¿Qué gran autor literario es menos respetable?

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En 2019, la revista Analog Science Fiction and Fact decidió renombrar el premio que concedía anualmente para eliminar del mismo el nombre del escritor John W. Campbell. Una decisión que se tomó sin muchos reparos después de que la última ganadora de dicho galardón, Jeannette Ng, apuntase un hecho incómodo: que el escritor con el que se había bautizado el premio había sido un racista bastante deleznable. Campbell fue un editor y un autor muy famoso en los terrenos de la ciencia ficción: estuvo a cargo de Analog Science Fiction and Fact durante cuarenta años (cuando el magacín se publicaba bajo el título Astounding Science Fiction), trabajó con gente como Isaac Asimov, Robert A. Heinlein o Arthur C. Clarke, y firmó relatos como los recopilados en The Moon is Hell, The Space Beyond o un Who Goes There? que contenía la historia que sería llevada al cine como La cosa. Pero más allá de su obra literaria, Campbell era un auténtico gilipollas. Porque defendía la esclavitud alegando que gracias a ella los negros tendrían mejor educación y modales, menospreciaba públicamente a las mujeres, despreciaba a los homosexuales, y como editor rechazaba la obra de los escritores de color al no considerarlos dignos de la literatura. Y para redondear el asunto también le daba muy fuerte a pseudociencias como la telepatía. En un momento dado, incluso el propio Asimov declaró que le resultaba imposible escuchar las opiniones de extrema derecha de Campbell sin que le hirviese la sangre.

Los relatos y la labor como editor de Campbell fueron importantes a la hora de cimentar la edad de oro de la ciencia ficción. Pero ocurre que más allá de su trabajo el hombre no solo era la mugre, sino que además privó a los lectores de obras que él mismo vetó porque despreciaba la raza de sus autores. Y en todo esto afloraba de nuevo el dilema sobre si es necesario separar a la obra del autor para disfrutar de la primera sin asquearse por culpa del segundo. Porque ejemplos de importantes escritores deleznables los tenemos a patadas, tantos como para que la encuesta de esta semana se plantee una pregunta espinosa: ¿Qué gran autor literario es menos respetable?. Los candidatos a este dudoso reconocimiento, y las razones por las que se han hecho odiar, se enumeran a continuación. En caso de que el lector considere que exista alguna pluma infame que también merezca mención en la lista, se le invita a hacerlo en la sección de comentarios dispuesta al final del texto.

(La caja de voto se encuentra al final del texto)


Orson Scott Card

A Orson Scott Card el mundo de la ciencia ficción lo respeta mucho por haber escrito El juego de Ender y su secuela La voz de los muertos. Dos clásicos, galardonados ambos con los premios Hugo y Nébula, que narraban las aventuras de un niño superdotado y su lucha contra una invasión alienígena. Al mismo tiempo, el mundo de la ciencia ficción también le ha acabado pillando bastante tirria a Card por haber estirado en exceso el chicle y parido más de una decena de secuelas, spin-offs, precuelas e historias cortas ambientadas en el universo de Ender, obras que no llegaron al nivel de las entregas originales. Aunque lo cierto es que al margen de su cansina franquicia estrella, el escritor también firmó un hermoso puñado de novelas y relatos reseñables.

El verdadero problema con Card acontece cuando uno deja en paz su obra y escucha sus declaraciones personales. Porque resulta que el hombre lleva toda una vida enarbolando ideas profundamente homófobas: en los noventa defendió la instauración de leyes que persiguiesen la homosexualidad, se ha opuesto tradicionalmente a la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo y en general opina que ser gay es cosa de desviados y degenerados. Un montón de odio hacia lo LGBT que ha terminado pasándole factura a menudo. En DC cancelaron su guion para el cómic Adventures of Superman cuando los lectores protestaron por el fichaje de un homófobo y el ilustrador encargado renunció a su puesto. La adaptación cinematográfica de El juego de Ender sufrió amenazas de boicot. Y el festival avilesino Celsius lleva unas semanas lidiando con las iras de todos aquellos fans de la ci-fi a los que no le hace ninguna gracia que Card figure entre los invitados al evento del presente año.


