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¿Dónde está el amor?

fe razón amor
La asunción de la Virgen, de Tiziano. amor

En respuesta al artículo de Carlo Frabetti 

Creer en la asunción de la Virgen (la idea de que María, la madre de Jesucristo, está en el cielo en cuerpo y alma a pesar de haber fallecido hace casi dos mil años) no es lo más difícil para la mente un católico.

Casi todos los días vemos en los medios de comunicación y en el móvil imágenes de niños que sufren. Atrapados en conflictos armados o a causa de enfermedades graves, criaturas de corta edad son víctimas de mutilaciones, intensos dolores y angustias insoportables. Sufrimientos tan inaceptables que cualquier adulto en su lugar desearía que derivasen en la muerte inmediata para dejar de padecer semejante martirio. Ante injusticias de tal tamaño ¿Cómo aceptar que existe un Dios (todopoderoso y esencialmente bueno) que contempla y permite, sin mover un solo dedo, dicho sufrimiento?

Trescientos años antes del nacimiento de Cristo, Epicuro, uno de los principales filósofos griegos, se planteó una paradoja: «¿Qué hace Dios frente al mal? Si Dios quiere eliminar el mal y no puede, entonces no es Dios porque es impotente. Si Dios puede eliminar el mal y no quiere, entonces es malvado, con lo que tampoco es Dios».

Esta paradoja se sigue utilizando en la actualidad para demostrar la no existencia de Dios. Los intelectuales ateos saben que este es uno de los puntos flacos del entramado de la fe católica. Cuando además se trata del padecimiento de inocentes, los argumentos de la religión son pocos y débiles. Los teólogos de la Iglesia católica suelen esgrimir como defensa la teoría del libre albedrío (potestad del ser humano para actuar sin limitaciones o intervenciones de la divinidad), pero dicha creencia se queda corta como pretexto ante la gravedad del sufrimiento del inocente.

Siendo estas dos (además de la resurrección de Cristo) las inconsistencias más llamativas del catolicismo, no son las únicas. La fe cristiana está poblada de incoherencias y de dogmas imposibles de entender. Quien pertrechado solo con la razón se adentre en las Sagradas Escrituras encontrará sus textos plagados de enseñanzas que desafían la lógica humana. Como cuando san Pablo dice: «Por eso me complazco en la debilidad; en los insultos, privaciones, persecuciones y en las angustias que sufro por amor a Cristo. Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte». (2 Corintios 12:10).

Algunos ejemplos más: en la parábola del hijo pródigo (Lucas 15: 11-32) podemos entender que el padre perdone al hijo golfo que vuelve a casa arrepentido, eso es fácil. Pero sin embargo nos escandaliza la injusticia que comete con el otro hijo, el que ha trabajado a su lado sin pedir nada, cuando, sin avisarle y para celebrar la fiesta de bienvenida de su hermano el bala perdida, sacrifica el cordero cebado que el hijo bueno tenía reservado para comerlo con sus amigos. En la historia de Marta y María de Betania (Lucas 10:38-42), nos parece injusta la bronca que la primera de las hermanas recibe de Jesús. Marta pide al Señor (invitado a comer en casa de las dos) que riña a su hermana porque, en lugar de ayudarle con la casa y los preparativos de la comida, se ha echado indolente a los pies del invitado para escucharle. Jesús le dice: «Marta, Marta, estas agobiada por todas las cosas que tienes en la cabeza. Tu hermana María ha elegido la mejor parte y nadie se la quitará». Esta lectura se suele utilizar como defensa del valor de la oración y sobre ese asunto pocas anécdotas tan valiosas como la siguiente: cuando la madre Teresa fundó en 1950 la congregación de las Misioneras de la Caridad en Calcuta (India), tuvo que pedir visado de residencia para un grupo de religiosas extranjeras. Las autoridades hindúes preguntaron por la actividad a que se iban a dedicar esas monjas. La madre Teresa explicó que la mitad venían a cuidar de los pobres y de los leprosos y que la otra mitad venían a rezar. El funcionario hindú le respondió que le daba visado para las que se dedicarían a las labores sanitarias y sociales, pero que no se lo concedía para las que solo venían a orar. La respuesta de la superiora de la orden fue tajante: «Si no me da el visado para las que rezan, ahórrese el permiso de residencia para las otras. Sin la energía y la fuerza que la oración nos proporciona nuestra misión de cuidado de los débiles es imposible». La lógica matemática de una mente humana concluye lo siguiente: si veinte monjas curan enfermos y otras veinte rezan, ¿no sería mejor que las cuarenta se dedicaran a sanar leprosos? Si la situación sanitaria en Calcuta era tan deplorable en 1950, si los infectados se morían a miles en las calles, no parece muy inteligente perder el tiempo rezando.

Todas estas cuestiones, vistas desde el inicio de la tercera década del siglo XXI, no tienen lógica. Son tantos los problemas prácticos que hoy tenemos que resolver, que la fe se vuelve, a la luz mayoría de las mentes humanas, una superstición propia de personas incultas cuando no una absoluta pérdida de tiempo.

¿Sirve para algo la fe?

Fe y razón cada una por su lado

Con la separación de los cristianos que provocó la reforma protestante del siglo XVI en Europa se inició un proceso de secularización (pérdida progresiva de la influencia de la Iglesia y lo religioso sobre la vida civil). Los avances de la ciencia y el progreso ayudaron a que el ser humano se sintiera más autónomo y menos necesitado del visto bueno de la autoridad religiosa. Fruto de esta secularización fue la progresiva separación entre fe y razón. En 1844, Karl Marx acusó a la religión de ser el «opio del pueblo» y añadió que era necesario «abolir la religión entendida como felicidad ilusoria para que el pueblo pudiera alcanzar su felicidad real». Dos décadas después, un Nietzsche muy joven —con solo veintidós años— le dijo a su hermana Elisabeth: «Arriesga, emprende nuevos caminos. Hazlo con la inseguridad de quien procede autónomamente». Y añadió: «Aquí se dividen los caminos del hombre; si quieres alcanzar paz en el alma y felicidad, cree; pero si quieres ser discípula de la verdad, indaga». De este modo el cristianismo quedaba reducido a una creencia que apaciguaba al ser humano, pero le quitaba la libertad, el deseo de conocer y la capacidad de progresar. 

