Fishbone: la banda que debió (y no pudo) reinar

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Fishbone
Fishbone. Imagen: Anna Suma/Columbia Records.

No había nada como ellos. Y en Los Ángeles nadie tenía dudas, o por lo menos yo no las tenía, acerca de que iban a convertirse en la banda más grande del mundo. (Bob Forrest, Thelonious Monster)

Fishbone es el grupo que debería haber llegado mucho más lejos que cualquiera de nosotros, los grupos que estábamos influenciados por ellos. (Les Claypool, Primus)

Los músicos los entienden. El resto de la gente, no. (Branford Marsalis, saxofonista de jazz)

El Museum of Pop Culture, que es algo así como el Rock & Roll Hall of Fame, pero con más criterio y bastante menos desvergüenza, organizó en 2019 la emisión en streaming de un homenaje a Alice in Chains. Diversos músicos tocaban versiones del grupo de Seattle y la colección de nombres era bastante importante pues, además de los propios Alice in Chains, participaban miembros o exmiembros de Metallica, Nirvana, Guns n’Roses, Soundgarden, Heart (empiezo a pensar que no hay nada que las hermanas Wilson no hagan bien), Rage Against the Machine, Smashing Pumpkins, etc. El concierto completo, por cierto, está accesible de manera gratuita en YouTube. Quien sea fan de Alice in Chains o sencillamente del rock en general pasará un buen rato viéndolo.

Pese a la estimulante presencia de todos esos fantásticos artistas, para mí la gran noticia era la reunión de los seis miembros de la formación original de Fishbone, quienes no habían tocado juntos desde 1993. Para mí era algo personal porque Fishbone siempre ha sido uno de mis grupos favoritos y uno de sus discos, en concreto, me parece una de las cumbres musicales de los años noventa. Volviendo al homenaje, los Fishbone originales (más el que hoy es su guitarrista) decidieron unir fuerzas para interpretar «Them Bones», uno de los clásicos de un grupo del que son amigos desde hace más de treinta años. Obtuve precisamente lo que esperaba: un pedazo de versión. Ahí estaban unos Fishbone cincuentones sonando como si los años no hubiesen pasado por ellos.

Ser un fan de Fishbone es una experiencia frustrante. De hecho, es posible que sean el grupo con el historial más frustrante de las últimas cuatro décadas. No por ellos mismos —que a veces también— sino porque cuando suceden cosas como esta reunión de los miembros originales, es inevitable pensar en el lugar que deberían haber ocupado en la industria de la música. Un lugar que nunca ocuparon, ni de lejos. Para entender esa frustración hay que ponerlos en perspectiva: está claro que si un grupo como ellos surgiese en pleno 2021 no tendría muchas oportunidades, pues los criterios del negocio y los gustos del público han cambiado mucho. Sin embargo, a principios de los noventa parecían tenerlo todo para convertirse en una de las bandas más grandes del mundo. Especialmente en 1991, año en que publicaron uno de los mejores discos de rock de aquella década (y de las décadas posteriores), y en 1993, cuando publicaron una dignísima continuación de su obra maestra. Pero nunca sucedió. Nunca obtuvieron el éxito. Grupos con los que habían compartido años de lucha en el underground de Los Ángeles, como los Red Hot Chili Peppers, se convirtieron en gigantes. Otros grupos que literalmente crecieron adorando a Fishbone, como No Doubt, también alcanzaron el estrellato internacional. Pero los propios Fishbone nunca pasaron de ser un grupo de culto, pese a que su sonido encajaba con la época y pese a que sus directos eran algo de otro mundo. ¿Qué sucedió? Bueno, esa es la pregunta del millón.

El legendario músico de jazz Branford Marshalis opina que la música de Fishbone estaba repleta de sutilezas que no podían ser captadas por una audiencia mayoritaria; en sus propias palabras: «los músicos lo entienden, el público no». Es extraño, porque Fishbone en directo eran divertidos y aparentemente accesibles, cuando la energía desbordante de aquellos seis individuos enloquecía a los asistentes. Pero no puede descartarse que esa misma música, oída tranquilamente en la radio, dejase descolocada a mucha otra gente. Otra posible explicación es la perenne manía de la industria y el público estadounidenses por compartimentar los estilos musicales según criterios raciales. Fishbone son negros, pero se definían como «una banda de rock & roll» y su público siempre fue blanco. Ellos mismos no lo entienden y siempre han expresado su frustración por el hecho de ser más apreciados por los franceses o por los japoneses que por sus congéneres afroamericanos.

