Futuro Imperfecto #2: Metaverso y trabajo aumentado sin vuelta atrás

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Foto: Luca Vanzella.

Siempre ha ocurrido, no somos conscientes de las implicaciones de una tecnología hasta que no la adoptamos masivamente. Era impensable que la aparición de los navegadores convirtiera internet en la herramienta imprescindible para la vida diaria que es hoy. Algo similar puede estar a punto de ocurrirnos con la realidad virtual en su nueva aplicación, eso que Mark Zuckerberg ha llamado el metaverso.

Silicon Valley lo necesita para crecer

Y también China: Tecent y Alibaba ya están en la carrera hacia el metaverso, lo mismo que Microsoft, como anunció en agosto su director ejecutivo Satya Nadella. Epic Games, creador de Fornite, anunció una ronda de financiación de mil millones de dólares para desarrollarlo. Un fondo cotizado en bolsa, Metaverse ETP, participado por Nvidia y la plataforma de juegos Roblox, ya permite invertir en este «nuevo valor». Bloomberg estima la valorización actual del sector en quinientos mil millones de euros, con crecimiento hasta dos billones para 2030.

Por eso es importante separar el anuncio de Facebook, lo más conocido, de la estrategia general adoptada por muchos gigantes de la tecnología. Metaverso resume una idea que afecta a aquellas empresas cuya actividad se basa en internet. Necesitan crecer más, pero todavía hay gente que va a las tiendas físicas, a bares, a estadios deportivos, y eso es un problema porque roba tiempo online a los gigantes tecnológicos. La estrategia experimental de Facebook en un barrio de Seattle es un buen ejemplo del objetivo final del metaverso. Ha alquilado los locales de negocios que quebraron por la pandemia, y creado escaparates que remiten mediante código QR a tiendas virtuales de la red social. Necesitan que estemos en el entorno virtual, y que hagamos cada vez más cosas allí, especialmente aquellas que supongan desembolsos. Para conseguirlo transformarán internet en otra cosa, hoy difícil de concebir.

Facebook lo necesita para sobrevivir, por eso abandera su anuncio

Primero, porque es una red de viejos. Que no se me ofenda nadie, son los datos, y este testimonio de un profesor estadounidense resulta un excelente indicativo: tras preguntar a sus alumnos de quince y dieciséis años si tenían FB, le respondieron riéndose que es una red para mamás, papás, y abuelos.

Segundo, porque muchos milenials que fueron sus usuarios más activos lo están dejando por el excesivo odio que la aplicación facilita, y los que aman odiar y difundir sus teorías más delirantes, como QAnon o los antivacunas, se van también porque les «censuran». Los documentos internos de la compañía prevén que el 45 % de los usuarios estadounidenses abandonen la aplicación en los próximos dos años.

Zuckerberg comenzó a publicitar su metaverso en julio pasado, y desde entonces no han dejado de lloverle los problemas a su red social. Sobre todo por la garganta profunda sobre cuyas revelaciones publicó una serie de artículos The Wall Street Journal. Han mentido sobre sus prácticas, y todas sus plataformas racistas y antivacunas han tenido menos censura y supervisión. Para colmo los intentos de control de sus algoritmos provocaron el efecto contrario, magnificando ese odio que allí funciona tan bien.

El MIT ha explicado cómo hicieron los algoritmos perversos de FB, y da escalofríos. Otro análisis especialmente interesante pero menos técnico es el de Mauricio Cabrera, periodista mexicano especializado en creator economy, donde concluye que para enganchar a la audiencia en Facebook hay que enojarla. El éxito allí pasa por el odio y la polarización.

La empresa conocía la negativa influencia de Instagram sobre la salud mental de niños y adolescentes, y lo ocultaron. Sus directivos ignoraron sistemáticamente las denuncias presentadas por empleados sobre publicaciones que atentaban contra los derechos humanos —desde ejecuciones a violaciones—. Y, el colmo, se ha constatado que la red social facilitó tanto la difusión de ideas antivacunas que destruyeron parte de los esfuerzos de vacunación contra la covid-19 de la administración Biden.