Virginia Woolf

Escritora británica elegante, con un ladrido a modo de apellido y una colección de obras entre las que figuran La señora Dalloway, Una habitación propia, Las olas o Al faro. Una de las autoras más importantes de la vanguardia anglosajona y un icono redescubierto durante los setenta por el movimiento feminista. Y también, desgraciadamente, la persona que firmó en sus diarios una colección loquísima de afirmaciones entre las que se encontraban cosas como «Hay intelectuales con cara de babuino que se mezclan con negros y negras que parecen chimpancés», «Las clases bajas son detestables», «Había una gran cantidad de judíos portugueses a bordo y otros objetos repulsivos, pero nos mantuvimos lejos de ellos», «Los imbéciles deberían ser asesinados», «Los alemanes son detestables» o «Los judíos son grasientos […] Odio la risa judía, la voz nasal judía, sus joyerías orientales, y sus narices judías». Curiosamente, o no, estaba casada con un judío.


Lewis Carroll

Alicia en el país de las maravillas y su secuela Alicia a través del espejo son dos obras maestras incombustibles que demuestran la tremenda imaginación que poseía Lewis Carroll. Sus personajes se han convertido en iconos populares de la fantasía, sus pasajes han inspirado a infinidad de artistas y narradores, la adaptación cinematográfica animada producida por Disney es una verdadera maravilla y el remake en acción real perpetrado por Tim Burton es un instrumento de tortura de lo más eficiente. Por todo lo anterior provoca ciertos escalofríos descubrir que Carroll tenía como hobby el dibujar y fotografiar a niñas muy menores y muy desnudas. Y que ideó los mundos de Alicia para agradar a una infante de once años, llamada Alice Liddell, de la que se había encaprichado. Grima, sí, bastante.


Anne Perry

A mediados de los noventa, un desconocido realizador llamado Peter Jackson estrenó una película basada en hechos reales y titulada Criaturas celestiales. Un film que se centraba en la curiosa amistad que existió entre Pauline Parker y Juliet Hulme, dos adolescentes que en 1954 planearon y ejecutaron el brutal asesinato de la madre de la primera. El caso fue uno de los sucesos más sórdidos y llamativos de Nueva Zelanda, pero por lo visto los detalles del mismo no parecían ser realmente de dominio público. Porque muchísima gente se sorprendió bastante cuando, tras el estreno, se hizo público que la Juliet Hulme de la historia era la escritora de best sellers Anne Perry antes de cambiarse el nombre. Perry fue condenada por el crimen cuando tenía quince primaveras, se comió cinco años en la cárcel y al cumplir el encierro y ser liberada decidió comenzar a utilizar un nuevo nombre y cortar todo contacto con Parker. A partir de la década de los ochenta se convirtió en una autora de éxito a base de publicar novelas de su género favorito: el del misterio y los asesinatos.


William S. Burroughs

El escritor William S. Burroughs (El almuerzo desnudo, La máquina blanda) formó parte de aquella generación beat que él mismo propulsó junto a colegas como Jack Keourac y Allen Ginsberg. Pero también pasó a la historia por ser un borracho y drogadicto peligroso con las peores ocurrencias posibles: alcoholizado y muy puesto durante un fiestorro en Mexico, colocó un vaso sobre la cabeza de su esposa Joan Vollmer, y trato de reventarlo de un disparo. Apuntó demasiado bajo y añadió a su currículo la experiencia como asesino de manera instantánea.


J. D. Salinger

En 1964, el escritor J. D. Salinger (autor de El guardián entre el centeno) afirmaba en la revista Harper’s Magazine que estaba acostumbrado a «escribir sobre gente muy joven». Se daba el caso de que al hombre también gustaba de andar detrás de gente muy joven para otras cosas. A los treinta tacos persiguió a una chica de catorce años llamada Jean Miller hasta que logró conquistarla. Y con la cincuentena bien superada se dedicó a rondar a jóvenes que bordeaban lo barely legal. Joyce Maynard fue una de ellas, contaba dieciocho primaveras cuando comenzó a salir con un Salinger de cincuenta y tres, y afirmaba que la estrategia del escritor ante aquellas relaciones habitualmente pasaba por engatusar a sus jóvenes queridas hasta encamarse con ellas y después desaparecer dejándolas tiradas.


Enid Blyton

A finales del 2016, la casa de moneda del Reino Unido, la Royal Mint, desestimó públicamente la idea de honrar a la escritora británica Enid Blyton estampando su cara en una moneda conmemorativa de cincuenta peniques. Blyton era la pluma detrás de sagas infantiles tan populares como Los cinco, Los siete secretos, Torres de Malory o las tropelías de Noddy, un popular niño de madera. Pero en la Royal Mint consideraron que quizás no era la mejor de las ideas homenajear a una escritora que deslizaba en sus libros comentarios racistas, sexistas y xenófobos más propios de una sobremesa en Vox que de una narrativa family friendly. Las reediciones actuales de su obra han sido previamente tuneadas para eliminar el contenido más ofensivo, y la presencia de personajes tan cuestionables como los Golliwoggs.


