
Si Dios es bondadoso, si Dios lo puede todo, ¿por qué el mundo está repleto de dolor, sufrimiento e injusticia? Si Dios ama al ser humano y se preocupa por cada uno de nosotros, ¿por qué no evita los males innecesarios que nos afligen a lo largo de la vida? ¿Es la existencia del mal la demostración definitiva de que un Dios bondadoso no existe?
La aparente incompatibilidad entre la presencia del mal en el mundo y la supuesta existencia de un Dios bondadoso y todopoderoso —el cual, en principio, debería impedir que se produzca dicho mal— constituye una de las objeciones más reiteradas a las que han tenido que hacer frente los defensores de la existencia de ese Dios benigno. Si en las entregas anteriores discutimos dos de los principales y más antiguos razonamientos que se han presentado en favor de la existencia de Dios: el argumento cosmológico (si el universo existe, debe tener una causa) y el argumento teleológico (el universo parece diseñado con un orden y propósito), vamos ahora a tratar un razonamiento también muy antiguo, pero que no ha sido esgrimido a favor de la existencia de Dios sino en contra. Este razonamiento es conocido por diversos nombres, por ejemplo argumento del mal, problema del mal o (en oriente) problema de la injusticia. Aunque la denominación más conocida o al menos la más tradicional en occidente es la de “Paradoja de Epicuro”.
Trataremos de resumir en qué consiste dicha paradoja y repasaremos algunas de las principales contestaciones que han surgido desde la teodicea, la defensa racional de la existencia de Dios. Aunque el argumento del mal puede aplicarse a diversas religiones y fue planteado mucho antes de que surgiera el cristianismo, la teodicea cristiana ha sido —con mucho— la más activa a la hora de intentar refutarlo. Esta paradoja pone en solfa alguno de los dogmas fundamentales de la religión cristiana, como la idea de que Dios es bondadoso y se preocupa por el ser humano. ¿Cuál es el estado actual del argumento? El cristianismo, como otras religiones, ha presentado respuestas que generalmente sólo funcionan dentro de sus propios sistemas de creencias, y desde una perspectiva externa al dogma religioso se considera que la Paradoja de Epicuro no ha podido ser refutada.
El origen histórico del argumento del mal
“¿No es acaso una lucha la vida del hombre sobre la tierra? ¿No son sus días como los duros días del jornalero? Como el siervo, el hombre suspira por la sombra. Como el jornalero, suspira por el reposo. Durante meses he padecido calamidades y he recibido por toda recompensa noches de sufrimiento. Al acostarme me pregunto cuándo me levantaré, pero larga es la noche. Así permanezco, repleto de inquietud, hasta el alba. Mi carne está cubierta por gusanos y costras, está mi piel hendida y abominable. Mis días pasaron con la rapidez del tirador de una máquina de tejer y murieron sin esperanza. Recuerda que mi vida es un soplo y que mis ojos no volverán a ver el bien. […] Abomino de mi vida. No he de vivir por siempre, así que déjame, pues resultaron mis días completamente vanos. ¿Qué es el hombre para que Tú lo engrandezcas, para que deposites en él tu corazón, para que lo visites todas las mañanas y en todo momento lo pongas a prueba? ¿Cuándo apartarás de mí Tu mirada? ¿Hasta cuándo no me dejarás tranquilo, no me dejarás de vigilar ni aun cuando trago saliva? Si he pecado, ¿qué puedo hacer por Ti, oh, Guardián de los hombres? ¿Por qué me usas como diana hasta convertirme en una pesada carga para mí mismo? ¿Por qué no apagas mi rebelión y perdonas mi iniquidad? Ahora dormiré en el polvo; si me buscares mañana, ya no existiré” (Libro de Job, Antiguo Testamento)
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Excelente. Creo que la condición de ser padres es un reflejo de ser Dios. Miremos el comportamiento de nuestros progenitores y entenderemos a quien creó todo esto. AL día de hoy y a pesar de todas las cosas que suceden en este mundo y que parece que no hay un mejor futuro aún hay hombres y mujeres que sueñan con casarse y/o tener hijos con la esperanza de darles un mundo mejor (lo que no lograrán) y así seguimos. No soy Dios y si lo fuera seguro que los humanos ya no existirían y no sé si él ya sabía que sus primeros creados le iban a fallar, pero debió saberlo si era Dios, pero si es padre entonces debió confiar en sus hijos y por tanto no previó, pero eso no lo sé porque no soy madre.
precisamente hoy, al hilo de la actualidad, Gabriel Albiac rescata una reflexión del Papa Ratzinger en su visita al campo de Auschwitz en 2006:
«En un lugar como éste se queda uno sin palabras; en el fondo sólo se puede guardar un silencio de estupor, un silencio que es un grito interior dirigido a Dios: ¿Por qué, Señor, callaste? ¿Por qué toleraste todo esto?»
Muy bien expuesto el problema de mal y las referencias para quien quiera profundizar en el mismo.
De todas las respuestas dadas, la última, la que hace referencia a que a través del mal se adquiere sabiduría es la que mejor respondería a la paradoja de Epicuro, y es el centro mismo de lo que significa Cristo, pero no en el sentido de adquirir un saber racional, analítico, sino una sabiduría más profunda, que afecta a la inteligencia y al corazón. No basta con saber una cosa, hay que vivirla, y las religiones, precisamente, son más que una forma de pensamiento, una forma de vida, un vitalismo, para remitirnos a referentes filosóficos cercanos.
Imaginemos a un crío delante de la tele atiborrándose de golosinas. Es plenamente feliz. Lo ve su padre, le quita las golosinas y lo manda a su habitación a que acabe sus deberes escolares. En su felicidad el crío desconoce el mal que derivará de inflarse a comer golosinas, no sabe que le espera un dolor de estómago seguro, una mala noche y hasta días de enfermedad. Tampoco sabe que dedicarse a ver la tele y no hacer los deberes lo convertirán en un incapaz para ganarse la vida en el futuro. Sólo sabe que ver la tele y comer golosinas le hace feliz en ese instante. ¿Diremos de su padre que a pesar de haberle jodido esa felicidad a su hijo no es un padre bondadoso? ¿Diremos que no es omnipotente con respecto al crío en ese momento en que lo obliga a ir a su habitación?
Así podemos pensar que somos frente a la sabiduría de Dios como críos pequeños que se inflan a comer golosinas frente a un televisor y el futuro por el que nuestro Padre mira es la eternidad que se nos abre tras la muerte, ante la cual la vida es un instante, un suspiro, una insignificancia frente a la eternidad de la muerte. ¿Y quien podrá decirnos con absoluta certeza racional lo que nos espera tras la muerte?
