Laura Morán: «Es sorprendente que hoy tengas que explicar que el porno es ficción»

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Se queja de que en pleno siglo XXI amplias capas de la población siguen con grandes lagunas con respecto al sexo y a su cuerpo. Buena parte de culpa la tienen los tabúes atávicos que siguen presentes en la sociedad, pero también el descuido de la educación sexual en los adolescentes. Por ejemplo, hoy sigue sin ser extraño que mucha gente no sepa ni situar ni cuál es la forma de un clítoris. Laura Morán ha escrito en Orgas(mitos) (Next Door, 2019) una guía para dejar atrás de una vez tanto desconocimiento. En el marco de los encuentros de Jot Down en La Rambleta de Valencia tuvimos la oportunidad de charlar con ella. 

Eres terapeuta. Los terapeutas son grandes historiadores del sexo, como Albert Ellis, autor de La tragedia sexual norteamericana en 1954, que alertó de lo que suponía la ausencia de relaciones prematrimoniales, entre otros problemas de la sociedad estadounidense con respecto al sexo. Tú dices que eres psicóloga por vocación y terapeuta por convicción… 

Suelo decir que soy psicóloga por vocación porque siempre quise ser arqueóloga hasta que me dijeron que había que pagar facturas y lo deseché. Entonces me dije que quería ayudar a la gente, eso me hizo ser psicóloga. Pero a medida que estudiaba la carrera, me di cuenta de que las parejas y las familias además de causar bienestar también daban muchos problemas. Me especialicé en terapia de pareja, pero, curiosamente, el sexo no se aborda en la formación de terapia de pareja y vi que eso también daba muchos problemas. Por eso me especialicé en sexo y digo que soy psicóloga y terapeuta por convicción, no por vocación, sino por haber vivido los problemas que da. 

¿Y qué pasa en tu consulta?

Lo puedo diferenciar por género. Los hombres se preocupan generalmente por no cumplir con los estándares de rendimiento. Disfunción eréctil o eyaculación precoz. 

Que tú llamas eyaculación involuntaria…

No lo he inventado yo, lo usan muchos sexólogos. Es un mito que hay que desmontar, porque solo ocurre en parejas heterosexuales. Solo con esto da que pensar. Precoz significa antes de tiempo. ¿Antes de qué? Pues antes del orgasmo femenino. ¿Y cuánto tiempo necesita una mujer para orgasmar? No hay un tiempo establecido. A estas personas lo que les pasa es que no identifican el momento en el que van a eyacular y no pueden decidir pararlo cambiando el tipo de postura o de estimulación y eso les genera mucha sensación de impotencia, mucha frustración. 

Normalmente lo que más te encuentras es gente que llega con ansiedad derivada de, al fin y al cabo, siempre la misma pregunta: ¿soy normal? Buscan una especie de validación…

Eso es, porque hay mucho estereotipo de cómo debe comportarse el hombre en el sexo y también de cómo debe hacerlo la mujer. Los estereotipos vienen generalmente de las películas de bajo presupuesto para vestuario. Ahí está todo editado, pero ves penetraciones de media hora Black and Decker y la gente intenta reproducir eso. Es sorprendente que hoy tengas que explicar que el porno es ficción, porque nadie se pone una capa y salta por la ventana cuando ve Superman. Una vez me llegó un paciente al que recuerdo con mucho cariño porque solo necesitó una consulta, que me dijo que era eyaculador precoz porque solo aguantaba veinte minutos. Le pregunté si eran veinte con la cena incluida y me dijo que no, veinte dale que te pego. Le expliqué el funcionamiento de la genitalidad femenina, de cómo llega el orgasmo femenino y se quedó alucinado con que no hiciera falta estar más tiempo dándole. Luego me envió un whatsapp y me dijo que gracias, que no le hacía falta volver, que todo estaba en orden (risas). Creo que su mujer lo agradeció también. 

Se sienten presiones por las falsas expectativas que genera la pornografía, donde todo es espectacular, y ¿por otros aspectos?

Las películas románticas. La demanda más habitual en mujeres es la falta de deseo. Se nos vende como una patología, pero viene de otras dificultades. Si estás veinte años teniendo sexo sin orgasmar, al décimo año ya te has cansado y, con dos hijos, ya no finges. Ellas sienten esa palabra tan terrible de la frigidez. A veces llegan en pareja, él con los huevos llenos de amor y ellas diciendo que vienen porque él quiere, que ellas no lo necesitan. Eso me lo comentan mucho las mujeres, porque en este estereotipo de género ellos lo necesitan en plan leones y nosotras podemos pasar de ello. 