Semanas después de ese reportaje, Frances Haugen, product manager de FB, se presentó ante el senado estadounidense: ella era la garganta profunda. Su alegato no pudo ser más claro: «Facebook daña a los niños, provoca división en nuestra sociedad y debilita la democracia. Puede cambiarse, pero ellos no lo van a hacer si no se les empuja desde fuera».

FB ya no es una red social, sino una empresa de telecomunicaciones

Y la séptima marca más valorada del mundo, con una masa de usuarios de tres mil quinientos millones de personas. Una gigantesca agencia de publicidad con sus propios medios, canales de venta y distribución, y en muchos países la empresa de telecomunicación que da acceso a internet. Esta es la principal estrategia de crecimiento de Zuckerberg, y en India ha tenido tanto éxito que sus autoridades ya le han prohibido seguir, porque iba camino de convertirse en un monopolio. De hecho tienen trescientos cuarenta millones de usuarios allí, frente a los «solo» doscientos en Estados Unidos.

Miremos a la India: el metaverso te dará acceso a internet, será tu banco comercial y de inversión, y centro comercial de productos y servicios

Un error común es creer que Google, Apple, Facebook y las demás sustituirán a los bancos imitándolos. A lo que aspiran en realidad es a tener un soporte financiero que desarrolle la actividad de su app, convirtiéndola en un gigante canal de venta al modo Amazon, pero con un sistema financiero propio. Serán un centro comercial y una financiera a la vez. Ahora por fin tienen la tecnología que puede hacerlo posible, el blockchain en que se basan las criptomonedas. A finales de este 2021, Facebook lanzará diem, una stablecoin, o sea, una criptomoneda cuyo valor se traducirá a la moneda oficial del país —euros, dólares, rupias, etc.—. Eso completaría el primer círculo hacia el metaverso: medio de comunicación + centro comercial + financiera + acceso a internet.

Para comprender la ruptura que esto supone, y el avance hacia el metaverso, pensemos en el habitante de la India rural que se conecta a internet por el servicio de Facebook. Jamás ha tenido acceso a los comercios urbanos ni ha habido en su pueblo sucursales de banca. Pero ahora la misma compañía que le suministra internet en su móvil le ofrece un banco, un lugar donde hacer compras, y donde divertirse con el cine y series de Bollywood, una plataforma. Es comprensible que estos ciudadanos vean como maravilloso tener de pronto todos esos servicios en su pequeño aparato portátil. Y lo adopten en masa.

En cinco años, y una vez cambie de nombre

Es el plazo anunciado por Zuckerberg para montar su metaverso. Optimista si pensamos que sus gafas Oculus se aligeren, sean cómodas y prácticas para disfrutar de verdad de la realidad virtual en el metaverso sin que se irrite la piel por el roce con la espuma que las rodea. Verídico, lo advierten en su página. Pero esto no va de gafas, sino de pasar de red social a gigante comercial y financiero, una de cuyas primeras medidas será… cambiar de nombre. Adiós a connotaciones negativas y a la limitación mental por parte del público sobre que son una red social. Facebook dejará de llamarse así.

La derivada del trabajo aumentado

El metaverso general, porque no se limitará a Facebook, puede traer una nueva revolución industrial, llevar al máximo el teletrabajo, acabar de implantar los robots y transformar radicalmente el mundo laboral. No es un internet 3.0, y todo el mundo cita para explicarlo el ensayo de referencia escrito por Matthew Ball.

La manera de conseguir ese metaverso ampliado será doble, orientándolo al beneficio empresarial, y a la contratación de empleados con teletrabajo en cualquier lugar del mundo.