La concepción fundamental que del hombre tiene el cristianismo es que no es ni un gusano, un animal más entre los animales, ni un dios. El cristianismo ensalza al que se humilla y humilla al que se ensalza. Si el hombre no conociera a Dios desde su miseria, es decir, habiendo experimentado el mal, su conocimiento le ensoberbecería. Si el hombre viviera en la miseria sin conocimiento de Dios, no tendría esperanzas. Es ahí el término medio y justo del lugar del hombre en la creación: conocer a Dios conociendo antes su miseria, y eso sólo a través de Cristo podemos tenerlo, pues sólo desde ese conocimiento de nuestra fragilidad y de los males a los que estamos expuestos nuestra sabiduría será algo más que un conocimiento racional y analítico y afectará a la totalidad de nuestro ser, de nuestra vida, de nuestros pensamientos y sentimientos. Sólo así cuando la razón alcance las cosas últimas el corazón no habrá olvidado las primeras, y conoceremos a Dios sin olvidar lo que somos y nuestras miserias. Sólo así a nuestro conocimiento se añadirá el amor. Sólo a través de Cristo se da el conocimiento y el amor como una misma cosa. El último paso de la razón es reconocer que hay una infinidad de cosas que la sobrepasan. Es más bien débil si no alcanza a comprender esto. Cristo nos dio las razones del corazón, del amor, para conocer todo aquello que la razón no entiende.
Los que han conocido a Dios sin conocer su miseria no le han glorificado, sino que se han glorificado.
Hola H,
Entiendo tu argumento, pero el concepto de mal como necesaria vía de crecimiento y aprendizaje, además de los inconvenientes que ya citado en el artículo, presenta otro poblema.
Tu metáfora padre-hijo es la acertada, pero míralo de este modo: cuando un buen padre educa a su hijo y para ello le provoca un “mal” (p. ej. en forma de castigo), para que el proceso funcione ha de explicarle claramente y sin equívocos el motivo de ese mal que el niño puede considerar arbitrario o innecesario. Y quizá el niño tarde años en entender la explicación, pero al menos sabe, porque se lo han dicho claramente, cuál es la conducta que ha originado ese mal. Así, al menos, no está sujeto a incertidumbre, lo que añadiría un sufrimiento innecesario y desbarataría el propósito educativo.
Es precisamente ese canal de comunicación directa del padre hacia el hijo lo que falla en el caso de Dios. El famoso “silencio de Dios” impide que incluso los creyentes puedan conocer con certeza qué males forman parte del aprendizaje y cuáles son sencillamente arbitrarios. La incertidumbre añade, pues, otra causa de sufrimiento extra. Lo cual implicaría, siguiendo tu adecuada metáfora, que Dios no es un buen padre. Desde luego sé que muchos creyentes emplearán el contra argumento de que Dios sí se ha comunicado con nosotros, bien mediante profetas y escrituras, bien mediante la manifestación del Cristo, bien mediante el consabido “Dios te habla a tu corazón si estás dispuesto a escuchar”. Pero esas premisas requieren de una creencia a priori en determinados dogmas o mitologías, de lo contrario no pueden considerarse válidas. En la práctica Dios no habla claramente (de lo contrario, el concepto de Fe resultaría innecesario) por lo que no podemos considerarlo “un buen padre”. Imagina un niño siendo educado por un padre al que nunca ha visto, con el que nunca ha conversado cara a cara, y de cuya existencia ni siquiera está seguro: ¿crees que puede esperarse una educación exitosa en semejante situación, la cual compense los males que se le presentan?
El silencio de Dios es uno de los callejones sin salida con los que se encuentra esa respuesta concreta a la Paradoja de Epicuro. Si Dios hablase con claridad y de manera inequívoca a la humanidad, no habría duda alguna. Pero no es el caso.
Gracias por la interesante discusión y un cordial saludo.
Esta discusión se mantendrá hasta el final de los tiempos, salvo que Dios – ese ser supremo que algunos veneran – baje en cuerpo y mal para presentarse a los humanos.
Existe un equilibrio natural claramente establecido, entre el bien y el mal, lo que sucede es que a veces hay épocas en las que alguno de los dos despunta. La Segunda Guerra, Auschwitz, Somalia, Israel y Palestina, son claros ejemplos de que el mal puede superar claramente a su hermano gemelo el bien.
Creo que Dios estableció el mal cuando colocó a los humanos en la tierra, a menos que desaparezcamos siempre existirá. Este tema me apasiona y he escrito mucho al respecto, sería interesante tener alguna vez la oportunidad de entrevistar a Dios y pregúntarle, ¿quién supera a quién, el bien o el mal?
Si me dedico a robar, hago dinero rápido y me resuelve la cuestión. Si perduro en el robo, hago menos dinero que si tengo un buen negocio. Si mi rubro es el robo, al final lo que pasará es que sólo progresaré económicamente si opto por el crimen organizado. Si lo hago moral, estoy limitado. Si lo hago inmoral, tengo vías. Si sigo las vías del mal, llegaré hasta el final de las vías. Pero no habrá nada más. Si en vez de seguir el camino de lo ilegal intento solucionar los límites de lo legal, acabaré encontrando un novum en el espacio de lo alegal. Entonces los jurisimprudentes se esforzarán por localizar la base ecomoral de la necesidad de ilegalizar lo alegal. El debate podría ser infinito, desde luego. No es la carga moral lo que hay que tener en cuenta. Sino los resultados. No digo que el fin justifique los medios. Pero sí que el fin determina los medios. Tendríamos que valorar hasta que finalidades nos pueden llevar los medios morales y legales. Si el bien, o lo considerado como bueno, no es suficiente o si acaso lo pueda ser. Un bien limitado en exceso por el puritanismo de la oligocracia no puede ser un bien. El debate es simple: ¿ Me agranda o me empequeñece la vida?. Nietzsche ya respondió a ésto: La vida como expresión del ser. Simplemente.
Dios es nuestra ignorancia puesta en un altar.
El hombre mas sabio, cuando llega al limite de su conocimiento y algo no entiende, enseguida le surge la duda y cree ver la mano de Dios, hasta que resuelve el problema.
Y como hay cosas que no podemos comprender, por la limitación de nuestras mentes, la duda de que dios esta de tras de algo incomprensible siempre estarán ahí.
Excelentísimo artículo, felicitaciones al autor.