Si se me permite la referencia a la cultura popular, en La isla de las tentaciones ha sido muy sonada la historia de un chico que decía que le apetecía a todas horas y a su novia no, y ella llegaba a preguntarse si le pasaba algo por no tener siempre ganas. Gonzalo y Susana. 

Tenemos la sensación de que el deseo se va a despertar como el hambre o como el sueño, entonces tienes que comer o dormir, porque si no haces esas cosas te mueres. Pero nadie se muere. Muchas mujeres se quejan de que no se les despierta el deseo así, pero eso creo que tiene que ver con una educación diferenciada. Siempre cuento la historia de mi sobrino, que ahora tiene cuatro años y, cuando empezó a tocarse el pene, todos le reíamos la gracia. Le decíamos que en mitad de una comida familiar no es adecuado, pero nos reíamos. Si llego a tener una sobrina, probablemente se le hubiese afeado. Ya hay un primer mensaje de que ellos jiji-jaja con el sexo y ellas no. Con la masturbación, cuando ellos ya lo han hecho más de una vez, las chicas tampoco tienden a contarlo porque se supone que eso es de guarrillas. En esta primera vez vamos sin tener ni idea. Dentro de la heteronormatividad, se generan una serie de ideas que lo que producen es rechazo y luego no orgasmamos. No hay una estimulación donde se debe, no hay excitación porque hay más preocupación. Al final acabas rechazando esa actividad sexual. Para ellos es más natural, pero no es biológico, sino de aprendizaje. 

¿No hay también hombres que se quejan de que en pareja pierden el deseo al cabo de los años?

La novedad y descubrir al otro es un aliciente muy importante. Siempre nos quejamos de la rutina, de que mata al deseo. Pero cuando me dicen esto yo pienso que cobro todos los meses, es muy rutinario y me encanta. Lo rutinario lo que hace es matarte las mariposas, pero que al final te dan úlcera, y lo rutinario también es la tranquilidad de saber que la otra persona va a seguir ahí. Siempre se puede innovar, y sin que haga falta meter a terceras personas, que si quieres sí, pero se puede innovar cambiando qué se pide, qué se hace, quién inicia, incluso cambiando la hora. No caer en el sábado, sabadete. 

La pregunta que se está haciendo aquí todo el mundo es: ¿la monogamia es compatible con una vida sexual frecuente y satisfactoria?

Para algunas personas, sí; para otras, no. A veces, cuando hay falta de deseo también puede ser un indicador de que la pareja, más allá del sexo, no está funcionando bien. Otro paciente que tuve tenía cuarenta años y me decía que necesitaba encontrar una mujer para sentar cabeza, pero que le ponían todas menos la que había accedido a una relación estable con él. «Mi pene con ella no se excita», decía, «y si pienso en mis compañeras de trabajo, se pone…». Pero el problema no es del pene, es que no te gusta, o no te excita, la persona con la que quieres casarte. Ahí el sexo es un termómetro de que la relación no va bien o de que hay que localizar algo que no está funcionando. Habría que ver cada caso, no hay recetas mágicas. 

Está el caso de la gente a la que solo le excita la conquista más que el sexo en sí.

Les gusta la seducción. Es una reafirmación, si cuando donde pones el ojo pones la bala, si encuentras una respuesta, te sube la autoestima. Has sido capaz de seducir. Si el único objetivo que tienes en esa interacción personal es reafirmarte como Don Juan, pues una vez conseguido, ya está. Pero esto es un problema solo si genera sufrimiento. Hay personas que son así y no sufren, por lo tanto no existe el problema. 

En tu libro Orgas(mitos) dices que las ninfómanas no existen, que no se puede medir científicamente cuál es el deseo incesante…

No se puede cuantificar. Las mujeres pasamos de frígidas a ninfómanas. No hay término medio. Hay un libro, el DSM (Diagnostical Statistical Manual), que es la biblia de psiquiatras y psicólogos e intentó convertir en trastorno sexual la ninfomanía. En el caso de los hombres vendría a ser satiriasis. Suena más a enfermedad de transmisión sexual, lo siento, nosotras somos ninfas, vosotros sátiros de mierda (risas). A la hora de unificar términos, ser insaciable lo llamaron hipersexualidad, pero ¿cuándo es mucho deseo? Los sexólogos no entendemos que tener todo el sexo que puedas, siempre y cuando lleves una vida normal, sea un problema. A veces esto se mezcla con la adicción al sexo. 

