#FuturoImperfecto

Futuro Imperfecto #34: Paisajes después de una pandemia

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Juan Carlos de Borbón. Foto: Cordon.

Ya hemos cumplido más de seis meses conviviendo con la COVID-19, si consideramos diciembre como su fecha de inicio en Wuhan, China. La pandemia ya ha desencadenado una serie de procesos de transformación social. Son el principio de un camino en cuyo final se vislumbra una sociedad, una cultura y una vida que ya no serán las de antes. Algunas las hemos encontrado como protagonistas de esta semana, quizá se consoliden, quizá desaparezcan, pero de momento son el síntoma del futuro que viene hacia nosotros.

Para qué sirve la monarquía española

El CIS se abstiene de preguntar, no lo ha hecho en los últimos cinco años, pero cada uno de nosotros encontramos difícil responder cuando se nos pregunta para qué sirve un rey. Su condición de inviolable parece pensada para librarle de responsabilidades políticas o judiciales sobre los actos de Estado, ya que tiene que firmar las leyes y aceptar las decisiones del gobierno sin oponerse. Pero parece incomprensible que además eso le permita delinquir si quiere, sin consecuencias. Esta semana conocíamos el acta que incrimina a don Juan Carlos como donante a su examante Corinna, evidencia de que su majestad no pagó los impuestos que le correspondían por la donación a Corinna. Son cincuenta y dos millones, según los técnicos de Hacienda, suficiente para llevar a cualquier ciudadano a la cárcel. A menos, claro, que haya prescrito antes de que Juan Carlos I pueda ser juzgado. Ahora que ya somos súbditos de Felipe VI, otro gran desconocido, también inviolable, la pregunta es cada vez más acuciante. Para qué sirve la corona.

¿Y la OMS? ¿Para predecir pandemias sí o no?

Todas las instituciones se están desgastando. Nuestra monarquía, el papel de la presidencia estadounidense, la policía allí, y ahora también la OMS. Trump ha anunciado fecha, un año, para salirse de este organismo que por tanto perderá el 22 % de su financiación. Es una decisión política que está alejando el foco del debate: ¿sirve la OMS para algo? ¿Se ha mostrado vacilante y balbuceante desde el inicio de la pandemia? Esta semana avisaba de que las microgotas con coronavirus que quedan flotando en el aire de un ambiente cerrado sí pueden infectar a las personas que las respiran. En apariencia no lo han hecho hasta recibir una carta firmada por doscientos treinta y nueve científicos procedentes de treinta y dos países. Discutible: si seguimos en su página sus anuncios y comunicados por orden cronológico comprobamos que se adelantaron pero que obviamente no podían obligar a los gobiernos a decidir, ni estimar si la situación de España, Suecia o Italia suponía decretar o no el confinamiento. Asesora, no manda. 

Amamos la ciencia española, puteamos a sus científicos

Habrá que parafrasear a Unamuno diciendo ¡que paguen bien ellos! Porque aquí inventar se inventa, y si no se inventa más es porque los investigadores y científicos que desarrollan su carrera en España son tan precarios como un rider. Dicho con respeto hacia los repartidores. El vídeo de Lucía, biotecnóloga, doctora en investigación, madre, futura parada, se hizo viral. No así la denuncia de #SinCienciaNoHayFuturo que agrupa las reivindicaciones y angustias de nuestros científicos y científricas, expresada en una manifestación online. Esto en el mismo país donde J. J. Cadenas, Fernando Cossío y sus equipo acaban de validar un método que puede descifrar en un futuro la clave sobre cómo se formó el universo. Camino al Premio Nobel si lo consiguen, y al enriquecimiento como país si ese otro inicial tratamiento de terapia celular contra casos críticos de coronavirus (investigación cien por cien española) sigue demostrando que funciona. Por no hablar del test de COVID-19 desarrollado por el CSIC y con 98% de fiabilidad

Nuestra pobreza es lo/la peor

Otra vez el relator de la ONU por aquí. A principios de febrero concluía que el sistema de protección español a la extrema pobreza está roto y que nuestras autoridades hacen la vista gorda, especialmente con los jornaleros en el campo. Ahora hace público su informe, contándonos lo que ya sabemos: crisis de vivienda, pobreza energética, y ese largo etcétera. Yo esta semana no leería su informe, sino esta carta, la que dejó una madre después de matar a su hijo, un relato de desesperación, tras haber perdido su custodia, por ser pobre. 

La política diversa se consolida

La fragmentación de partidos, relativamente nueva en España, ha hecho que el bloque de izquierdas y derechas se arree con fuerza, enarbolando la política como una amenaza en lugar de como una solución social. En Europa lleva más tiempo, y coaliciones que a nosotros nos suenan raras, del equivalente PSOE-PP, llevan años uniéndose para cerrar el paso a la ultraderecha. Con sus elecciones municipales Francia nos plantea un nuevo escenario: Lyon, Estrasburgo y Burdeos son ayuntamientos que han ganado Los Verdes. En Perpiñán gana el partido de Le Pen, y así gobernarán por primera vez una ciudad de más de cien mil habitantes. El bipartidismo no va a volver, y cabe aventurar que la agitación tampoco resultará como método de alcanzar la mayoría absoluta de un solo partido. 