La situación de la religión ha empeorado en los últimos sesenta años. Empeñada en prohibir y en hablar del pecado, del demonio y del infierno, la Iglesia católica ha perdido la batalla de la libertad ante la opinión pública. Si hiciéramos una encuesta, la mayor parte de los entrevistados opinarían que la religión oprime y la razón libera.  

¿Para qué la fe?

Han transcurrido cinco siglos y el progreso y la ciencia han conseguido que la vida del ser humano sea mucho más cómoda y segura. Los avances tecnológicos y la investigación médica y farmacéutica han alargado considerablemente el número de años que vivimos. Podemos felicitarnos por cómo nuestra existencia ha mejorado en todos los aspectos. ¿En todos? ¿Y nuestro equilibrio emocional? Nunca como ahora se han consumido tantos ansiolíticos. En los países desarrollados el tanto por ciento de personas con estrés o ansiedad es el más alto de la historia. ¿Qué ocurre? Supuestamente el triunfo de la razón nos iba a traer la felicidad y el bienestar tanto material como psicológico. La realidad es que el ser humano se siente incompleto, herido, insatisfecho. Necesitamos una respuesta. Los filósofos griegos anteriores a Cristo y las religiones orientales «solucionaron» el problema reduciendo o atenuando el deseo. Pero esa solución no es más que un parche, el malestar continúa saliendo por entre las costuras. En el siglo XXI ya nos ha dado tiempo para comprobar que la ciencia y el progreso son insuficientes para completarnos y para curar nuestra herida. Hoy sabemos que la tecnología y las redes sociales contribuyen a fomentar el narcisismo y, en lugar de conectarnos con el otro, nos aíslan y nos hacen más egocéntricos. Como veremos más adelante, de ese mirarnos el ombligo en exceso vienen la mayoría de nuestros males.

¿Y si hubiéramos hecho a la fe y a la razón caminar de la mano? En el siglo XVII, el científico Blaise Pascal ya había dicho algo que hoy cobra mucha fuerza: «La función suprema de la razón es mostrarle al ser humano que algunas cosas están más allá de la razón». Pero entonces no se hizo mucho caso a Pascal.

Hay soluciones más allá de la razón. La fe puede ser fuente de liberación. Sí, pero no se alarmen, no hay que iniciarse en ningún mundo esotérico ni adentrarse en una cuarta dimensión; la respuesta está mucho más cerca, la tenemos delante de nuestras narices.

La oscuridad como fuente de luz

Igual que no se puede decir que «estoy un poco embarazada», tampoco es correcta la expresión «tengo poca fe». Se tiene fe o no se tiene fe. Y es así porque la duda es inseparable de la fe. Lo que se llamó en su día «fe del carbonero» para designar una fe de primera categoría en la que no hay lugar para la vacilación, no es real. Debido a que los que creemos somos humanos, no hay fe absoluta e inquebrantable. 

La madre Teresa de Calcuta, canonizada como santa por el papa Francisco en 2016, vivió una experiencia personal traumática y transformadora. Recién cumplidos los cincuenta y cuando llevaba de religiosa más de treinta años, perdió la fe en Dios. Esta situación se prolongó durante varios años. Una crisis tan profunda le sobrevino en plena expansión de su misión con los pobres en la India. En 1961, diez años después de iniciar su trabajo en la India, la madre Teresa invitó al padre Neuner a dirigir un retiro espiritual con las Misionera de la Caridad (congregación fundada por ella) en Calcuta. La superiora, que estaba pasando por un grave momento personal, se sinceró en privado con el sacerdote austriaco. Este le pidió que pusiera por escrito sus sentimientos y cavilaciones. Así lo hizo. Cuando Teresa le entregó los folios manuscritos le pidió que le prometiera que los quemaría nada más leerlos. La profundidad y sinceridad de lo revelado por la monja impresionó al cura y lo llevó a incumplir su promesa de destruir las cuartillas. Así se expresó entonces la madre Teresa:

Las tinieblas son tan profundas que realmente no veo —ni con mi mente ni con mi razón—. El lugar de Dios en mi alma está vacío. No hay Dios en mí. Cuando el dolor de esta ansia es tan grande, yo simplemente deseo y deseo a Dios. Entonces es cuando siento que Él no me quiere, que no está allí. El cielo y las almas son solo palabras que no significan nada para mí. 

Una acusación habitual contra los cristianos es que obran con bondad solo para obtener el premio, para alcanzar la vida eterna. En este caso que nos ocupa está fuera de duda que la madre Teresa de Calcuta siguió levantándose a las cuatro de la mañana para cuidar de los leprosos no por ganar el cielo (había perdido la fe), sino por amor a esos enfermos. Esa incapacidad de creer en Dios durante años hizo sufrir enormemente a la religiosa. Durante todo ese tiempo, mantuvo correspondencia con el sacerdote. Al final, después de muchas dudas y de pasar por largas temporadas de «oscuridad», la hermana Teresa entendió que su falta de fe y el sufrimiento que le generaba eran los medios que Dios ponía en su camino para identificarse con el dolor que sentían los pobres y enfermos con los que trabajaba; dolor que era el resultado de sentirse despreciados, rechazados y, sobre todo, abandonados por Dios.