Algo es un problema cuando es un problema.

Eso es. Cuando el exceso, por decirlo de alguna manera, de conducta sexual o de deseo sexual se convierte en un problema, estamos hablando de adicción. Problemas de trabajo, económicos, familiar… funciona como el resto de adicciones. Si interfiere en tus rutinas, en cómo gastas tu dinero, en tus  relaciones personales o en tu rendimiento hay que planteárselo en esos términos.

Sí, pero en el caso del sexo no daña la salud ¿no? Un adicto al alcohol u otra droga, a final va a tener daños, cáncer…

Pero si tiene sexo de forma compulsiva no lo hace con su pareja, puede acabar en lo sórdido, quedando con personas sin ningún tipo de cuidado por su salud sexual… Porque es una compulsión, aquí no es la libido la que motiva la conducta sexual, sino la necesidad de aliviar el malestar.   

Digamos que en reposo no se sienten bien.

Eso es. Necesitan acabar con una sensación desagradable, de insatisfacción, de ansiedad. Hay también quien lo hace con el juego, con las compras o con el consumo de alguna sustancia. 

Hablemos de orgasmos.

Me gusta.

Dices que es absurdo hablar del orgasmo en plural, de tipos. En las revistas se habla del orgasmo como si fuese nouvelle coisine, te ponen que hay dieciseis mil tipos y te quedas lamentándote por todos los que te faltan por probar…

La culpa de todo esto es de Freud. No había tipos de orgasmo hasta que este hombre, consumidor habitual de cocaína, expusouna teoría del desarrollo psicosexual por la que una persona tenía una energía que durante nuestra infancia se iba depositando en diferentes zonas. La fase oral, la fase fálica, la fase anal… Entonces, decía que en el caso de las mujeres, cuando esto se estaba desarrollando, sentíamos placer con la estimulación del clítoris. Ahí Freud olé por él, que sabía dónde estaba. Pero una vez que te convertías en una mujer hecha y derecha, el orgasmo lo tenías que conseguir mediante la penetración con tu marido. 

Dividía entre orgasmo clitoriano y orgasmo vaginal. Hay mucha disputa sobre si esto es así o no. Del clítoris, desde hace no mucho sabemos el tamaño que tiene, diez centímetros de media, que es un órgano principalmente interno, que es el hermano mellizo del pene y el glande masculino. Se puede estimular de forma indirecta a través de la penetración, pero es como rascarte con la ropa puesta, da gustito pero cuesta un poco más. Por eso no hay orgasmo vaginal, hay estimulación del clítoris a través de la vagina, que es insensible salvo en su primer tercio. No hay debate. 

Depende entonces de la caprichosa fisonomía de cada una, que cada vagina es diferente.

Marie Bonaparte, descendiente de Napoléon, tenía una gran vida sexual porque su marido, Jorge de Grecia, era homosexual. Ella nunca tenia orgasmos con penetración e intuía que el clítoris tenía algo que ver. Hizo un estudio con cientos de mujeres midiendo la distancia entre el glande del clítoris y la entrada de la vagina. Tenía la teoría de que cuando más cerca estaban uno del otro más fácil era orgasmar. Ella lo tenía en el tercer grupo, el más separado. En vez de decir «pues me masturbo mientras me penetran», se sometió a una cirugía para acercarlos. 

Y ser supuestamente normal.

Orgasmar con la penetración.

Lo que se supone que era lo normal.

Eso. Y no lo consiguió. Luego se volvió a operar para recolocarlo y no arregló mucho la cosa. Pero gracias a su sacrificio personal nadie más lo ha vuelto a hacer. 

El clítoris, gran desconocido. Todavía mucha gente no sabe dónde está, a lo largo de la historia se le ha obviado en los tratados de anatomía, la primera vez que aparece en uno es en 1559…

Mateo Colombo, que se dijo «ay, mira esta cosita que hay aquí en los cadáveres». Su maestro era Vesalio y su tratado anatómico fue el más importante, sin embargo, él no lo incluyó porque no le encontraba ninguna función relacionada con el aparato reproductor. Solo sirve para que nos lo pasemos bien. No se incluía en las anatomías porque no se sabía para qué servía. 

Apareció de nuevo en 1844, vuelve a desaparecer hasta 1948 y ¡hasta 2006 no hay estudios específicos! ¡Ayer!