Quisiera comentar dos cosas:
-una, que comentaba el otro día con un buen amigo, que es filósofo… a propósito del cristianismo yo le hice la reflexión de que todo este tipo de aporías sobre Dios provienen, al menos según esta opinión, del giro del Dios de los filósofos, aristotélico, al Dios de la religión. Si el primer teólogo de la Historia fue Aristóteles, y él dijo que Dios era una especie de autista que no amaba a los hombres porque simplemente estaba encerrado en sí mismo, sin conocerlos, y que por tanto los hombres tampoco podían amarlo -porque sin reciprocidad no hay amor-. Entonces, el intento de convertir a este Primer Motor autista, enajenado, en un Dios de amor tiene que ser por fuerza infructuoso. Y yo creo que así se demuestra en el artículo
-otra cosa, un argumento muy usado contra el argumento del mal es el de que «los caminos del Señor son inescrutables», es decir, el «ignoramus, ignorabimus»; no es propiamente un argumento ni se le asemeja, simplemente deja el asunto en el aire porque no hay forma de resolverlo racionalmente, y por tanto el que tiene fe debe aferrarse a ella, y punto. En este sentido la paradoja que conlleva este argumento del mal creo que ha sido causa de más «conversiones» ateas que cualquier otra cosa. Aunque esto ya es una opinión bastante subjetiva mía que me saco de la manga.
Hola, me pareció muy interesante tu respuesta, sabes de algún club virtual o físico donde la gente se junta para discutir las religiones un sus sin sentidos ? Soy Judío Ateo. Muy contactado con la ortodoncia. Buscando un espacio para charlar de esto que en mi casa no aprueban . Rafa
Sólo con la pretensión de aportar datos de cómo se ven las cosas desde el cristianismo, sin pretender posicionarme en un lado u otro, dada mi ignorancia en asunto, desde mi punto de vista, complejo y que estamos acostumbrados a tratar la mayoría con demasiada ligereza, a conformarnos con fórmulas tantas veces oída, pocas veces reflexionadas. De ahí que me pareciera interesante el artículo en que se exponen las razones por las que uno niega.
La duda. Cualquier cristiano de verdad y convencido está en permanente duda. El Dios cristiano es un Dios oculto, que no se muestra sino tan sólo a quienes le buscan y aún estos nunca están seguros. Por supuesto, no se muestra a quienes le tientan y quienes le piden que se muestre totalmente y de muestras de su poder y su gloria actúan como Satanás con Jesús en el desierto. No estoy diciendo que seas Satanás, E. J. Rodríguez (je, je), sirva sólo como ejemplo de que un libro escrito por pastores incultos conserva sin embargo respuestas para muchos problemas que se han planteado muchos siglos después. Deberemos reconocerle cierta sabiduría extraña para provenir de pastores incultos.
Este no estar seguros nunca de estar con Él, esta duda permanente, peor que la certeza de que no existe, la sienten hasta los que, por experiencias místicas, supondríamos que habrían llegado a un más pleno conocimiento y contacto. Sólo hay que leer a Teresa de Ávila para confirmar esto que digo. Estos místicos entienden que ese oscurecimiento de la contemplación de Dios proviene de que el mundo, lo que ellos llamaban el mundo, es decir, las pasiones de la carne, orgullo, pereza, vanidad, etc., podía en cualquier momento alejarlos de él y por eso nunca estaban seguros. Es sólo una puntualización sobre el aspecto vivencial, personal, de la religión cristiana, más que propiamente teológico.
Teológicamente los cristianos siempre han dicho que a Dios solo se le encontrará con la fe. También curioso y digno de tener en cuenta que desde sus comienzos, es decir, desde mucho antes que la ciencia y la razón progresaran tanto, ellos no recurrieran a argumentos racionales que más tarde la ciencia o la razón podrían haber desmontado fácilmente.
El silencio de Dios. Si Dios no se hubiese mostrado nunca podríamos hablar de un Dios despreocupado de los hombres y ajeno a ellos. Pero lo cierto es que lo hizo, según los cristianos, y dejó el Antiguo Testamento, la Torá judía. Y en ese libro, que se remonta a la noche de los tiempos y del que proviene la religión cristiana, de una fuente muy distinta y más antigua que la filosofía griega a la que se aludía en el comentario anterior, por más que la teología medieval se inspirara en Platón y Aristóteles, y por ello dicho filósofo amigo de “viejotrueno” identifique, desde mi punto de vista, equivocadamente a la religión cristiana con la teología medieval, había, decía, en ese libro profecías que según los cristianos se cumplieron, sobre todo la relativa a la venida del Mesías y la propagación de la religión entre los gentiles y naciones de todo el mundo, a pesar de que se le opondrían todos los poderes de la tierra. Al parecer así ha sido. De nuevo una sabiduría extraña en un pueblo de pastores incultos. De ahí que los cristianos, teológicamente, no ya como vivencia personal, que podríamos más o menos poner en duda los escépticos, afirmen que Dios ha hablado y ahí está su Palabra, en esos Libros Sagrados. Para hallar la luz en ella sólo piden que se busque de corazón, con humildad y con fe, y quienes así lo hacen afirman que Dios no sólo no calla sino que se encuentra, por más que, como dije, no es un Dios del que uno pueda decir que lo conoce plenamente ni que esté seguro de tenerlo siempre, de ahí, el continuo y renovado acto de fe y de entrega que se requiere a cada instante. Es duro, claro, pero lo sorprendente es que siendo algo no fácil de hacer ni cómodo, haya aguantado tanto tiempo sin cambiar su doctrina esencial, sus verdades de fe.
Venga, y por último un argumento lógico, que no se diga, sobre el silencio de Dios. Si Dios es eterno y se ha mostrado aunque sólo fuese una vez, Dios seguiría existiendo aunque nunca más se mostrara. Los cristianos dicen que los hombres sienten el silencio de Dios por su corrupción. Esto no es agradable de oír, para los tiempos que corren, pero es lo que creo que piensan.
dice usted que “el Dios cristiano es un Dios oculto”… es ese el testimonio que podemos deducir de la doctrina destilada durante dos mil años por la entidad responsable de su pervivencia? …no es precisamente la escatología la plataforma de conocimiento más promocionada por una iglesia que considera de lo más oportuno convencernos a cristazos
…otra cosa, no pretenda esgrimir su declarada neutralidad argumental con ese discurso, que algunos también hemos estudiado en los curas y de ciertas retóricas, estamos vacunados…
cuando Ratzinger en Auschwitz inquiere a su dios un “¿Porqué toleraste todo esto?” se alinea con Epicuro y espera una respuesta quizás imposible de resolver así que pasen tres mil años… no pretenderá usted darle respuesta a Ratzinger, verdad?
