Arte y Letras Literatura

Heridas que son espinas

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Georg y Grete Trakl (DP).

Si Milena Jesenská fue el cuchillo con el que Kafka hurgó en su alma, para el poeta Georg Trakl, el cuchillo fue su hermana. Al igual que Kafka y Milena, Georg y Gretl se amaron por correspondencia; a diferencia de ellos, las palabras no les bastaron. Según se dice, sus primeros contactos físicos fueron tan intensos que ninguna relación posterior con otras personas consiguió estar a la altura. 

Precisamente sobre las cartas que se enviaron durante años, y que misteriosamente desaparecieron tras la muerte del poeta, se asienta buena parte de Hiere, negra espina, de Claude Louis-Combet, magnífica novela que recrea la relación incestuosa de los dos hermanos. No obstante, el libro no tiene ninguna pretensión biográfica y el escritor se ha permitido algunas licencias. Por otro lado, tampoco se sabe a ciencia cierta cuál fue el verdadero alcance de la relación entre Georg y Gretl. Los testimonios de los allegados son contradictorios (1) y aunque algunos expertos en el poeta, como Eric Williams, dan por hecho que el incesto se produjo, otros, como su traductora Margitt Lehbert, dudan de que llegara a consumarse. 

Curiosamente, más que una novela sobre el poeta, Louis-Combet la considera una inmersión en los bajos fondos del deseo. Hay, no obstante, algo de verdad en ella, no tanto por lo que desvela sobre los Trakl, sino por lo que dice del propio autor. Al fantasear sobre el amor entre Gretl y Georg, el escritor francés se estaba asomando a sus propias fantasías. Como él mismo escribió en un artículo (2), la historia de los dos hermanos le confrontó con sus propios deseos incestuosos: los que había sentido hacia su madre. 

Dice Louis-Combet que en este libro intentó transformar su vergüenza en belleza, y no cabe duda de que lo consiguió. Se trata, eso sí, de una belleza rilkeana, en la intersección entre lo bello y lo terrible, asentada en la nostalgia de la infancia. La escena que abre la novela describe un viejo desván lleno de juguetes y objetos que en otro tiempo fueron útiles. Entre ellos destaca un espejo: «Sin él quizá nada hubiera sido posible». El espejo en el que los dos hermanos se vieron abrió un nuevo espacio, a medio camino entre lo real y lo imaginario, y en él quedarían tan atrapados como Narciso a su reflejo. 

No obstante, en la reconstrucción de los hechos que hace el francés, infancia no es sinónimo de inocencia. Lejos de ser presentados como dos ángeles, se nos dice que para desafiar a Dios Georg y Gretl no rezan en misa, conformando los dos «una misma blasfemia». La palabra «pecado» es una de las más repetidas en la novela, tal vez porque durante una época ese fue uno de los quebraderos de cabeza del propio Louis-Combet, que durante varios años fue novicio. Pero para el protagonista de Hiere, negra espina, más que una preocupación, el pecado es una seña de identidad, casi un motivo de orgullo. También es la base de su amor por Gretl: «Tú serás mi amor eterno porque serás mi pecado eterno». 

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Un comentario

  1. Agustín Serrano Serrano

    Desconocía esa historia.

    Buen artículo.

    Felicidades.

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