Helen O´Connell, australiana. Empezó su investigación en el 98, pero no la dio a conocer hasta años después. Hizo disecciones y resonancias magnéticas, su estudio da estructura global al clítoris, lo relaciona con el resto de órganos, lo coloca, nos dice lo que mide en centímetros, nos explica que crece de tamaño cuando se excita y dices: gracias, Helen. 

En los libros de texto en España, nada…

En muchos sigue sin aparecer y en otros lo definen como parte carnosa sobresaliente con muchas terminaciones nerviosas o algo así, pero de su función, dar placer, nada. Con la educación que recibí yo, nada. Sabía que el botoncillo molaba, pero no que era un iceberg. Lo descubrí a los cuatro cinco años, a esa edad ya me restregaba con la almohada. 

¿Qué consecuencias tiene en la educación que a los niños no se les menciona la existencia del clítoris?

No se les menciona casi nada, la verdad. La educación sexual no está regulada, reglada, en España, y cada centro decide si se da. Existe la idea de que si se les habla a los niños se les adoctrina en el sexo. Si son adolescentes, que van a frotarse con el pupitre o algo así. Sin embargo, no se dan cuenta de que ese desconocimiento solo va a provocarles sufrimiento. Porque al no tener modelos, los van a seguir buscando. Un colega de mi tierra, José Ramón Landarroitajauregi, dice que si un niño no pregunta, no le falta curiosidad, lo que le falta es confianza. Muchos niños y muchos adolescentes van a tener esa curiosidad y la van a satisfacer en internet. Por eso es tan importante que padres y profesores eduquen a los niños en anatomía, identidad, en el placer… ¿Por qué no vas a disfrutar?

¿Por qué esa obsesión en no hablar del clítoris, eludirlo, cuando no ocultarlo?

La sexualidad femenina ha estado ninguneada hasta antes de ayer. La revolución sexual de los sesenta en Estados Unidos colocó el placer femenino en la ecuación de las relaciones sexuales, pero siempre supeditadas a la relación psicosexual con un hombre, no se hablaba de masturbación. Nos ha costado. Hay quien cree que puede ser otro efecto de represión de la mujer, del machismo. ¿Para qué vamos a investigar algo que es tuyo si no importa? 

Otro motivo que limita la sexualidad de la mujer dices que es cuando se crea la expectativa de que su primera vez tiene que ser especial y con la persona adecuada.

Sí, porque le va a entregar su flor (risas). Eso supone miedo, ignorancia y dependencia. 

¿Pero por qué esa obsesión por eliminar el clítoris, al fin y al cabo solo da placer, no sé…?

Sí, cuando queremos hablar del clítoris en la educación parece como que queremos enseñar a hacer bombas. 

¿Conocer el cuerpo y mantener relaciones sexuales de adolescentes no es una manera de evitar desarrollar neurosis cuando se llega a adulto?

El autoconocimiento, explicarle a las chicas que eso está ahí, que sirve para esto, etc., es importante. Pero parece que se tiene esa idea, esa sospecha de que se van como a enviciar. Como con la Play. A mí en el colegio me enseñaron educación vial y no me dio por coger el coche de mi madre y ponerme a atropellar gente. Entiendo que la educación sexual debería funcionar igual, que te impartan educación sexual no implica que te pongas a buscar sexo desesperadamente. Nos hablan de los ríos y no te vas a tirarte a uno y ahogarte. No sé. 

En el libro has escrito que te enfada lo que llaman el coitocentrismo. 

El coitocentrismo viene a ser que la práctica sexual más frecuente es la que vemos en las películas porno o en las románticas, que es la penetración. Como somos más simples que el mecanismo de un botijo: palito, agujero y dentro. Se nos olvida lo demás. En torno a esto empiezan las disfunciones eréctiles, la eyaculación precoz, porque a él se le pide que esté enorme, a ellas que se corran entre gemidos y alaridos mientras nos empotráis y si esto no funciona, preliminares, que es algo que nos han vendido a todas en las mismas revistas que hablan de tipos de orgasmos. Porque los preliminares no son tan importantes por las técnicas, sino por el concepto. Se considera preliminar el sexo oral o la masturbación mutua, que podemos las chicas orgasmar maravillosamente con ellas, pero al ser preliminares, como entre paréntesis, te los puedes saltar, ya que lo verdaderamente importante es la penetración. Me parece un error porque te pierdes todo el resto del bufé. 

En resumen, dices que no hay tipos de orgasmos, que solo se puede cambiar la intensidad.

