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María Hesse: «El dolor y la alegría cohabitan en mí y, por lo tanto, en mis ilustraciones»

María Hesse

María Hesse (Huelva, 1982) no tiene recuerdos de ninguna época de su vida sin dibujar. Sevillana de adopción, mientras opositaba para profesora de Educación Especial abrió un blog de dibujo y soñaba con publicar un libro. Ahora tiene cuatro escritos e ilustrados por ella, y dos más en camino. Lejos de contentarse con los libros, María explora otros territorios que le alimentan el alma, como los conciertos ilustrados. 

Delicadas y desgarradoras a partes iguales, sus ilustraciones están cargadas de simbología e historias, sus historias. Asegura que cada una de sus piezas habla de ella y de la forma en la que se relaciona con el entorno. De valores férreos, crítica y actitud guerrera, me encuentro con ella en Café Pavón, un café de barrio, de los de barra de zinc y techos con historia. Fue allí donde hablamos sobre ilustración, placer y capitalismo.

¿Cuándo dejó el dibujo de ser puro hobby para ti y empezó a convertirse en palabras mayores?

Tuve claro muy pronto que me quería dedicar a dibujar o pintar. No sabía muy bien hacia donde dirigirme exactamente, porque antes la profesión de ilustrador no se conocía, o al menos no se nombraba. Teníamos los libros de texto y nadie te decía que el hecho de ilustrarlos era una profesión. 

Quise hacer Bellas Artes pero no pude. Hice Magisterio de Educación Especial e incluso estuve preparándome las oposiciones. Con veintiocho o veintinueve años decidí dejar de opositar y formarme como ilustradora. Hice un ciclo superior de Ilustración y ahí ya iba a por todas, me puse a tope. Abrí un blog de dibujo y me decía a mi misma: «Cuando sea profesora, funcionaria, empiezo a sacarme poco a poco la carrera de Bellas Artes y después voy a publicar un libro». Eso pensaba yo…

Y ahora ya tienes unos cuantos… ¿has ejercido alguna vez de profesora? ¿En qué medida puede favorecer la ilustración en el desarrollo de chicos con otras habilidades? 

Sí, llegué a ejercer, y, desde luego, la ilustración puede favorecer en el desarrollo a cualquier persona. Creo que tenemos un problema serio con la educación por dejar de lado todas las disciplinas relacionadas con las ramas artísticas. El arte, además de estimular nuestra creatividad, puede ser una herramienta de resolución de conflictos y nos permite desarrollar ideas. Yo, por ejemplo, siempre he sido muy visual a la hora de estudiar y los dibujos me han ayudado mucho a desarrollar mi creatividad. También es importante que ese tipo de asignaturas no se enseñen como algo aislado, sino que los niños y las niñas entiendan la utilidad que tienen más allá de que te quieras dedicar profesionalmente o no a las artes plásticas. También ocurre con la música, la interpretación, la danza… Son disciplinas que nos vienen muy bien para sentirnos bien mental y físicamente.

Nos enseñan a ser de ciencias o de letras, y todo lo demás…

Claro. También ocurre, al menos aquí en España, que la enseñanza pública solo tiene una metodología. Muchas veces te enseñan la materia, pero no cosas que son igual de importantes: cómo te desarrollas con el entorno, con la gente que te rodea, a nivel emocional… Esto esta incluido de forma transversal en el proyecto curricular, pero si hay falta de recursos, es más difícil llevarlo a cabo.

Viendo tu trabajo personal, hay un claro punto desgarrador: mujeres rasgadas con el corazón al descubierto, puñales en la espalda y miradas de desasosiego. Sin duda, estas láminas reflejan el dolor, una emoción universal. ¿Qué quieres contarnos con esta estética?