En el tema racial, los inicios del grupo ya fueron anómalos. Cinco de los seis miembros fundadores provienen de South Central, una zona de Los Ángeles que es conocida por los altos niveles de desempleo, pobreza, drogadicción y delincuencia, así como por los violentos enfrentamientos entre bandas rivales. En Los Ángeles, las zonas pobres y negras estaban separadas de las zonas acomodadas y blancas no solo por una línea imaginaria, sino por un sistema de autopistas que ejercían como literal barrera física. Pero aquellos cinco chavales, gracias a una iniciativa social en pro de la integración racial de alumnos prometedores, tuvieron la oportunidad de estudiar en un instituto de una zona acomodada, el valle de San Fernando, donde la población era blanca. Pese a las protestas racistas de algunos padres durante los primeros días, los cinco chicos de South Central no tardaron en integrarse entre el alumnado blanco. Eso sí, cuando formaron un grupo de música, lo hicieron entre ellos. Fishbone fue fundado por los hermanos John Norwood Fisher (bajo) y Philip Fisher (batería), a los que se unieron Chris Dowd (teclados, voces, trombón), Kendall Jones (guitarra) y Walter Kibby (trompeta y coros). El sexto miembro fue Angelo Moore (voz y saxofón), que también era negro, pero de clase media y a quien los otros cinco no conocían: «Era un chaval que siempre iba sonriendo». De hecho, Moore vivía en el valle y había crecido como el único niño negro de su urbanización, así que estaba deseoso de unirse a los recién llegados «para ver si tenían los mismos gustos e intereses que yo». Su manera de entrar en el grupo fue de lo más estrambótica: en mitad de una clase, le envió una notita a Norwood Fisher, quien recuerda pensar «¿qué demonios le pasa a este tipo?»

Así pues, los Fishbone iban a clases en un instituto «bien» y eran alumnos brillantes, en especial el guitarrista Kendall Jones, un escolar superdotado que llegó a ganar una «decatlón académica», una importante competición a la que acudían cerebritos de toda California. Cuando no tenían clase, ensayaban en el avispero de South Central. La madre de los hermanos Fisher les dejaba usar la casa para ensayar porque, pese al ruido, se sentía tranquila sabiendo dónde estaban sus hijos. Fue en esos viajes hacia la casa de los Fisher cuando Angelo Moore descubrió que, cuanto más se alejaban del valle y más se adentraban en los barrios pobres, más oscura era la piel de la gente. Para Chris Dowd, el vivir en South Central determinaba la personalidad de cada cual: «Creces siendo negro en los Estados Unidos, en un vecindario donde ves que disparan a alguien y la policía no aparece. Eso te hace ver las cosas de un modo diferente. Empiezas a cuestionarte el gobierno, tu propósito en el mundo. Y creo que empezamos a tocar diversos estilos porque queríamos unir a todas las razas».

Dieron su primer concierto en un restaurante chino. Después, terminado el instituto, la única manera de tocar en directo era entrando en el circuito punk. Fishbone no eran exactamente un grupo punk, salvo por su actitud y la aparente anarquía que reinaba en sus conciertos, pero uno de los estilos que más tocaban por entonces, el ska, encajaba en esa escena. Además, esa escena era el cajón de sastre para los grupos raros e inclasificables que no encajaban en las modas, pues Los Ángeles era una ciudad donde triunfaban los grupos con cantantes que imitaban a David Lee Roth. Fishbone entablaron amistad con varios de los grupos raros con los que solían compartir cartel: Red Hot Chili Peppers, X, Jane’s Addiction, Thelonious Monster, etc.

Aquí podemos verlos en 1985, cuando todavía eran unos veinteañeros a quienes no conocía ni Dios (aunque acababan de firmar su primer contrato discográfico por mediación de un productor que los había visto en directo). Participaban en un modestísimo festival callejero de Los Ángeles y ya mostraban algunas de las características de sus futuros directos: un caos controlado, más o menos, sobre el escenario, varios de ellos repartiéndose las voces, con Chris Dowd y Angelo Moore lanzándose al público y siendo llevados en volandas. En fin… imagínense ir paseando por Los Ángeles en 1985 y toparse con estos chavales que un par de años atrás estaban todavía en el instituto, dominando el escenario como si hubiesen nacido en él:

Ese año entraron por primera vez en un estudio de grabación para grabar un EP llamado Fishbone, donde estaba esta «Party at Ground Zero» que tocaban en plena calle. Una canción que hablaba sobre la proliferación de armamento nuclear (de ahí lo de «Fiesta en la zona cero») y para la que poco después grabaron un estrambótico clip dirigido por Henry Selick, entonces también desconocido, pero que más tarde sería director de Pesadilla antes de Navidad. Lo que predominaba en aquel LP primerizo era el ska característico de la época que, exceptuando la brillantísima «Party at Ground Zero», todavía no mostraban una personalidad propia, sirvan como ejemplo «Ugly» o «Skakin’ to the Beat». El otro tema que destacaba del resto era «Modern Industry», cuyas influencias eran completamente distintas: Talking Heads, Thomas Dolby y sobre todo Devo (en una estrofa, Kendall Jones imita claramente la voz burlona de Mark Mothersbaugh). Fishbone, como ven, descolocando al oyente desde el primer día. En el año siguiente, 1986, publicaron su primer álbum completo, In Your Face. De aquel disco solamente lanzaron un sencillo que, sin duda, es lo que más me gusta del disco: la fantástica «When Problems Arise», otro coqueteo con la new wave cuyo irresistible videoclip es una de las cosas más fishbone que cabe imaginar, combinando los elegantes contoneos de las bailarinas hawaianas con los espasmódicos movimientos de los miembros del grupo. Y donde, además, empezaba a ser patente que Angelo Moore era el más carismático y el que con mayor facilidad captaba la atención de las cámaras:

El resto del disco contenía las habituales dosis de ska y sonaba muy bien, pero todavía no estaba a la altura de lo que tendría que venir en el futuro. Aún faltaba captar en estudio esa energía que Fishbone desplegaban en directo. En 1987, todos los grupos con los que se relacionaban en Los Ángeles tenían una cosa clara: Fishbone eran los reyes sobre el escenario. Aquel mismo año hicieron su primera gira internacional como teloneros de Beastie Boys, quienes descubrieron lo que en Los Ángeles ya se sabía y se repetiría con frecuencia en los siguientes años: cuando Fishbone abrían para otro grupo, siempre robaban el show a los cabezas de cartel. No era tarea fácil salir a tocar después de que ellos la hubiesen liado. A fin de cuentas, eran la clase de grupo que empezaba una canción con uno de sus miembros preguntando «¿Alguien tiene mi zapato?» y otro respondiendo «No volverás a ver ese zapato nunca más».

Aquel mismo 1987 publicaron un EP navideño —sí, ¡Fishbone tienen un disco navideño!— titulado It’s a Wonderful Life, como la película de Frank Capra, de la que usaron imágenes en el videoclip de la canción que le daba título al disco. En 1988 llegó su segundo álbum, Truth and Soul, que supuso un primer salto de calidad importante. En el disco había canciones en el estilo típico de los Fishbone de la primera época, pero más redondas, «Ma and Pa». Además, empezaban a sentirse más atraídos por un rock más potente, al menos en algunas canciones. El principal responsable era Kendall Jones, cuyo estilo a la guitarra empezaba a producir sonidos más duros. Pero bueno, si no es todavía una obra maestra, sí es un muy buen disco, desde los acercamientos al funk (la portentosa exhibición de Norwood Fisher al bajo en «Bonin’ in the Boneyard», o «Ghetto Soundwave»), hasta «Subliminal Fascism». Como sencillo de presentación del disco, Fishbone tomaron el clásico de Curtis Mayfield «Freddie’s Dead», que hablaba sobre los estragos de la droga, y se la llevaron a su terreno para referirse a lo que estaban viendo en su propio barrio:

En los directos nada cambiaba, y seguían siendo el grupo más reverenciado por sus colegas del underground de Los Ángeles. Su energía era contagiosa ¡hasta cuando les hacían actuar en playback! (donde se esforzaban bien poco en fingir que estaban tocando; sobre todo Fish, que ni se molestaba en montar la batería). Sin embargo, aún faltaba algo, una pièce de résistance que les permitiese salir del estatus de culto y convertirse en un grupo con potencial para explotar a nivel internacional.

Ese algo que faltaba fue su tercer álbum, publicado en 1991 y titulado The Reality of My Sorroundings. La verdad es que es difícil describir con palabras el salto cuántico de calidad que dieron con ese disco. En años anteriores, Fishbone habían encontrado inspiración en temas aislados: un par de temas en un EP, otro par de temas en un álbum, etc. Es obvio que canciones como «Party at the Ground Zero» o «When Problems Arise» habían sido sensacionales, pero otras estaban a un nivel algo inferior. Eso cambió con The Reality of My Sorroundings. Fue la obra maestra de Fishbone, una maravilla de principio a fin. ¿Por qué una obra maestra surge así de repente en un momento determinado? Es una pregunta difícil de responder, pero está claro que los seis miembros de Fishbone encontraron la inspiración en el mismo momento. Las composiciones, los arreglos, todo es impresionante.

El sencillo con el que presentaron el disco fue «Fight the Youth», que no se parecía a nada que hubiesen grabado antes. En una misma canción mezclaban varios estilos con una facilidad pasmosa: metal, rock progresivo, ska, sonidos atmosféricos, melodías con matices soul y pop; todo sin que se notaran las grietas de separación entre unos estilos y otros. Aunque era la canción más dura que Fishbone habían presentado hasta entonces, con Kendall Jones tocando pasajes a lo Eddie Van Halen y la presencia de un segundo guitarra, John Bigham, que ayudaba a conseguir un sonido más complejo y compacto, estaba repleta de matices. Hasta el videoclip era distinto, más serio, más oscuro. Lo más sorprendente es que este tema y otros temas del disco dejan claro que, en cuestión de sonido, Fishbone se adelantaron a la revolución del grunge y que varios pasajes de sus canciones sonaban a «Seattle antes de Seattle». Pensemos que cuando salió este disco, aún faltaban meses para que se publicase Nevermind de Nirvana y se iniciase la susodicha revolución. En otras palabras, Fishbone habían entrado en su propia línea temporal e iban por delante del resto:

Esa convergencia hacia sonidos similares a la inminente explosión del grunge es aún más evidente en canciones como «Sunless Saturday» (¡Tremenda canción y tremendo vídeo!) o esa maravilla llamada «Those Days Are Gone». ¿Y dónde quedaba el ska de los inicios? Pues seguía habiéndolo, pero incluso en ese estilo habían roto barreras y habían creado su modo de hacer las cosas. Sus nuevos temas de ska ya no seguían los patrones tradicionales y estaban repletos de influencias como el jazz de Nueva Orleans, valga como ejemplo la arrolladora «Housework» (¡ese interludio de vientos y esa marcha fúnebre del final!). También había funk: «Naz-Tee May’em» ayuda a ilustrar por qué los Red Hot Chili Peppers no tenían más que elogios para esta gente. ¿Y el punk? Está esa locura llamada «Pressure» que suena como si una congregación religiosa hubiese confundido cocaína por incienso. En resumen, el disco tenía sonidos variados que encajaban a la perfección en estilos que iban a explotar ese mismo año: el mencionado grunge y lo que entonces se llamaba «fusión». Lo inexplicable es que no funcionase. Puedo entender que al público actual no le interese este disco, pero en 1991 The Reality of my Sorroundings lo tenía TODO para haber triunfado a lo grande. Por si eso fuera poco, el álbum contenía una de las canciones más alegres, vitalistas y contagiosas de la década: «Everyday Sunshine», una absoluta delicia que, por motivos que me moriré sin lograr entender, no llamó la atención de las radios, ni de las televisiones, ni de los compradores de discos. Por entonces, no había un solo grupo de rock en el mundo capaz de hacer esto, pero se ve que no fue suficiente:

El disco no pasó de ser un éxito modesto, pese a que fue incluido entre los mejores discos del año por críticos de muchos países, España incluida. El productor que los había descubierto, David Kahne, dice que «la mayor decepción de mi carrera ha sido que Fishbone no obtuviesen un gran éxito. Yo quería que se diesen cuenta de que el sistema podía funcionar también para ellos. Y funcionó, pero solo hasta cierto punto y no de la manera en que sí funcionó para otros grupos». En directo, una vez más, nada había cambiado. En aquel mismo 1991, por ejemplo, participaron en un festival televisado cuyo cabeza de cartel era el rapero LL Cool J, que por entonces estaba en todo lo alto de su carrera. Pues bien, Fishbone salieron y no dieron tregua a la audiencia que, contagiada de la energía de los músicos, terminó perdiendo la cabeza. Tocaron «Everyday Sunshine» y «Fight the Youth», y cuando acabaron, buena parte de los espectadores decidieron que lo de Fishbone no se podía superar y se marcharon sin quedarse a ver a LL Cool J. Esto provocó considerable pasmo y cabreo en la estrella de la noche, humillada ante las cámaras por una banda de la que medio país ni siquiera había oído hablar. Insisto: salir al escenario después de Fishbone era una mala noticia. Para cualquiera. Por entonces, en directo, eran uno de los mejores grupos de rock del mundo, si es que no eran sencillamente el mejor:

Por cierto, sus actuaciones en estudios de televisión tampoco tenían desperdicio:

En 1993 publicaron su cuarto álbum, de memorable título: Give A Monkey A Brain And He’ll Swear He’s The Center Of The Universe («Dale a un mono un cerebro y jurará que él es el centro del universo»). Era otro extraordinario disco, el más rockero que habían grabado hasta la fecha, que sonaba como una extensión de los temas más guitarreros del anterior. Comparar ambos discos es una tarea muy difícil; en cualquier caso, era su segunda obra maestra consecutiva y la música seguía siendo compleja, y por momentos incluso más retorcida. El primer single que lanzaron fue «Swim», una locura metálica en cuyo riff de guitarra se percibe la influencia de Alice in Chains, un grupo con el que ya habían entablado amistad. Aunque claro, siendo Fishbone, la cosa tenía que sonar mucho más loca.

Para terminar de despistar al personal, el segundo sencillo no tenía nada que ver con el primero. Era, de hecho, un alegre ska bastante parecido a los del principio de la banda, «Unyielding Conditioning». Y, para más quiebros, el tercer sencillo volvía a ser una canción dura, «Servitude». En fin, en el disco había de todo. Estaba la melancólica «Black Flowers», la funky «Properties of Propaganda (Fuk This Shit on Up)», las alocadísimas «The Warmth of Your Breath» y «Drunk Skitzo», que parece salida de algún disco de Frank Zappa. En la gira de presentación, ninguna novedad: continuaban liándola parda. Pero tampoco con este disco llegó el éxito. Y es aquí donde se puede plantear la incómoda pregunta: ¿qué es lo que pasaba? Sus discos de 1991 y 1993 encajaban en las tendencias de la época. Sus directos eran imbatibles. Tenían el respeto de músicos de rock y también de músicos de otros estilos. La crítica los adoraba. ¿Fracasaron porque eran negros y hacían rock? En los Estados Unidos esto es un fenómeno recurrente: grupos de rock formados por negros que no obtienen la misma repercusión comercial de otros grupos del mismo estilo pero formados por blancos. Allí, los estilos musicales han sido asociados estúpidamente a cuestiones raciales e identitarias. Fishbone siempre sufrieron por el desdén del público negro hacia el rock. Y quizá por su propia raza no llegaban a capturar la atención de un público mayoritario blanco. En las filmaciones de sus conciertos su público es blanco en un noventa y nueve por ciento, pero esto no significa, obviamente, que llegasen a gustar a un porcentaje alto del público blanco en general. Según Angelo Moore, «no podemos sonar en la “radio negra” porque no tocamos suficiente R&B, que es lo que mucha gente negra está acostumbrada a escuchar y lo que la radio negra está acostumbrada a poner. Pero el rock & roll es negro, y el rock & roll es blanco».