En efecto, la escatología es el fundamento de toda religión, como lo es, aunque no manifiestamente, de numerosas escuelas filosóficas, recientes, como el existencialismo, o clásicas, como el mismo Epicuro. La muerte está ahí para todo hombre y con ella, inevitablemente, el sentido de la vida.
Hay dos opciones con respecto a esa realidad de la que no podemos dudar: o bien le damos la espalda y nos centramos en aquello que podemos abarcar con nuestra razón y nuestros sentidos o bien intentamos darle una explicación. A su vez ambas posturas implican una concepción del hombre, bien considerándolo como un ser puramente material, un animal entre los animales; bien considerándolo como dotado de una naturaleza inmaterial, llámese espíritu, alma o conciencia.
Ni nuestra razón ni nuestra ciencia saben actualmente lo que es la conciencia, como tan sólo con teorías somos capaces de darle una explicación racional a la creación, como tan sólo con teorías somos capaces de saber el origen de la vida, como sólo con teorías somos capaces de saber que ocurre tras la muerte…es decir, las llamadas grandes cuestiones no tienen una respuesta satisfactoria y evidente, fuera de toda duda, a través de la razón y de la ciencia.
Debemos decir que en la cultura popular de occidente, entendiéndose por tal la que mueve a la mayoría de la gente en base a unos intereses e inquietudes vitales concretos, estas grandes cuestiones no les importan lo más mínimo. En cierta forma ha triunfado la escuela de Epicuro pero sin el fundamento escatológico de la filosofía epicúrea, tomando de ella sólo sus aspectos hedonísticos y no la fundamental prudencia, considerada en su sentido clásico de conocimiento de uno mismo, que implica que no todo placer es bueno y no todo dolor derivado de la renuncia es malo, y que un placer puede llevar a un dolor mayor, como un dolor puede originar un bien, placer o bienestar a largo plazo.
Sin esa prudencia, el epicureísmo actual es la satisfacción inmediata de todo deseo como único sentido de la vida. Y este sistema, de consumo compulsivo, está basado precisamente en esa concepción de la vida, caracterizada por el rechazo a la consideración de toda consecuencia a mediano y largo plazo de nuestros actos, vivir intensamente el instante, satisfacer los deseos y las pasiones inmediatamente.
A nivel personal, de cada cual, esa cultura, esa concepción de la vida caracterizada por la falta de prudencia, de conocerse a uno mismo, conduce a quienes les ha sido posible por sus medios satisfacer esos deseos, a males físicos y psicológicos a largo plazo derivados de la satisfacción sin medida de sus deseos. Pero es que aún sin esperar a las consecuencias que más tarde tendrán, aún inmersos en la satisfacción de esos placeres, estos no les procuran una felicidad completa, auténtica, verdadera, no les llena lo suficiente y muchos afirman sentirse vacíos. Deberemos concluir que existe en nosotros una naturaleza, no puramente animal y física de satisfacción de los instintos más primarios, que tiene sus propias exigencias y necesidades. A esa naturaleza unos le llaman espíritu, otros alma, otros conciencia y convenimos en que es ella la que nos diferencia de los animales. También a nivel personal esa filosofía de vida procura a la mayoría continuas frustraciones, pues no siempre es posible satisfacer esos deseos y pasiones, y de dichas frustraciones no sólo deriva la infelicidad para uno mismo sino la lucha con los demás por tenerlas, con lo cual la convivencia siempre está sujeta a problemas, envidias, malos instintos, etc…
Podríamos también hablar de qué se deriva de ese hedonismo sin prudencia considerándolo a nivel general, cultural, y la explotación irracional de los recursos para satisfacer las necesidades del presente, la degradación medioambiental por sólo atender a las necesidades del presente, está comprometiendo seriamente la sostenibilidad del bienestar que queremos en el futuro. Y así con muchas más cosas.
Desde mi punto de vista, todo ello se deriva de no tener un objetivo concreto en la vida, un principio vital, un sentido, es decir, una concepción escatológica de la vida. Nuestro sistema económico es el principal beneficiado, basado en el consumo, en la satisfacción inmediata de toda pasión, placer o capricho que demande la gente, animándola a que lo haga, potenciando, por el bien de la economía, esa filosofía de vida, creando incluso nuevas pasiones, deseos y necesidades que satisfacer.
Y sin embargo, como dije al principio, la muerte está ahí, para todos y cada uno de nosotros. Y la muerte es para siempre, es decir, es eterna. Ante su infinitud los años de la vida, sean 20, 40, 60 u ochenta son una insignificancia, de igual forma que cualquier número sumado o restado al infinito matemático no altera en nada su naturaleza. Y al igual que el infinito matemático, del que somos incapaces de decir si es par o impar, siendo todo número a la fuerza para o impar, así la eternidad de la muerte es de naturaleza desconocida, a pesar de saber a ciencia cierta su existencia.
Sea cual sea la CREENCIA que adoptemos ante la muerte, que nos espera la nada o que algo subsiste de nosotros, lo cierto es que la eternidad que la muerte nos abre es el fin, el objetivo último al que ineludiblemente se dirige nuestra vida. Ninguna de esas creencias está apoyada en una certeza racional.
Estamos en un 50% de posibilidades y se trata de apostar una vida, esta que aquí tenemos, a que existe o no existe algo tras la muerte.
Veamos como procedería un jugador experto y racional, que calculase razonablemente sus posibilidades en el juego de si existe o no existe Dios y lo que el ha dicho, según la religión cristiana, sobre la muerte.
-Si existe y nos hemos conducido creyendo en que existe Dios, habremos ganado una eternidad feliz.
-Si existe y nos negamos buscarle, habremos ganado una eternidad atroz.
-Si no existe y creímos en ÉL, la nada nos espera tras la muerte, pero ya aquí, esa esperanza nos habrá ayudado.
-Si no existe y no creímos en ÉL, de todas formas la nada también nos espera tras la muerte.
Debemos apostar, según la razón, nuestra vida, esta vida, teniendo un 50% de posibilidades para acertar o equivocarnos.
Si Dios existe para unos las ganancias serán tan inmensas como para otros lo será la pérdida, pues hablamos, según la religión, de una eternidad de dicha o de desgracia.
Si Dios no existe la pérdida es igual para los que apostaron en un sentido o en el opuesto.
Hagan juego, señores.