¿Sabes qué pasa? Que en mis inicios no hubo una construcción intelectual de mi estética. A ver cómo te lo explico, que no es fácil. Empecé dibujando cosas que me parecían bellas o bonitas, hace muchos años. Paralelamente, siempre me ha gustado contar historias, y lo he hecho desde pequeña. Con el tiempo te das cuenta de que una imagen sola, sin que forme parte de una sucesión, ya puede contarte una historia. Poco a poco fui metiendo esa simbología, pero de una forma muy intuitiva. Y es con el paso del tiempo cuando esa simbología empezó a tener un sentido real y una intención. Pero surgió de una forma casi orgánica, sin ser yo muy consciente de lo que estaba haciendo. Si es verdad que son ilustraciones que hablan mucho de mí, de cómo soy y de cómo me relaciono con el entorno sin premeditarlo. 

Hablando con otros compañeros y compañeras, me he dado cuenta de que es algo muy habitual. Cuando conoces al artista es muy evidente que esa obra es de esa persona, y te vas a su casa y se refleja, y en su forma de vestir … Además es una cosa que no se consigue tampoco al principio, sino que se va consiguiendo con la práctica y con la madurez. He sido siempre muy alegre, pero luego tengo mis conflictos interiores, que es lo que se refleja en las ilustraciones. Me río mucho, visto de colorines y cosas así, pero lloro muy fácilmente, me duelen mucho las cosas… El dolor y la alegría cohabitan en mí y, por lo tanto, en mis ilustraciones.

María Hesse

El guache y la tinta china aportan ese aspecto tan etéreo, delicado y consistente a la vez de tu obra. Es seña de identidad. ¿Has explorado o planteas explorar nuevos territorios?

Yo exploro, ¿eh? [risas]. Los murales, por ejemplo, los hago con acrílico. Hay dibujos que también, pero ocurre que mucha gente no se da cuenta de cuando lo hago con una técnica o con otra. Y es normal, porque al final todas las voy llevando hacia el mismo camino. Lo que ocurre con el guache es que me gusta mucho como queda en el papel, la versatilidad que tiene, lo que me permite explorar… Es una de las pinturas con la que me siento más cómoda, por eso siempre voy al guache. 

Lo que sí que hay es una variación de estilo. Por ejemplo, ahora utilizo menos tinta china que antes, voy cambiando los papeles… En el libro en el que estoy trabajando también hay una evolución, aunque no es abrupta ni radical. Igual que esa simbología ha ido saliendo de forma orgánica, la evolución de mi trabajo fluye de la misma forma. No lo fuerzo, me voy dejando llevar.

Creo firmemente que Paula Bonet, Flavita Banana, Amaia Arrazola, tú y otras muchas, estáis abriendo la veda de un género. Parece que el cómic o la novela ilustrada hasta ahora habían sido algo muy masculino. ¿En qué medida estáis cambiando ese rol?

Creo que no hay una intencionalidad consciente con respecto de crear un nuevo un género, ninguna de las autoras tenemos una intención de cambio en ese sentido. Lo que ansiamos es contar nuestras historias con nuestro propio lenguaje como autoras, que es lo que siempre han hecho ellos y donde nosotras no hemos tenido cabida. En realidad, lo único que queremos es contar nuestras historias, sin intención de hacer algo diferente de lo que han hecho los hombres. Narramos y lo hacemos con todo lo que somos, con construcción social. No tenemos como objetivo hacerlo igual o diferente a ellos.

Muchas veces, las mujeres hemos tenido que asumir que para que se valorara nuestro trabajo había que parecer este lo había hecho un hombre. La típica frase de: «Pintas como un hombre». Creo que lo ideal es quitarte la presión de no tener que llegar a lo masculino, ni tener una intención claramente femenina, simplemente contar lo que te apetece. Y claro, como nunca nos han dejado hacerlo, ahora es novedoso, pero faltaba nuestra visión de todo, de la vida. Fíjate que esta distinción de cultura masculina y femenina ya la hacía Virginia Woolf. Planteaba si teníamos que despojarnos de eso o no.

Después de una serie de exitosos libros biográficos, Bowie, Frida, Marilyn… ¿Qué te anima a cambiar de tercio y editar El placer?