Retomemos la hipótesis de que su música puede ser desconcertante y por momentos difícil. Quizá lo es, pero es que en 1993 Primus llegaron al Top Ten estadounidense con un disco cuyo sencillo de presentación era «My Name is Mud». Una maravillosa canción a mi modo de ver, pero no menos extraña que lo que hacían Fishbone. El propio Les Claypool, líder de Primus, ha dicho varias veces que nunca entendió por qué su banda obtuvo mucho más éxito que Fishbone, que es algo que para él no tiene mucho sentido. Lo mismo sucede con los Red Hot Chili Peppers, quienes en Los Ángeles, durante años, se habían resignado a «perder el partido» cada vez que compartían escenario con los de la raspa de pescado.

A la frustración que sentían por saberse uno de los mejores grupos de rock del planeta y, al mismo tiempo, ver cómo el éxito los esquivaba una vez más, se sumaron los problemas internos. El más grave, el ocasionado por Kendall Jones. El guitarrista es un individuo extraordinariamente inteligente, pero la muerte de su madre lo sumió en una depresión de la que parecía no salir. Entonces reapareció en su vida su padre, que lo había abandonado y para colmo era líder de una secta religiosa. Empezó a comerle la cabeza a Kendall. Y este, para preocupación de su entorno —su hermano, su novia, sus compañeros de banda—, empezó a descolgarse sus repentinas diatribas bíblicas. Al poco después de salir el disco Give a Monkey, Kendall dejó el grupo alegando que la música rock era satánica y después se marchó a la sede de la secta de su padre.

El bajista Norwood Fisher, junto a la novia y el hermano de Kendall, alquiló una furgoneta para intentar llevarlo a un centro de desprogramación. Quedaron con él y, por sorpresa, trataron de meterlo en la furgoneta, pero él se defendió y después los denunció a la policía. Los tres tuvieron que a ir a juicio acusados de intento de secuestro con una posible sentencia de diez años de cárcel. Varios grupos amigos de Fishbone, como Alice in Chains, Primus y Tool, organizaron un concierto para recaudar dinero con el que pagar a los abogados de la defensa. La situación era peliaguda porque Kendall colaboraba activamente con el fiscal; según Norwood, que conocía bien la inteligencia de Kendall, «si alguien podía conseguir que nos encerraran, era ese brillante hijo de puta». Pero cuando llegó el momento decisivo y Kendall habló en el juicio, su alocado discurso religioso demostró que no estaba en sus cabales y necesitaba ayuda psicológica, tal y como habían insistido su hermano, su novia y su compañero de banda. Los tres fueron absueltos.

Al año siguiente abandonó el grupo Chris Dowd, por causa de un ataque de ego que él mismo reconoció más tarde; estaba cansado de que Angelo Moore captase toda la atención en vivo. Montó un proyecto en solitario en el que colaboró otro ilustre admirador de Fishbone, Jeff Buckley. Fue otra pérdida que hizo daño, pues Dowd no solo hacía grandes armonías vocales con Angelo, sino que había tenido una importante aportación como compositor. El golpe definitivo llegó en 1996. El álbum Chim Chim’s Badass Revenge, aunque era un buen álbum, sufría de la comparación con las dos barbaridades que Fishbone habían publicado en 1991 y 1993. Las ausencias de Jones y Dowd se notaban en el estudio incluso más que en el directo, donde Angelo Moore sí se las bastaba para hacer olvidar que no estaban. Además, la industria estaba cambiando. La discográfica Sony ni siquiera se molestó en promocionar el álbum, y rescindió el contrato con el grupo.

En 1998 se produjo otra baja demoledora: el batería Philip «Fish» Fisher se marchó para empezar una carrera como cotizadísimo músico a sueldo de una larga sucesión de megaestrellas. Tocó para Taylor Swift, Rihanna, Snoop Dog, Justin Timberlake, Christina Aguilerra y muchos otros artistas por el estilo. Una vida de mercenario, pero más confortable que la vida de su hermano Norwood, que nunca abandonó el barco de Fishbone pese a las dificultades. Las provocadas por la falta de éxito y las provocadas por la volátil personalidad de Angelo, el otro miembro original que nunca ha dejado el grupo. Excepto ellos dos, Fishbone han cambiado de miembros con frecuencia. Su situación discográfica se vino abajo casi definitivamente, y solamente han publicado dos álbumes en veinte años. Uno en el año 2000 titulado Fishbone and the Familyhood Nextperience Present: The Psychotic Friends Nuttwerx que, pese a los cameos de artistas de más éxito (por ejemplo, Gwen Stefani en esta versión de una antigua maravilla de Sly & the Family Stone), no funcionó comercialmente. El último álbum que publicaron fue Still Stuck in Your Throat, en el 2006, y ahí decidieron renunciar a seguir grabando para nada. Desde entonces, han seguido viviendo básicamente de sus conciertos. Y han sonado siempre bien porque siempre han sabido escoger a grandes músicos. Allá por el 2010, y con solo dos miembros originales, todavía podían ofrecer espectáculos memorables. En esta actuación que van a ver, Angelo Moore hay había cumplido ¡cuarenta y cinco años!, y todavía se tiraba en plan suicida como si tuviese veinte.

