
Cinco escalones. Hip, hap, hip, hap y a esperar encima de una pegatina roja. «Mantenga la distancia de seguridad, gracias». La ópera ha perdido mucho glamur con esto de la pandemia, pero te siguen tratando de usted. El COVID-19 nos ha dejado el mundo lleno de cartelitos. «Espere aquí». «Zona de desinfección». «Zona de secado». El mismo arco de seguridad que impedía que metieras un arma ahora tiene un termómetro que comprueba que no tienes fiebre. Las amenazas cambian que es una barbaridad.
Me había puesto una camisa buena y, a pesar de ser julio, pantalones largos. La ocasión lo merecía: por fin se acababa el streaming y podíamos volver al teatro. Raruna, pero era una vuelta al fin y al cabo. Estuve paseando por la plaza de Oriente hasta que me tocó pasar, porque la nueva normalidad está compartimentada: turnos de entrada, lavabos y zonas acotadas según localidad. En fin, que logré entrar y, cuando enfilaba la puerta, un acomodador me ofrece un programa de mano y me dice: «es de uso personal e intransferible. ¡No lo puede prestar!». Le digo «gracias» mientras pienso «¿quién presta un programa de mano? ¿Es que somos jipis?». El patio de butacas tenía un aspecto bastante tristón: cintas grises precintando dos asientos de cada dos y un auditorio enmascarado. Pero no máscaras divertidas, rollo Eyes Wide Shut, sino estas horrendas de color celeste. La vida diaria parece un gran hospital. Me asomé al foso, para ver cómo habían apañado las distancias de seguridad, y en vez de Verdi parecía que nos iban a tocar a Wagner. Los instrumentos de viento tenían colocadas unas mamparas alrededor, para que no desperdigasen miasmas. Lo mismo el estrado del maestro, que habían rodeado de metacrilato y que no quedaba claro si iba a dirigir una ópera o a visitar a unos amigos en el trullo.
Dan las ocho de la tarde y entra Nicola Luisotti, el director. Gran aplauso —ya saben, la emoción del reencuentro—. De repente, empieza a escucharse la voz de Iñaki Gabilondo por los altavoces: que si tenemos que estar juntos, que si se ha hecho un esfuerzo enorme para ofrecernos esa función, que qué alegría que nos hayamos animado a ir, etcétera, etcétera. Estoy de la gravitas un poco hasta el flequillo. Al final de la homilía, nos pedían guardar un minuto de silencio por las víctimas del COVID. Saltamos de la butaca como si llevásemos un resorte y nos ponemos solemnes. La voz de Gabilondo nos da las gracias y hay un pequeño aplauso hasta que alguien, desde los palcos de la izquierda, grita un vivaespaña. Silencio tenso y vuelta al asientito.
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No me importaría que la ópera desapareciera. Desde que era un niño, me pareció un pesado anacronismo, casi el equivalente de ir a misa.
https://youtu.be/5bQ9ZM7UNZY
Claro, la ópera es un anacronismo, es un cadáver exquisito… pero es tan bonito. La ópera era el entretenimiento del siglo XIX, sobre todo de las clases dominantes, que tenían un sentido del tiempo completamente distinto del que tiene un espectador del siglo XXI; la acción de cualquier obra de Wagner – que suelen rondar las 4 h. – en una película actual se despacharía en 20 min.
Pero, le aclaro, no es probable que la ópera desaparezca así como así, mientras haya quien sepa apreciar la excelsa música que compusieron Mozart, Verdi o Wagner, seguirá existiendo.
Le propongo una cosa, escuche – en un equipo de música, sin ver la acción – algunos fragmentos de D. Giovanni, La flauta mágica o El trobador, verá cómo le gustan y cómo cambia su percepción sobre el género.
Y otra cosa, no es lo mismo que ir a misa, el espectador sabe que está asistiendo a una representación, que todo es ficción; en la misa, el asistente cree que está en presencia de un dios y que el sacerdote habla en su nombre.
Lo olvidaba: me resulta chocante que opine así sobre la ópera alguien que sabe el significado de las palabras conticinio,, muérgano, xifoides o isagage ( ver Sabes qué significan estas 10 palabras raras, en Ocio y vicio, primer comentario )
¿ Utiliza mucho esos «palabros» en sus conversaciones ?
Juas juas juas…
Palmario ejemplo de la amplitud de su vocabulario…
Cuando uno es incapaz de reirse de si mismo, ha llegado el momento de que los otros se rían de él.
Esa clase de prejuicios son muy comunes, no se preocupe, la ópera no le hará caso y no desaparecerá.
No sé, pienso que la Ópera la deberían interpretar con dibujos animados…
https://youtu.be/Zy5f87-kI8c
Yo deseando el reencuentro con el Liceu de Barcelona………serà raro, seguro, però tambien emotivo….
Sé que es todo debido a esta nueva anomalía, pero no puedo evitar mi admiración hacia ese poso de vanguardismo que ha generado la adaptación operística a la escenografía impuesta por el Covid. Estoy impaciente por ver cómo se adaptan las artes escénicas a este nuevo mundo 2.0…