Buscamos una nueva identidad personal

En este proceso continuo de preguntarnos quiénes somos daba la campanada de la semana el New York Times abriendo el melón sobre cómo podemos traducir el término browns. Estados Unidos, absolutamente obsesionado con la raza, ha elegido esta palabra para definir a todos los que no son blancos y tampoco son negros. Y eso puede incluir a un mexicano, un paquistaní, un gitano estadounidense, o a un español moreno. No es un capricho, las comunidades latinas se han unido al movimiento Black Lives Matters y se reivindican como browns. Personalmente opto por acudir a Oscar Zeta Acosta, amigo de Gonzo y autor de la Autobiografía de un Búfalo Pardo. Brown, Pardo, es el término elegido por Javier Lucini, editor y traductor de la editorial Dirty Works, para volcar en nuestro idioma este libro imprescindible a la hora de conocer el origen de la lucha Brown Lives Matters (en la década de 1970).

Vivimos con una sensación de continua amenaza

Casi todos hemos hecho bromas sobre cómo viene el 2020, el coronavirus nos ha tatuado el temor y el año nos envía de tanto en tanto señales del Apocalipsis. Comenzamos la semana con un meteorito de gran tamaño desintegrándose sobre Madrid y Toledo con un gran destello. Después otro explotaba con una fuerza de ciento cincuenta toneladas de TNT sobre el cielo de Japón. El derretimiento del permafrost siberiano puede liberar virus antiguos, quizá similares al COVID-19. La plaga de langostas que está masacrando el cuerno de África se ha replicado en la India, donde provocará nuevas hambrunas. Y el fenómeno de la nieve rosa por algas en los Alpes italianos también es un mal síntoma del cambio climático. Está esa chinche de cama que extiende una nueva epidemia en Estados Unidos, tras su picadura provoca alergia a la carne roja que no puedes volver a comer

La red social es ahora nuestra monarquía absoluta

Y por si lo hemos olvidado esas redes las formamos nosotros, los individuos, que al usarlas nos erigimos en censores creando tendencias o sumándonos a ellas. En Estados Unidos ciento cincuenta intelectuales y escritores (Noam Chomsky, Margaret Atwood, Salman Rushdie, entre otros) han firmado una carta llamando a defender la libre discusión de ideas sin ser censurado (habitualmente en redes). La base del mensaje alude a casos como el de J. K. Rowling, puede caer mal o bien porque se meta con las mujeres trans, pero no acallarla. O decir que es Lord Voldemort, opinión de sus ¿antiguos? fans. 

El proceso tiene su gracia. Fueron YouTube, Twitter y otros los que comenzaron a cerrar bocas de supremacistas blancos y violentos, intentando controlar los mensajes de odio. Por tanto ejercieron la censura. Facebook quiso mostrarse al mundo como virtuosa, no censurará nada ni a nadie. Pero la red ha sido auditada por un grupo de abogados y activistas de los derechos civiles de Estados Unidos, llegando a la conclusión de que sus directivos han tomado una serie de decisiones que amenazan las libertades públicas. Este es el informe. Desde The Guardian concluyen que la gestión de la compañía puede ser comparada con Corea del Norte

Así que este es el quinto poder. Después de la prensa, el cuarto, y del judicial, gubernamental y legislativo, la red social. Curiosamente también emana de todos nosotros. 

Privacidad, ni para hacer la compra

La cadena de supermercados Mercadona anunció que va a usar el polémico reconocimiento facial para detectar personas que hayan hurtado en sus supermercados, y echarlos. Business Insider dio la noticia de que la Agencia Española de Protección de Datos le había abierto un expediente por ello, que podría conllevar una grave sanción económica. La empresa lo desmintió, y efectivamente, de momento es solo una investigación.  Las aclaraciones de Maldita pueden ser útiles para comprender en qué consiste el proyecto

Pero más allá de los datos hay que recordar que hace un mes IBM y Amazon renunciaron a seguir comercializando sus tecnología de reconocimiento facial. Además de los sesgos —en Estados Unidos negros y latinos anónimos suelen corresponder más con fotos de delincuentes que los blancos— estas empresas piden una fuerte regulación estatal por los abusos que ya se están cometiendo con ellas. 

¿Tendremos que suscribirnos para vivir privadamente?

Neeva es otra de esas startup que se anuncian como alternativa a Google, te garantiza privacidad en tus búsquedas… mediante suscripción de pago. Es una novedad que eso se sume al modelo de suscripción que ahora se generaliza en la prensa diaria y newsletters. ¿Es pagar el futuro?

No necesariamente. DuckDuckGo, el buscador que garantiza nuestra publicidad gratis, ha cumplido doce años alcanzando los diez millones de búsquedas diarias. Quedémonos con la frase de su CEO, Gabriel Weinberg, «si quieres llegar más lejos ayudando a la gente a preservar su privacidad, tienes que ofrecer un servicio gratuito». 


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