios que se divertían copypasteando el temido número en los comentarios.

El sometimiento de Digg a las presiones externas cabreó bastante a medio internet y convirtió la reproducción de aquella secuencia de números en un deporte muy popular: la clave brotó por los rincones más diversos de la red en forma de posts enfurecidos, encuestas inocentes («¿Cuál es tu número favorito?»), entradas en blogs, fanarts, canciones dedicadas, merchandising, tatuajes y una cantidad infinita de memes. Se llegó incluso a idear una bandera (denominada «Bandera de la libertad de expresión») cuyos colores en realidad se correspondían, en su codificación RGB, con la secuencia hexadecimal del número prohibido. Ante la tormenta de mierda, en Digg decidieron recular y prometieron no volver a vetar la cifra hexadecimal ni a aquellos que se presentasen en el lugar acunándola en los brazos. Desde entonces, la AACS LA se ha dedicado a elaborar nuevas keys, pero el hecho de reventarlas (algo que ocurre con frecuencia) ha dejado de ser noticia en la actualidad. Eso sí, gracias a toda la fiesta con el número prohibido, la empresa de sistemas anticopia puede alardear de todo un logro: desde Perdidos nadie había conseguido que tanta gente memorizara con eficacia un número que en la práctica no tenía sentido alguno.

Choose your meme.

No leas esto

A mediados del siglo XVI la Iglesia católica elaboró un compendio de libros prohibidos y considerados lecturas perniciosas para la fe, el Index librorum prohibitorum. Una lista oficial de cosas que uno no debería leer, una propuesta que contó con más de cuarenta ediciones diferentes desde su creación en 1564 hasta su abolición en 1948, y en la que se vetaban los trabajos de gente como Jean-Paul Sartre, René Descartes, David Hume, Marqués de Sade, Victor Hugo, Émile Zola, Honoré de Balzac o Thomas Hobbes, y obras específicas como El lazarillo de Tormes, Crítica de la razón pura, Madame Bovary o El contrato social. Evidentemente, aquel libro resultó ser mucho más útil de lo que nadie hubiese imaginado: la gente más ilustrada se acostumbró a considerarlo como una lista de lectura, y los editores más cucos lo utilizaron a modo de guía para imprimir sus futuros best sellers.

Index librorum prohibitorum, el Qué leer del S XVI.

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5 comentarios

  1. Antton SC

    “Running-joke”, “twisted ending”, “processing key”, “fanarts”… pon no hablar del “copypasteando”, aparte de otras cuantas palabras sueltas más conocidas…

    Admiro esta web y creo que muchos de sus artículos son muy buenos, pero si para leer un texto en castellano tengo que acabar usando un diccionario de inglés, apaga y vámonos. ¿No deberíais ser los escritores en la lengua de Cervantes los principales interesados en conservar el idioma? No soy un pureta, vocablos como “meme”, “gifs”, etc. ya se han popularizado por razones obvias pero ¿es necesario escribir varias veces “show” existiendo “espectáculo”, “función”, etc.?

    • No solo eso. Me da dentera ver eso de “jersey de cuello de tortuga”, que toda la vida ha sido ” cuello cisne”. Para una cosa que está en español, es traducción literal. No pretendo machacar al autor, solo decirle que el artículo es bueno pero sería mejor cuidando un pelín más los fundamentos.

  2. Completamente de acuerdo con el vecino de arriba.Ya no recurro al mataburros porque pierdo el hilo, pero no es justo que tenga que imaginarme cuál es el significado dentro del contexto. Recuerdo a mi viejo profesor de la primaria, apasionado por la enseñanza (de apellido italiano, ndr) casi en estado de trance, con los ojos perdidos, talvez tratando de materializar al Don Quijote y su prosa, que nos decía; Muchachos, el español es RIIICO en expresiones idiomáticas. Por lo demás, excelente divulgación. Da gusto de vez en cuando comprobar que a algunos vanidosos, ricos y fanfarrones les sale el tiro por la culata. A cada chancho le llega su San Martín.

  3. Tergiversador de Enredos

    En España tuvimos un caso similar este mismo año. Fue durante los Carnavales de Cádiz, cuando una chirigota hizo mofa (la llamaron “horrenda”), en una de sus coplas, sobre la apariencia física de la hija de cierta famosilla. Una mofa que puede parecer bastante cruel si se descontextualiza, pero que en su contexto no era para tanto, y habría pasado desapercibida más allá de la vigencia de la chirigota en el concurso.
    Pero la chica se mosqueó tanto que envió a los abogados, solicitando nada menos que la retirada de la chirigota del concurso y una multa considerable.
    Desconozco dónde habrá quedado el tema legal, pero lo que sí que consiguió fue que las mofas se multiplicaran ya en el propio concurso, y que el vídeo con la actuación original tuviera miles de visualizaciones más que las que hubiera tenido en condiciones normales.

  4. En 1998 el gobierno Iraní lanzó una fatwa contra Salman Rushdie por los Versiculos (o versos como se le denomina ahora) Satanicos creando un pelotazo literario bestial de un libro en principio destinado a tener un recorrido literario modesto y convirtiendolo en uno de esos libros que no faltaba en ningún hogar español de los 90 (al menos que estuviese afiliado al círculo de lectores).

    Por supuesto era un libro que se compraba más que se leia, pero por su alcance se puede considerar un precursor del efecto Streisand, pero como no era en la era de internet nadie dice nada.

    Aqui tuvimos a las Hijas de ZP. Never forget.

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