David Foster Wallace

David Foster Wallace, padre de La broma infinita o Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer, se ahorcó en 2008 tras lidiar durante años con la depresión, y todo el mundo lamentó la desaparición de uno de los escritores modernos más interesantes e influyentes de los últimos años. Desgraciadamente, todas las virtudes de Wallace como escritor chocaban contra sus carencias como persona en los terrenos afectivos. La escritora Mary Karr, pareja del escritor durante los años noventa, explicaría que tener a aquel hombre como novio supuso aguantar todo tipo de abusos: Wallace se dedicó a stalkear a Karr trepando en plan ninja a las ventanas de su casa, persiguiendo al hijo pequeño de ella desde la escuela al colegio, acosándola por teléfono o tatuándose su nombre para cabrear al marido de la mujer. También la golpeó, le arrojó una mesa encima, le reventó la ventana de su automóvil de un puñetazo y la abandonó en medio de la nada durante un trayecto en coche. En un momento dado, Wallace llegó a contactar con gente muy turbia y considerar la posibilidad de matar al esposo de Karr para quitárselo de en medio. Los posteriores escarceos amorosos de Wallace también dieron bastante miedo, tras hacerse famoso con La broma infinita se dedicó a aprovecharse sexualmente de todas las fans que se le acercaban sin preocuparse porque algunas de ellas no fueran mayores de edad. «Mi único objetivo es meter el pene en tantas vaginas como me sea posible», declaró.


Patricia Highsmith

La novelista Patricia Highsmith escribió novelas como Extraños en un tren o El talento de Mr. Ripley, obras que posteriormente fueron objeto de exitosas adaptaciones cinematográficas. Pero en sus diarios personales rubricó otro tipo de cosas mucho menos populares, entre las que figuraba la afirmación de que el Holocausto en realidad fue un «semicausto» al «ser eficiente solo a medias por haber logrado eliminar únicamente a la mitad de los judíos». Por lo visto, Highsmith también era alcohólica, «un ser humano despreciable» según quienes la conocían y alguien que odiaba a los italianos, los negros, los latinos, los católicos, los indios, los árabes, los portugueses, los coreanos y en general cualquier persona que no fuese blanca protestante. 


George Orwell

George Orwell (autor de las populares y afiladas Rebelión en la granja o 1984) se enfrentó públicamente al imperialismo y al capitalismo, proclamó lo malvado del comunismo estalinista y llegó a comerse una bala mientras batallaba contra el fascismo en la guerra civil española. Pero tras su muerte se descubrió que también ejerció de chivato al deslizar al gobierno británico una lista de sospechosos comunistas con más de una treintena de nombres en la que figuraban Charlie Chaplin, J. B. Priestley o Michael Redgrave. Entre los apuntes personales del escritor también se hallaron más nombres etiquetados como «poco de fiar» y «simpatizantes comunistas», gente entre la que se encontraba Orson Welles, Katharine Hepburn o Randall Swingler. Ocurría que además de soplón, el hombre también era notablemente homófobo, un detallito al que los historiadores le quitan peso al afirmar que aquello era cosa de la época.


Norman Mailer

Norman Mailer, uno de los periodistas más innovadores e influyentes del medio, decidió en noviembre de 1960 celebrar una fiesta en su apartamento junto a su esposa, Adele Morales, con la excusa de impulsar su candidatura a la alcaldía de Nueva York. La cosa salió regular porque Mailer se tiró toda la noche buscando gresca entre los doscientos invitados, acabó bajando a la calle para regalar puñetazos a gente aleatoria y volvió a las tantas al piso para apuñalar a su mujer con una navaja y comentar a los sorprendidos invitados un «no la toquéis, dejad que la puta se muera». Y más de uno entre los asistentes pensó que a lo mejor esa no era la manera más adecuada de iniciar una campaña política.


Jack London

Autor de Colmillo blanco, El lobo de mar o La llamada de lo salvaje. Pero también una personalidad pública que firmó ensayos donde hablaba de la superioridad de los blancos, condenaba la inmigración asiática etiquetándola como parte del «peligro amarillo» y defendía la idea del genocidio como una selección natural cuando existía un choque entre razas. Estupendo todo.