No todos los orgasmos son iguales, incluso aunque te estimules de la misma forma. Al final para tener placer sexual necesitas cierta concentración en lo que estás haciendo, si estás pensando en la lista de la compra, en que va a entrar el niño por la puerta… no siempre los orgasmos van a ser igual. Pero tampoco pasa nada, tampoco salen siempre igual. 

Enemigos del orgasmo: la culpa.

La culpa de sentir placer, de hacer algo que no es en teoría normal, palabra que psicólogos y sexólogos odiamos. Sentir que estás haciendo algo que no debes, que puede ir del masturbarse teniendo pareja a que te excite pensar en Hugh Jackman cuando estás emparejada, ¿pero a quién no le excita? Al final la culpa es porque nos han metido una serie de ideas preconcebidas, normalmente es cultura judeocristiana, de que el sexo es solo para procrear y por muy ateo que seas lo tienes dentro metido. En estos casos hay que introducir información nueva a la persona, es algo que se puede hacer en terapia. 

La vergüenza.

También, lo mismo. En los hombres la vergüenza suele ser al tamaño del miembro, culpa de Nacho Vidal y sus vasos de tubo. Es volver al coitocentrismo, como a las mujeres hay que llenarlas, cuanto más mejor, y no, no necesariamente. La vagina no es un túnel, si no hay nada entrando las paredes se tocan. Nos adaptamos a todos los tamaños, forma, figura y orientación. 

¿Históricamente de dónde viene la obsesión con el tamaño del pene? 

Los paleodildos, dildos prehistóricos que se encontraban en las cuevas, tenían un tamaño importante, pero también por su valor simbólico de invocar la fecundidad. En eso, cuanto más grande, mejor. Somos un poco simples los humanos. 

Cualquier pene es válido… 

Claro, aunque luego te hablan del grosor. No hacen falta tamaños de morcilla de Burgos. El tamaño puede importar visualmente, igual que un pecho grande erotiza, pero la vagina se adapta a cualquier pene. Alrededor de la vagina tenemos el suelo pélvico, que es la musculatura que rodea a toda esa zona y que sujeta los genitales. Es como un cinturón. Lo podemos ir tensando y relajando para que se adapte al tamaño del usuario. Pero volvemos a lo mismo, no es importante porque el coito no es la única forma de relación sexual que podemos realizar. 

Las bolas chinas y todos estos mecanismos para ejercitar la vagina ¿son útiles?

Sí, las bolas chinas varían un poco en función de las necesidades, pero en general todas te hacen tensar. La musculatura, como la de todo el cuerpo, hay que ejercitarla. El suelo pélvico, que se llama suelo porque cuando nos ponemos de pie es lo que sujeta toda esa zona, si no lo trabajamos pues se va quedando más laxo, y si hemos parido o con el sobrepeso le puede pasar también. Haciendo determinados deportes también se puede dar de sí. Trabajar el suelo pélvico con bolas chinas o con los ejercicios que se conocen como Kegel es importante. También para la satisfacción sexual, el orgasmo cuando se concentra en la zona genital son contracciones rítmicas e involuntarias, si esa zona está más blanda, van a ser contracciones más suaves y la experiencia orgásmica será más floja por eso. 

¿Son leyendas urbanas esas vaginas ejercitadas que proporcionan unos orgasmos inigualables?

¿A ti te gusta que te estrangulen el pene?

Tal vez…

Pues eso, depende. Hay famosas que se ha dicho que dominaban esta técnica, pero tiene que ver con lo que le guste al dueño del pene, si le gusta que la vagina abrace con fuerza a su amante, necesita un suelo pélvico fuerte. 

Dices que Naomi Wolf apuntó cerca de los ochenta que después de la revolución sexual y segunda oleada del feminismo se habían superado muchos obstáculos pero que, en perspectiva, la mujer estaba tiranizada por la belleza…

Esto ha llegado hasta extremos de que existe la cirugía genital femenina, incluso el maquillaje. Hay hasta píldoras de purpurina para la vagina. Los hombres también tienen un estereotipo, pero en las mujeres han tenido un peso siempre. Si volvemos al porno, el de los noventa era sin pelos, recauchutado, labios vaginales muy poco desarrollados, aniñados…

Hay un tabú también con los labios menores grandes…

Sí, como que la flor está chuchurría. 

O si no hay simetrías…

Entonces metemos tijera. 