La madre Teresa encontró a Dios en los débiles, en los necesitados. Fue en el amor donde la religiosa encontró su fe.

¿Dónde está el amor?

La única definición de la divinidad que se contiene en el Evangelio es la que dice «Dios es amor». En 2003, Black Eyed Peas, la banda estadounidense de hip hop, publicó la canción «Where Is The Love?». El tema llegó al número uno en varios países del mundo y vendió más de diez millones de copias. La letra de la canción describe la sociedad en que vivimos los que habitamos en las grandes ciudades de todo el mundo; una sociedad caótica donde la violencia, la droga, el racismo y la marginación son el día a día. Black Eyed Peas denunciaban que solo queramos ganar dinero, que no cumplamos lo que predicamos, que el egoísmo nos ha marcado la dirección equivocada y se preguntan de forma reiterada dónde está el amor.

El problema real no es desterrar a Dios de la mente del ser humano, lo grave es expulsar a Dios de nuestro corazón. Y eso ocurre cuando el prestigio, el dinero, el sexo u otros ídolos sustituyen a Dios/amor como objetivo principal de la vida de la persona. 

Como dice Maslow, una de las necesidades principales del ser humano es la de filiación. A diferencia de la mayoría de los animales, nacemos indefensos y es a través de nuestros congéneres como aprendemos la palabra y ponemos en marcha la inteligencia. Primero gracias al contacto con la madre, y luego por la interrelación con otras personas, crecemos en sensibilidad y desarrollamos nuestras emociones. El amor al otro, al prójimo, es la esencia de la naturaleza humana. Pero dentro de la mente del ser humano el EGO (el enemigo a batir) conspira para que nuestra mejor versión (la que ama al prójimo como prioridad) no llegue a realizarse. Y para ello intriga en favor de que nuestros propios proyectos e intereses se pongan por delante de los objetivos de los demás. Ahí comienza el egoísmo y la expulsión de Dios/amor de nuestros corazones.

La humildad como lupa para ver la realidad

Una leyenda medieval cuyo protagonismo se atribuyó a san Agustín de Hipona cuenta que iba el santo paseando por una playa mientras meditaba sobre la naturaleza de Dios. Procuraba encontrar un sentido al misterio de la Santísima Trinidad (Dios como uno y trino a la vez: Padre, Hijo y Espíritu Santo). En medio de sus preocupaciones, se fijó en que un niño corría hacia el mar y con sus manos llenas volvía a la arena donde echaba el agua en un pequeño agujero. El niño repitió la operación varias veces. El pensador le preguntó qué estaba haciendo y el crío respondió que estaba sacando toda el agua del mar para meterla en aquel hoyo. El santo, entre risas, le dijo que eso era absurdo, una pérdida de tiempo. El niño dejó su tarea y mirando con descaro al santo le espetó: «Más difícil es que tú, con la pequeñez de tu mente, seas capaz de resolver el misterio de la Trinidad».

En el Evangelio (Mateo 11:25) se dice: «En aquel tiempo, dijo Jesús: Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños». No es la única ocasión en que en los Evangelios se llama al cristiano a tener una fe simple y confiada, como la de un niño.

El ser humano, acostumbrado a razonar, tiende a analizar intelectualmente los asuntos de la fe. Y los evangelios ya nos avisan de que no es una postura muy práctica. Por eso, María de Nazaret, madre de Jesús, que ya estaba acostumbrada a aceptar ideas y decisiones que se escapaban a su mente, asimilaba lo que no entendía de su hijo guardándolo en su corazón, no en su mente (Lucas 2: 49-52). 

Como le ocurrió a la madre Teresa de Calcuta, a Dios se le encuentra en el amor y eso, al conectarnos con nuestra esencia, nos humaniza. La fe en Dios no es más (ni menos) que la fe en el amor. Uno de los ingredientes fundamentales del amor es la admiración. No hay admiración sin humildad. Un ego descontrolado nos impide amar y encontrar esa fe (confianza) que nos libera de prejuicios, miedos y autocompasión. Cuando la fe infunde humildad en la mente del cristiano y lo libera del ego, permite al ser humano ver la realidad con mayor clarividencia. El narcisista pierde contacto con la verdad y el humilde la tiene más cerca. La fe como fuente de humildad y cimentada por el amor nos abre los ojos a una realidad más amplia y más nítida. Aunque parezca un contrasentido, creer de forma coherente en el amor —y de paso en asuntos de poca aplicación en la vida diaria (como la asunción de la Virgen y la Santísima Trinidad)— nos puede traer el beneficio práctico de percibir con más precisión lo que nos ocurre hoy, mañana y pasado. 

Postfacio

Quedan para el final los importantes asuntos del aborto, la eutanasia y la homosexualidad porque no son dogmas de fe y sobre ellos la razón se sobra y se basta para alcanzar un entendimiento. Además, en el caso de que fe y razón concurran en la misma persona, lo habitual es que ambas lleguen a la misma conclusión a la hora de hacer un juicio moral sobre los tres temas. Sobre la homosexualidad es necesario puntualizar que no es condenada ni criticada por Jesús en ninguno de los Evangelios. Cualquier cristiano entiende o debe entender por ello que tan sana y tan natural (y tan bendecida por Dios) es la homosexualidad como la heterosexualidad. 


Fuentes: 

Madre Teresa. Ven, sé mi luz. Las cartas privadas. (Booket, Planeta, 2017).

La madre Teresa de Calcuta. Retrato personal. Leo Maasburg. (Palabra, 2018).

¿Dónde está Dios? Julián Carrón. (Encuentro, 2018).

Biografía de la Luz. Pablo D’Ors. (Galaxia Gutenberg, 2021).

Lumen fidei. Encíclica. Papa Francisco (2013).

«¿Por qué los cristianos creen que la fe es mejor que la duda?». Artículo de Peter Wehner (The New York Times, 31 de diciembre de 2017).