En tiempos recientes, no obstante, han regresado los miembros originales. El único miembro original que no forma parte de la banda es Kendall Jones. Sí pudimos verlo en el homenaje a Alice in Chains del 2019 con el que empezábamos el texto, pero aparecía como segundo guitarra y no tocaba el solo de la canción, lo cual me lleva a pensar que ha dejado de practicar hasta el punto de haber perdido sus capacidades como guitarra solista (¡una verdadera lástima!). En cualquier caso, hace décadas que Fishbone se hicieron a la idea de que nunca iban a tener éxito. Como dice Angelo Moore: «Kendall Jones quería volver a tocar con Fishbone y decía: “El dinero no importa, hagámoslo por diversión”. Y el dinero no es la primera prioridad, pero es un factor muy importante. Especialmente después de haber estado haciendo esto durante décadas, teniendo un estilo de vida en el que eres famoso pero no rico, y viendo que todos los demás grupos que empezaron contigo están haciendo su música y convirtiéndose en millonarios, mientras nosotros seguimos en el mismo sitio». Angelo no habla por hablar: en un momento de la pasada década llegó a ser desahuciado de su apartamento.

Triste que esta haya sido la carrera del grupo que grabó The Reality of my Surroundings y Give A Monkey A Brain And He’ll Swear He’s The Center Of The Universe, el grupo que durante tanto tiempo fue imbatible en directo, el grupo que en su momento álgido hizo cosas únicas e inimitables. Pero bueno, si una sola persona descubre a Fishbone a raíz de este texto, me doy por satisfecho. Al final se trata de eso, de intentar compartir cosas que amamos. Y qué demonios, siempre podemos recordar los días de gloria en los que Angelo Moore se tiraba desde el anfiteatro de una sala. Porque podemos decir que, en el lado bueno de las cosas, Angelo, pese a sus cientos o miles de intentos de fenecer durante un concierto durante décadas, sigue vivo. Algo es algo.

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26 Comentarios

  1. Comparto tu pensamiento ! Una de mis bandas favoritas de los 90’s, totalmente increíble el nivel con interpretaban cada estilo que hacían o fusionaban! El último cover que le hicieron a Alice un Chains es un claro ejemplo.

  2. No los conocía, gracias por el magnífico artículo, como siempre. Otro grupo parecido que no tuvo repercusión o no tanta como la calidad y variedad de su música (rock, funky, ska, soul) fueron los también negros “Living Colour”.

    • Me has leído el pensamiento con Living Colour. Otros que merecerían estar entre los ‘imprescindibles’ de su época.

      Y redescubriendo a Fishbone, ya que no los aprecie debidamente en su momento. Algo falló porque hoy me he pegado una panzada y absolutamente discrepo de mi opinión de entonces. Que brutalidad!

  3. Odio el término ‘de culto’ pero menos es nada aunque es una pena que nunca hayan podido vivir cómodamente. Hay un documental sobre ellos que nunca he tenido ocasión de ver, donde el pobre Angelo se muestra casi cincuentón viviendo aún con su madre. Tampoco es ningún secreto que el estado de ánimo de Angelo se agrió con los años y pasó de ser un tío feliz las 24h del día, a una persona frustrada que empezó a tomarse Fishbone como el único modo de obtener unos mínimos ingresos económicos que aunque seguía dándolo todo en vivo, quienes lo trataron hace unos años se encontraron con una persona muy diferente fuera del escenario, lo cual, tristemente es lógico llegada a cierta edad. No obstante, una banda única en todos los sentidos.

    • No creo que se le pueda culpar porque se le agriara el carácter. No llegar a la cima porque no tienes suficiente calidad y has de conformarte con ir viviendo es una cosa, no lograrlo cuando lo tienes todo y nadie se explica por qué no te elevas, otra muy distinta. Ha de ser realmente frustrante, más cuando ves que grupos similares (y alguno que hace poco más que copiarte – no diré nombres) se forran. Lo último implica que no es que no logres conectar con los gustos del momento, cosa que también pasa y también duele, pero te resulta más fácil resignarte a ser un incomprendido.
      Pero ver pasar varios trenes durante años, con un billete de primera para todos y no poder subirte a ninguno… Es incomprensible y tiene que doler como nada. Lo raro es que aún tenga cuajo para continuar con el directo.
      La historia de Fishbone es una buena prueba que la vida y la industria no son justas.

      • Tienes toda la razón, al 100%, de hecho ya comento que es lógico que se le haya agriado el carácter precisamente por todo lo que tú argumentas. Las injusticias dentro del show business nunca son tomadas como algo serio pero para los que llevamos esto dentro, lo son. Y muy cierto lo de aún tener el cuajo para seguir subiendo al escenario y darlo todo. Conozo casos de primera mano de gente que harta de luchar durante treinta años, lo han dejado tristes, amargados y con su vida personal afectada. En fin…

  4. Hola. Cierto, buena música, entretenida, energética, y concuerdo con Dani, yo sólo conocía a Living Colour, pero Fishbone te lleva un paso más allá, quieres verlos en vivo para disfrutar toda esa energía. Me declaro un fan más.

  5. Muchas gracias Emilio.
    No es mi tipo de rock pero he disfrutado (con lástima, por supuesto), la historia, videos y música.
    Un saludo.