Lo hago porque me apetece contar mis historias. Era algo que ya hacía con mis dibujos, pero me apetecía contar algo que no fuera la vida de otras personas. En un principio quería hacer un libro erótico, pero no me sentía capaz ni preparada, tenía muchas inseguridades.

En medio de todo esto salió el de Bowie, y el libro que en principio iba a ser erótico se fue transformando. Yo pensaba que la mujer estaba liberada sexualmente, libre de prejuicios. Creía que vivíamos en una época en la que nos habíamos olvidado de lo que era el feminismo, que estaba todo superado… Y de repente empecé a tener conciencia y a pensar que igual no está todo tan superado como yo pensaba. Me puse a investigar hasta que el libro al final se fue convirtiendo en lo que es hoy, una reivindicación.

¿Qué es El placer? Como obra propia, y como concepto en sí mismo.

Es mi trabajo más personal. Es una reivindicación, claro. Es intentar normalizar muchísimos aspectos de la sexualidad femenina. Partir del error, de la vergüenza o de la culpa, incluso del fracaso. Es más fácil hablar de las experiencias sexuales cuando te va bien que cuando te va mal. Y más allá de la vergüenza o la culpa, también había una sensación de soledad. Me refiero a que muchas de nosotras estábamos rotas porque no disfrutábamos o no conseguíamos llegar al orgasmo. Y claro, si nadie te cuenta que es habitual cuando no te tocan donde te tienen que tocar, pues lleva a un desarrollo afectivo y sexual muy malo. 

Empecé a leer libros de otras mujeres que hablaban de su experiencia y me di cuenta de que no era necesario que yo tuviese la experiencia universal de todas las mujeres. Entonces me puse a escribir, empecé sobre cosas mías, y la coralidad la conseguí nombrando a una serie de mujeres que habían sido relevantes a lo largo de la historia hablando sobre sexualidad. Yo quería hablar de la sexualidad en la maternidad, de la sexualidad lesbiana, de mujeres trans, mujeres en edad adulta… Pero me di cuenta de que yo no podía hacer una tesis, era inabarcable. Además tampoco quería hablar desde fuera. No soy experta en sexología, me sentía intrusa.

María Hesse

¿Qué satisfacciones te ha producido la temática sexual a nivel personal?¿Qué te ha enseñado?

Evolucioné con El placer. Me ayudó mucho a entenderme. Es muy egoísta porque si todas y todos escribiéramos sobre nuestra sexualidad desde que tenemos recuerdo de ella, nos ayudaría mucho a entender por qué hacemos las cosas. 

Tiene similitud con la línea de la vida que se recomienda hacer en psicología, que no sabía que se hacía hasta que he ido a terapia, y es muy guay porque te ayuda a descubrirte. Además, en el caso de El placer, como además hubo muchísima investigación, más todavía. Y te diría que a día de hoy cambiaría cosas del libro porque sigo evolucionando. Ahora tengo conciencia de muchas cosas que no tenía antes de haberlo escrito. 

¿Qué cambiarías?

Sería más inclusiva, creo que me dejé cosas por el camino.

He leído que te daba un poco de vergüenza ver cómo tu madre afrontaría el libro.

No me daba, exactamente, vergüenza, pero con las primeras ilustraciones que subía sobre sexualidad, ella me dejaba de hablar y todo. ¡Y mi hermana ni lo veía! A ella le molestaba mucho más por el tema religioso… Se sentía incomoda, no le gustaba nada y se enfadaba conmigo. Es normal que fuera así, hay que entender el contexto y la educación sexual que recibió su generación.

Durante el proceso de escribir el libro, empecé a tener conversaciones con mi madre y a prepararla poco a poco. Ella, por su parte, empezó a dejar de censurarme y comenzó a entenderme. Llegó un momento en que le dije que tenía que hablar de religión en el libro y yo sabía que ahí tocaba un tema sensible. La discrepancia entre mi madre y mi hermana y yo está ahí, y en el libro a la Iglesia no la pongo precisamente bien [risas]. 

