
Javier Lucini (Madrid, 1973) se describe a sí mismo como «traductor, escritor, faquir retirado y amigo de un indio». Además de todo eso, también es junto a Nacho Reig, Rosa van Wyk e Iban Sainz Jaio uno de los fundadores de Dirty Works, la única editorial que existe en España dedicada en exclusiva a lo que podríamos llamar gótico sureño contemporáneo.
Apasionado de la cultura tradicional norteamericana, Lucini se ha enfrentado tanto a los apaches como a Johnny Cash, de quien es un ferviente seguidor. Su paso por editoriales como Mono Azul y Acuarela lo han convertido en uno de los mejores traductores de este país, y su nombre se encuentra ya indisolublemente asociado al de Harry Crews y Larry Brown, dos gigantes de la literatura sureña más cafre.
Aprovechamos la visita de Lucini al Festival Bookstock de Sevilla para charlar con él, largo y tendido, sobre esos «trabajos sucios» que se trae últimamente entre manos.
Disculpa que empecemos así la entrevista, pero traes cara de cansado.
No, disculpadme vosotros, pero es que hace un rato, como quien dice, he terminado de celebrar el cumpleaños de Bilbo Bolsón. Estábamos anoche ya a punto de irnos para el hotel cuando de repente nos cruzamos por la calle con un chavalín tambaleante que llevaba una botella en la mano. Le preguntamos dónde podíamos tomar la última, porque antes nos habían mandado a un sitio de música electrónica horrible y nos habíamos quedado con las ganas, y nos dijo: «Yo vengo de celebrar el cumpleaños de Bilbo Bolsón. Podéis ir allí». Me fijo en la indumentaria del chaval, y veo que la botella que lleva es de hidromiel [risas]. Nos dio las indicaciones para llegar al sitio, que se llamaba —no os lo perdáis— El Dragón Verde, y allí que fuimos. Todavía no éramos conscientes de la verdadera dimensión del asunto, pero nada más llegar, en la puerta principal, vimos un cartel tallado en piedra anunciando, efectivamente, el cumpleaños de Bilbo Bolsón, y dentro había un montón gente disfrazada de elfo, de hobbit, de orco… Era un sitio como gótico-medieval, decorado al efecto. Y nada, ciento once años celebramos. ¡Cómo pasa el tiempo! [risas]. Gandalf no vino, y la hidromiel ya se había acabado, pero nada más entrar en el local estaba sonando Johnny Cash. Así que al menos descubrimos que en la Comarca lo que se escucha es country, nada de Enya ni música de gaitas [risas].
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Me alegra enormemente que les hayáis hecho un hueco. Su editorial es una delicia en todos los sentidos, especialmente en el literario. Cada libro está muy bien elegido, y las traducciones de Lucini se intuyen estupendas. Pero lo mejor es que se atreven con autores en que pocos se quieren fijar, cosas duras y cañeras, y los lanzan en un formato muy concreto, con papel grueso y portadas oscuras.
La entrevista divertidísima. Un gran tipo este Lucini, para irse con él de cañas a diario.
Excelente serie esta de «editar en tiempos revueltos» y gran entrevista. Tuve que comprarme «Apacherías» inmediatamente, ja, ja, ja.
Dirty Works es un gran libro. Difícil de vender, por cierto: cuando les cuentas a los clientes que se desarrolla en un hospital con dos heridos de guerra, un negro sin brazos ni piernas, y un blanco al que volaron parte de la cabeza, la mayoría dicen «quita, quita». Sólo los clientes que confían ciegamente en mi criterio se lo han llevado. Y a todos les ha encantado.
Los pocos ejemplares de «Maldito desde la cuna» se vendieron casi solos (habrá que reponerlo) por ser el autor hijo de quien es y por su potente comienzo, y sólo tuve tiempo de hojearlo.
Volt y Cicatrices siguen en las estanterías. Tras leer la entrevista, empezaré por Volt: vendo mucho mejor lo que he leído que aquello que sólo he picoteado.
Y si os apetece, podéis hacer en vuestra gira una escala para conocer mi pequeña y atípica librería: Proscritos, en Torrelodones, Madrid.
Esta gente sabe lo que hace y además son unos tipos estupendos, hacen las cosas con pasión y alma, más no se puede pedir.
«Volt» es lectura obligada, ya estáis tardando si no lo habéis leído.
Deberían valorar la posibilidad de publicar en su editorial «Knockemstiff», ya que la editora que lo sacó en castellano quebró y a día de hoy es imposible de encontrar.
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¡Gracias!