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¡Pechos fuera!

pechos fuera
El nacimiento de Venus, de Sandro Botticelli.

Sayaka gritaba «¡Fuego de pecho!» a los mandos de Afrodita A y no «¡Pechos fuera!» como algunos se empeñan en afirmar. En el imaginario de muchos de los actuales cincuentones ha habido un claro cruce entre la orden lanzada por Sayaka y el «¡Puños fuera!» de Koji Kabuto. Tal parece que dicho cruce, que ha generado vivas discusiones en las redes, tuviera más que ver con el momento exacto en el que se encontraban esos chavalotes —pubertad, adolescencia—, con la pandilla de amigos que frecuentaran y con las picardías que intercambiaron durante la emisión de los veintisiete capítulos de la famosa serie, entre 1978 y 1979, que con una frase real. La orden lanzada por Sayaka es un viaje inmediato a través del túnel del tiempo hacia las capas medianas del hipotálamo y, por supuesto, sin mochilas. 

Así lo contaba Pepe Colubi en su Pechos fuera —editado por Espasa Hoy en 2009—, el libro con el que repasó las series de su vida y quizá origen remoto de las mencionadas discusiones digitales. Los tuits y sus hilos, insultos incluidos, se han centrado en si lo decía o no lo decía y alguno se ha aventurado a señalar el capítulo concreto. Sin embargo nadie ha puesto en entredicho que los pechos fueran misiles, ni que las armas de Afrodita A no fueran mamas alimenticias o tetas eróticas ni que su fuerza mortífera residiera en sus dos atributos mientras que su compañero masculino usara los puños y no el pene o los testículos para, en justo paralelismo, derrotar al enemigo. La serie fue lo que fue aunque ahora admitiera otras lecturas. 

Pechos fuera es también el título de un manifiesto firmado por Patricia Luján y publicado por Zenith (ed. Planeta), en el que la creativa publicitaria —«Bienvenido a la república independiente de mi casa»— analiza la hipersexualización de los pechos desde una óptica feminista muy acorde con el pensamiento actual. Y muy en la onda de las hippies de los sesenta que decidieron liberarse del sujetador que, por cierto, no tenía ni un siglo de vida. 

La lógica pendular de la vida cotidiana vería resurgir en sus hijas, con el wonderbra standar, el balconetti y el push-up, la exposición de escotes, a veces aumentados quirúrgicamente, que querían traer de nuevo lo viejo: el lugar en el que reside la fuerza (para algunos). Mientras tanto, las femen iniciaron sus protestas con pintarrajos por debajo de sus camisetas prestas a volar, como única cubrición de sus enhiestas reivindicaciones (casi todas son jóvenes) y sin sostenes que las asfixien. Los senos como lienzo.

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8 comentarios

  1. Debo arrojar luz al asunto. Sí, era fuego de pecho, pero salía de la especie de horno de dos resistencias que llevaba Mazinger z en el pecho. Cuando Afrodita disparaba no se decía nada.
    https://static.miraheze.org/allthetropeswiki/e/ed/MazingerChest.jpg
    Pero la clave absolutamente pop de la serie era el enorme casco con alas que se supone que conectaba la mente del niño con un mundo ultratecnificado (y que nos desconectaba a nosotros de una realidad a duras penas soportable)

    • Laura Mínguez

      Pues…mis fuentes juraron y perjuraron que lo decía aunque después pude comprobar que era un mito adolescente. De todas formas, muchas gracias por la luz que arrojas sobre ello y por el enlace que incluyes.

  2. Parece que en algunos doblajes sí lo decía. Yo recuerdo de pequeño con mi hermano usar la frase cuando jugábamos a Mazinger.

    https://youtu.be/j9wnX8-XNyA

  3. «Pechos fuera… ¿De dónde?»
    Pues fuera del robot en dirección al enemigo… ¿no?

  4. Laura Mínguez

    Lo de Mazinger Z y su mundo era solo una excusa para introducir un cuadro que ha comprado el Museo del Prado que representa a la diosa Juno con un pecho fuera, si sigue leyendo el artículo más allá podrá comprobar lo que digo.

  5. Gracias por la mención
    y
    ¡Pechoooooooos Fueraaaaaaa!

    • Laura Mínguez

      ¡De nada! La expresión es ideal para hablar de este cuadro de Alonso Cano teniendo en cuenta su trayectoria pictórica (que no vital).

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