Es conocido el caso que nos describió Molière de aquel burgués aspirante a aristócrata que descubrió haber estado más de cuarenta años hablando en prosa sin saberlo. Para terminar de dejarle perplejo ya solo hubiera faltado decirle que las diferentes formas en que quería redactar su carta de amor eran, agárrense, antimetábolas. ¿Y eso qué es? Dícese de aquel recurso retórico que emplean a veces algunos políticos u otros oradores cuando se ponen estupendos, como aquel «no preguntes lo que tu país puede hacer por ti; pregúntate que es lo que tú puedes hacer por tu país». Vemos ahí una estructura AB-BA. Tal vez Kennedy tampoco sabía entonces que estaba profiriendo semejante figura literaria, simplemente le sonó bien y lo dijo. Como el rapero Nach cuando cantaba «yo vengo de un lugar donde decían que triunfar era imposible / Nach otro juglar en la jungla jugando a ser libre / Nach otro juglar jugando a juzgar al que juzga impasible», que quizá sin ser consciente estaba recurriendo al parómeon —al enumerar palabras que comienzan por la misma letra— y a la paronomasia —usar otras apenas diferenciadas por una letra—. Este caso no es la excepción en su ámbito, ni mucho menos.
Las dos estrellas indiscutibles en el mundo de la música son la rima y el estribillo, seguidas por su hermanastra la aliteración, pero existen más formas de crear repetición mediante el uso de las palabras y, en consecuencia, ritmo. El límite es la imaginación, aunque a grandes rasgos todas se agrupan en unas pocas variantes que en algunos casos parecen nombres de enfermedades. Así, unos cantantes emplean la misma palabra al comienzo de cada verso (anáforas) o al final (epíforas), otros al comienzo y al final de un verso o estrofa (epanadiplosis), o varias veces durante el mismo (epizeuxis), también puede repetirse una misma palabra pero aludiendo a sus distintos significados (antanaclasis), a veces lo que se repite son las conjunciones (polisíndeton) o las estructuras sintácticas, como en las antítesis y paralelismos. Hay tantos ejemplos de todo ello como canciones, de manera que a continuación recordaremos algunos pero quien lo desee puede ampliar la lista con sus favoritas abajo en la sección de comentarios.
(La caja de voto se encuentra al final del artículo)
«Alphabet Aerobics», de Daniel Radcliffe
Ni el guionista más audaz de Barrio Sésamo se hubiera atrevido a componer una canción en la que casi todas las palabras de cada estrofa comenzasen con una letra del abecedario. El dúo californiano de hip-hop Blackalicious lo hizo con un tema que publicaron en 1999, pero como suele ocurrir a menudo es una versión la que se lleva el gato al agua. En este caso la del protagonista de Harry Potter, que se atrevió a cantar semejante trabalenguas en televisión.
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No sé cómo se llamará la figura literaria, pero León Gieco en su canción Ojo con los Orozco utiliza únicamente palabras con la vocal o. https://youtu.be/tIgzrqAnw_g
Escucha «Efectos vocales» de Nach Scratch ;-)
¿No es una pena que una de las poquísimas ocasiones en que se menciona en esta santa casa a Crosby, Stills y Nash, sea para estar rodeados de toda esta purria? ¿Para cuándo un extenso reportaje en condiciones?
Qué no daría yo.. De perales, en la versión por bulerías de Rocio Jurado.
¿Y Ojo con los Orozco de León Gieco y Aria agraria («tarareo conceptual») de Les Luthiers?
https://youtu.be/OPDJHeX9tfs
Ni idea de cómo se llamará el recurso estilistico.
«Who put the «bomp» in the bomp-shooby-dooby-bomp?
Who put the «ram» in the rama-lama-ding-dong?
Who put the «wang» in the wang-dang-noo, baby?
You did»
Me lo gasto todo, de Cecilio.G
«Si Tú no estas» de Mari Trini
¿Cuenta la canción de Seguridad Social «El Viajero»para este artículo?
Esa canción empieza las frases con las preposiciones del castellano, en orden.
Dance and dense denso (en referencia al pogo) de Molotov quedaría bien en esta lista.