
«Yo no sería capaz de». Así empiezan algunas de las mayores mentiras que nos decimos a nosotros mismos.
En 1961, el psicólogo Stanley Milgram formuló una sencilla pregunta a cien de sus estudiantes de la Universidad de Yale: ¿Seríais capaces de hacer algo inmoral, incluso cruel contra otro ser humano solo porque una autoridad os lo ordene? La mayoría contestó un «no» con una contundencia avasalladora. La consternación por el «solo cumplía órdenes» de Adolf Eichmann estaba aún fresca en el ambiente —el célebre juicio en Jerusalén se había producido un par de meses antes— y a nadie se le escapaba que la pregunta conectaba con el acontecimiento. En cierto modo, era así. Días después, el psicólogo celebraría uno de los experimentos más famosos de todo el siglo XX, el experimento Milgram, con resultados empíricos por todos conocidos sobre el peso de la obediencia en la comisión de crímenes.
Unos resultados que, si Milgram los hubiera adelantado ese día en el aula, habrían provocado una reacción acorde a la pregunta inicial e igualmente unánime entre el alumnado: «No me lo creo. No puede pasar». Pero pasó. El primer paso es la incredulidad ante lo sucedido, puro wishful thinking; el segundo es marcar la distancia individual. «Yo no sería capaz de hacerlo». Pero una abrumadora mayoría de los sujetos del estudio sí lo fue. Infligieron dolor a otro ser humano solo porque una autoridad se lo ordenó, sin coacciones. «Yo no reaccionaría así», se decían y nos decimos. Y en ese escepticismo hay una contracción de miedo.
Ahora, reformulemos la pregunta: ¿si alguien les llama por teléfono identificándose como autoridad policial y les pide que ejerzan con sus propias manos el castigo hacia un infractor, lo harían? Salvo que sea un individuo con algún desliz sádico aletargado esperando ocasión, lo presumible es que conteste que no. Pretextaría que hace falta ser muy estúpido para creerse que cualquier policía, en cualquier lugar del mundo, pediría por teléfono que desnudase, humillase, y maltratase a alguien porque robó algo. Pero pasó. Varias veces.
«Strip search phone call scam»
En abril de 2004 los noticieros locales de Kentucky se relamían de sordidez. Habían tropezado con una de esas noticias irresistibles, contenedoras de todos los ingredientes que mantienen a la audiencia en un hilo de sofoco hasta el siguiente suceso: tenían entre las manos una grabación de una cámara de seguridad de las oficinas de un McDonald’s, donde se apreciaba nítidamente cómo la encargada del local maltrataba a una de sus jóvenes empleadas durante dos funestas horas. Primero la obligaba a desnudarse, después la inspeccionaba y finalmente la empleada era forzada sexualmente por un hombre que, a la postre, era el prometido de la encargada. El calvario en estricto plano cenital y en riguroso prime time.
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Desde nuestros primeros pasos se nos induce a través de modos muy diversos, a hacernos sentir que somos parte de una comunidad en la que el individuo tiene poco que ganar como tal, y sí mucho que perder en el caso de posibles descarriamientos de las conductas establecidas y por supuesto, de LA AUTORIDAD. Ante esa pregunta sobre si yo hubiera obedecido a la «orden telefónica», sé con total seguridad que hubiese enviado al tipo a la mierda y que conste que no pretendo convencer a nadie, lo sé yo y me basta.
Me libré del antiguo servicio militar, la nefasta «mili» por un asunto médico y menos mal, porque sabiendo lo que me iba a encontrar allí, tenía proyectada la fantasía de hacer volar el polvorín conmigo y el mayor número de altos mandos posible como acompañantes para el paso a mejor vida. Como imagino todos sabrán, la mili era uno de esos campos de adoctrinamiento (quizá el peor) en el que se rebajaba la dignidad de los afectados mediante todo tipo de vejaciones, extorsiones y amenazas para la propia supervivencia. Todo ello con el fin de que los individuos no pensaran siquiera, a lo largo de su existencia, en dudar de una orden impartida por cualquier representante de LA AUTORIDAD, lo cual explicaría en parte, esa miserable conducta de bastantes personas. Yo creo que Donna Summers, debería haberse negado rotundamente por teléfono, aduciendo de entrada que nadie le garantizaba que el interlocutor fuese un policía, y que aún siéndolo, no podía pedir a ningún ciudadano que procediera a esa demencial conducta. En el caso de que David Richard Stewart hubiese tenido el cuajo de presentarse en el local exigiendo explicaciones haciéndose pasar por policía, y aprovechando la circunstancia de que en USA casi cualquiera puede tener su pistola cargada a mano, Donna le hubiera podido disparar en una rodilla y hacerle cantar de plano; las barbaridades, es decir, las idas de olla autodestructivas, siempre es mejor y sobre todo mucho más etico y moral, descargarlas sobre los arteros-canallas y no, sobre sus víctimas inocentes. Incluso aunque el tipo no fuera un impostor.
Si no hizo el servicio militar, no sé cómo afirma que era un campo de adoctrinamiento donde se vejaba, extorsionaba y se amenazaba. Pero, claro, si lo sabe todo el mundo…
Yo hice la mili y era mejorable, pero no era un stalag. Y hoy en día creo firmemente que un servicio militar propio de un país democrático y desarrollado sería muy saludable para la comunidad.
Afortunadamente el principio de autoridad no está totalmente disuelto. El día que ocurra o no habrá civilización o estaremos en el cielo.
