Deportes

Los indios que inventaron el fútbol americano

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Algunos de los suplentes de los Indios de Carlisle, 1909. Fotografía: Bain News Service / Library of Congress (DP).

El equipo de los Indios de Carlisle revolucionó este deporte a principios del siglo XX. Estaba formado por estudiantes de un internado para «civilizar» a nativos americanos.

«Fue el padre de la educación de los indios. Era un hombre maravilloso». La voz de Albert Exendine resonaba vigorosa a los ochenta y ocho años, poco antes de su fallecimiento en enero de 1973. El suyo es uno de los escasos testimonios disponibles de los miembros de los Indios de Carlisle, el equipo de fútbol americano de la Escuela Industrial de esta pequeña localidad de Pensilvania, el primero de los internados para nativos americanos. El centro, abierto en 1879, se convirtió en modelo para otros semejantes en el país. Su objetivo era lograr la asimilación de los nativos americanos, la «civilización» de los «salvajes». Los nativos americanos habían sufrido una importante merma como consecuencia de la progresiva conquista del Oeste por parte del hombre blanco, el desplazamiento forzoso de población y las bajas de las sucesivas guerras indias. Los nativos estaban en riesgo de extinción.

Albert Exendine fue uno de los diez mil niños de más de ciento cuarenta tribus indias que pasaron por la escuela en los treinta y nueve años en que se mantuvo operativa, desde 1879 hasta 1918. El programa les obligaba a convertirse al cristianismo, cambiar de nombre, cortarse sus largas cabelleras, hablar en inglés y vestir ropas occidentales (ellos de uniforme, ellas en traje de estilo victoriano). Eran las estrictas normas auspiciadas por un militar, Richard Henry Pratt, veterano del ejército, padrino de la institución y, según Exendine, «padre de la educación de los indios». Una benévola descripción para alguien cuyo ideal se expresaba en una frase inequívoca: «Matad al indio, salvad al hombre». Este, claro, debía asemejarse al colono blanco.

La muerte del indio fue general, y en cientos de casos también la del hombre. Un pequeño cementerio guarda allí los cuerpos de ciento ochenta niños, solo una parte de los que no pudieron superar las duras condiciones de las instalaciones y algunas enfermedades para las que su sistema inmunitario no estaba preparado. La muerte del indio se certificaba años después, cuando sus familiares veían que, como resultado de su estancia en Carlisle, los niños habían olvidado en algunos casos el idioma materno y su aspecto tenía más que ver con el del colono blanco que les había combatido que con el de su propia tribu. El éxito de la asimilación era la derrota de una identidad cultural que iba en retroceso. Y sin embargo, por mucho que nos cueste aceptarlo, los postulados de Pratt eran incluso humanitarios, al menos en comparación con los sueños de extinción india de muchos colonos. Entre los propios nativos, la memoria de Carlisle despierta sentimientos encontrados. Hay orgullo por los logros conseguidos y lamento por el borrado de la identidad cultural de quienes estuvieron allí.

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Un comentario

  1. quedaría mu bonito si citaseis las fuentes, es una buena costumbre aunque no muy común por aquí

    https://www.wnycstudios.org/story/football

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