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Dios es un extintor en la caja de cristal colgado en la pared. Si se declara un incendio, el extintor nos puede salvar. Pero antes tenemos que romper el cristal con el mazo de seguridad, sacarlo, quitarle la anilla, apuntar a la base de las llamas y apretar la manilla. Sustituimos » Soy el que Soy» por » Soy el que Seré» y Dios adquiere sentido a la luz de la escatología y el Futuro. La célula fotoeléctrica es la aplicación práctica del efecto fotoeléctrico. Una quimera ( apertura automática de la puerta ante la presencia humana) implementada por una entelequia ( efecto de emisión de electrones por la incidencia del fotón en un material). El Mundo es el Mundo, pero también la representación conceptual del Mundo. Tenemos el hardware ( célula) y el software ( efecto). El estrato inicial es la Naturaleza. Sobre ella se colocan capas de Artificialeza. En cada una de las cuales hay un box epocal o un parking de núcleos teóricos y cortezas de aplicaciones con sus correspondientes relaciones de red inter-teórica. Eso era estructuralismo, una lástima que se desechara precozmente. Una quimera-entelequia es un par desgajado núcleo teórico ( entelequia)-corteza de aplicaciones ( quimera). Par desgajado del parking de núcleos y cortezas referentes del box o de los boxes anteriores. Por lo que no existe implementación. Dios es el punto Omega. La panrealización teórica y maquinal. Pero sólo Ishvara. Simplemente, la repulsión esencial de las abstracciones homogéneas puras ( consciencia en estado puro – energía física primordial) precisa de la maya como manifestación de una eterna escisión en la que los dintornos han de ser de tal naturaleza que los entornos no arruinen los contornos abstraccionales. Por lo que ningún campo volitivo puede corresponderse con una omnipotencia funcional. Podemos hacer operativo a Dios sobre la base operativa del » algo más y algo menos» de Neil Gernshenfeld.
¿La supuesta existencia de Jesús? En fin…
No me resulta comprensible que quien cree en un Dios omnipotente, pretenda someter al mismo bajo las normas de la moral y la razón humana a través de la teodicea.
Es decir: Dios es inexplicable, inescrutable, pero yo lo voy a explicar con formas humanas.
No existe explicación racional para un Dios del tamaño del que veneran los cristianos. Escapa a la razón, y el simple hecho de intentar «atraparlo» en nuestros razonamientos ya sería insultante para el mismo.
Para mí Dios no existe más que como concepto, al igual que existe el 3.
Intentar «darle forma» es un ejercicio extenuante e inútil, pero eso sí, entretenido.
no existe ni como «concepto» -como idea-, tú mismo lo dices: «escapa a la razón». Y en este sentido, dándole la vuelta al argumento ontológico -versión Leibniz-, no es posible, y si no es posible, no puede existir
Yo lo que no entiendo es porque el dios ‘de la biblia’ crearía seres entre los que se encontraría Lucifer, futuro satanás y centro del mal.
Si tal ‘dios’ no sabia cuales serian las consecuencias de sus acciones tampoco era perfecto, y ademas seria responsable de la existencia del mal. Aunque podría haberlo hecho adrede también, en ese caso seria responsable de forma ‘directa y consciente’ de la existencia del mal.
La apuesta está mal planteada porque parte de la premisa de que el dios verdadero es el dios cristiano, lo que ese jugador racional citado por H nunca podría aceptar dado que implicaría la posibilidad cierta de perder de antemano la apuesta si, por ejemplo, el dios verdadero fuera Visnú.
Un jugador racional, por tanto, no limitaría su apuesta al rojo-negro o par-impar que plantea H, sino que tendría que acudir un juego más complejo, con una ruleta con tantos números como dioses se haya dado la humanidad más un número igual de casillas para la opción de «dios no existe».
Para no irnos de madre pongamos que hay 100 casillas cada una para un dios diferente y 100 para la opción de dios no existe, H sólo tendría una posibilidad entre doscientas de ganar su apuesta, mientras que un jugador racional sin duda apostaría por la opción que verdaderamente le ofrece un 50% de posibilidades de acertar, y que no es otra que la de «dios no existe».
Todo lo dicho siguiendo el planteamiento de H sobre la salvación eterna y el 50%.
«En efecto, muchos suelen argumentar así: si todas las cosas se han seguido en virtud de la necesidad de la perfectísima naturaleza de Dios, ¿de dónde han surgido entonces tantas imperfecciones en la naturaleza, a saber: la corrupción de las cosas hasta el hedor, la fealdad que provoca náuseas, la confusión, el mal, el pecado, etc.? Pero, como acabo de decir, esto se refuta fácilmente. Pues la perfección de las cosas debe estimarse por su sola naturaleza y potencia, y no son mas o menos perfectas porque deleiten u ofendan los sentidos de los hombres, ni porque convengan o repugnen a la naturaleza humana. Y a quienes preguntan: ¿por qué Dios no ha creado a todos los hombres de manera que se gobiernen por la sola guía de la razón? respondo sencillamente: porque no le ha faltado materia para crearlo todo, desde el más alto al más bajo grado de perfección; o, hablando con más propiedad, porque las leyes de su naturaleza han sido lo bastante amplias como para producir todo lo que puede ser concebido por un entendimiento infinito, según he demostrado en la Proposición 16.»
Spinoza, Ética
La apuesta inicial es si hay algo tras la muerte o nos espera la total aniquilación. Dado que no hay certeza racional alguna, la apuesta en principio es del 50%.
Si Dios existe habrá que suponer que la religión verdadera existe, pues un Dios con una religión extinta no habría sido un Dios verdadero. Empecemos pues a descartar de la apuesta de Ernesto todas aquellas religiones extinguidas.
Si Dios existe, la religión verdadera habrá existido como tal desde la noche de los tiempos, pues Dios es el mismo antes y ahora, y su religión será la misma. Descartemos también por tanto todas aquellas religiones recientes, como cienciología, o derivaciones de las grandes religiones, consideradas tales no sólo por número de fieles sino por antigüedad, como cuáqueros, mormones, etc…
De las 100, como supuesto número de las que citaba Ernesto, nos habremos quedado con no más de cinco o seis. Como se ve, las posibilidades han aumentado espectacularmente para quien crea en el Dios cristiano.
Comparemos entre ellas y veremos que sólo la cristiana cuenta con profecías, hechas hace miles de años, que se cumplen, lo cual es prueba de su verdad y de que realmente el Dios cristiano actúa en la vida de los hombres. ¿No es asombroso que tal y como estaba predicho, en el tiempo en que estaba predicho y en el lugar en que estaba predicho, de la estirpe que estaba predicha, el hijo de un carpintero cambiara la faz de la Tierra venciendo a los poderes más fabulosos de la tierra? ¿Qué otra religión, de las grandes, puede decir esto? Su palabra y las profecías que la anunciaron están ahí, para quien quiera acercarse y oírla, luego que juzgue con criterio lo que más estime oportuno. Dado lo que está en juego, una posible eternidad de gloria o de desgracia, es lo mínimo que podría hacer un hombre sensato y razonable, antes de desechar alegremente tal posibilidad.