  6. Everyday sunshine. Hace casi 30 años que está en mi lista de canciones preferidas de siempre. Muy buen artículo y muchas gracias, Emilio.

  7. Como Teenager de los 90: es imposible que me gustara esta banda. Demasiado arty, jazzy e inconcreta. Era imposible que fuesen tan grandes como Nirvana, RATM, GreenDay, RHCP, Oasis, Blur…

    • No hables muy alto de Blur. Damon Albarn sólo se ha reconciliado con esa etapa de su carrera en los últimos años ;)

    • Yo sabía de ellos, pero nunca escuché nada de ellos, en parte por como dices, LASS, por la cuadriculada mentalidad adolescente que adoraba los discos que había descubierto por si mismo y por tanto, todo lo que me recomendaban oír, iba a la “blacklist” directamente.
      Además yo era el “rarito” en cuanto a la música: mis colegas flipaban con extremoduro y RHCP, mientras yo andaba rebobinando a lapiz, para no gastar las pilas del walkman, mis cintas de los Pixies, de Jane’s Adiction y esos RATM que tu nombras…después descubrí a Tool; mis colegas pensaban que me pasaba de “raruno”.

  8. Pues a mí me parece normal que no llegasen a tener más éxito comercial. Me parece un grupo de nicho, no de superventas. Su música puede gustar más o menos pero es evidente que no es de fácil digestión y no sacaron ningún single tan potente, en mi opinión, como para dar el salto en ventas.

    Los Chili Peppers tras la muerte de Hillel Slovak y la entrada de Frusciante dejaron de lado un sonido muy parecido a Fishbone y se volvieron más accesibles y roqueros. La jugada de sacar como single la vesión de Higher Ground fue muy inteligente y les catapultó a pimera fila y después se consagraron con el monumental Blood Sugar …. Los Fishbone no tuvieron ninguna canción tan radiable como Give it away o Under the Bridge ni de lejos. Si los RHCP hubiesen seguido con el mismo sonido de sus primeros discos supongo que ahora seguirían compartiendo escenario con Angelo Moore en bolos por ahí en vez de reventando estadios.
    Jane’s Addiction que también se nombran en el artículo tampoco lo petaron en ventas en su momento a pesar de ser hoy en día un grupo muy reverenciado porque tampoco eran para todos los públicos.
    Otra banda que también fusionaba muchos estilos eran (o son) Faith No More pero te sacaban un Midlife Crisis o un Epic y después se podían dar el lujo de hacer lo que les saliese de la chorra en el resto del disco.

    Tampoco me parece que el hecho de ser negros jugase en su contra a nivel de ventas. Los artistas negros han copado las listas musicales durante décadas sin ningún problema. ¿El rock es más “racista”?, no creo. Ahí tenemos el bombazo que dieron Skunk Anansie con una cantante negra, calva y lesbiana. Rage Against the Machine lo petaron muchísimo con guitarrista mulato y un cantante que para muchos americanos debe ser negro (si lo es la prota de Gámbito de Dama …). Los componentes de System of a Down son todos de origen armenio y para muchos americanos deben ser prácticamente árabes (y además nunca han intentado disimular sus orígenes).

    Sea como sea, gran artículo y un placer leer de música con tanta pasíon.

    • Yo sí creo que hay cierto racismo sistémico. La asimilación del rock tras pioneros como Chuck Berry, Muddy Waters o Little Richard a la raza negra fue algo restringido a solistas. Posteriormente las bandas americanas de rock más famosas estuvieron integradas casi exclusivamente por blancos: CCR, Grateful Dead, Jefferson Airplane, The Doors, Beach Boys, Buffalo Springfield etc. Por esa época de efervescencia musical y contracultura, surgió Jimi Hendrix, negro, pero de nuevo un verso suelto. Más adelante irrumpió el punk con Los Ramones, el glam con los New York Dolls, pop con Blondie etc, y luego la plétora de grupos heavies, todos ellos ineludiblemente blancos. En los 80, las bandas señeras del rock empezaron a surgir en el circuito de las radios universitarias, con REM como ejemplo más palmario, y de ahí vinieron Pixies, grunge etc., lo que nos sitúa en el contexto de Fishbone. Durante la época de la contracultura el racismo era evidente, con la segregación aún latente. Supongo que en los 80, 2 décadas después podría darse el contexto para que emergiera un movimiento de bandas de rock negras. El problema es que por entonces los negros habían inventado poco antes el rap, no ya solo como género musical sino como medio de emancipación y protesta ante el racismo y la brutalidad policial. En esas circunstancias surgen Fishbone y tienen que pelear contra todos esos elementos por hacerse un hueco. Me imagino que a ojos de la industria musical debieron ser algo tan exótico como ver a un inglés cantando flamenco, no olvidemos que las discográficas marcaban el paso y no tomaban excesivos riesgos que descuadraran sus balances. Sí, podían tener fracasos con grupos blancos (de hecho hubo decenas de bandas que no vendían nada, los Pixies por ejemplo), pero entraban dentro del margen de pérdidas por el mero hecho de explorar cosas apartadas del mainstream en las que, de vez en cuando, salía algún bombazo como Nirvana, por ejemplo. En este sentido hay que decir que ni Fishbone (por lo leído y visto en el artículo) ni Living Colour eran netamente bandas de rock. El hecho del color de piel les obligó a diferenciarse del resto de bandas blancas introduciendo otros elementos como el soul, blues, ska o el rap, admitiendo implícitamente que se sentían intrusos en un ecosistema (el de las bandas de rock) mayoritariamente controlado por blancos que por entonces empezaban a vislumbrar el gran negocio de la música negra (rap, R&B).

