Ciencias

¿Sueñan los simios con seres invisibles?

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Fotografía: Daniel Muñoz / Cordon Press.

Un chimpancé se acerca a un árbol; durante unos momentos observa el ancho tronco, uno de cuyos lados está partido y forma un amplio hueco triangular. De repente, el chimpancé agarra una piedra que está junto al árbol, la levanta con ambas manos y la arroja hacia el tronco mientras chilla. Después se aleja con rapidez. Es posible que usted piense que no hay nada de particular en la escena de un simio que chilla y arroja objetos. Es más, en ausencia de otros datos, esta podría parecer una conducta fácil de explicar; el chimpancé podría haber percibido alguna amenaza, o podría estar intentando captar la atención de alguna hembra o de espantar a machos rivales. Sin embargo, estos episodios, que únicamente se producen en algunos grupos de chimpancés en una región de África, pero no en el resto del continente, tiene perplejos a los estudiosos. Ese acto de apedrear árboles, que por lo general son huecos o responden a determinadas características, es una parte de un complejo ritual. Los chimpancés no solo arrojan las piedras, sino que también las depositan con cuidado en el interior de esos troncos, formando montones ordenados que recuerdan a los que levantaban algunos humanos prehistóricos en lugares que, según presumen los arqueólogos, tenían una significación espiritual o religiosa. Los chimpancés visitan estos árboles a menudo y repiten estas ceremonias inexplicables. Aunque estos animales han sido estudiados durante décadas, jamás se había observado una ceremonia similar.

Fueron investigadores del Instituto Max Planck quienes mientras estudiaban varias zonas del África occidental, descubrieron unas inesperadas acumulaciones de piedras, depositadas con visible deliberación y orden en el interior de varios troncos escogidos. Asombrados tanto por el carácter excepcional de estas acumulaciones como por su similitud con lo que en épocas tempranas del ser humano era un tipo muy primitivo de altar, colocaron cámaras de vigilancia para intentar averiguar el origen. Después, al repasar el metraje, comprobaron que eran grupos de chimpancés quienes depositaban las piedras en estos troncos, a los que regresaban de vez en cuando para dejar nuevas piedras o para golpear el árbol con ellas. Se comportan como si hubiese algo o alguien en aquellos árboles, aunque las cámaras jamás han captado nada.

Es evidente que guardan una relación muy especial con estos lugares, escogidos y adornados por ellos mismos. En ocasiones se sienten repentinamente excitados en presencia de estos troncos, aunque otras veces se limitan a observarlos en silencio. No acuden allí para buscar comida o agua, ni ninguna otra cosa que forme parte de las funciones cotidianas de cualquier grupo de chimpancés. Sin duda esos lugares tienen algún tipo de significación especial. Cuál y por qué es algo que todavía no comprendemos. Es bien sabido que los chimpancés pueden usar piedras como herramientas, como también hacen otros simios, pero estos nuevos rituales no parecen cumplir ninguna función práctica. Tampoco parecen destinados a establecer relaciones dentro del grupo, ni responden a una amenaza, puesto que salvando el momento en que arrojan piedras al tronco, se les ve tranquilos en presencia de los árboles. Incluso puede descartarse el ritual de apareamiento, puesto que las hembras y los individuos jóvenes de ambos sexos también participan en estas prácticas.

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12 comentarios

  1. Maravilloso.
    Cada vez que se ha intentado definir la diferencia entre «animal» y «humano», descubrimos nuevas capacidades de algunos animales que invalidan tal definición.
    Estoy convencido de que el sapiens es sólo un animal cuya tecnología ha avanzado un paso más en los últimos milenios, en lo esencial no nos distinguimos de chimpancés, orcas, lobos, cuervos, pulpos…
    Esto sin duda tiene implicaciones morales en nuestra explotación de la naturaleza y de las demás especies.
    Gracias por el artículo. Quiero más :-)

  2. Siempre tengo la duda sobre si nuestra aparición hizo que los chimpancés frenarán su evolución o si, al contrario, nosotros los estimulamos y ayudamos (con nuestro ejemplo) a evolucionar más rápido.

  3. Empezamos con la religión de los chimpancés y acabamos tomando a las ratas como víctimas de genocidio, como en París.
    La naturaleza es maravillosa (y tremenda), pero esta manía de igualar a humanos y a otros animales no es nuy sana.

  4. El tono del autor resulta irritante por su prepotencia y su arrogancia intelectual. Básicamente ridiculiza la experiencia religiosa basándose para ello en el comportamiento de unos monos al que no encuentra explicación. Así que los creyentes estaríamos en un estadio intermedio de evolución entre el simio y él mismo. Resulta bastante patético, la verdad. Hay ateos con mejor capacidad argumentativa.

  5. The Lady of Shalott

    Asombroso y maravilloso. Un artículo interesantísimo! gracias! :))

  6. Enlazado en elrobledaldetodos

  7. Pingback: La religión de los chimpancés – Anónimo con nombre

  8. ¨¨ Hay ateos con mejor capacidad argumentativa¨¨, comenta Javier. Sinceramente no veo que en ningún momento, el autor E.J.Rodríguez se manifieste en tal sentido. Simplemente hace constar un hecho de de una población de simios con un determinado ritual que llama la atención de los investigadores.
    Inferir de ahí que el autor es ateo o no, me parece de una osadía asombrosa. Simplemente constata un hecho que los simios parecen ritualizar en un lugar determinado y de ahí, deduce, con todas sus dudas , que puede ser una especie de proceso que se pudo extender en nuestra especie de homínidos en un momento y lugar o lugares determinados. No veo a dios ni referencia a él en ningún pasaje del artículo.
    Y por cierto me pareció muy interesante el mismo y que ayuda a ampliar nuestra perspectiva como especie…o no , para algunos.

  9. Pingback: A relixión dos chimpancés – Anónimo con nome

  10. y si estuvieramos ante un posible caso de pareidolia en estos inteligentes animales…

  11. Pingback: El ingrediente principal del gran banquete homínido - Jot Down Cultural Magazine

  12. Pingback: Inteligencia y evolución: a la sombra de la mente - Jot Down Cultural Magazine

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