Entonces, no iba a dejar de hacer el libro que yo quería, pero tampoco quería que mi madre se sintiera incómoda. Luego se lo leyó y me dijo que lo que contaba sobre religión era verdad, comprendió muchas cosas. Fue a mi presentación superorgullosa, un cambio radical. Incluso ahora tenemos más conversaciones, se lo regala a las amigas… Todo este cambio entre nosotras se consiguió hablando mucho. Creo que es muy bonito cerrar el circulo cuando el aprendizaje entre nosotras es bidireccional.

Hablando de educación sexual, en el colegio una vez tuvimos una charla sobre sexo muy básica, la recuerdo muy falocéntrica, además. Cuando una compañera preguntó por la eyaculación femenina, la profesora cortó a la ponente y dijo que con eso ya era suficiente. ¿Hasta qué punto crees que la educación coarta nuestra libertad sexual?

¡La coarta toda! Eso va cambiando, aunque poco a poco. El problema es que al principio hablábamos de educación sexual, después de afectivo-sexual. Que además es algo que deberíamos empezar a aprender desde que somos pequeños, porque la educación sexual es todo. Es la relación con nuestra genitalidad, la identidad que tenemos con nuestro cuerpo, delimitar cuándo queremos que nos toquen y cuándo no y, por supuesto, quién. Es importante a todos los niveles más allá del orgasmo. A veces hablamos de coitocentrismo y tenemos que hablar de orgasmocentrismo. Parece que si no hay orgasmo la sexualidad ya no existe. En nuestra época te enseñaban los métodos para evitar embarazos no deseados y la prevención contra enfermedades de transmisión sexual.

He leído en varias ocasiones que decías que estabas cansada de que tu obra fuera arte para mujeres. ¿En manos de qué hombre te gustaría que cayese El placer y por qué?

¡De todos! ¿Sabes lo que pasa? Que yo le puedo dar el libro a un señoro, no te voy a decir nombre, ¡hay muchísimos! Pero ese señoro no va a cambiar de opinión por leer mi libro. Mira, el otro día vi en la tele un programa que habían hecho de Fernando Fernán Gómez y de la relación que había tenido con las mujeres, con las «señoritas». Aunque le hubiera dado ese libro y logrado que se lo leyera, si alguien no tiene intención de cambiar de pensamiento, no lo va a hacer. Además, a un hombre tampoco se le pregunta en manos de qué mujer quiere que caiga su libro, porque se da por hecho que ya lo consumimos. 

Los cánones estéticos son los padres en El placer. ¿Por qué crees que hemos caído en la simpleza de pensar que hay que alcanzar un cuerpo perfecto? ¿Y por qué hemos considerado perfecto a ese canon y no a otro? 

Por el capitalismo [risas]. Además ahora más que nunca. Siempre ha habido cánones de belleza, pero esos cánones en realidad siempre están asociados a la riqueza. Antes estar blanca era símbolo de nobleza, y ahora si estás morena es porque tienes dinero para estar en la playa. Vivimos en una época en la que ser guapa es cuestión de tener pasta. Tengo dinero para teñirme, tengo dinero para cambiar mi nariz si no me gusta… Y ahí viene el tratamiento según tu bolsillo. Es una visión totalmente capitalista. Además a la mujer se le exige mucho más. Es cierto que históricamente la belleza de la mujer se narra más que la del hombre, y además como un castigo, la causa del mal. La mujer tiene que ser bella, el hombre lucha por ella, y ella lo lleva a la perdición por culpa o a través de su belleza.

Se nos exige a nosotras porque a la mujer se le ha considerado un objeto, y el objeto tiene que ser bello y, por supuesto, no envejecer. Es muy difícil también, por mucho que seamos feministas, que no nos cree complejo. ¡Nos lo meten hasta en la sopa! Antes tenías que comprarte una película o una revista, pero ahora con el móvil lo estás viendo todo el tiempo y es brutal. 