    • Skunk Anansie no era un grupo negro, RATM no era un grupo negro, System of a down no era un grupo negro.
      Por otro lado, Fishbone tenían Everyday sunshine, tan comercial y radiable como la más comercial y radiable de los RHCP, mucho más que singles extraños como Taste the pain.

  9. Los vi en 2002 en Barcelona en una sala pequeña famosa por tener un sonido horrible (Mephisto). Super profesionales. Nadie sonó ni sonará así en esa sala. Tremendos en escena, generosísimos en tiempo y repertorio a pesar de que el público era poco numeroso, encantadores con unos teloneros muy, muy bisoños. Tal como acabó el concierto bajaron del escenario y saludaron a todo el mundo. Creo que todos compramos algo en el tenderete, un cd, una camiseta, lo que fuera. Totalmente irresistibles y eso que para entonces se supone que no era su mejor momento. Se decía que quizá no tuvieron el éxito que merecían porque tocaban demasiados palos y no acabaron de encontrar su público. Quizá sus primeros discos llegaron un poco demasiado pronto para alcanzar un éxito mainstream y luego las circunstancias. Una lástima

    • No me acaba de convencer el argumento. Otros tocaron también muchos palos y les fue mejor. Recuerda que era la gran época de la “fusión”.
      Tal vez sólo fuera simple mala suerte. O que no dieran con un tema muy radiable (este punto ya me parece más acertado). No lo sé. Tampoco soy un hombre de radio, mucho menos un productor.

      • El hecho de que no haya grupos de punk negros también es sintomático. En sentido inverso tenemos a bastantes ejemplos de raperos blancos que han conquistado el (supuestamente) exclusivo territorio del rap: Snow, Vanilla Ice, Eminem, Beastie Boys…Me lleva a pensar que los negros, consciente o inconscientemente se autolimitan a su “gueto” musical, el del rap y R&B. Lo que no sé es cuánto de esa restricción tiene que ver con el victimismo o con los engranajes de la industria.

  10. Gracias por el artículo. Unos grandes, sin duda. Y puestos a añadir, a mi me gusta especialmente su álbum (ojo ahí) Fishbone & The Familyhood Netxperience Presents The Psychotic Friends Nuttwerx. Aunque coincido que el Reality of my surroundings es su cumbre, este es ya una cosa más centradita y potencialmente más comercial. Digo potencialmente porque ya ha quedado claro que ni un duro hicieron los pobres. Però “Where’d you get those pants” es una de las canciones más alegres que conozco.

    Venga, anímate a hacer uno de Primus o Jane’s Addiction, o de Living Colour, otros menospreciados de la música.

    Y sí, algo de racismo hay en que no se comieran un rosco.

  11. Aquí otro fan a muerte de Fishbone. Precisamente escuché The reality of…hace dos días. Tenía un día de bajona y sabía que era la píldora antidepresiva perfecta. Acabé oyendo también el Truth and soul y bailando por toda la casa. Mi compañera de piso, de 39 años y con una cultura musical grandísima alucinaba ‘Quienes son éste grupazo que no he escuchado jamás??’ Yo alucinaba de nuevo (25 años haciéndolo) lamentando que en este siglo ya no se haga música como ésta.
    Gracias por el artículo Emilio, aluciné en su momento con tu review del The reality of…, es grande saber que hay otros Fishbone Soldiers esparcidos por éste país.

    • Me gusta pensar que Angelo saca fuerzas precisamente de nosotros: esos Fishbone Soldiers que seguimos pensando que ellos están entre los más grandes y el mundo entero está equivocado.

  12. Fishbone soldier for life!! Ojalá pronto vuelvan a tocar por aquí. La última vez los vi en una sala en Madrid y les habían robado cosas del tour bus el mismo día. Aún así en una sala pequeña y con pocos hicieron un bolaco. Hace demasiado que no los veo!

  13. No los conocía y después de oírlos, Wooooooow…………….creo que es entendible porque no triunfo en grande, le falta ese pequeño toque que la mayoría de lo mortales no sabemos que es pero que inmediatamente lo detectamos ……… Ese pequeño toque, botón o que se yo que solo escucharán un pequeño grupo de acerrimos fans, que dirán de los otros que no nos orgasmeasmo al escucharlo “no saben de música”, yo solo espero que nos compadezcan y digan “pobres no alcanzan a comprenderlo”

  14. 30 años gozando con “Truth & Soul” y el monumental “The Reality of my Sorroundings”, este último inagotable, uno de los mejores discos de su tiempo. No creo que Fishbone necesitasen del éxito de Jane’s Addiction o RHCP, en su dia fueron muy apreciados (incluso en España revistas como RdL y Popular 1 los ensalzaban; lástima de Ruta 66 y su miopía), sus discos eran fácil de encontrar, y en su feudo, California, eran y siguen siendo una institución. Es una pena cómo perdieron fuelle en su discografía posterior.

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