
Se acaban de celebrar en Tokio los juegos más caros de la historia del olimpismo, unos que han estado a punto de llevar a la quiebra al comité encargado de organizarlos, dejan un agujero milmillonario en Japón y hacen huir de acogerlos a cada vez más ciudades. Las sedes casi siempre pierden, el COI siempre gana, y las promesas de mejora para la ciudad que supone acoger unos Juegos Olímpicos rara vez se cumplen.
Es el famoso «legado», ese conjunto de infraestructuras a las que luego se dará otro uso, y que viene acompañado de la promesa de mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos, fomentar la vivienda calidad, y mejorar la economía local. Desde las olimpiadas de Londres 2014 es cada vez más evidente que en realidad todas esas instalaciones acaban siendo un peso muerto, que o bien no se destina a los fines prometidos, o que no tiene utilidad real. Las infraestructuras acaban beneficiando en realidad solo a las empresas constructoras, con cargo al dinero público. Hay que mirar al largo plazo, pero hoy, a nueve años vista, esta es la conclusión que se saca del caso londinense.
El COI insiste cuando se le critica en que a qué se destine el legado o cuánto se gaste en preparar la ciudad depende solo de las decisiones de las autoridades locales y del gobierno de cada país. De hecho son los votantes quienes juzgan si las promesas les han salido o no a cuenta, independientemente del precio. Ahí tienen a Boris Johnson, alcalde olímpico de Londres, promotor de sus juegos, hoy primer ministro de Reino Unido y brazo ejecutor del Brexit.
2016: Japón está de vuelta
Fue el lema lanzado por Shinzo Abe, primer ministro de Japón, en la ceremonia de clausura de los JJ. OO. de Río 2016, cuando apareció para anunciar que sería sede olímpica con la gorra roja de Mario —el de Nintendo— en la cabeza. En su cabeza veía un futuro tan espectacular como el de Johnson, recordando los juegos de Tokio 1964, donde la inversión en infraestructuras alimentó el milagro económico japonés durante las siguientes dos décadas. Con aportaciones tan relevantes como el tren bala, la primera puesta en práctica de la alta velocidad ferroviaria, y modelo para su desarrollo en el resto del mundo.
No ha salido como esperaban. El hoy primer ministro Yoshihide Suga, que acaba de superar una moción de censura, está en el punto más bajo de su popularidad. La oposición le acusa de haber usado los JJ. OO. para salvar su carrera política, aunque cuando se presenten las cuentas podría estar acabado.
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El texto necesita un repaso.Varios errores en fechas. Por lo demás un buen resumen de estos últimos juegos y sus enormes dificultades.
Londres, Paris? Necesitan fama, promoción, turistas? No lo entiendo,tiene que haber otras razones para que ciudades como esas quieran organizar unos JJ.OO
La caída de las audiencias en Europa me da a mí que debe tener algo que ver con la diferencia horaria.
En último párrafo se le olvidó al autor incluir Juegos de Invierno de 2026, a disputarse en Milan – Cortina d’Ampezzo