Vamos con la primera. Nvidia ha lanzado el Omniverso con la creación de escenarios 3D de Pixar, usando servidores con miles de tarjetas gráficas interconectadas, que crean un mundo virtual regido por las reglas físicas y económicas del mundo real. BMW ya lo está usando en la recreación de sus fábricas, de tal modo que al integrar todos los procesos —humanos, de software, de logística, etc.— puede calcular en tiempo real cómo adaptar su producción a la actual escasez de chips, al embudo de distribución de los contenedores logísticos marítimos, o a cualquier situación actual o futura que se produzca. El ahorro por poder tomar decisiones sobre un escenario real es brutal, y los aciertos en la vida real también, porque los posibles errores serán virtuales, sin coste. Un minority report de la actividad empresarial.

Y ahora la segunda. A esa fábrica virtual de BMW ya pueden conectarse ingenieros desde cualquier lugar del mundo. Hay otras empresas probando esas «sedes metavérsicas», como Ericsson o el estudio de arquitectura de Norman Foster. La diferencia con el teletrabajo aquí es que no importa el desplazamiento físico del empleado, porque cuando el metaverso esté implantado en internet, no habrá diferencia entre la reunión física y la virtual… en la fábrica u oficina virtual. Cabe pensar que se contrate a un ingeniero o arquitecto indio que viva en la India por la mitad de sueldo que el alemán, que todavía será el doble de lo que cobraría en su país. Deslocalización del talento.

Para que esta revolución se produzca son necesarias dos implantaciones más: el IoT, internet de las cosas, neveras y coches y timbres de casas conectados a internet, como ya está sucediendo. Y la proyección de la inteligencia artificial sobre la práctica profesional, algo bastante bien explicado aquí.

HBO ya está preparando la serie

El término metaverso es puro marketing, una necesidad de actualizar el de ciberespacio, que ahora suena viejuno. Encaja además con la idea que Zuckerberg y los demás tienen en la cabeza, Estados mínimos que ceden sus competencias a las corporaciones. Y al parecer todo eso lo refleja una novela ambientada en Los Ángeles a principios del siglo XXI, o sea ahora, donde internet ha evolucionado a una realidad virtual llamado metaverso. ¿Como dentro de nada?

La vida allí, distopía pura, transcurre en una sociedad anarcocapitalista, con territorios disputados por ejércitos mercenarios, y heroicos hackers que buscan el origen de la droga virtual Snow Crash, que da título al libro, y que aunque consumas online te roba toda creatividad y autonomía en la vida real. No, no es una metáfora de Facebook. De hecho esta novela es de lectura obligada para los directivos de la compañía. Y de donde Zuckerberg copió el nombre.

El autor, Neal Stephenson, es un icono para las tecnológicas desde los noventa, cuando escribió su libro. Tanto es así que fue contratado como chief futurist —el cargo define a consultores que hacen predicciones de futuro sobre tendencias que identifican en la sociedad— para la compañía Magip Leap. Que fabrica gafas de realidad virtual, ideales para el metaverso, orientadas al ámbito laboral y que pueden emplearse, por ejemplo, para planificar operaciones de cirugía de precisión. Hace años Facebook compró a su competidor, Oculus, dedicada a lo mismo pero con sus gafas orientadas al puro entretenimiento, videojuegos y demás.

Habrá serie de HBO sobre Snow Crash, al menos la plataforma adquirió los derechos a final de 2019, con el director Joe Cornish como encargado de adaptarla. Aunque no ha habido más anuncios posteriores.

Ya están contratando gente, por si te animas a formar parte

Facebook contratará diez mil empleados en la UE para construir su metaverso. El anuncio me ha obligado a adelantar este Futuro Imperfecto, que además se ha quedado sin espacio para otros temas candentes, como la semana de cuatro días que viene. Pero prometo hablar de eso y de los robots con armas que se autodisparan en el próximo número —la guerra robótica está también a un paso—. Si te ha gustado, por favor recomienda que se suscriban a este boletín tus amigos, conocidos y, por qué no, los cuñados. Estarás apoyando esta estupenda revista que es Jot Down y a este redactor, a cambio de un único correo mensual. Hasta la siguiente entrega, y gracias por leerlo.


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