William Golding

El novelista y poeta inglés William Golding estudió literatura en Oxford, publicó su primer poemario en 1934, participó en la Segunda Guerra Mundial formando parte de la marina británica y se estrenó como novelista en 1954 con la que se convertiría en su obra más famosa, El señor de las moscas. Durante los años posteriores, el éxito le permitió abandonar su empleo como profesor para dedicarse exclusivamente a escribir, firmando por el camino novelas como Martín, el náufrago, Ritos de paso o La oscuridad visible. En el 83 se le concedió el Premio Nobel de literatura por su maña a la hora combinar las sombras que habitan en el ser humano con lo colorido de los relatos de aventuras. Un lustro más tarde fue ordenado caballero de la Prden del Imperio británico, y otro lustro después la palmó de un infarto. Pero lo más jodido de su biografía no saldría a flote hasta muchos años después, cuando el descubrimiento de un diario personal reveló que de respetable tenía poco: el escritor no solo confesaba sobre el papel haber jugado a enfrentar a sus alumnos para ver qué pasaba (lo que viene a ser un El señor de las moscas en vivo) sino que además explicaba cómo, cuando contaba con dieciocho veranos, había intentado violar a una niña de catorce años.


H. P.  Lovecraft

Hay que ser un virtuoso para describir durante páginas un horror que al mismo tiempo has definido como indescriptible. Y hay que ser un genio para imaginar unos miedos que acabarían convirtiéndose en los cimientos de millones de películas, novelas, videojuegos y partidas de rol durante los años posteriores. Lovecraft (La llamada de Cthulhu, En las montañas de la locura) era ambas cosas y su influencia se extiende hasta la actualidad en los terrenos de la ficción. La parte mala es que Lovecraft, además de ser un visionario y un maestro del horror, también era extremadamente racista en su vida diaria. Y aquello salpicaba sus textos con inapropiadas ristras de insultos ofensivos y estereotipados dirigidos a todos aquellos que no tuviesen la piel clarita.


Paulo Coelho

Bueno, a ver. La candidatura de este se veía venir.


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36 Comentarios

  1. Paulo Coelho por goleada. Se veía venir, por eso no le he votado.
    Además considerando que algún nominado no debería figurar, pues no se puede separar al individuo de su época. Si la época es homófoba, racista y misógina, hay que ser verdaderamente excepcional para sustraerse a ella. El problema con gente como Scott Card, sin ir más lejos, es que su época es tolerante; él no lo es.
    Por otra parte, no sé si podemos juzgar con el mismo rasero a gente normal y a desequilibrados evidentes, como Foster Wallace.

  2. Me parece un artículo muy sensacionalista y más interesado en sacar trapos sucios que no en decir verdades. Woolf, Burroughs o Foster Wallace eran psicóticos. Woolf y Foster Wallace se suicidaron y Burroughs se pasó toda la vida combatiendo contra lo que el llamó el “Ugly Spirit”, que según él le hizo errar el disparo que acabó con la vida de su mujer (léase el prólogo de “Queer” para más detalles). Así que en lugar de intentar impresionar al lector tachando a ciertas figuras de borrachos y desalmados, podrían ustedes interesarse en cómo la escritura cumple una función estabilizadora en ciertos sujetos. Otra cosa es que podamos hablar de vendehumos como Coelho o de homófobos como Orson Scott Card. Pero no les metamos en el mismo saco que a Burroughs o Woolf, por favor, muestren respeto.

    Buenas lecturas a todos!

  3. Al enorme Arthur C. Clarke se le acusó en su momento de pederasta en el que, según dicen, es el paraíso de los pedófilos: Sri Lanka.

    • Acusación nunca probada. Por otra parte: ¿tan “enorme” es Clarke? Es bueno, de acuerdo, pero sin ir más lejos, Ballard le da mil vueltas. Sé que es cuestión de gustos pero…

      • También dicen que el chorizo de Cantimpalos esta más rico que el de Jabugo o al revés, no sé, vaya usted a saber.

        Como bien dice, cuestión de gustos.

        ;)

  4. Faltan unos cuantos, pero echo de menos al soplapollas de Soltzenitzin, o como coño se escriba (el de Archipiélago Gulag) o nuestro impagable Pérez Reverte, que éste da pa un artículo él solo

  5. Os faltó, Neruda, Camilo José Cela, y el Vargas Llosa. Pero imagino que la lista debe ser inmensa para ponerlos a todos y todas.