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32 Comentarios

  1. Gracias, Antonio; ojalá cundiera el ejemplo y quienes colaboramos habitualmente en Jot Down adquiriéramos la sana costumbre de debatir entre nosotras/os. Solo quiero señalar que no veo en tu artículo una «respuesta» -en el sentido de réplica- al mío, que se centra en las contradicciones del catolicismo ortodoxo y sus jerarcas, con total respeto al mensaje evangélico y a la figura de Jesús.

    • Antonio Yelo

      Querido Carlo:
      Antes que nada, manifestar la admiración que siento por ti. Lo segundo, darte las gracias por lo mucho que he aprendido en tus artículos. Tu capacidad para hacer accesibles ciertos temas demuestra el profundo conocimiento que tienes de los mismos.
      En mi artículo procuro hacer entender que si una persona utiliza solo la razón para analizar los dogmas de la fe, se encontrará con contradicciones una detrás de otra. Pero la realidad siempre es más amplia que el conocimiento humano/científico. Quien niega existencia a lo que sus sentidos no perciben o su mente no entiende, con perdón, “peca” de arrogancia.
      El respeto a la figura de Jesús nos lleva a confiar en su mensaje (aunque no lo entendamos del todo). Y, como digo en el artículo: lo malo no es echar a Dios de tu mente, lo grave es echarlo de tu corazón. En la encíclica “Lumen fidei” (que inicia Benedicto y remata Francisco) el papa reconoce que quien obra de buena voluntad (a pesar de no creer en Dios) es equiparable al mejor cristiano.

      • Ya estamos con las invocaciones al más allá y el arrogarse la patente de la superioridad moral con esa última frase que sitúa al buen cristiano en la cúspide de la pirámide de la bondad: el resto (como mucho, parece decir tu Papa) solo puede aspirar al ideal cristiano que es el que detenta las cualidades primigenias de la rectitud por inspiración divina. ¿Acaso no hay buenos laicos? Por no mencionar otras confesiones religiosas aparte de la cristiana. Qué falta de humildad para un cristiano, hay que joderse. Dais tantas vueltas a lo indefendible que no hacéis más que incurrir en contradicciones cuando no en directamente arrogancia.

        • Antonio Yelo

          Precisamente, Dani, este papa está haciendo un esfuerzo por difuminar las barreras entre laicos y creyentes. En el sínodo que se acaba de convocar pide acabar con el «clericalismos». En su encíclica lo que dice es que la fe es lo de menos; que lo que importan son las obras (el Amor). Eso ya lo dice el Evangelio, pero los jefazos de la curia vaticana no habían hablado tan claro como ahora.

          • Ahora es cuando menos claro hablan. El problema es de contabilidad. Si el catolicismo estuviera en un momento pletórico de fuerza, el esfuerzo papal sería notable. Pero no es así. El catolicismo, incluso el cristianismo, se hallaa contra la cuerdas. En Europa es un boxeador agotado que se mantiene gracias a la financiación injustificada de la maquinaria de los estados y que manifiesta su debilidad debido a su nulo empuje en la esfera de la cultura. Hegel, Schelling o Kierkegaard fueron figurones vinculados al cristianismo del siglo XIX. La lista de compositores, pintores o novelistas cristianos es interminable. Nada así ha existido durante el siglo XX. Un tipo como Heidegger se formó en esa cantera para derivar hacia la filosofía (que consideraba incompatible con lo teológico). Busque usted un pintor relevante confesional… Da la impresión de que el Papa Francisco trata de lavar la imagen de una institución muy desacreditada. El tema de los DDHH, tras Condorcet pasó a otra tesitura, la política, que tiene peso específico. El Papa se ha hecho darwinista a su modo: o el negocio de S. Pablo evoluciona o muere.

          • Pregunto.
            ¿Eso no sería pelagianismo? Para los católicos la cuestión ha sido siempre la fe con las obras. Otra cosa, sólo fe, sólo obras, es herejía.

  2. pepe parada

    Uno de los peores artículos publicados… manipulador a más no poder, dirigido al público «racional».
    ¡Que falta de vergüenza!

    El toque de genialidad es usar a la impresentable de «Teresa» como ejemplo de amor… hay que leer un poco más o ¿será que está marcando una postura?

    • Antonio Yelo

      Señor Parada:
      Siento que no haber conseguido explicarme. Acepto, por otro lado, que lo que defiendo aquí tiene poco de “racional”.
      Estoy siempre dispuesto a “Leer más”. Por eso le agradecería que me recomiende documentos que demuestren que santa Teresa de Calcuta, en relación al amor al prójimo, fue una “impresentable. Si su afirmación se basa en lo escrito por Christopher Hitchens, “The missionary position: mother Teresa in theory and practice”, ahórrese la recomendación. Lo de Hitchens no hay por donde cogerlo y, conociendo su afición a epatar, mejor dejarlo a un lado.
      No defiendo a la Iglesia ni a los curas -no soy quién-. Lo que pretendía con mi texto era argumentar a favor de que la relación de confianza entre el humano y el absoluto (llámese Dios o como se quiera) puede no ser tan absurda. Y que al final -incluso aunque el humano se equivocara- esa relación de confianza (¿Fe?) puede que le haya permitido vivir la vida con mucho más sentido e intensidad que si hubiera transitado por ella solo (él/ ella y su Ego). En los tiempos que vivimos, dejarse guiar solo por lo que nos dicta la mente es cuando menos peligroso. Pero solo es mi opinión, claro.

