El Santo Dual: tres siempre es multitud

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el santo dual
Un esqueleto y una reproducción del dodo en el Museo Nacional de Gales, 1938. Fotografía: Getty.

Probablemente hayan oído hablar del dodo, ese pájaro que no volaba y que se extinguió allá por el siglo XVII. Gordo, torpote y alicorto, el pobre bicho, más presa que depredador, acabó siendo merendado bajo las leyes más básicas de la naturaleza. En cierta manera, el dual es en la lingüística como el dodo en la zoología: un ser de otro tiempo que nos puede resultar tan simpático como poco útil, aunque, a diferencia del pájaro, este aún asoma la cabeza en algún que otro ecosistema lingüístico. Pasamos a explicar qué es el dual. 

La mayoría damos por hecho que el número se limita a las formas singulares y plurales (dodo/dodos). Se trata de la norma en la inmensa mayoría de las lenguas, pero sepan que no siempre fue así. El sánscrito, el griego de la Ilíada y otras muchas lenguas que mencionaremos a lo largo del texto contaban —o cuentan aún— con una forma específica para designar una pareja, una marca distintiva que hace que dos personas, cosas, ideas, lo que quieran, no sea plural sino eso: dual. Todo esto se entiende mejor con un ejemplo que encontramos en el gaélico irlandés, donde clach (piedra) tiene su plural en chlachan siempre y cuando se trate de tres o más porque, si son dos, se queda en chloich. Como en el árabe clásico كتاب kitaab (libro) / كتابيْن kutub (libros), pero كتابان kitaabaan para la pareja. Y sepan que el dual no es exclusivo de los sustantivos; también se puede manifestar en adjetivos, pronombres y otras categorías gramaticales. 

¿Que qué importancia tiene todo esto? Pues tanta como la caprichosa papada de un petirrojo o la fatalidad de ese pájaro que no vuela. Quizá incluso más, pero si no les parece suficiente no pierdan el tiempo con esto, que hay mucho y bueno por leer en esta web. A los que se queden les gustará saber que a un creador de lenguas tan prolífico como Tolkien tampoco le pasó desapercibido: ¿se han fijado en que los elfos distinguen entre dos o más cuando hablan en su quenya de cuna? 

Dejando atrás la Tierra Media, una de las particularidades del dual es que se manifiesta aquí y allá, de forma completamente arbitraria: desde la isla de Groenlandia a las de la Polinesia, pasando por la pequeña Frisia, o Lusacia, donde aún se habla el sorabo, la única lengua eslava de Alemania. Así las cosas, resulta inútil buscar patrones a través de la llamada «clasificación genética» de las lenguas, según su parentesco: en la familia céltica, ni el galés ni el bretón lo conservan, y únicamente aparece en el sorabo y el esloveno entre las eslavas. El hebreo, pariente del árabe, también tiene algunas formas duales, pero hablamos siempre de partes del cuerpo u otras cosas que vienen siempre en pares, como eynayim (ojos) o mišqafayim (gafas). En cuanto a los inuits y polinesios, aparece en sus pronombres, pero no en los sustantivos, principalmente porque ambos pueblos tienden a no marcar el número en estos. 

Un momento: ¿hemos dicho «ambos»? ¿Acaso no es esa una partícula dual? Por supuesto, lo mismo que el both inglés, o su antónimo neither (ninguna de las dos). Acabamos de dar con huellas dejadas por el dodo en el antepasado común de ambas lenguas. Ambas pertenecen al tronco común indoeuropeo que, además del inglés y el castellano, incluye también el ruso o el persa entre muchas otras, formando así la mayor familia lingüística del mundo de hoy. Todas ellas descienden de una lengua común que se hablaría hace más de seis mil años, pero de la que no se han encontrado registros. Lo que sí se ha hecho es comparar a sus hijas y nietas y desandar el viaje hasta obtener una reconstrucción aproximada de lo que hablaba aquella gente; lo que se conoce como «protoindoeuropeo». 