No es una mutilación, pero es cirugía, es importante…

Vaginoplastia, también hay liposucción del monte del Venus. Lo entiendo en chicos, que así se la ven más grande, ¿pero nosotras? También hay clitoriplastia, que de eso nunca sobra. No os lo recortéis, chicas. Todo por unos modelos estandarizados. Lo mismo por lo que las chicas se operan el pecho. Algo que ha llegado hasta los genitales, que cada uno haga lo que quiera con su cuerpo, pero creo que no tiene sentido. 

El canon de belleza con los pechos ha ido variando, además. Sabemos que los griegos lo vendaban si era grande, luego se realzó el busto y ahora mismo no sé en qué época estaremos, pero sí se ha recurrido a los grandes pechos para todo, desde vender coches…

Hay tantas tetas como mujeres, en realidad. Lo del canon no tiene sentido. Igual que hay tantos gustos como personas. Encajarnos en un estereotipo no tiene sentido, porque siempre se puede no encajar ya sea de alto, de ancho, de largo o de puntiagudo. Desde pequeños intentamos identificarnos con unos estereotipos y es ahí cuando hay que actuar. Se asocia al éxito y al seducción la gente delgadita, por ejemplo, y los niños interiorizan estos modelos. Si no encajan, les va a crear sufrimiento desde esa edad. Todo lo que podamos hacer desde el principio bien estará. 

¿Ha truncado la tiranía de la belleza la emancipación plena de la mujer?

Tengo pacientes, que no son una ni dos, que cuando les explicas la postura de penetración de la amazona, sentarse encima de su pareja y mirarla de frente, te contestan que así les van a ver la papada. Hay mujeres que apagan la luz y no por la vergüenza de la desnudez, como podría ser antaño, sino porque su cuerpo no encaja. Estoy de acuerdo con lo que has enunciado, sí que nos constriñe. 

Un tema de actualidad: la identidad de género. En el libro dices que hay gente que no lo comprende ni lo entiende. Es un tema complejo, porque tenemos a sectores muy reaccionarios de la sociedad haciendo campañas contra la identidad de género, pero también hay feministas que no están de acuerdo con esos planteamientos, parten de la premisa de que no hay cerebro macho o hembra, el género humano tiene el mismo cerebro. 

En principio no se distingue si un cerebro es de hombre o de mujer solo con verlo. Sin embargo, se están haciendo investigaciones de identidad de género con la hipótesis de que durante el desarrollo embrionario las hormonas sexuales podrían masculinizar o feminizar eso cerebros, microestructuras neuronales podrían recoger la identidad de género. No obstante, a mí este debate me causa sorpresa porque me parece algo muy básico. La identidad sexual es lo que sientes, ¿quién es otra persona para cuestionar lo que tú sientas?

¿Ese sentirse hombre o sentirse mujer no tiene más relación con la cultura? ¿Con roles predefinidos?

Pero eso no es identidad de género, sino rol de género. Por un lado tenemos el sexo, biológico, que tiene que ver con los cromosomas y los genitales. Ahí no hacemos ningún ejercicio de toma de conciencia ni decisión ni nada parecido. Hay embriones con cromosomas XY, que son los típicamente masculinos, y cromosomas XX, que son típicamente femeninos. Estadísticamente hablando, esto es lo más frecuente. Pero hay cromosomas del par sexual que se marcan tríos, XXY, y otras cosas. El abanico es más amplio en lo biológico, no se puede reducir a dos. 

En el desarrollo embrionario con las hormonas sexuales mediando por ahí, los genitales pueden convertirse en los típicamente masculinos, un pene y unos testículos, o en femeninos, vulva y tal. Pero eso no nos identifica, yo no me siento mujer por tener vulva. Esa es la lucha de las personas trans, que no se identifican con el género que se le asignó al nacer por sus genitales. Porque cuando venimos a este mundo y nuestros padres tienen que rellenar la partida de nacimiento, lo que miran es la entrepierna. Hay personas intersexuales que pueden tener características combinadas, típicamente masculinas con femeninas. A nivel cromosómico eso no se ve, pero a nivel genital sí. Antes, se miraba a qué se parecía más y se operaba, si se parecía más a un pene, pues se operaba, se le llamaba Miguel, pero luego igual se sentía Carmen. 

