Sociedad

El Mad Max por venir

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Mad Max 2 (1981). Imagen: Kennedy Miller Productions / Warner Bros.

Porque el Señor mismo con voz de mando,
con voz de arcángel, y con trompeta de Dios,
descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.

Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado,
seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes
para recibir al Señor en el aire,
y así estaremos siempre con el Señor.

(Tesalonicenses 4:15-17)

Años de minucioso estudio de la Biblia hicieron brotar en la mente del predicador William Miller una conclusión terrible y esperanzadora: el fin del mundo era inminente. El único problema era acertar con la fecha. Su creciente corte de seguidores le reclamaba alguna, así que se aventuró a situarlo en algún momento entre el 21 de marzo de 1843 y el 21 de marzo de 1844. Cuando concluyó el último de esos días y todo seguía más o menos en su sitio el descontento no se hizo esperar. ¡Un momento! Que los cálculos eran erróneos, la fecha será el 18 de abril, ahora sí. Pero tampoco. Miller de nuevo se aplicó en sus pronósticos a partir de la profecía de Daniel («dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado») y el momento de la segunda venida de Cristo sería sin duda alguna el 22 de octubre de ese mismo año, 1844. Esta debía ser ya la definitiva. Una vez más, a medida que transcurría la mañana del día siguiente al señalado y el cielo se empeñaba en no abrirse sobre las cabezas de todos, miles de entusiastas se vieron defraudados, con escenas de desconsuelo que en algún caso llegaron incluso a la violencia. Muchos abandonaron la fe, otros reinterpretaron la profecía dando lugar a lo que hoy es la Iglesia Adventista del Séptimo Día, y en lo que respecta al propio Miller… en cierta medida acertó, pues murió unos meses después. Al menos para él sí llegó el fin del mundo y terminó reuniéndose con el Creador.

Este episodio, ocurrido en un joven Estados Unidos con un esplendoroso futuro por delante, no fue una rareza histórica. El zoroastrismo, por ejemplo, preveía que el mundo sería envuelto en llamas y los pecadores castigados durante tres días, cosa que se hace bastante llevadera en comparación con los tormentos eternos con que otros amenazan. Para los indios hopi, por su parte, el apocalipsis se anunciaba con la tierra cubierta de serpientes de hierro y de una enorme tela de araña… ¿metáfora de los ferrocarriles e internet? De ser así, ya podemos prepararnos para el siguiente y definitivo paso: la caída sobre nuestras cabezas de una estrella azul. En lo que respecta a la hecatombe final prevista por los mayas para el 2012, solo cabe suspirar de alivio una vez pasada la fecha, aunque no podamos quitarnos la inquietud de que se trate de otro error de datación y esté aún por llegar…

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Un comentario

  1. Pos fale. Aunque demuestra cierto desconocimiento bíblico.

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