Arte y Letras Fotografía Sociedad

Entre strippers, sado y revoluciones: La mirada al siglo XX de Susan Meiselas

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©Susan Meiselas / Magnum Photos.

Cansada, antes de partir hacia Italia, nos encontramos con Susan Meiselas en el Soho House de Barcelona. Su vida sigue siendo la de la típica fotógrafa que vive de avión en avión. No solo fotografió conflictos, sino que es de esas periodistas que, con los años, vuelve al lugar donde se produjo la noticia una y otra vez. Como si hubiera adquirido un compromiso con el lugar donde ha ocurrido una tragedia, un drama humano o un enfrentamiento. Un vínculo para siempre que sirve para dar un relieve único a la información, una forma de no quedarse en la superficie de lo circunstancial. Había pasado por Barcelona para dar una conferencia en la Escola Universitària Elisava. Con largos cafés, no sentamos a repasar su trayectoria a través de tres fotografías las más destacadas de su extenso e histórico catálogo. 

Su primer trabajo de envergadura fue un proyecto inconcluso. Eran años en los que empezaba a pensar en la condición de ser mujer y la mirada se le fue a lo más sencillo, las chicas de su vecindario. «Las veía en el barrio, siempre en grupo, pasando por ahí cuando iba a la compra, me las cruzaba en bici, solían ponerse en una esquina, me interesaba la forma de comportarse entre ellas, su amistad», explica. «La relación que establecí con ellas me hizo ser testigo de cómo iban convirtiéndose en mujeres». 

Sin embargo, el primer viaje a Nicaragua interrumpió la evolución natural de esa colección de fotografías que se quedó congelada en la adolescencia de estas chicas. Ahora sigue viéndose con ellas. Están todas casadas, tienen hijos, viven en Nueva Jersey o Staten Island. Alguna ya es abuela. «Las fotografías sirven para ver la intencionalidad, si te fijas parece que están anticipando eso. Ese era mi objetivo, porque no soy una fotógrafa callejera, trato de establecer una relación con la gente a la que fotografío». Esa relación ha culminado ahora, cuando el barrio ha celebrado los doscientos años de existencia y han salido todas las imágenes a la luz. En su día no fueron publicadas. Cuando se reunieron las fotografías que conservaban los vecinos a Susan le llamó la atención que hubiese tantas tomadas en las azoteas. «Eran nuestra playa», le contestaron. 

Su primer trabajo con una vertiente periodística que rompió moldes fue la colección titulada Carnival Strippers. Entre 1972 y 1975, Susan siguió las ferias de pequeñas localidades de Nueva Inglaterra, Pensilvania y Carolina del Sur centrada en entrevistar y fotografiar a las mujeres que hacían striptease

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2 comentarios

  1. Otro excelente artículo condenado al destierro, o al exilio o al ostracismo para no usar el odioso término de indiferencia o del olvido y sin el peligro de la pena de muerte porque somo modernos. Una cadena perpetua a cumplir encerrado entre bits, el uno y la nada. Tal vez en tiempos futuros un ciber arqueólogo, de esos con pinceles comedidos e inciertos lo rescatará del polvo y encenderá una nueva discusión entre sus pares, ya que el milenario detenido continuará a hablar de sexo al igual que los otros, o los del fútbol, pero que al contrario el gran jurado absolvió con loas, halagos y corrillos favorables. Me pregunto qué aspecto terrible tendrá el juez y su gran martillo. Entonces, como compañía y para que el hastío le sea leve algunas letras, esas hormigas negras multiformes que yendo y viniendo hacen castillos, guaridas, hogares.
    “Tengo sueños recurrentes con mis antiguos trabajos. Retorno muy a menudo en busca de certificados evidentemente absurdos que tardarán en entregármelos, y es entonces que descubro que sus muebles siempre fueron grises. Mis viejos compañeros no cesan aún con sus bromas, y me miran como si el tiempo hubiera pasado en vano, -¡y ya van más de veinte años!- pero de las tareas que hacía ni la más mínima memoria, ni en los sueños ni ahora, mas las imágenes retornan con la pureza del recuerdo desinteresado. El cadete continúa presumido y habla de las mismas pibas a quienes ha destruido el corazón, y Ella, la secretaria ¿Se habrá enamorado otra vez haciendo el balance de fin de año? Quizás sea solo por esto que sueño y regreso a mis antiguos trabajos”. Un poeta.
    Algo sobre el alma, de la polaca Wislawa.
    “Alma se tiene a veces. Nadie la posee sin pausa y para siempre. Día tras día, año tras año pueden transcurrir sin ella. A veces sólo en el arrobo y los miedos de la infancia anida por más tiempo. A veces nada más en el asombro de haber envejecido. Rara vez nos asiste en las tareas pesadas, como mover los muebles, cargar la maleta o recorrer caminos con zapatos apretados. Cuando hay que cortar carne o llenar solicitudes generalmente anda de asueto. De mil conversaciones toma parte sólo en una, y no necesariamente pues prefiere el silencio. Cuando el cuerpo empieza a doler y doler, escapa sigilosamente de su hora de consulta. Es algo quisquillosa: con disgusto nos ve en la muchedumbre, le repugna nuestra lucha por supuestas ventajas y el rumor de los negocios. La alegría y la tristeza no son para ella sentimientos distintos. Solo cuando se unen está presente en nosotros. Podemos contar con ella cuando no estamos seguros de nada y tenemos curiosidad por todo. De los objetos materiales le gustan los relojes a péndulo y los espejos que trabajan afanosos aunque no mire nadie. No dice de dónde viene ni cuándo se irá de nuevo, pero evidentemente espera esa pregunta. Según parece, así como allá a nosotros, nosotros a ella también le servimos de algo”.

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