A raíz de ahí nos empezamos a cuestionar si el cómo te sientes tiene que ver con los genitales o con más variables. Yo suelo decir que no elegí ser mujer, sino cómo ser mujer. Ahí hago la diferencia entre identidad de género y rol de género. Los roles van cambiando, hace cincuenta años las mujeres no podían ser como somos ahora. En otros países en este momento tampoco pueden serlo. Por eso los roles de género son un constructo sociocultural, porque las sociedades los nutren y a veces hay que pelearse con ellos porque son injustos. 

La disforia sexual es un diagnóstico. Si a una persona que la tiene no se le trata, puede sufrir depresión, automutilaciones e incluso el suicidio. Pero hay quienes dicen que asumirlo como un diagnóstico es de nazis, porque es patologizar

La disforia indica un desacuerdo entre lo que la sociedad te dice que tienes que sentir respecto de tu género y cómo tú te sientes. Yo durante años he sufrido disforia de peso, porque tenía que tener la mitad de kilos. No encajaba en algo que te pide la sociedad. Por supuesto, el peso es menos relevante que el género, pero lo digo para que nos entendamos. Las personas que no se identificaban con su género ¿sufren una patología? No, pero hasta 2018 lo fue. Entonces cuando hablamos de disforia, hablamos de sufrimiento. Tengo pacientes que tienen frustraciones por muchos motivos y no considero que sean una patología. No eres depresivo, estás deprimido, ya veremos por qué. Tengo ansiedad, veamos por qué. Me siento disfórico respecto de mi género, vamos a ver por qué, igual. 

Las personas trans siempre han existido, hasta en la mitología griega tenía a Castalia, la diosa que liberaba las almas femeninas encerradas en cuerpos masculinos. Lo que siempre se ha intentado es el cambio de sexo, dar los genitales que necesites y encajen con lo que la sociedad diga. Esas operaciones generan sufrimiento y esos genitales son muy estéticos, pero a veces no funcionan bien con respecto del placer. Por eso lo que se plantea es por qué no se puede ser una mujer con pene, si ese pene te va a aportar unos orgasmos maravillosos, sin necesidad de operarse. Pero tenemos la educación que tenemos. 

¿Pero el problema frecuentemente no es el mero hecho de ver un pene ahí?

Porque la sociedad nos dice que si eres mujer tienes que tener vulva. Por lo mismo que el peso me genera problemas a mí, porque la sociedad dice que así no soy una mujer atractiva, no soy guay. 

Desde sectores feministas se critica que la inscripción administrativa de mujeres con pene como mujeres desdibuja su lucha… Ponen también como ejemplo los casos de reclusos que se declaran mujeres y van a módulos de mujeres, etc.

Eso es imaginar que la mujer trans es un Manolo disfrazado de mujer. Y no. La mujer trans tiene mucho sufrimiento porque se siente mujer, pero la sociedad no la reconoce como mujer. Está luchando por ser tratada como se siente. Tiene otra lucha y rechazo social como lo han tenido las mujeres con vulva por otros motivos. Esto de que un hombre va a generar situaciones de peligro en una cárcel o un baño creo que es residual, como las falsas denuncias por maltrato de género, que haber alguna habrá, pero… No es eso lo que busca una mujer trans, solo que se la trate como se siente. Entiendo de todos modos que el feminismo lleva muchos siglos luchando y puedan tener miedo, pero las mujeres, que saben lo que es sentirse ninguneadas o marginadas hagan lo mismo con otras personas que pueden sentirse así…

¿Y no puede darse el caso de la existencia de pseudotrans? Es decir, por una moda, yo ahora mismo digo que soy mujer. He oído hablar, por ejemplo, del caso en redes sociales de quejas de acusar de tránsfobas a lesbianas por no querer tener sexo con una mujer con pene. 

Lo que viene a decir esa persona es que al final le asociamos un género a los genitales y es la lucha que no conseguimos asimilar por nuestra educación, que pueda haber un hombre con vulva. Yo puedo rechazar por mis gustos personales realizarle un cunninlingus a un hombre, de la misma manera que hay mujeres heterosexuales que no les gusta hacer felaciones. Pero creo que esto quien mejor lo puede explicar son las personas trans que viven con estas circunstancias. 

Tu libro concluye hablando de masturbación, dices que no es un hábito solitario, sino que también puede ser complementario y compartido.

Siempre que pensamos en masturbación nos imaginamos solos, porque en pareja nos imaginamos el coito. El coitocentrismo. Una persona con pareja que se masturba puede que tenga una relación deficitaria con ella, pero también puede que no. A veces tengo parejas que me dicen que llegan agotados a casa después de trabajar, que no tienen tiempo, y les pregunto ¿pero qué hacéis, olimpiadas sexuales? Si con diez minutitos, te beso, saco la varita mágica y tal ya está, y no nos cansamos ninguno. No sé qué kamasutras se harán para alegar que el cansancio sea un motivo. Siempre nos podemos masturbar el uno al otro o uno al lado del otro. Probadlo.