Parece algo de otra época, pero lo cierto es que la mutilación femenina está permitida en países tan «modernos» como Singapur. También hay una dura crítica a eso en tu último libro…

Parece que siempre hablamos de Singapur, pero la vaginoplastia que se hace aquí en España, y está consentida, también es mutilación. Además, las mujeres vamos acomplejadas pagando para ponernos la vulva según unos cánones de belleza que son impuestos o normativos. Hablamos de normativo cuando se coge un modelo y se impone como normal, pero la realidad es que hay millones de vulvas y pocas la tenemos recogidita, como de niña. 

Quiero decir, eso ya existe aquí, por lo que habría que plantearse la mutilación de otra manera. También existe la mutilación en otros países con otras culturas, que tienen costumbres mucho más atroces, ahí ya hablamos de derechos humanos y, para mí, es muy complicado de abordar. Es por eso que yo, me atrevo más a juzgar lo que pasa aquí que lo que pasa en otros países, porque también me siento intrusa hablando de este tema. Habría que hablar con mujeres de esos países, es a ellas a quien tenemos que darles la voz. 

María Hesse

Durante siglos, han sido hombres los que han plasmado la experiencia de la maternidad en sus obras: Klimt, Picasso, Jean Fouquet, etc. Esta romantización del hecho de ser madre no se rompió hasta que aparecieron artistas como Mary Kelly o Frida, que enseñaron la verdadera crudeza del asunto. Siendo tan evidentemente importante que las experiencias de las mujeres sean narradas por nosotras mismas, ¿por qué se han empeñado ellos en dar su versión?

Primero, porque no son ellos los que paren y se quedan en casa. Pero también porque era una forma de que nosotras siguiéramos pariendo a sus hijos y retenernos. Aunque también por el capitalismo, no te creas. Había un sentido de propiedad, porque tú antes tenías un hijo porque iba a trabajar y traer el pan a casa. 

La mujer ha sido la sumisa y la cuidadora, es el papel que se había creado para nosotras cuando ha interesado que fuese así. Después, que te quedes en casa tirándote de los pelos con siete hijos no le interesa a nadie. Aunque la maternidad sea bonita y haya mujeres a las que les encanta, fácil no es, por mucho que te guste. Tampoco interesaba que eso se viese y no se le daba el valor suficiente. Ya ha habido mujeres que han hablado sobre eso, tú las has mencionado. Pero hablan, se las oculta, luego vuelven a hablar… es como un ciclo. Nos echan fango desde lo alto y muchos nombres se pierden hasta que nos vuelvan a rescatar. 

¿Nace tu obra con el fin de ser parte de esa voz de la liga femenina?

Vuelvo a lo mismo. Es jodido que a nosotras nos pregunten sobre la intención femenina de nuestra obra, porque a ellos no se les pregunta sobre la intención masculina de la suya. Lo que estamos haciendo es lo que han hecho ellos mucho tiempo. Distinto es cuando haces una obra claramente con intención divulgativa. En El placer la había y en el libro en el que estoy trabajando ahora, también. Entiendo que me puedan decir que es una obra feminista porque hay análisis del contexto para intentar entender de dónde venimos y romper con estereotipos. Pero no toda mi obra tiene esa intención.

Y que te lo esté preguntando yo, que soy mujer…

No, no. Es una queja generalizada. Entiendo que al hablar de feminismo esas preguntas me sigan cayendo. Casi todos mis libros son feministas, pero temo que cuando haga uno que no lo sea me van a caer las preguntas igual. Con Bowie fue el único con el que me libré… ¡y porque no lo escribí yo! Si no, me hubiesen preguntado por mi visión femenina sobre David Bowie [risas].

Hablemos un poco de la actualidad. La situación de las mujeres en Afganistán por el regreso de los talibanes al gobierno ha enterrado todo avance de la lucha de las últimas dos décadas. Como clara divulgadora y defensora de la libertad de la mujer en todos los aspectos, ¿cómo lo estás viviendo?

No he hablado de eso en redes sociales porque yo hablo de la opresión como mujer, pero he tomado conciencia. Aunque yo no quiera, ejerzo opresión sobre otras mujeres y juzgo desde un prisma privilegiado. Es por eso que creo que no tengo que hablar de eso. Hay mujeres muy interesantes en redes sociales y prensa que lo están tratando, y son ellas las que tienen que hacerlo. Nuestro papel ahora es escucharlas, aprender y no robarles su espacio.