      • Teresa de Calcuta fue una impresentable por la connivencia con Hoxha, y por hacer de la pobreza una religión: no era amiga de los pobres, sino de la pobreza, matiz importante, que luego no tuvo empacho en viajar a EEUU para que la tratasen en uno de los hospitales más modernos. Hitchens será lo que tú quieras, pero es uno de los intelectuales más brillantes del último cuarto del siglo XX y principios del XXI. Que lo epatante o su afán provocador (con causa, porque hay que ver cómo se la coge con papel de fumar la religión al ser criticada cuando ha sido la mayor fábrica de miseria, muertes y sumisión de la historia) no te distraiga de lo mollar.

  3. Jesús no condena la homosexualidad pero afirma que la Ley de Moisés sigue vigente, y esa Ley condena los actos impuros entre los que se encuentra la práctica de la homosexualidad, condenada con la lapidación en el Levítico.
    Jesús se muestra contrario a los castigos duros y de hecho evita la lapidación de la adúltera, pero no elimina el concepto de pecado, pues le dice a la mujer:»Vete y no peques más».
    Y en el Nuevo Testamento san Pablo también incluye a los «sodomitas» entre quienes no entrarán en el Reino de los Cielos.
    Incluso menciona la homosexualidad femenina como pecado, algo realmente insólito pues a lo largo de los siglos el lesbianismo pasó desapercibido para muchas sociedades, que ni lo tenían en cuenta en sus leyes homófobas.
    Pero Saulo estaba tan obsesionado con la pureza carnal que condena también a las mujeres que yacen con mujeres.
    Así que lo siento pero para el cristianismo no es tan natural la heterosexualidad como la homosexualidad, aunque muchos cristianos ahora opinen lo contrario.

  4. Antonio Yelo

    Estimado Valerian:
    Sobre lo que realmente dijo Pablo en su 1ª carta a los Corintios y también en la 1ª carta a Timoteo hay serias dudas. Parece que la traducción que nos ha llegado es la que la escuela francesa de Jerusalén hizo en los años 40 del siglo pasado. Y tradujeron textos del hebreo, arameo y griego. Parece que la palabra en cuestión estaba escrita en griego y el significado no es necesariamente «sodomita» ni «homosexual» y mucho menos «afeminado» como se puede leer en algunas versiones modernas.
    De todos modos, Pablo, por mucha autoridad que tenga no es Jesucristo. Y el de Nazaret se pronunció con mucha dureza contra muchos asuntos sobre los que habló sin dejar lugar a dudas. Sobre homosexualidad, ni una palabra. El papa Francisco, cuando se le preguntó sobre el caso de un obispo que dejó el sacerdocio por casarse con su pareja masculina, dijo que quién era él para condenarle o juzgarle.
    Un saludo

    • Decir que el de Nazaret, atribuyendo visos de realidad a su existencia, «se pronunció» sobre muchos asuntos, automáticamente le inhabilita del debate, a no ser que entremos en el terreno de lo esotérico.

  5. Siento, señor Yelo, que hay algo que no me cuadra en ese buenrollismo conciliador que exuda todo su texto. No leo nada nuevo, nada que no haya dicho la Iglesia en 2000 años.
    Todos los santos han experimentado una “experiencia personal traumática y transformadora”, incluso con muertes bastante terribles. No creo que sea exclusivo de Santa Teresa. Debe haber una falla en matrix cuando, después de 2000 años, la fe no haya logrado hacer del ser humano un “buen humano”. Es cuestión de cifras, de hechos, no de búsquedas personales. Tampoco creo que el ateísmo lo haya logrado o algún sistema político lo logre, mucho menos las utopías. Yo creo que los disparos deben sonar por otro lado. Para empezar, sólo como principio, deberíamos entender que la democracia es la mayoría fuerte defendiendo los derechos de la minoría débil. Si empezamos así, seguro en algún tiempo no muy lejano encontremos no el camino, pero si vías prometedoras para que los seres humanos podamos convivir en paz y nos centremos en el amor…
    La ciencia (la razón, ¿por qué no?), por su parte, ha logrado más en aquello del AMOR por el prójimo, por el Otro que la fe. Sólo piense en médicos recorriendo el mundo vacunando, erradicando la viruela y la polio, en la vacunas contra el covid. Da pena, sino rabia, ver una congregación de fieles liderados por un cura orando para que el volcán de La Palma pare la erupción de lava. Ninguna cadena de oración ha detenido una pandemia o tumbado un gobierno perverso.
    Los ateos, sin arrogancia, decimos: Dios probablemente no existe, deje de preocuparse y disfrute de su vida. Cuando los adalides de la fe digan lo mismo, seguro veremos mejores tiempos.

  6. Las sagradas escrituras (o cualquier escrito revelado, no sólo los evangelios) no están ahí para entenderlas, como tampoco está Dios como algo en lo cual haya que creer o no. A las escrituras las lee el alma o no las lee nada, y a Dios se le sabe o se le ignora.
    Y este último no es un saber que encumbre a quienquiera que lo sepa, como si de una ciencia se tratase y aquel que la domine ganara el Nobel. En el saber a Dios no hay ganadores y si muchos perdedores, pues es un saber que no sólo no ocupa, sino que despoja. Sería algo así como el absoluto de la ciencia de la entrega… pero no creo que esto último se le acerque lo suficiente.
    Habrá alguien que pensará ahora aquello de «Si, entrega!… mira las cuentas del Vaticano». Exacto, pero ante tal pensamiento tengo que escribir aquello de que «con la Iglesia hemos topado».
    Por favor, todo lo anterior es simplemente el razonamiento (y por ende la trampa) que empleo para saber aquello que me cuesta saberlo. No es una opinión, es mi esfuerzo.
    Y en cuanto a la polémica entorno a la madre Teresa no opino pues no la conocí: Ni tan siquiera por terceros.
    Un artículo valiente: Mi enhorabuena al autor.