Pero aunque las posibilidades fuesen efectivamente de una entre 200, un jugador racional no sólo valora sus posibilidades en el juego, sino lo que se arriesga a perder y lo que puede ganar. En esta apuesta las ganancias pueden ser inmensas si se acierta, mientras que las pérdidas, en caso de no existir Dios, serán iguales para los que no creyeron en Dios como para los que creyeron en el Dios cristiano.
Si descartas todas las religiones no nacidas en el origen de los tiempos, no es que te quedes con 5 o 6, es que te quedas sin ninguna.
Para que el juego de apuestas que H plantea tenga sentido, deberían darse dos condiciones:
– La Fe, como una decisión consciente y personal. La mente humana puede ser capaz de «decidir creer» en algo indemostrable. Y además creer de corazón, sin engaños.
– La salvación mediante la Fe en Dios, nada menos (y no solo, ya que un católico romano debe además creer a pies juntillas en todos y cada uno de los dogmas de su Iglesia si quiere seguir perteneciendo a ella), se puede alcanzar mediante maquinaciones típicamente humanas. Es decir, decido creer porque me conviene creer.
Por otra parte: qué habría pasado si, entre otros, Copernico, Galileo Galilei o Charles Darwin se hubieran prestado a ese juego de apuestas, si hubieran preferido ignorar sus conclusiones para no contradecir la interpretación ortodoxa de los textos sagrados, y por si acaso, dejar la ciencia para dedicarse a cultivar magnolias para huir del peligro… Supongo que ese juego de apuestas solo puede funcionar en las cabezas más débiles e ignorantes.
La otra exposición es una curioso cálculo de probabilidades que nos permite acertar la religión verdadera de la buena. Desde el punto de vista de la historia de las religiones y las ideas, y demás disciplinas hermanadas con la Historia, y con los métodos desarrollados por la filología (la crítica textual, etc), habrá especialistas que puedan concluir con argumentos sólidos y pruebas físicas que esa enésima intentona teodicéica (¿se dirá así?) no se aguanta ni con pinzas. Sí, incluidas las supuestas profecías cumplidas a rajatabla.
Un verdadero creyente no debería andar en juegos tan vulgares. Las pruebas del carbono 14 a la pretendida Sábana Santa de Turín o la historicidad de los Evangelios a los verdaderos católicos no debería importarles tanto, ya que se supone que la Fe no se basa ni en conveniencias egoístas, ni en la razón, ni en las pruebas físicas; la fe solo sirve para saciar una supuesta necesidad existencial. Uno cree porque necesita creer, y no porque haya decidido que le viene bien, ni porque disponga de pruebas irrefutables.
Bravo!!! Me quedo con tu comentario, octubre 2022, encuentro esta página, y después de tanto tiempo en el ateísmo, me das la respuesta exacta, para definirme como una ignorante, ingenua o sedienta, por un » vacío existencial » como mencionas …y desde 2019 soy cristiana. Es exactamente eso que tú dices mi lucha por esa humildad a conseguir, versus la soberbia que me consumía cómo atea, que tiene que ir disminuyendo cómo exposición al » manual de instrucciones» que tenemos de fábrica. Claro puedes lógicamente ser no aceptado o negado por quiera, pero eso no impide que este sea verdadero y » Dios» » universo creador, etc siga existiendo, ya que lo ilógico y fuera de nuestro limitado alcance. Saludos, mil gracias.
El Islam gana. Un mercader árabe analfabeto reproduce de memoria una revelación que incluye conocimientos de la Torá y la tradición cristiana, que para colmo constituye una joya literaria de un estilo exquisito apreciado por los literatos de todas las civilizaciones…
La fe no es una opción ofertada en el catálogo del libre albedrío. Si un ateo lo es porque Dios (en caso de existir) no le ha asignado la gracia de la fe, ¿Cuál es la escatológica razón por la que la doctrina de la iglesia determina que un ateo no verá a Dios tras el tránsito? …quizás el dilema de la existencia de Dios es irrelevante en vida, excepto para las milenarias estructuras que viven de Él… porque solamente después de la muerte, dicho dilema se resuelve (si Dios no existe, no hay nada que resolver)
Lutero resolvió estas contradicciones lógicas simplemente rechazando que la razón pudiera decir nada acerca de la Fe. Para él existe una radical oposición e incompatibilidad entre Revelación y razón, Dios y mundo, Fe y obras, Cristo e Iglesia. El ser humano es esencialmente malvado, corrupto, incapaz de conocer la verdad y de hacer el bien y solo se puede salvar mediante la Gracia. Da igual lo que piense o lo que haga, ya que eso no lo va a salvar. Lo expresaba en una carta a Melanchton: «Sé pecador y peca fuertemente, pero confíate y gózate con mayor fuerza en Cristo, que es vencedor del pecado, de la muerte y del mundo. Mientras estemos aquí abajo, será necesario pecar; esta vida no es la morada de la justicia, pero esperamos, como dice Pedro, unos cielos nuevos y una tierra nueva en los que habita la justicia.»
Todo razonamiento empieza con una cto de fe. Como bien dice Fulgencio Barrado: «Para mí Dios no existe más que como concepto, al igual que existe el 3.» Bien, el razonamiento de los cristianos parte de ese acto de fe (sin excluir que exista el 3, incluso en el mismo Dios jeje), y luego razonamos. El no creyente hace otro acto de fe, por ejemplo en la existencia del 3, y así es imposible llegar a Dios, se queda tan inalcanzable como en el Antiguo Testamento y otras religiones antiguas. Lo cristianos creemos en la encarnación y la resurreción de la carne, que acaba con el mayor mal: la muerte. Y a partir de ahí razonamos algo que es infinito, o sea que nunca llegaremos a la totalidad, ni siquiera en el cielo, que simplemente con la ausencia del mal el camino es expédito pero sigue siendo infinito, lo cual es un placer porque sino sería aburridísimo. En cuanto a lo de las apuestas, bueno ahí los católicos discrepamos de los protestantes. Ellos por ejemplo creen que sólo la fe salva, y los católicos el tópico «obras son amores». Por lo tanto, para un católico la apuesta no es tanto en lo que creas como en lo que hagas. Al fin y al cabo Satanás es un creyente, y paradójicamente por la fe sabemos que perderá su apuesta.