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5 comentarios

  1. Muy interesante y amena la entrevista.

  2. ¡Qué excelente artículo de divulgación! Sin tapujos, con profesionalidad para “des tabuzar” un tema vergonzoso que desde pibes nadie era capaz de explicárnoslo y siempre terminábamos en el infierno. Con la procreación, o placer, somos demasiados complicados. Por estar en la cúspide de la evolución creemos -entre otras cosas- no merecer el bochornoso espectáculo de ver nuestros mecanismos sexuales iguales al de los animales “inferiores”, y tal confusión entre penes, clítoris, ovarios, testículos vaginas y escrotos me llevan a pensar que la evolución ha comenzado a corregir este estorbo que no había previsto. Nos sacamos los pelos superfluos, nos cortamos las uñas superfluas, queremos ser bellos como ellas, estamos dejando de fumar, de beber, cada vez somos más vegetarianos, cada vez veo con mayor frecuencia a heteros a paseo con sus mocosos o lavando los platos, el macho afeminado es moneda corriente, o sea, en definitiva, tomamos conciencia de que el sexo como las guerras es necesario erradicar. Tarea ardua, ya que como con la vida es difícil desprenderse de él. Pero ¿somos o no animales superiores? La vida puede continuar y tal vez mejorar sin el sexo. Las mujeres vienen con otra mujer adentro. Con el cromosoma X de otra, lo más alejada posible para mayor variación y salud llegaría otra mujer. Además, con tanta ciencia ficción leída veo muy natural que esas civilizaciones superiores (como pretendemos ser nosotros) que nos destruyen -o nos ayudan-, sean asexuadas. Con toda esa energía ahorrada y que dedicábamos al sexo nuestras expectativas vitales e intelectuales podrían ser mayores. Gracias por la lectura.

    • No se entiende nada de lo que usted dice…
      (Frases inconexas e ideas dispersas)
      Da la sensación que quiere erradicar a los machos e idolatrar las hembras sin venir a cuento de nada y con un exceso de lirismo epidérmico…

      (Lo dice un hombre con un whisky en la mano derecha y un libro de Hemingway en la izquierda…)

  3. Para redondear mi anterior reflexión. Creo altamente improbable que hechos traumáticos de la humanidad no dejen una huella hereditaria en nosotros. Ya Homero decía que las guerras eran el castigo de los dioses por ser tantos. Era una intuición que tiene algo de verdad. El mundo no es elástico, y eso se asume sin posterior discusión alguna. Entonces es posible que horrores como las guerras, matanzas, vejaciones, prepotencias, el holocausto de inocentes en la última guerra y, sobre todo, por lo menos en mí, no es posible que de frente a aquella foto, una en las tantas guerras, con un niño yemenita todo vientre y costillas al aire, dientes horribles por la contracción de sus mejillas, ya en el ensueño de la muerte, con un buitre detrás esperando la inmovilidad total no haya alterado en nosotros, y en especial modo en ellas, el mecanismo de transmitir experiencias. Seguramente hay lectores que no habían nacido entonces. ¿Y cuál sería en ellas la mejor forma de no volver a ver tamaños horrores? Feminizar el cromosoma Y para que no sean tan agresivo. Es por esto, creo, que haya tanto macho sensible, empático, manifestación que nos fue siempre aliena. No es posible que ellas, aun en sus ingenuidades, bondad e inerme condición como la misma naturaleza no hayan reaccionado hereditariamente de frente a tales horrores. Ninguna empresa va a buen fin si hay dos conductores. Y nos espera el infinito.

  4. Que coñazo de entrevista!!!
    (nunca mejor dicho…) No por las respuestas, sino por las preguntas (sobre el mismo tema una y otra vez…)

    Si no fuera por los traumas sexuales esta señora no tendría trabajo… Tampoco tendríamos el cine de David Lynch o las novelas de Houellebecq, x ejemplo.

    Enseñar a los niños y niñas juguetes sexuales y a masturvarse no arreglará nada, el ser humano es y siempre será un ser perverso (sexual y moralmente); también existen las buenas personas (algunas se tocarán y otras se dedicarán a otra cosa…).

    Un saludo.

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