Anunciaste este verano en Instagram que en noviembre verá la luz Malas mujeres, un relato de historias de aquellas que son el ejemplo a no seguir dentro de la ficción. ¿Por qué es importante hablar de mujeres más allá de las referentes?

O lo que nos han prohibido ser, ¿no? Por cierto, se retrasa… Va a salir en febrero, he ido más lenta. Muchas compañeras y yo nos hemos dado cuenta de que el rol que se nos han asignado es el del sujeto pasivo; la mujer siempre está como un acompañamiento en la historia que protagoniza el hombre. Él da el soporte, es el activo, y la mujer es la pasiva. Quizás las malas mujeres eran las más activas, y muchas veces eran malas por hacer lo que hacía un hombre. Daenerys Targaryen dice que hay que romper la rueda, pero claro, para romper la rueda hay que comprenderla primero. Pues este libro habla de romper esa rueda. De hecho contextualiza. Salen las mujeres, y se habla del momento en el que está escrito y el por qué de esa narración.

¿Qué ha significado para ti Malas mujeres a nivel profesional?

Es un proyecto al que llevaba bastante tiempo dándole vueltas, además creo que ese tema está mucho en el aire. Pensaba: ¿por qué nos llevamos mal entre nosotras? ¿No será que nos han dicho que nosotras somos nuestras peores enemigas y nos separan y nos dividen y nos hacen depender de los hombres? Entonces te vas a la ficción, y toda la ficción es como anda, mira, la Cenicienta. ¿Quiénes son las enemigas? Las hermanastras y la madrastra. Incluso en Juego de tronos, que lo mencionaba antes, ellos que eran enemigos acaban como amigos y nosotras no. Ojo, nosotras no. Sansa es muy feminista pero mira, para que haya hermandad la cosa se complica. Porque además, la mujer que quiere tener poder no está bien vista. La violación, mujer culpable, ¿de dónde viene? También hay un relato de la mujer culpable en la ficción por ser violada. Todo esto es algo que llevaba pensando mucho tiempo. 

Igual que el relato sobre la maternidad, placer y el sexo es puramente masculino, han sido ellos los que nos han encasillado entre ​​la puta y la santa, la sumisa o la peligrosa… ¿A qué te refieres cuando dices en Instagram que en esta materia nos falta contexto?

Para entender tenemos que saber en qué momentos se nos narra. Por ejemplo, Frida tuvo una relación muy tóxica con Diego Rivera. Tenemos que entender la época y el contexto en el que vivió ella. Primero, todas hablamos de lo que deberíamos tener en una relación sana y no somos tan capaces como creemos, y luego hay que entender el contexto en el que vivieron esas mujeres. El contexto es fundamental para entenderlo todo. Muchas historias que nos han encantado toda la vida ahora las criticamos, decimos que ahora no se escribirían así. Pero cuando revisamos películas o narrativa de ficción es fundamental tener en cuenta el momento en el que se desarrollaron. 

María Hesse

Me parece muy interesante el concepto de conciertos ilustrados. Has hecho con Lorena Álvarez, Miguel Rivera… También tienes uno pendiente con Tulsa. ¿En qué cambian tus piezas cuando las haces con música en directo de fondo? ¿Las limita o las libera?

La limita y la libera. Cuando ilustras tu proyecto personal tienes la libertad absoluta de contar tu historia, es tu visión. Cuando trabajas con otra persona, ya sea en concierto o en un libro, ahí está la visión del autor que es importante, pero también está la tuya. 

En los conciertos ilustrados está el relato de las letras del autor, lo que quiere contar. Y luego hay una parte de mi visión de esas letras. Además, la música me encanta y la disfruto mucho. Entro en una especie de fiesta, es precioso. Hay una parte de preparación de concepto, pero hay otra de improvisación que llega en el momento de estar allí con la persona. 

¿En qué se parecen ambas disciplinas? 