O sea, que usted recuperaría el antiguo servicio militar para mantener vigente el ‘principio de autoridad’, ¿verdad que sí, piratilla…?
https://youtu.be/imhrDrE4-mI
Entre otras cosas. Sobre todo por su funcionalidad comunitaria. El atomismo individualista es inmoral y disfuncional para una sociedad sana. Contribuir a la protección de la nación es una obligación moral.
El principio de autoridad, claro está, está presente en el servicio militar, sino lo que tenemos son ejércitos de Pancho Villa. Ya pecamos demasiado de eso en nuestra última GC en el bando legítimo.
Las ideologías liberales y anarquistas, delicuescentes, no contribuyen precisamente a esto.
Sobre la autoridad es especialmente interesante este texto de Engels
https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/1873auto.htm
Y no me llame «piratilla», que tengo edad de comodoro.
A ver, grumetillo, por el principio de autoridad que dimana de Dios, nuestro Señor, está usted obligado a amar a los enemigos, cosa que es incompatible con poseer un ejército teniendo en cuenta que uno de los principales mandamientos divinos impone que «No Matarás’. O sea, que se está a favor o se está en contra del principio de autoridad, pero no ambas cosas a la vez, ¿eh?
Bueno, va, otro orate.
Se ha quedado usted sin argumentos, ¿eh?
Chinchecito, qué argumentos contra qué razonamiento suyo, el último era una chorrada sin fundamento.
No entiendo la mayor parte de lo que dice porque está medio ido y medio tonto. O borracho.
Que le den, imbécil.
Juas juas juas…
La verdad es totalmente interior. No hay que buscarla fuera de nosotros ni querer realizarla luchando con violencia con enemigos exteriores.
Yo me alegro de haberme librado de la mili, pero hay gente que se alegra de haberla hecho. Yo qué se.
Creo que a ud lo que le aterrorizaba era la idea de convertirse en el reclusa patoso de turno. Esa prosa denota pavor.
Saludos,
«Popotitos no es un primor pero baila que da pavooor, a mi Popotitos yo le doy mi amooooor…»
Las guerras no deberían narrase de manera diferente que los latrocinios, esto es, breve y escuetamente, sin alabanza alguna, antes bien, detestándolas… ¿verdad que sí, mi tesoro?
Hace poco me propusieron entrar al ejercito. Como médico, con especialidad. Vamos, en escala de oficiales y con rango. Tenia que pasar una oposición testimonial y ya estaba, trabajo para toda la vida.
Eso fue al empezar a trabajar como civil en un hospital militar. Al indagar un poco me dijeron que logicamente habia que hacer un servicio y formación militar y que mi destino laboral lo decidia el ejercito.
Medio en broma medio en serio pregunté por la cadena de mando, que si iba a tener que ponerme «a la orden» de cualquiera con mayor rango que yo y que callarme si me decía que no habia más que hablar. Entonces, y por primera vez, el médico militar con el que hablaba cambió el gesto y me advirtió:
«Sabes que a mi me gusta mucho el cachondeo y demás, pero los rangos es cosa seria, te puedes buscar un problema. Si entras, vas a tener que saludar, pedir permiso y obedecer aunque no estés de acuerdo. El tiempo, conocer al superior y tu tener mayor rango pueden relajar un poco eso, pero es importante que eso lo tengas claro»
Y asi fue como no me presenté a la oposición. La obediencia sin rechistar y yo no nos llevamos nada bien. Y no tengo ningún miedo a ser el recluta patoso, pero paso de consejos de guerra…
Bueno, pues imagino que no entrará en la función pública donde, sin llegar al extremo del ejército, también rige el principio de jerarquía.
No olvide, además, de que en Derecho español sigue vigente el «solve et repete», primero, cumple, y luego, quéjate.
Y una mierda para ti. ¿Tú qué eres, guardia civil o general del ejército? ¡Lameculos jerárquico!
Cara a cara, presionados por la masa, en un ambiente opresivo o totalitario y con la autoridad presente puedo entenderlo. Lo de Milgram, vamos.
Pero es que yo tengo cierta tendencia a mandar a tomar por el culo a los desconocidos que me dan la brasa por el teléfono.
Cuanto más radical sea el ‘no’ de un cliente todo comercial sabe que mayor es su miedo a decir que ‘sí’…
https://youtu.be/gnoqj7sp5Ic
Yo ví este documental sobre un supuesto «reality show» y me quedé estupefacto
https://www.google.com/url?sa=t&source=web&rct=j&url=https://es.m.wikipedia.org/wiki/El_juego_de_la_muerte_(documental)&ved=2ahUKEwj2g9mqhezqAhU9DmMBHQIKAIwQFjADegQIBBAC&usg=AOvVaw3elWlQvFaoAd1Fo6amlSZ7&cshid=1595805418321
De todas las tiranias de la humanidad, la peor es la que persigue a la mente.
https://images.app.goo.gl/H9TmxbjM1db4mPxn6
Que buen artículo! me ha dejado los pelos de punta. Sobre el experimento de Milgram todo es interesante. Es, como bien dice, el experimento más importante del siglo XX. Personalmente, lo que siempre acaba acaparando mi mente cuando pienso en ello, es por qué no se hicieron otros estudios paralelos sobre el escaso 3% (aproximadamente) de individuos que se negaron desde el prinicipo a aplicar el voltaje… Si lo piensas, es en ese reducido porcentaje de la población en el que reside la esperanza de tener una sociedad mil veces mejor, menos estabulada y más avanzada. Quizás ese sea uno de los oscuros vacíos que nos dejó el famoso experimento: nos desesperamos en el diagnóstico y no nos centramos es las soluciones.
La única solución, si es que hay alguna, es personal, interior y sexual…
https://youtu.be/WNLUn3dDrhk
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