Creo que existe una sutil diferencia entre razonar y divagar. La razón nunca te va a llevar a Dios, pues es inquisitiva.
Es mi opinión, por supuesto.
Efectivamente, la razón pura nunca te va a llevar a Dios, ni siquiera te va a llevar al número 3. Incluso tampoco lleva a la misma existencia de la razón. Siempre hay que hacer un acto de fe apriorístico. La diferencia es que un creyente lo hace en Dios. Lo cual es intrascendente, porque poco importa lo que creamos o dejemos de creer para que algo sea.
El que un dibujo voluminoso con cuatro patas y dos cuernos, lo consideremos un bisonte, o mejor dicho, la representación de un bisonte, es una codificación que extraemos de la experiencia, al igual que ocurre con el tres y las matemáticas. Son formas de un lenguaje «superior». La idea de Dios es una divagación, al igual que lo es la de el Bosón de Higgs; la diferencia estriba en que esta segunda estamos dispuestos a someterla a falsación y aquella debemos creerla a pies juntillas, o sencillamente negarla.
Una teoría que se me ocurre es la de que en origen Dios sí existió, pero con la explosión del Big Bang se le fue la mano y se mato con ella, como un niño con un manojo de petardos. Sería tan probable como la de cualquier religión.
Un dios que espera para manifestarse a que los humanos inventen la escritura es más que sopechoso.
El texto está muy bueno, me he quedado con ganas de leer uno que titule: «¿Existe el mal?» El argumento del bien.
La existencia de Dios es indebatible, y esa es la principal paradoja.
Alejo, para el creyente Dios se manifestó en el momento del Fiat Lux, para el no creyente no se ha manifestado. Habemos también quienes nos mantenemos en la duda.
Es un placer leerle, E.J.
El predicado «existe» no puede aplicarse a Dios ya que este no es un ente, un objeto del mundo. Pero el proceso cósmico observado en sí mismo resulta inconsistente. Luego… (no digo la consecuencia, que he hallado en ).un libro que se titula POR ÚLTIMA VEZ, ¿EXISTE DIOS?
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El bien y el mal existen, pero de forma separada. Son dos Univérsums independientes, uno de la luz (el del Padre del Puro Amor) y otro de la oscuridad (el Dios oscuro, se manifiesta con muchos nombres: Jehová, Elohim, Príncipe de este mundo, Yaldabaot, …). Nunca debieron mezclarse, pero Negraot (el dios negro) junto con sus arcontes oscuros violaron los estatus del Univérsum («no se puede mezclar el bien y el mal»). Y crearon un tercer camino que es la mezcla, el mundo ilusorio en el que vivimos.
Es un gran misterio de la Sabiduría Divina y tiene una gran profundidad, pero no se puede adentrar en él si no hay un corazón espiritual abierto. Con la mente no se puede entender, es imposible. La mente está muy limitada y con sus limitaciones quiere comprenderlo, razonarlo, justificarlo todo. Ella solo ve una gotita en un inmenso océano que es el universo de miles de mundos oscuros, mezclados e inmaculados (puros, virginales, que no se mezclan con el mal, viven en la absoluta bondad).
El hombre está mezclado desde hace miles de años y esto le hace permanecer en un sueño hipnótico. La oscuridad selló el potencial divino del hombre. La bondad terrenal es una manifestación del bien, pero está contaminada por la parte oscura. Se trata de una bondad que no tiene la fuerza para derribar el mal de este mundo y la vida lo confirma, el espíritu de este mundo siempre permanece: el materialismo, hipocresía, egoismo, rapacería, usurpación, violencia. Las revoluciones han llegado, pero ninguna ha sido capaz de vencer al mal y vivir de una forma fraternal, de corazón a corazón, vivir sin mezclarse con el mal. ¿Por qué? La bondad terrenal, no es pura, no tiene la fuerza de la bondad sobrecelestial. Es la bondad de la civilizaciones antiguas Atlantes, Hiperbóreas, Egipcias, … que desaparecieron sin dejar huella. Esta bondad tiene millones de veces mas fuerza que el mayor de los males que pueda manifestarse en la Tierra.
Para alcanzar esta bondad, vivir de esta manera bondadosa hay que entrar en el verdadero camino de ascenso por la escalera de divinización.
El mal es usurpador y entra en nuestras vidas sin permiso, la divinidad no es usurpadora. Para que la divinidad entre en nosotros debemos darle el permiso, hacer un nuevo pacto con ella y deshacer el pacto con el príncipe de este mundo. Mientras esto no se haga, la divinidad no puede entrar, no porque no quiera, sino porque tenemos el corazón espiritual (que no emocional o chacra) cerrado y Ella no puede entrar.
El Univérsum del bien está prohibido en nuestros interiores, los arcontes oscuros (el espíritu de este mundo) gobierna en nuestros interior y por ende en este mundo. No nos permite acceder a la Sabiduría divina, pone sus resistencias. Por eso la mente busca miles de razonamientos que justifican este mundo tal como es y no tiene capacidad de poder contemplar otro universo, el de la bondad.
Se podría hablar muchísimo sobre el tema, pero es suficiente para quien tiene el corazón abierto.
La respuesta a si existe el mal está en una muchacha, bueno, ya es vieja, rubita en su día, cola recogida, flaca, pava de aspecto, no filósofa, ni teologa, se llama Jane Goodall y es primatóloga. A través de sus observaciones verás «el bien y el mal» tan explicado como un nítido corte estratigráfico.
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llegue hasta lo de los terremotos, si el autor considera que los terremotos son malos se nota que no a entendido nada con respecto al bien y al mal. los terremotos son solo eso, terremotos. que el hombre constituya sobre fallas, que no se apegue a las reglas de construcción en un país sísmico etc. no es culpa de Dios. (Dios le dio al hombre la capacidad de auto-gobernarse.)
Bueno, veamos…
La cuestión a dirimir es, exclusivamente, la paradoja de Epicuro; y más concretamente si el mal existe. Todas las disertaciones seudo teológicas leídas, son irrelevantes.
La paradoja parte de una premisa: EL MAL EXISTE.
Admitida como verdad, los cristianos intentaron refutarla con la idea del libre albedrío, o la ausencia del bien, etc.
Más tarde, viendo la imposibilidad de negar su existencia, cambiaron el discurso a la necesidad del mal, o la mera ilusión de este. Peo la esencia que plantea Epicuro sigue sin resolverse.