Ambas cuentan historias y hacen sentir. Todas las disciplinas artísticas vienen de un sentimiento profundo del autor, y eso se transforma cuando llega al espectador y hace que este se emocione. Es muy potente. Además, he tenido mucha suerte porque no he trabajado musicalmente con nadie que no me interesara. Yo soy muy fan de Maga y también de Tulsa, con quién voy a hacer el próximo concierto ilustrado. Tenemos una idea muy guay. Habíamos pensado en un concepto…¡no lo quiero desvelar! Lorena también me encanta, ella me hacía sentir a mí y eso hace que yo luego consiga esos dibujos.

Háblanos de Maasåi.

Fue un proyecto precioso.

En pasado. Ya no vuelve…

Sí, es es pasado. Fue un proyecto muy bonito, de un encuentro entre amigos que volvían a su ciudad, Sevilla, y que de repente se dan cuenta de que allí están pasando muchas cosas interesantes y no tienen visibilidad. En Andalucía hay mucho prejuicio con que solo interesa el flamenco, que es maravilloso por otro lado, me gusta mucho la cultura tradicional y la defiendo. Pero, por ejemplo ,en Sevilla también se hace mucha fusión de la tradición con la modernidad. Empezamos un proyecto, en principio sin ánimo de lucro, para dar a conocer esa fusión, esa otra Sevilla. Fue creciendo y cada vez nos quitaba más tiempo. Intentamos que fuera sostenible y que pudiese remunerar a los colaboradores, pero era muy difícil porque ninguno de los que fundamos Maasåi éramos empresarios, todos éramos creativos. 

¿Te sirvió Maasåi para tu marca personal?

Aunque me iba moviendo paralelamente, sí que me sirvió para mi marca personal. No quiero decir con esto que Maasåi me diera repercusión. Teníamos la norma de no entrevistar a gente del equipo, y yo era editora.

Empezamos a entrevistar a gente de fuera para que el proyecto tuviese más repercusión nacional, un consejo, que por cierto, nos dieron desde Jot Down. Y fue muy bonito porque empecé a viajar y a conocer a mucha gente gracias a eso, como a Laura Agustí. Eso me hizo entender que el trabajo como profesional no se puede quedar en el ámbito de tu casa, tienes que salir y tienes que dejarte ver. Ahora con las redes sociales es más fácil, pero en aquella época era diferente.

¿Qué te has traído de Sevilla a Madrid?

Mi acento [ríe].

¿No te sientes en cierto modo traidora? Maasåi quería alejar el foco centralista hacia lo que hay fuera. Tú triunfas y Sevilla se te queda pequeña… 

A mí no se me queda pequeña Sevilla, a mí me encanta. No me siento traidora porque hablo muchísimo de Andalucía y de Sevilla y sigo conectadísima. También hablo de la cantidad de cosas buenas que se hacen allí. Mi labor como defensora de Andalucía la sigo haciendo, pero me apetecía probar vida fuera y luego por circunstancias de la vida, al final estoy aquí.

Tengo muchos amigos en Madrid y tengo el corazón dividido. Si me fuese a Sevilla echaría de menos a la gente de aquí y viceversa. Echo mucho de menos el ambiente de Sevilla, aunque si me fuera echaría de menos esto. 

¿Qué tienes en el horno, cociendo, ahora mismo?

Malas mujeres y otro libro para después, pero de eso aún no puedo hablar…¡Y que salga el concierto con Tulsa! También sigo haciendo las cartas del tarot con Netflix, en S Moda en prensa… Pero estoy sobre todo con el libro.

María Hesse

¿Volverán las biografías de personajes históricos? Quizás una de Grace Jones, por pedir… 

Los dos libros que vienen no son ninguno de biografías. No sé si volverán. Hacer la biografía de Frida Kahlo no fue algo pensado. Surgió sobre la marcha a partir de un dibujo que hice de ella, fue bien y luego salió Bowie. Pero no ha habido una intención de hacerme biógrafa. Ahora estoy cansada de eso y me apetece hablar de otras cosas.