    • Frabetti

      Gracias, JIG, pero es un elogio inmerecido: habría sido valiente en mi juventud, cuando la Iglesia era todopoderosa y la mayoría de los ministros eran del Opus Dei. Afortunadamente, avanzamos hacia una sociedad laica, en la que ateos y teístas podemos debatir, e incluso colaborar, sin la amenaza del nacionalcatolicismo represor.

  7. Amor, amor, amor… .Eso está muy bien para la literatura , la música y las películas. Pero lo verdaderamente revolucionario es que San Pablo, el muñidor del cristianismo, hubiese dicho sin respeto nada soy. La historia del cristianismo es la demostración de que el amor a dios no respeta nada, ni siquiera la vida humana. La naturaleza se basta a sí misma, la naturaleza humana no. Y como ya dijeron los griegos hay persona que no pueden mirar al sol directamente necesitan filtros, consolaciones, a veces religión y ansiolíticos a la vez. El papa Francisco es la demostración de la decadencia de la iglesia, un populista mucho más artero que el simplón Donald Trump.
    Aborto, eutanasia y homosexualidad…, y el sacerdocio femenino?. Supongo que la Iglesia en un futuro próximo accederá a ello, como ejemplo palpable de las teorías de Darwin sobre la adaptación y la supervivencia.
    Respecto a la homosexualidad podían haber sido más sinceros, no se que hacían 13 individuos tanto tiempo solos.

    • Antonio Yelo

      Divertido eso de que entre los apóstoles hubo relaciones homosexuales. Si las hubo -algo que me parece maravilloso- no trascendieron porque se trata de algo privado que no tiene que salir de la esfera íntima de las personas implicadas. El papa no es populista. Francisco sólo tiene un objetivo, aplicar el Evangelio. Lo que ocurre es que comparado con la forma de actuar de la curia vaticana que se formó en torno a los 2 papas anteriores, aplicar el Evangelio al pie de la letra puede llegar a resultar revolucionario.
      Es solo eso.

  8. Where is the love, is there a place for us?
    https://youtu.be/tspCg5iuiqk

  9. “La madre Teresa encontró a Dios en los débiles, en los necesitados. Fue en el amor donde la religiosa encontró su fe.”

    Pareciera un poco que los pobres y los necesitados existen más que nada para que luego pueda haber otras personas (que usualmente provienen de entornos más acomodados) encuentren a través de ellos su redención y su iluminación, su camino hacia Dios. Cuando no, en el caso de la madre Teresa, un estatus de celebridad. Tenemos aquí el contraste entre una figura humanizada e individualizada por un lado, y una masa amorfa y desdibujada de desposeídos que están ahí como figurantes de la historia supuestamente inspiradora de la protagonista principal. Cuando el foco debería estar precisamente en las personas que componen esa masa, que también son individuos con sus historias particulares, con pleno derecho a tener las mismas oportunidades de desarrollo personal.

    Y de ahí en preguntarnos en por qué no las tienen y qué se podría hacer al respecto. Cosa que ni la Iglesia ni la religión hacen, precisamente porque al igual que la madre Teresa, dependen de que exista esa masa empobrecida para poder destacar por sobre ella y satisfacer su deseo de superación moral; de dar sentido a su misión, con un punto de narcisismo incluso. Acompañan al débil y al necesitado, lo alivian hasta cierto punto; pero no a través de ayudarle a superar su situación en la mayoría de los casos, sino enseñándole a que la acepte pasivamente. Desde siempre, las religiones han sido el sustento último del orden social.

    Pareciera, en definitiva, que la respuesta a la pertinente y espinosa cuestión que el autor plantea al inicio (“Cómo aceptar que existe un Dios (todopoderoso y esencialmente bueno) que contempla y permite, sin mover un solo dedo, dicho sufrimiento?”), y que pasa a continuación a soslayarse en el resto del artículo, no fuese otra que “para justificar su propia existencia”, es decir, la existencia de la propia Iglesia y de la religión sobre la que se sustenta.

    Dios es amor; pues va a ser que hay amores que matan.

    • Antonio Yelo

      Utilicé el caso de la madre Teresa de Calcuta porque es el mejor ejemplo de olvido de los propios intereses para poner el foco en la ayuda, consuelo y compasión de los más desposeídos, de los más débiles y sufrientes. Y digo «compasión» en el sentido de padecer-con.
      Me parece peculiar ese argumento de que utilizó a los pobres como medio de alcanzar salvación y celebridad. Precisamente cito en el artículo parte de su relato sobre su perdida de fe («oscuridad»). Me la imagino escribiendo aquello a las 12 de la noche, derrengada después de todo el día cuidando leprosos.
      Pero hay otros ejemplos igual de válidos: Las Comunidades del Arca, congregación cristiana creada por el canadiense Jean Vanier. Los miembros de esta organización viven en pequeños pisos en los que acoge a enfermos incurables con problemas graves de tipo psicomotriz; personas ciegas, sordas e incapaces de hablar y caminar; la mayoría de ellos con graves problemas psiquiátricos. Esas personas que integran las comunidades de arca pasan las 24 horas del día al cuidado de personas que generalmente son olvidadas y abandonadas en psiquiátricos o asilos La «escoria» de la sociedad. Pensar que lo hacen por el premio y no por puro amor al débil se me hace muy difícil. Ahí está Dios.

      • No se me entienda mal: no pretendo minusvalorar el sacrificio y el trabajo que ciertas personas y comunidades cristianas realizan con los más desfavorecidos. Y menos que nadie podría yo hacerlo. Pero sí me resulta llamativo como desde el enfoque cristiano de la búsqueda de Dios y de la realización a través del socorro al necesitado, me surge a mí la sensación de que hay una cierta simbiosis y necesidad mutua entre los unos y los otros. No quiero decir que Teresa o cualquier otro de los que usted menciona lo hagan por el “premio” de forma deliberada, pero sí me parece ver en el cristianismo (al menos el que a mí me transmitieron en su momento) una tendencia a eso, a encontrar la redención, a Dios, en la miseria de otros (sin que eso signifique que me parezca mejor el otro extremo calvinista y protestante ojo). La virtud de la caridad, que a mí siempre me ha chirriado bastante.