  6. Hey! No puedo creer que no hayan puesto a Neruda! Confeso violador que también abandonó a su primera esposa e hija. Para ni decir que alababa al stalinismo.

  7. Lo de Paulo Cohelo como comenta el lector Fco_mig se veía venir, me he descojonado. Nunca he entendido la fascinación que existe hacia semejante farsante (y te has dejado a Jodorowsky o como se escriba, otro trilero de cuidado). Estoy de esta nueva ola new age hasta mis partes pudendas. ¿El universo te da lo que deseas? ¿un vacío infinito lleno de rocas y polvo te oye y te concede lo que le pides? VENGA YA HOMBRE. Y no podéis ni imaginar lo extendida que está esa patética y ridícula teoría.

    Luego, también estoy de acuerdo con lo que comenta el mismo lector sobre que hay que ceñirse al contexto de la época en el caso de los más antiguos (los más contemporáneos sencillamente son unos cretinos), pero como apunta José Carlos, detrás de esas actitudes muchas veces hay enfermedades mentales y otras circunstancias que hace a algunos genios ser contradictorios e irreverentes.

    El mundo de la música y el cine está plagado de casos así, no voy a dejar de oir a Ted Nugent porque sea un facha de cuidado (el ejemplo más manido), ya que su música es gloriosa. Solamente una vez en mi vida destrocé a pedazos un doble CD recopilatorio y lo tiré a la basura porque me negaba a tener en mi casa un disco de un personaje llamado Gary Glitter, pederasta reincidente que actualmente se pudre merecidamente en el talego. Aparte que nunca me gustó demasiado y me caía mal antes de saber todas esas cosas, por lo que no me costó demasiado tomar esa decisión.

    Es como detestar a John Huston por ser facha, homófobo y misógino, ¿eso le resta calidad a su obra? obviamente no. Si nos dedicamos a mezclar persona + personaje no podríamos disfrutar de nada. Lo que me ha sorprendido es lo de Lewis Carroll, adoro la versión Disney de “Alicia…”, ¿una película infantil? ¡de ningún modo! eso es un puto viaje ácido delirante que parece mentira que surgiese de tan edulcorada factoría. Es ideal para verla en doble sesión junto a “Yellow Submarine”, otra que tal. Es curioso que su autor resultase tener aficiones tan al filo de la legalidad (no queda claro si llegó a ir más allá del tonteo con chicas muuuy menores) pero dudo que su delito se acerque ni de lejos a infraseres como el mencionado Glitter.

    Respecto a David Foster Wallace, su comportamiento era deleznable, no lo discuto, pero cuidadín, que follar con groupies debe ser la tradición más antigua desde que existe el concepto de fama y/o poder. La erótica del poder o llámalo como quieras, pero una cosa es tirarse a una niña, entendido por niña eso, una cría de 11 años, a acostarse con una de 16 o 17 que son ya mayorcitas pese a que legalmente no sean mayores de edad. Que por un simple formulismo sea delito acostarte con una chica de 17 el día antes de su 18 cumpleaños es un poco exagerado y a esa edad el 95% tienen muy claro lo que hacen y no son pocas las que hoy, en plena era del feminismo radical, metoo y todas estas cosas, siguen haciendo cola en la puerta del backstage tratando de terminar en el catre de su ídolo.

    De nuevo, si tuviésemos que repudiar a famosos artistas por haber fornicado con adolescentes tardías o mayores de edad por los pelos (entre 18 y 20), dejaríamos automáticamente de oir a… ¡¡todos los grupos famosos que te pasen por cabeza!!

  8. Ateniéndome a la condición de “Gran autor” voy a dejar un voto para Neruda, que era un ser absolutamente detestable.

  9. Orson Scott Card que es por lejos un homofobo de los peores o sea en plan “perdonavidas”. Ademas su plan de sociedad perfecta incluye solo a parejas casadas. En el ciclo del retorno plasma que la unica vida que puede tener un gay es alcanzar la “redencion” heterosexual por supuesto, procreando hijos como deber junto a una mujer sin sentir ni el mas minimo deseo por ella. Encima lo adorna con que el personaje es mas feliz por tener hijos. Para el es mas facil imaginar una sociedad asi de retorcida que una sociedad donde los gays formemos nuestras propias familias con nuestros propios hijos. En sus otros libros tres cuartos de lo mismo sus personajes gays que “ama tanto” terminan tragicamente para “redimir# su homosexualidad. Y practicamente cualquier otro que tenga sexo fuera del matrimonio.
    Ahora tildo de homofobo a card no solo por su ficcion, si no porque en sus escrituras politicas ya a expresado muchas veces que los unicos que benefician a la sociedad son ellos los heteros casados como dios manda y que las leyes deberian estar hechas para reforzar una sociedad donde ellos tengan tengan todos los beneficios y los demas seran “tolerados”, y luego insinua que deberiamos dar las gracias por eso, porque si no las consecuencias serian malas, para los gays se entiende