¿Has notado que alguien te haya copiado el estilo?

No me fijo en eso. A veces me llega gente enseñándome otros trabajos pero no es una cosa que me preocupe. Creo que la gente, cuando empieza, tiene inspiraciones. Sin embargo, estoy convencida de que cada autor al final quiere tener su propio lenguaje. Si de verdad te vas a dedicar a esto vas a ir sacándolo. Y también, creo que por mucho que hubiera alguien copiándome, mi trabajo va evolucionando, así que tendrían que ir evolucionando a la par mío y de mi estado de ánimo. Eso es inimitable, por eso no lo observo ni me preocupa. Si pasa, orgullosa, eso significa que soy inspiración. 

¿Te podrías dedicar solo a publicar libros?

Sí, pero sé que soy una excepción, es muy difícil. Y aún así, sigo compatibilizando con otros trabajos: talleres, publicidad… tengo el privilegio de poder rechazar cosas que no me gustan. Soy consciente de que muchas veces cojo trabajos más allá de lo que mi tiempo me permite. No me gusta cerrarme puertas; pienso que vivir de los libros es complicado, y como no sé cuánto tiempo me va a funcionar pues hago otra cosas. De todas formas, ahora estoy en un buen momento, en ese sentido porque me están publicando en otros países y eso me genera derechos de autor. Frida está en Corea, China, Japón, Turquía… es el libro que está en más países, aunque de todos los demás se han vendido también los derechos fuera. Están en diecisiete idiomas, que son muchos más países.

Frida ganó un premio nacional en Brasil, donde se vendió muy bien, y en Alemania. En Francia, que nunca lo cuento porque me da pudor, funcionó muy bien y El placer también. Es un país, para mí, referente en ilustración, una meta. Que me publiquen allí, que me lleven a un montón de ferias… ¡Además estuve en Angoulême dando un charla y casi me pongo a llorar! Estaba llena de gente y de repente tomé conciencia: estoy aquí, con el aforo completo. 

Frida abrió muchas puertas y ni siquiera fue algo premeditado, con una intención mercantil. He tenido suerte y es lo que me da pudor. Hay muchos compañeros y compañeras con trabajos muy buenos y bellísimos y no llegan a tener ese golpe. Es verdad que hay que trabajar mucho, pero también hay que tener ese golpe de suerte.

¿Te han propuesto escribir un libro sin ilustración?

No, solo me han propuesto escribir artículos. Además me cuesta muchísimo. Es lo que más pudor me da, porque tengo síndrome el de la impostora. Necesitaría muchísimo tiempo. Y mira que se me han ocurrido ideas, pero me da mucho miedo a pesar de que publiqué un artículo en elDiario.es que funcionó bien. ¡Me da pánico!

María Hesse

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3 Comentarios

  1. «También existe la mutilación en otros países con otras culturas, que tienen costumbres mucho más atroces, ahí ya hablamos de derechos humanos y, para mí, es muy complicado de abordar. Es por eso que yo, me atrevo más a juzgar lo que pasa aquí que lo que pasa en otros países, porque también me siento intrusa hablando de este tema. Habría que hablar con mujeres de esos países, es a ellas a quien tenemos que darles la voz. » Para mear y no echar gota.

  2. Sergio Acevedo Uribe

    Me imagino que la señoro María se refiere al documental donde Fernando Fernán Gómez dice algo así: «nunca me han interesado la mujeres inteligentes, solo las mujeres bellas». ¿Y qué problema hay con eso?. Si la señoro María hubiera dicho en la entrevista: «nunca me interesaron los hombres inteligentes, solamente los hombres de procedencia jamaiquina». Ahhh que mal, no la puedo cambiar y yo con mis DOGMAS, igualito a los curas y monjas. Ahhh un hombre que me haga reír, eso me gusta, etc. Lo único cierto es que entre F.F.G. y la señora María el UNIVERSO entero y el MAS ALLA los diferencia, profesionalmente digo.

  3. Pingback: María Hesse – Concha Mayordomo Artista

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