Dicen los capaces de obrar tales milagros que el dual campaba a sus anchas en aquella lengua primigenia, algo que es aún más fácil de cotejar en los textos de sus descendientes más directos, como el sánscrito o el antiguo eslavo eclesiástico, la madre de todas las lenguas eslavas. De entre estas últimas, decíamos que solo se conserva en el sorabo —hród (castillo), hrodaj (dos castillos) y hrody (castillos)— y el esloveno. Nos parece fantástico que el dual goce del respeto que merece entre los alpinos, quienes lo incluyen a menudo en sus folletos turísticos junto al monte Triglav o el pintoresco castillo de Bled. También estaba presente en las primeras lenguas germánicas como el gótico o el escandinavo antiguo, pero ya hemos dicho antes que hoy, en esa familia, solo resiste en el pequeño frisón. Si piensan que se debe a que hablamos de una lengua remota y rarísima, sepan que aún sobrevive en el norte de Holanda, alguna isla danesa y un municipio alemán, y que es la más parecida al inglés. 

La ballena y el krill

Las hay que tienen un sistema numeral aún más complicado: el larike, una lengua polinesia hablada en la isla Ambon, tiene un trial además de un dual; en Papúa Nueva Guinea, el lihir suma a la lista el paucal para cantidades no muy numerosas, pero siempre de más de cuatro elementos. Su sistema de cinco categorías (singular, dual, trial, paucal y plural) es el más complejo descubierto hasta la fecha. 

A estas alturas se habrán preguntado ya qué narices pasaba con el latín. Desengáñense porque lo único que puede ofrecernos es duoambō, que no necesitan traducción. Entre su prole, el plural se hará con la marca /s/ en el oeste de antiguo imperio, pero casi siempre con la /i/ en el este. Así, hombres, homens y hommes en castellano, portugués y francés, pero uomini, oameni y uameni en italiano, rumano y arrumano, hablado al sur de los Balcanes. De hacer excavaciones en algún lugar del espacio románico lo haríamos en el sardo, que sigue siendo la lengua viva más parecida al latín. En cualquier caso, ya hemos dicho que poco hay que rascar en la ribera norte del Mediterráneo.

Recoger agua con las dos manos y ver cómo se escurre entre los dedos: así es la búsqueda del Santo Dual. Ocurre que las lenguas están en constante cambio para adaptarse a nuestras necesidades y, claro, se deshacen de lo que ya no resulta útil. Aquí es tan fácil como añadir un «dos» donde haga falta, y ya. En esta península de Asia que es Europa, el dual ya no es más que un recurso poético en la literatura lituana, y se escriben estas líneas cuando nos comunican que acaba de morir en Heligoland. Es la inhóspita isla del mar del Norte donde el frisón más puro se resguardaba de los embates de sus vecinos en el continente. Se nos va: el plural más ramplón, ese que no distingue la compañía de la multitud, lo engulle como la ballena al krill, aunque a veces el pequeño se cobre una última victoria antes de desaparecer. Como en la lejana Islandia, donde los antiguos pronombres duales se han convertido en plurales. Al menos en la forma, más de uno será siempre dos. 

Es precisamente en la helada soledad del Norte donde parece encontrar refugio. En la tundra escandinava, lo de menos es que los samoyedos tengan no cien, sino doscientos vocablos para la nieve y sus derivados. Y es que esos pastores de renos siguen diferenciando entre el gris e impreciso nosotros (mii) y un evocador nosotros dos aquí (moai). El solitario nómada subraya como se merece la presencia del compañero o la compañera, y justo en ese punto del círculo polar en el que se encuentra. Moai: si al pronunciarlo sienten algo parecido a la nostalgia, eso es que el dual más atávico sigue vivo en ustedes. Ahí, en el fondo.

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4 Comentarios

  1. No es exactamente el nivel del lihir, pero el serbo-croata/bosnio/montenegrino/como quiera que se le llame hoy en día tiene una declinación para los grupos de entre 2 y 4 objetos, y otra para los de cinco o más. Una maravilla para los pobres ilusos que intentamos aprenderlo

  2. Es lógico que el paucal necesite de mas de 4 para ser plural, ya que 2 es dual y 4 es 2 veces dual, pero sigue siendo una dualidad, con lo cual todavía no es plural. A partir de 6, que es “3 veces dual” la dualidad se rompe para por fin convertirse en plural.

    ( cuando en Papúa Nueva Guinea, el lihir suma a la lista el paucal para cantidades no muy numerosas, pero siempre de más de cuatro elementos. Su sistema de cinco categorías (singular, dual, trial, paucal y plural) es el más complejo descubierto hasta la fecha.)

    Muchas Gracias por este hermoso tour lingüístico.

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