        Creo que aún a los más bienintencionados, eso les influye a la hora de entender la ayuda a los desposeídos como vehículo de su propia salvación, y orientado más a que acepten su situación (con resignación cristiana), que a solucionarla. A paliar su sufrimiento en parte sí, pero más allá de eso solo queda esperar a que el reino de Dios llegue a la tierra en un momento futuro indeterminado y de forma mágica a través de un deux ex machina llamado Cristo. Mientras, nosotros los acompañamos en su sufrir, sí, pero ¿no es acaso sin dejar de hacerlo desde una posición externa, “superior” de algún modo?

        Siempre me cuesta mucho el respetar esas obras de caridad que vienen acompañadas del proselitismo de unos ritos y unas tradiciones muy concretas que son básicamente culturales y mitológicos, y que necesitan encontrar su justificación moral en ellas. Se elogia mucho, con cierta razón, al cristianismo de base, a esas personas religiosas que ayudan a la gente de forma desinteresada y en muchas ocasiones, política, lo que me parece un mejor enfoque, pero que, al final, no deja de estar acompañado de las liturgias, los mitos y las estructuras eclesiásticas que, a mi entender, más que fundamentar la moral, la desvirtúan. Me parece tramposo cómo ese cristianismo de base con frecuencia pretende desvincularse de los pecados de la Iglesia institucional, aludiendo a una pureza original del cristianismo que se ha perdido y quiere recuperar; cuando al final, se apoya en los mismos principios que ésta: la idea de la religión (es decir, de mitos tomados como verdad objetiva) como guía filosófica de lo que significa ser humano, es el propio pecado original.

  10. E.Roberto

    Estimado Señor. Comencé a leer el articulo creyendo que diría algo nuevo sobre el amor. Pero me equivoqué. Y estuve tentado de abandonar la lectura porque entre dos hombres con fe distintas se llega inevitablemente a una incomunicación total. Continué a leerlo ya que (y espero que no se ofenda por la comparación, no es mi intención) vi en su fe la fuerza admirable para defender “causas perdidas”. Desde mi punto de vista “religioso” considero que la vida terrenal del Nazareno fue una de las mayores, y por esto también yo lo defendería. Fue el último entre los últimos si el Nuevo Testamento y la Torá son verídicas. Mi “Dios” no es todopoderoso ni omnisciente ni bueno, todo lo contrario, y además de frágil y débil es rengo, sordo, ciego y mudo, y tenemos el deber de cuidarlo y darle eternas gracias; a nuestro Planeta que nos dio la vida en manera trágica y desconsiderada, un Planeta que según mi fe forma parte de esta maravilla del universo que mientras se extingue continua a crear nuevos mundos (dónde, todavía no lo sabemos) con un mecanismo sin principio ni fin que excluye toda divina intervención externa, un mecanismo eterno, única categoria de lo divino donde se nace y al morir se vuelve a ese antes de nacer. El sentimiento religioso se presenta solo y sin dogmas de frente a tal portento, especialmente la humildad, pero le confieso honestamente que aquella posibilidad cierta es aterradora. Sería más consolador creer en un padre eterno y la resurrección, pero por coherencia pesimista tengo un ferrea fe en lo anterior. Sin ánimo de polémicas inútiles, me permita preguntarle qué piensa usted del hecho de que nuestros antepasados religiosos, para representar la divinidad hayan elegido la vieja extructura familiar con un Padre en el trono, masculino por supuesto, y que todavía dura. (Si hubiera sido una Madre, nos habríamos evitado la vergüenza y el dolor de tantos abusos sobre menores). Mi Fe me dice que nosotros, un organismo multicelular como tantos otros ha hecho todo mal desde cuando apareció, comenzando con una religión excluyente, un organismo que, por la tragedia de la vida tuvo que que rebasar sus límites naturales para su subsistencia desmadrando todo lo existente, un organismo a quien solo le queda reinventar el amor hacia su próximo y el Planeta en completa libertad, el próximo y nuestro común hogar, unicos motivos para crear nuestra estética y nuestra moral de forma religiosa, principios que dan vida a todo lo humano que viene detrás. Mi admiración y respeto por la forma clara y valiente al exponer sus pensamientos.

    • Antonio Yelo

      Gracias, E. Roberto, por su contribución. Le respondo sólo en referencia a la representación de la Sagrada Familia. En cuanto a lo ecológico, estando de acuerdo con usted, me reconozco bastante ignorante.
      La forma de representar a Dios es del todo irrelevante. A mí personalmente me gusta más la imagen de «Madre» que la de «Padre». Pero, ya le digo, la representación de Dios en forma de persona es absurda en esencia. La hemos heredado de la Iglesia antigua y sirve para que nosotros, humanos y por ello perezosos intelectualmente, nos orientemos.
      Le aseguro que es muy enriquecedor hacer el esfuerzo de pensar en el Absoluto como un ente completamente diferente a una persona.