  10. Bueno, Cohelo no es ningún “gran autor literario”, creo que al hacerlo pasar por tal es por lo que encabeza esta lista, y pasará a la posteridad por la misma razón.

  11. Interesante artículo.

    Enterarme de que artistas brillantes tienen tamaños borrones me reconforta como individuo mediocre que soy.

  12. Yo pondría a Neruda, me puedo esperar que el autor de El almuerzo desnudo sea un gualdrapa, pero el de 20 sonetos de amor que abandone a su hija deforme y viole a una tagala porque no le parecía humana….

    Los de siglos anteriores al final son criaturas de su época. Considerando que quien se podía dedicar a la escritura provenía de familias aristocráticas o de dinero, que estuviesen cargados de prejuicios no sorprende. Lo de Orwell también habría que ponerlo en su contexto histórico.

    Otra famosa desprefiable fue P.L. Travers, la madre de Mary Poppins y que tampoco era la simpática cascarrabias de la película de hace unos años. Por ejemplo, adoptó a un mellizoy dejó al otro por feo. Cuando se enteraron de esto nunca les dejó conocerse (por poner una de sus azañas)

  13. No entiendo la inclusión de Coelho, salvo como broma. Que yo sepa lo menos respetable de Coelho es su obra, por lo que no hay forma de ponerlo en el mismo saco que a los otros.

    • Creo que el suyo es el comentario más coherente en este artículo que, tal vez, debería titularse: ¿qué obra de grandes autores literarios es menos respetable?, para así poder meter a Coelho, que no es de mi gusto, y mira que lo he intentado, pero que se reirá muchísimo de tanta burla y tanto meme porque, aunque nos pese, más de un autor literario, -por ejemplo, yo mismo-, quisiera ser leído tanto, (millones y millones), como él. Pero…claro, si el artículo se hubiera titulado así, habría que quitar a más de uno de los incluidos y hubiese sido menos morboso. Y menos cachondo.

      Salve!

  14. Charles Baudelaire, uno de los psicópatas más completos. Arremetía sin piedad contra los pobres, las mujeres y todo aquel al que consideraba débil, de otras razas, etc. Una joya

  15. Hemingway, maravilloso escritor; alcohólico, misógino y detestable personaje. Según sus propias palabras: “Cazo y pesco porque me gusta matar, porque si no matara animales me suicidaría”. Al menos, la sinceridad no se le podía negar.

  16. Me he partido de risa al ver el resultado de la votación! se veía venir!!. Me ha encantado que [email protected], como público, hayamos hecho el mismo chiste. El artículo está muy bien porque siempre es interesante saber estas cosas y enfrentar el dilema de Obra vs. Autor. Yo llevo unos años apretando el culo y cruzando los dedos para que mis ídolos musicales y artísticos no aparezcan en el banquillo de los acusados, deseando que den el tipo como seres humanos. Nada indica que eso deba ser así y no siempre va de la mano, pero es que la decepción es muy profunda por más que quieras abstarerte de esa verdad.

    • Y Pedro Luis de Gálvez… pero en su caso, hay algo que invita a una cierta piedad y casi simpatía, porque algunas anécdotas son pura picaresca nacional, antes de volverse decididamentes siniestras en la guerra, y quizá por el hecho de que al final muriese fusilado, o sea, que ‘pagase’ por ello…

  17. Aparte de la obviedad intencionada claramente de pasar por alto a Celine, un auténtico gusano y grandísimo escritor, yo añadiría uno en principio insospechado, Elías Canetti. Con lo que deja ver de su personalidad en su obra publicada, pero sobre todo la publicada sin filtrar por él -Fiesta bajo las bombas, los últimos cuadernos de apuntes-, da qué pensar lo que pueda haber dejado escrito en sus diarios, que oportunamente dispuso que no saliesen a la luz hasta el año 2025, con todos sus conocidos para entonces ya muertos y bien muertos.

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