Si el mal existe, o bien dios no es bondadoso, o no es omnipotente, o lo que es peor, ¡NO EXISTE!
Lo malo es que cuando toda la teodicea cristiana se volcaba en su negación, olvidaban (u escondían), que su existencia está admitida y aceptada en la Biblia por el mismo dios:
Génesis 6:5-7.
“Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón. Y dijo Jehová: raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo; pues me arrepiento de haberlos hecho”.
– Si dios ve “la maldad de los hombres” es porque esta existe, ergo si la maldad existe, el mal existe.
– Dios cree necesario destruir toda la humanidad por que se abandonan y escogen el mal en sus corazones, ergo dios no reconoce el libre albedrío en el hombre para elegir entre el bien y el mal.
– Dios se arrepiente de la creación del hombre y le destruye, ergo reconoce que su obra es deficiente y su diseño es erróneo.
Así pues, dos de las supuestas cualidades de dios son falsas. La OMNISCIENCIA, pues al crear al hombre no supo que elegiría el mal y la OMNIPOTENCIA, pues es obvio que no pudo con el mal que anidó en sus corazones, ni en consecuencia fue capaz de crear un ser bondadoso, como al parecer pretendía.
Para le mente humana y sus propias fuerzas el problema de Dios omnipotente y bondadoso y el mal, paradoja de Epicuro, es un problema insoluble. Jesús nos da la solución: Dios revela los misterios del su reino, de la fe, a los infantes. La palabra que se encuentra en el Evangelio de san Mateo, 11,25 ss. es nepíois, que significa los recién nacidos que no pueden hablar y a quienes en el momento de ser bautizados se les da la gran revelación. No se dan cuenta en su pequeñez de lo que recibieron, pero ya tienen el hábito o virtud de la fe. Luego por medio de la enseñanza, de la oración y de la participación en los sacramentos tendrán los bautizados una fe firme y cada vez más iluminada para creer que a pesar de que existe el mal físico y moral, Dios es todopoderoso, infinitamente bueno y justo y que todos los males suceden por el mal uso de nuestra libertad y son para nuestro bien Un gran santo, adulto y sabio y siempre niño, así consuela a su hija: : “Tomás Moro, poco antes de su martirio, consuela a su hija: «Nada puede pasarme que Dios no quiera. Y todo lo que Él quiere, por muy malo que nos parezca, es en realidad lo mejor».
Y en realidad, ¿qué es el mal? El mal físico y el mal moral son carencia de bien en el bien creado, defecto que se da en los seres creados. La materia de una pata más larga en una silla, que la hace inservible para ser asiento, es un mal, porque esa materia está donde no debe estar; y el mal moral es que nuestros pensamientos falsos, carecen de verdad y nuestras decisiones y hechos malos, carecen de una relación positiva con la voluntad de Dios, somos des-obedientes o in-crédulos, el odio es rechazo no dirigido a lo que está mal, sino a Dios o al prójimo que debemos siempre amar.
Ramón Sevilla, SJ
Muy buen sitio
Si Dios elimina el mal en el mundo tendría que eliminarnos a nosotros porque nosotros somos malvados desde que nacimospor el pecado original, Al lugar de cuestionar el razonamiento de Dios agradezcamos su bondad
Entonces tenemos que seguir sufriendo por que nacimos con el pecado original ? no fue nuestra culpa tendremos que cargar con el pecado que hicieron Adan y Eva hace millones de años ?
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Se que no tiene nada que ver con respecto a sus comentarios. Pero tengo tan sólo 14 años, y esta página me dejó aún con más preguntas.
Demasiado racionalista para mi gusto. El autor parece olvidar que hay otras fuentes de conocimiento, como pueden ser la intuición, la experiencia directa, el recuerdo, la fe en aserciones de otras personas, etc. En otras palabras, no solo lo racional es lo verdadero, y si no que se lo pregunten a quien se enamora de alguien feo. O, puestos a filosofar, a los pensamientos de Pascal, aquel que decía que el corazón también tiene sus razones (https://www.casadellibro.com/libro-pensamientos/9788477023364/747199)
Además en algún punto, todo parece descansar sobre la “supuesta” historicidad de Jesucristo. Si esa hipótesis se viene abajo, todo se viene abajo. (El libro de V. Messori titulado Padeció bajo Poncio Pilato puede ayudar a desmontarla https://www.casadellibro.com/libro-padecio-bajo-poncio-pilato-3-ed/9788432130441/106575)
Y con la razón solo no podríamos explicar la belleza, el asombro, etc. etc., en fin, la vida misma. Así que como para usarla para explicar algo más grande que la vida misma…
Saldudos a todos.
.»La historia de la humanidad es, en el fondo, la historia de la muerte», afirma el Nobel. El problema es que «nosotros hemos inventado a un dios a nuestra imagen y semejanza, no al revés, y por eso es tan cruel, porque nosotros somos crueles y no sabemos inventarnos algo mejor». El hombre inventó a dios y luego se esclavizó a su ley, defiende el portugués.
A lo largo de las casi 200 páginas de Caín (Alfaguara), Saramago propone un viaje en el tiempo recorriendo Antiguo Testamento de la mano del primer fraticida. Y lo hace partiendo de una pregunta: ¿Qué diablo de dios es éste que para enaltecer a Abel desprecia a Caín? Porque, a juicio del escritor, Dios es el verdadero «autor intelectual» del crimen.En la novela de Saramago, Caín se convierte en un guía privilegiado que aporta su particular lectura sobre los principales episodios bíblicos, desde el sacrificio de Isaac por Abraham, la ira de Moisés en el monte Sinaí o el Diluvio Universal. A ojos de Caín, Dios se presenta como un ser caprichoso y tirano, que en realidad revela una visión demoledora y trágica del ser humano que lo inventó.A sus 86 años el escritor se ha planteado muchas veces por qué escribe y para qué, y tiene muy clara una cosa: «Yo no escribo para agradar, tampoco para desagradar; yo escribo para desasosegar», sostiene. «No estoy intentando salvar a la humanidad, ya es bastante salvar mi propia conciencia», explica. Pero el objetivo de su escritura es sacar de su «aborregamiento» a la sociedad actua… https://www.emol.com/…/jose-saramago-dios-es-cruel….
Bueno, Platón decía que este mundo sensible, de las apariencias, no lo hizo Dios, sinó un demiurgo. Dios sería el autor del mundo de las Ideas. Los cataros decían directamente que este mundo es obra del diablo. Desde luego, algunas cosas si parecen serlo. Pero todos esto es hablar por hablar, claro.
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