
Esta entrevista se publicó originalmente en papel en nuestra revista trimestral Jot Down nº 20 Guerras.
Javier Olivares (Madrid, 1958) se ha ganado a base de esfuerzo y reconocimiento un papel clave en la producción audiovisual española de los últimos tiempos. Creador de series como Isabel y El Ministerio del Tiempo que le han llevado a ganar tres Ondas en los últimos cinco años, este escritor y showrunner ha sabido conectar como nadie con las nuevas audiencias y se ha ganado a pulso junto a todo su equipo ese halago tan nuestro —le guste o no— de que «sus series no parecen hechas aquí».
Nos citamos con él en el barrio del Raval de Barcelona tras su paso por el Festival Serielizados. Conversamos sobre su obra, su paso por el teatro, su papel anónimo en la movida madrileña o sobre el estado de las series españolas e internacionales, aunque inevitablemente caemos una y otra vez en El Ministerio. Y en Pablo, su hermano. Porque, según nos dice, la pérdida se puede asumir pero no se tiene por qué superar, y Javier no quiere superarlo. No nos cabe duda de que no encontraremos a nadie mejor que él para hablar de la importancia de los recuerdos.
¿De dónde te viene el interés por lo audiovisual, por contar historias?
Desde niño. En mi casa, de crío, no había televisión, pero mi tío Fernando se ganaba la vida arreglando teles… Y las arreglaba en un pispás. Pero tenía que esperar a que le llegara otra averiada para devolver a su dueño la tele arreglada, porque si no yo pillaba unos soponcios terribles. Gracias a él, recuerdo, de niño, The Twilight Zone (Dimensión desconocida), las series de Chicho, Diego de Acevedo (una serie que se puede ver en YouTube ahora)… Contar historias es algo que también me viene de crío. Mi madre no nos llevó (a los tres hermanos mayores) al colegio hasta los diez años. Me pasaba el día observando la calle, dibujando, hablando con mi madre —que me hablaba de tú a tú, no como si fuera un niño—, la escuchaba tararear canciones, oía la radio… Y me fui creando un imaginario sin agobios y a mi aire. Era feliz, y lo que me costó fue integrarme en la vida social del colegio cuando entré en él. Pero lo que más me marcó, ya a los dieciocho años, fue entrar en el Teatro Estable Castellano (secuela del histórico TEI). Allí recibí clases de William Layton, Miguel Narros, Arnold Taraborrelli… Quería aprender a ser actor y lo que me enseñaron fue dramaturgia, a aprender a escribir para que lo que yo escribiera lo dijera un actor que nunca iba a ser yo. Mis padres me dejaron hacer todo esto, pero estaban alarmados. Me decían: «Haz lo que quieras, hijo… Pero estudia una carrera». Supongo que en realidad me estaban diciendo que estudiara Arquitectura, Derecho o Medicina… pero yo me matriculé en Historia y me especialicé en Historia del Arte. Mi hermana Rosa fundó Lápiz y me llevó con ella. Luego pasé a La Luna de Madrid, de crítico de arte, y luego fui redactor jefe con Jorge Berlanga, que en paz descanse. Allí viví la famosa movida madrileña, pero lo hice de una manera anónima y escribiendo y editando. Antes de escribir guiones o teatro, escribí muchos artículos y críticas de arte, entrevistas…
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Olivares es tan cretino que cree que los americanos le robaron la idea del Ministerio del Tiempo para rodar la serie Timeless, cuando él ha plagiado sin descaro Torchwood, Doctor Who y The Time Tunnel. Como lea una novela de Robert Silverberg se desmaya de la impresión.
No te has leído la entrevista o te da igual con tal de mantener tu prejuicio. Primero deja claro que el tema de la denuncia no parte de él, sino de sus socios. Y después que no es por un tema de plagio simplemente, es porque hay contratos de por medio, querían los derechos para adaptar la serie y después se desentienden y hacen una «sospechosamente» parecida. Como mínimo es para mosquearse.
El ego de este hombre…: «El Ministerio te deja poco tiempo, la verdad. Pero sí, hemos hecho otros proyectos con una estadística lamentable: no hemos colocado ninguno. Un proyecto de Anaïs Schaaff (Invisible) sobre tres amas de casa de un barrio periférico que adquieren superpoderes gracias a unas pastillas que consiguen en un chino. A mí me parece algo maravilloso. Pero no ha gustado. Otro proyecto, Quijano, que trae al presente al Quijote, como Moffat hizo con Sherlock. Lo hemos paseado por todos los despachos sin éxito. Hemos creado una serie (Cómo hemos cambiado) que, si Anillos de oro hablaba de la familia, de la época del divorcio, nosotros hablamos de cómo es la familia de ahora, porque ha cambiado muchísimo. Lo mismo. También he ofrecido pasar a serie mi novela sobre Felipe II. Igual. La verdad es que no hemos conseguido llamar la atención de nadie. Será que hemos bajado el nivel que ha llevado a mi equipo a ganar tres Ondas en cinco años con series creadas por nosotros». Pues nada, abres una cuenta en Kickstarter o Patreon y vemos cuánta gente te financia tu proyecto de las amas de casa con superpoderes que parece un ‘sketch’ de los Morancos. O mejor: que lo produzca Javier Olivares con su dinero y cuelgue los capítulos en YouTube, ya que tanta fé tiene en el proyecto. ¡A la porra los intermediarios! ¡Esto va a ser un éxito seguro! ¡Lo presiento!
Dicen que el éxito se mide por tu obra y también por los haters que tienes. No caba duda entonces del éxito de Olivares. Tiene unos haters pertinaces de los que tiene que estar orgulloso. Como de su obra.
Sé que a Javier Olivares le cabrea que se compare su serie con otra de la BBC protagonizada por un viajero del tiempo de nombre desconocido que conoce a diferentes figuras históricas en sus viajes, así que no pienso contribuir a la polémica… (¡DOCTOR WHO!)… Pongamos fin a este absurdo debate de una vez.