      • E.Roberto

        No tendría que haber comentado, estimado señor. Nuestras visiones son diametralmente opuestas, inconciliables. Usted dice que la forma de representar a Dios es del todo irrelevante. En un sistema binario como el nuestro, de varones y mujeres tendría que ser más que revelante y relevante. Especialmente para aquellos “pobres de espíritu” del Nazareno que son la inmensa mayoría, como mi pobre vieja, media india y semianalfabeta. Se crean incomprensibles estructuras mentales y comportamientos que me son extraños que a veces hacen imposible la convivencia. Las religiones como las armas son potencialmente peligrosas. Y no es casualidad que ambas sean productos masculinos. Hay que elegir con cuidado. No es lo mismo la figura de un santo o de una santa para representar el absoluto. Hay una historia detrás de cada uno-a, una influencia emocional que no se puede ignorar. Los sistemas binarios son por definición inestables, como las estrellas binarias que se autodestruirán, como los ejércitos con dos comandantes que siempre fueron derrotados. No por nada el cristianismo eligió la trinidad como símbolo. Y disculpe si me he ido por las ramas metafísicas esperando que me entienda. Después de todo esta disciplina, la metafísica se ocupa de las religiones. Un saludo respetuoso.

        • Dios no es masculino, ni femenino. Dios es a la naturaleza como el manual de instrucciones a la tostadora. Crea en Él, porque no va a tener más remedio. Lea fisica.

          • E.Roberto

            Me disculpe, pero estos verbos en el modo imperativo me ponen los pelos de punta. Dios no puede ser ni masculino ni femenino, pero sus portavoces son siempre hombres. Y sin embargo, somos mitad y mitad.

  11. «La religión es el opio del pueblo» es una cita que parafraseó Marx y pertenece a Novalis. Lo mismo que «Dios ha muerto» fue una cita parafraseada por Nietzsche que, sin embargo, pertenece a Hegel.

  12. turpin:
    “Me parece tramposo cómo ese cristianismo de base con frecuencia pretende desvincularse de los pecados de la Iglesia institucional, aludiendo a una pureza original del cristianismo que se ha perdido y quiere recuperar; cuando al final, se apoya en los mismos principios que ésta: la idea de la religión (es decir, de mitos tomados como verdad objetiva) como guía filosófica de lo que significa ser humano, es el propio pecado original.”
    E. Roberto:
    “Mi Fe me dice que nosotros, un organismo multicelular como tantos otros ha hecho todo mal desde cuando apareció, comenzando con una religión excluyente, un organismo que, por la tragedia de la vida tuvo que rebasar sus límites naturales para su subsistencia desmadrando todo lo existente, un organismo a quien solo le queda reinventar el amor hacia su próximo y el Planeta en completa libertad, el próximo y nuestro común hogar, únicos motivos para crear nuestra estética y nuestra moral de forma religiosa, principios que dan vida a todo lo humano que viene detrás. Mi admiración y respeto por la forma clara y valiente al exponer sus pensamientos.”
    Gracias! Soy asiduo de Jotdown no sólo por los textos, sino también por los comentaristas.

  13. “Black Eyed Peas denunciaban que solo queramos ganar dinero, que no cumplamos lo que predicamos, que el egoísmo nos ha marcado la dirección equivocada y se preguntan de forma reiterada dónde está el amor.” Qué curioso. Justo como la multinacional llamada Iglesia Católica.

    “No es la única ocasión en que en los Evangelios se llama al cristiano a tener una fe simple y confiada, como la de un niño”
    Porque si no es así, a ver quién se los cree.

    Y podríamos seguir hasta mañana señor Yelo.
    Hace un tiempo un colega suyo, E.J. Rodriguez, público y aquí una serie de artículos y luego un libro de lo más recomendable acerca de JESUS. Y acerca también del fabuloso negocio que Pablo de Tarso se sacó de la manga sin haber visto
    al rabí ni de cerca. Fabuloso negocio que ha crecido, prosperado y servido de excusa para tales actos que el mismísimo Dios, de existir tal como se nos ha presentado siempre, debería haber fulminado a sus gestores con muy pocas excepciones.
    Los mitos son mitos. Y son necesarios. Querer hacer de ello algo más…..

  14. Muchos conceptos y pocas definiciones. El unico lenguaje divino es el de las matematicas.

  15. TheReader

    Si bien el texto no me desagrada del todo, no lo comparto lo mas mínimo, pues son varias las falacias aquí presentadas. Des de las mas profundas a las mas pequeñas.
    Como muchas han sido ya tratadas en los interesantes comentarios, voy a hacer incapié en dos detalles: decir que nunca en la historia se habia consumido tanto ansiolítico es una falacia comparativa de lo mas absurdo en mi opinión, pues es evidente que hace 300 años nadie consumia ansiolíticos. Además de ser una afirmación perfecta para sacar a relucir ese ego del cual en el texto nos habla, pues se permite el lujo de compararse con momentos historicos lejos de su existencia y, en consecuencia, de si comprensión. A mi personalmente se me ocurren varios momentos historicos en que vivir debió de ser mas agobiante que ahora.

    Finalmente, cuando dice que el problema es sustituir a Dios por dinero, sexo o prestigio, lo dice como si nada de esto pudiera aportar la tan deseada paz al ser humano, pero como yo lo veo, ninguno de estos dogmas difiere demasiado de la fe en Dios. Todos ellos estan vacios.

    • Antonio Yelo

      Mi objetivo no era comparar. Destacando el excesivo consumo de ansiolíticos de la actualidad intentaba hacer ver que el abandono de la fe religiosa que el progreso y el «triunfo» de la razón han impuesto no ha traído bienestar psicológico al hombre; todo lo contrario.
      En segundo lugar: en mi artículo procuro hacer ver que la fe en Dios (cuando se identifica a Dios con el Amor) conecta al humano con su esencia. Y eso no lo consiguen el sexo ni el dinero no el prestigio.
      Aprovecho para incluir algo que leí el otro dia: Simone Weil, filósofa francesa y ejemplo de una profunda fe cristiana, afirmó que nunca perdió ni un segundo en pensar en la existencia de Dios. Entendía que era algo fuera de nuestro alcance y que el cristianismo, tal como ella lo entendía, debía llevar simplemente, pero de manera inmediata, a a la acción. Y en este asunto de la fe la acción no es más que el Amor al prójimo.

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